En Zona

jueves, 2 de febrero de 2017

Un aire a gloria

Acabó enero y llega el castigo orgánico de este gobierno extranjero. Aumentan las tarifas y el pobrerío que se embrome.El de a pie que siga a pie, que se salve como pueda. Que se olvide de sus mejores años. Que abandone su terquedad, que se una silenciosamente al río humano de desposeídos y se ahoque en lo posible.
Aumentan las tarifas de todo y aumentan las desgracias también de casi todos.
Mientras tanto los que se quejaban de la no existencia de tampones, corega y otras sutilezas, como los vasos de plástico de Starbucks, miran para otro lado.
Aplauden el secuestro de Milagro Sala, ya conocida en todo el mundo. Los dichos provocativos de un ex carapintada hoy en el gobierno.
Entonces se quejan de la prohibición de hacer toples, el cuerpo es para mostralo y esas cuestiones, mientras el gobierno extranjero se roba 17 mil millones de pesos del ANSES. Los jubilados que se mueran de una vez.
Y así sigue.
La nostalgi de tiempos mejores, la idea del pasado eterno. El avión negro que traía a Perón a cada rato. Eva demandando por una justicia social decidida. Mercante gobernando la provincia hasta ser el mejor gobernador de la historia de esta provincia de la oligarquía ganadera, vaga e indolente.
El pasado perpetuo el que demandó sacrificios, sudor, sangre y mala sangre. El que se llevó a los mejores de una generación entera.
El pasado como pregunta o como cicatriz, acaso.
La pugna entre dos conceptos de país, vuelve a ser la piedra fundamental de estos momentos.
Marginados, presos, perseguidos por el palabrerío estéril y frenético de las clases más "europeas" de este país que desprecian al pobre. Que se persuaden de ser los mejores, aunque sean asalariados y no patrones ni dueños.
La justicia solo muerde a los descalzos y los descalzos vamos siendo mayoría en este territorio forjado sobre el contrabando y la dependencia. Los descalzos de todo nombre nos vamos conformando con que mañana sople por fin un aire de gloria.
Como siempre compañeros del alma, que no sea nada y sepamos que si a estos no los despeina el viento los despeinará la historia.

sábado, 31 de diciembre de 2016

31 de diciembre

Hoy es 31 de diciembre y Paul Celan poco y nada tiene que ver con este año que se marcha. Está Celan como están los poetas, apenas como está la memoria.
Se termina un año difícil, empecinado, duro y triste por la desolación de una derrota que no cesa. Una historia apenas que socava los días en un desfile oscuro de oscuros personajes.
Por eso cierro este año con el notable y perfecto Paul Celan.

Fuga de Muerte

Leche negra del alba la bebemos al atardecer
la bebemos al mediodía y a la mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos
cavamos una fosa en los aires allí no ha estrechez
En la casa vive un hombre que juega con las serpientes que
escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu cabello de oro Margarete
la escribe y sale a la puerta de casa y brillan las estrellas silba
llamando a sus perros
silba y salen sus judíos mandar a cavar una fosa en la tierra
nos ordena tocad ahora música de baile


Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana y al mediodía te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
en la casa vive un hombre que juega con las serpientes que
escribe
que escribe al oscurecer  a Alemania  tu cabello de oro Margarete
Tu cabello ceniza Sulamita cavamos una fosa en los aires allí
no hay estrechez.


Grita cavad más hondo en el reino de la tierra los unos y los
otros cantad y tocad
echa mano al hierro en el cinto lo blande tiene ojos azules
hincad más hondo las palas los unos y los otros volved a tocar
música de baile.


Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía y a la mañana te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margarete tu cabello
de ceniza Sulamita él juega con serpientes

Grita tocad más dulcemente a la muerte la muerte es un amo
de Alemania
grita tocad más sombríamente los violines luego subiréis como
humo  en el aire
luego tendréis una fosa en las nubes allí no ha estrechez

Leche negra del alba  te bebemos de noche
te bebemos al mediodía la muerte es un amo de Alemania
te bebemos al atardecer y a la mañana bebemos
y bebemos la muerte es un amo en Alemania su ojo es azul
te alcanza con bala de plomo te alcanza certero
un hombre vive en la casa de tu cabello de oro Margarete
azuza a sus perros contra nosotros nos regala una fosa en el aire
acosa con las serpientes y sueña la muerte es un amo de
Alemania
tu cabello de oro Margarete
tu cabello de ceniza Sulamita





Así es y así serán estos tiempos que vienen, allí donde estemos algunos habremos de recordar este poema, del cual deberemos intercambiar el nombre o los nombres propios para saber a ciencia cierta el sabor de la noche que atravesamos.
Compañeros, como siempre, que no sea nada.






lunes, 28 de noviembre de 2016

El Primer Dia






Con la muerte de Fidel Castro pareciera cerrarse un ciclo histórico y potente que marcó los ejes de la política continental desde hace alrededor de 57 años.
Rodeada, sitiada, bloqueada, Cuba se enfrentó al imperialismo de frente, desudando de una vez y para siempre el rostro imperial de los Estados Unidos para con su patio trasero.
Expulsada de la OEA, Cuba logró a pesar de todo esto, ser el faro de un continente emergente e insurgente. Por lo tanto esta isla entrañable y querida, se convirtió en el primer territorio liberado de nuestra América Latina. Allí se derrotó no solamente a 11 presidentes de los Estados Unidos sino que también se derrotó el analfabetismo y otras enfermedades de la dependencia. Se hizo historia por lo tanto.
El Comandante Castro se convirtió en ese paisaje que acompañó cada una de las luchas populares de este continente. Su imagen, sus palabras y su presencia conformaron ese espíritu rebelde necesario y emblemático.
Castro nos acompañó desde aquel 26 de julio de 1953, con el intento de copamiento del cuartel Moncada. Ahí y posteriormente en el juicio que se llevó a cabo, comenzó una de las historias más profundas que se hayan dado sobre el territorio continental de todo el siglo XX.
Después y coincidiendo con las fechas, un 25 de noviembre de tres años después, en compañía de Ernesto Guevara, Camilo Cienfuegos, su hermano Raúl, Juan Almeida entre los 82 tripulantes que conformaron la fuerza revolucionaria, se construyó una historia que sigue emocionando como una verdadera gesta y que confluye de forma inequívoca en aquel 1 de enero de 1959 con la entrada de los rebeldes en La Habana, triunfante.
Hasta aquí, una simplificada biografía de un líder importante y vital de Latinoamérica, hecho que se confunde con la de su pais hasta convertirse en una sola. Hablar de Castro es hablar de Cuba y viceversa.
El viernes 25 de noviembre de 2016 comenzó oficialmente el siglo XXI. La historia mundial así parece describirlo. Nada de lo habitual y trágico que forjó al siglo pasado parece haber sucumbido con el cambio de siglo, es más, las contradicciones sigue latentes, las injusticias continúan vigentes y sin embargo la muerte de Fidel Castro, tiene la suficiente fortaleza simbólica como para definir por si sola, la clausura y el posterior inicio de otro siglo en la historia de la humanidad.
Esta es la historia de vida de este mundo.
La carga de estos hechos significativos, son en definitiva los mojones que la historia va dejando a la hora de bordar el tejido interminable de la historia del hombre sobre esta tierra, sus luchas, sus triunfos y sus derrotas.
¿Con Castro se cierra la historia? O ¿La historia de los hombres se hace a pesar de los hombres sus nombres, sus hechos fundacionales?
Siempre el que se va deja su marca, pero también es cierto que se lo reemplaza por otro para seguir avanzando a pesar de la tristeza.
Por eso aquel 25 de noviembre de 1956, el Gramma zarpando desde México no se dirigió solamente y solitariamente hacia Cuba, se dirigió a todo un continente de postergados, perseguidos, hambreados, de fusilados y bombardeados, de encarcelados y silenciados. El Gramma con Fidel y el Che, con Camilo y Raúl a bordo se dirigió a nuestra patria grande para señalar la ruta, una de las rutas a seguir en pos de la liberación nacional.
Anoto al margen.
En el año 1973, siguiendo expresas ordenes del General Perón, la Argentina fue el primer y único país en romper el bloqueo sobre Cuba, algo que nunca fue perdonado por el imperialismo.
Otra.
“Antes de morir se habrán destruido los Estados Unidos” dijo Fidel no hace mucho. Semanas antes de este 25 de noviembre, Trump ganaba las elecciones en dicho país. Irónico pero certero como en casi todas sus apreciaciones.
Compañero Comandante Fidel Castro. Presente!

viernes, 25 de noviembre de 2016

Marcos Ana poeta








Si salgo un día a la vida
mi casa no tendrá llaves:
siempre abierta, como el mar,
el sol y el aire.
Que entren la noche y el día,
y la lluvia azul, la tarde,
el rojo pan de la aurora;
La luna, mi dulce amante.
Que la amistad no detenga
sus pasos en mis umbrales,
ni la golondrina el vuelo,
ni el amor sus labios. Nadie.
Mi casa y mi corazón
nunca cerrados: que pasen
los pájaros, los amigos,
el sol y el aire.

Se ha muerto un poeta, ya el mundo es más ancho, está más vacío, más solo, lento, en pleno viraje al gusano. Su nombre era el nombre de sus padres, fue el preso político más preso por más tiempo en la dictadura ciega y negra y católica de Franco y los suyos. Se murió un poeta y hoy el mundo enmudece un poco más, se pone más gris y llueve despacio la lluvia que camina descalza.
¿CÓMO ES LA VIDA?
Decidme cómo es un árbol.
Decidme el canto de un río,
cuando se cubre de pájaros.
Habladme del mar. Habladme
del olor ancho del campo.
De las estrellas. Del aire.
Recitadme un horizonte
sin cerradura y sin llaves
como la choza de un pobre.
Decidme cómo es el beso
de una mujer. Dadme el nombre
del amor: no lo recuerdo.
¿Aún las noches se perfuman
de enamorados con tiemblos
de pasión bajo la luna?
¿O sólo queda esta fosa,
la luz de una sepultura
y la canción de mis losas?
Veintidós años… ya olvido
la dimensión de las cosas,
su color, su aroma…
Escribo a tientas: “el mar”, “el campo”…
Digo “bosque” y he perdido
la geometría de un árbol.
Hablo por hablar de asuntos
que los años me borraron.
(No puedo seguir: escucho
los pasos del funcionario).


Mientras tanto el mundo sigue andando. Comenzó a hacer calor. A veces pasan hombres de a caballo por esta calle. El tiempo baila. La memoria es el único escondite que nos sigue a todos lados. Los días son ya más largos. Pero un poeta ha muerto y eso detiene el mundo a la hora de la siesta, la hora de las moscas. Se llamaba Marcos Ana, fue el preso más eterno de la barbarie en un país lejano. Escribió para nosotros y eso nos queda a nosotros en estas horas muertas.

jueves, 17 de noviembre de 2016

El asombro asomando tibio



De a poco, casi como en un sueño se nos escapa este año, cambiante, loco y definitivamente inserto ya en un nuevo siglo. El anterior quedó sepultado. Los tiempos están cambiando. La sensación de cambio es palpable, la certeza de estar al borde de algo que no tiene nombre, que es en parte indescifrable y casi terrible.
Es, pareciera ser, algo que tiene que ver con el cambio. Ver, poder palpar dicho cambio, causa la sensación de estar ante algo impreciso. Rabioso, pero impreciso. Saliendo de ese nosotros, que a veces somos para enjuagar penas y miserias, nos quedamos en ese yo que a veces somos y que a veces, no tan seguido, logramos reconocernos en ese estadio.
El mundo se prepara para que la derecha haga la primera revolución del siglo. Entierran la globalización y ejercen la no representación como audacia no permitida. El mundo, ahora el mundo gira a la derecha y elige otro gesto.
La sensación de caminar sobre cristales. De pensar en lo irredento del destino, de la palabra, del cuerpo.  Un nuevo orden o desorden mundial comienza, acaba de hacerlo, se mezclan los olores y el enemigo de ese silencio nuestro, es la resaca como dicen del sistema. El excedente.
Acaba de cambiar el mundo y lo que viene, es a lo mejor como la película de Bob Fosse, Cabaret, con ese escena inquietante que retumba en las coincidencias de estos tiempos.


Acaba de mutar el paradigma, se disolvió y ya no queda nada. Sólo la tenue sensación de lejanía que acaba de ingresar en nuestras vidas sin darnos cuenta. 
La producción cultural también deberá modificarse, algo que deberemos tener en cuenta, ya que nuestros presupuestos de hace un rato, seguramente en breve no tendrán casi valor, en las próximas semanas habremos de envejecer años y años en contradicción con nuestros modos de analizar, pensar y comunicar.
Así de esta manera nos vamos habituando morosamente al asombro de derecha que se descuelga de esta historia que ha comenzado a moverse con peligros y amenazas para con los distintos, los diferentes, lo que vienen sin historia por detrás.
Me quedo pensando en la soledad que nos define. 
Mientras tanto en un lejano país del sur, el argentinito sigue pensando que el centro de todo, es él, somos nosotros y que el mundo, como siempre queda demasiado lejos de nosotros, de ese nosotros de opereta rancia.
Que no sea nada.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Son cosas nuestras

Se asoma la primavera, el calor de a poco ocupa su sitio. Fue un otoño triste y un invierno duro. No ya por las inclemencias del tiempos, sino por las sacudidas políticas que la derecha le ha impreso a este país, por momentos, desmemoriado.
No hay ni para pedir fiado.
Quedan momentos, como relámpagos, que iluminan las caras y los gestos de todos nosotros. La memoria se ensancha y regresa a recorrer viejos libros, a rememorar viejas canciones, mientras el alma se le endurece al personal en esta fiesta en donde, no hay alegría, salvo por los que odian y desprecian. El resto, con el maquillaje corrido, espera por un mañana apenas menos doloroso que el que acaba de pasar.
Jack White acaba de editar su disco acústico. Un trabajo pausado que no agrega nada a lo hecho hasta el momento por este guitarrista, pero sirve para matizar tanta espera mientras su disco suena de fondo.
Buen guitarrista, especie de nuevo niño mimado del rock, tiene dos bandas y también este inicio de lo que podría ser su carrera solista. El disco es bueno, interesante en algunos momentos y previsible en otros, en donde suena igual al resto.
Pero vale la pena el intento por acercarse a este músico por otro de los tantos caminos que va proponiendo desde su aparición no hace muchos años atrás. Trabajo con dos discos, diferentes entre sí, pero que objetivamente buscan abrir un nuevo panorama para este Jack White desconocido y bueno como en su fase eléctrica.
Pasan los buenos ejemplos hablando al resto, de alguna manera somos malos ejemplos. Aleccionan, despersonalizan y  tratan de quitarle contenido a todo.
Trabajan de eso. La derecha, siempre trabaja de esto.
Son cosas, cuestiones muetras. Es el día a día, que rodea y se come todo a su paso. Nos cuentan las costillas, cuando algunos de nosotros, ya nos aprestamos a mudarnos de barrio. Sin embargo uno, se resiste, ejercita la memoria y no permite que se ablanden en la espesura de la noche, el nombre propio de aquellos que nos acompañaron.
Y revisando aparece esta verdadera joya de la música artesanal. Desconozco todo de este músico. No importa, acaba de editar este trabajo en donde él toca todos los instrumentos y crea uno de los mejores discos de este año. Con una hondura apreciable, nos lleva de la mano en un recorrido perfecto. Gran trabajo que sorprende por el buen gusto. Construyendo una espacio con una música de perfecta factura. Stillman demuestra talento y nos enseña el camino de la actualidad del jazz, edificando un trabajo que plasma lo mejor de la música y la capacidad de sorprender.
Discos que abruman y emocionan en este camino hacia el silencio. La cultura de  masas sigue acumulando, sin dobleces, experiencias y demoliendo prejuicios de forma eficaz.
Lo otro, lo contrario a todo esto, es lo de siempre. Las catacumbas y el castigo. Los fuegos y el silencio. Ya sabemos como operan, entonces debemos intentar superar a toda costa este presente que nos ubica en un páramo que es el habitual para el fascismo.
LOMJE.

martes, 5 de julio de 2016

Un lento perfume

Regreso. Siempre es bueno volver a pesar de todo.
Han cambiado muchos las cosas, hemos vuelto a a una tierra casi arrasada. Las palabras se desgajan y pierden significados. Estamos de nuevo de a pie, mirando profundo la desolación que se nos viene encima como una cobija, acaso como la noche.
Especulo con la fortaleza de la memoria. Con ese sitio cobijado en mi vida. Ahí, desde ahí anclo ciertas reservas.
Desde el llano, todo parece diferente. Luchamos y respiramos desde esa razón pequeña que nos hace sobrevivir. En la palabra dicha por el compañero, en la mirada del amigo y en unas simples creencias.
Pienso.
Quien no combate no sabe de la derrota. Explicar esto, la derrota al que nada sabe de ellas, es parte del trabajo. Asombrados, dolidos, enojados, tristes, desorientados y humillados, van por ahí las quejas y temores que asaltan esa parte tenue de nosotros.
Perder es parte de todo. Es un aprendizaje. Es quedarse solo y volver. Juntar pedazos y tratar de pegarlos.
No es fácil. Ni lindo ni nada. Solamente es, desde ahí uno retoma lo que se cortó. Desde ahí entiende uno que debe construir.
A veces, coincidimos con ese cielo de banderas, como decía el poeta. A veces nos toca recuperar la memoria y desde ahí, comenzar a pensar. el futuro está siempre detrás nuestro, el pasado en cambio, se encuentra enfrente, por eso lo vemos y lo modificamos y lo organizamos.




Desde el dolor y el odio, no se construye nada. el odio siempre es para los otros. Nosotros desde siempre, debemos volcarnos en la necesidad de pensar desde esa llanura en donde estamos. Ahí, congregarnos de nuevo en torno del fuego y reconstruir, paso a paso lo nuevo. Porque siempre nos toca despojarnos de lo viejo y desde ahí agrandar nuestros corazones.
Quien no pelea no sabe de la derrota.
Es en este volver a juntarnos, que dejamos cosas en el camino. Se quedan compañeros, amores, gestos en el camino. Sabemos de que trata todo esto. Ya lo hemos vivido, casi desde siempre. Pero siempre volvimos.
A lo mejor, como decían los soviéticos, una revolución demanda tres generaciones. A lo mejor van por ahí las pistas.
Este lento perfume que nos rodea, sabemos, proviene de la violencia a la que nos quieren llevar indefensos y confundidos. Viene de ese odio blanco, de ese rictus tan patronal, de esa lucha de clases al revés que los llena de desprecio.
Dijo las otras noches, que el que hace, el que toca intereses de clase, sabe que corre el riesgo de la condena. el hace sabe que del otro lado, no nos darán nada gratis.
Hablar. Desde ese dolor que se derrama, nos encierra, nos limita y nos empequeñece ante la jauría que viene por nosotros. Los todos, los que hoy mateamos en silencio y nos contamos nuestras cuitas. Entre los que abrigados por la esperanza de un futuro mejor, que empuja desde abajo, sabemos de justicias y también de injusticias.
El prontuario de la patria, nos explica de estos desiertos que recorremos. Quedaremos pocos, lo sabemos, pero es solo cuestión de esperar, de seguir luchando y de tener memoria.
LOMJE

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Todo regreso

Es siempre delicado. Dejar pasar el tiempo, asombrarnos por la historia y sus corcoveos. Avanzar y descubrir los cambios, los alejamientos de aquellos que creías eran tuyos, los encuentros con otros, esos otros que te mencionan y todo se vuelve amarillo, preciso, suave y hasta sorpresivo.
Los tiempos cambian. Los tiempos están cambiando y esa promesa no siempre es la esperada, sin embargo debemos mantener el pie, seguir el camino y seguir avisando a los otros, si se puede, de esta transformación.
Argentina acaba de darse un gobierno de derecha, fascista y difícil, después de 12 años. Los motivos son múltiples. Raros y extraños. Nos meten de nuevo en el dolor y la furia y uno que está en los últimos compases antes de mudarse de barrio, vuelve a descubrirse furioso, con rabia, áspero y contando de nuevo la tropa.
El amor no dura más que una rosa. Decidió el pueblo, jugar con pistolas cargadas. En cinco días, desde la asunción del nuevo presidente se han sucedido incontables cambios.
Desalojos por la policía y palos y amenazas. Dos jueces supremos nombrados a dedo, una disminución del salario de los trabajadores de casi el cincuenta por ciento. El cierre de programas y policías sin placas y de nuevo también, autos sin patente.
La transferencias de dineros a los sectores que más tienen es casi escandalosa y recién han pasado unos pocos días de todo esto. Recién van sólo seis días.
Y así vamos. También es de esperar que siguiendo las enseñanzas de este dios bipolar, descanse al séptimo día y nos de un respiro.
En fin.
Acabo de terminar este bello libro de un periodista y escritor argentino, que deslumbra. Es la recopilación de sus artículos, aparecidos los días viernes en Página 12. Artículos que hablan de escritores, de pintores, de poetas que en algún momento de toda su vida, hicieron o dejaron de hacer, diferentes cosas. Hombres y mujeres, que por segundos en la historia del mundo, imprimieron una pequeña huella. El trabajo de Juan Forn es notable. Una especie de aguafuertes, diferentes, distintas a las pensadas en su momento por el gran Roberto Arlt.
Pero lo interesante de es, que detrás de las pistas seguidas por Forn, se esconde un tremendo amor por el conocimiento, por las razones y por los motivos que condujeron a estos retratados a manifestar algo, que en su momento, creo, nadie logró entender a ciencia cierta. Así Los viernes, tal su nombre, conmueve como lo hicieron sus apariciones en el diario justamente ese día, que se convirtió en una especie de cita a ciegas. Pero además, también está la promesa de otros dos tomos más de esta pequeña enciclopedia arbitraria que hace este hombre que vive al lado del mar, en una playa por la que suele caminar y pensar su próximo paso.
Libro notable y querible para aquellos que aman la sutileza, el descubrimiento y la sensación de una cierta música literaria.
Cambio.
Comienza el verano, otros infiernos anuales nos esperan. Llega un fin de año para algunos con cierto fervor y para otros cargado de ciertas inquietudes y presentimientos tenaces. De todas maneras, la temperatura no ayuda a pesar de estar viviendo el año de la Corriente del Niño y todas esa fraudulenta información que manejamos con cierta alevosía.
El calor, el sol rabioso, las lentas tardes de siestas abrazadoras. No, no es nuestro mejor momento. Pero ahí estaremos todos entonando la salmodia de buenos augurios, de lo buenos que somos y de cuanto queremos a nuestros prójimos.
Después vendrá el largo verano argentino que dura demasiado, que suele durar como dos veranos de los españoles, por ejemplo. Y así entre moscas pegajosas y mosquitos traidores seguiremos esta ruta que  no es otra cosa, que nuestra pésima relación con el mundo, con las ideas y con ese sabor desagradable que suelen producir aquellos triunfadores de la nada, aquellos pensadores de la soberbia y esa rancia aristocracia del mal gusto, que desde la globalización dirige los sueños de todo el mundo.
A lo mejor.
Escuchando un disco del canadiense Neil Young se me pasa este buen humor que insisto en vivir. Disco grabado entre 1987 y 1988, en BlueNote Cafe. Con un formidable y joven Young, permitiéndose por ejemplo, el sonido de saxos y trompetas entre sus músicas. Disco doble que aparece en un momento justo pareciera, ya que las últimas producciones del guitarrista no han sido del todo acertadas o por lo menos, han sido solo aclamadas por aquellos incondicionales, que consumen todo lo que derrocha a su paso este tremendo músico que sigue generando de tanto en tanto, pequeñas grandes joyas de la música popular. Tal vez por todo esto este trabajos es notable. Entre julio del '87 hasta agosto del '88, en diferentes presentaciones, Young fue grabando canción a canción. Convirtiendo este trabajo en algo espectacular. Sonido e ideas, blues, rock y hasta secuencias de jazz, apoyan a esa voz difícil que siempre fue la de este héroe de la música, que desde los años sesenta del siglo pasado viene batallando a favor de la memoria, en contra de las guerras y diversas causas comunes a todos aquellos de buena voluntad que viven este mundo.
Disco imprescindible para que suene todo el tiempo. Para que nos acompañe mientras todo a nuestro alrededor se pone verde vida y nos distancia un poco de tanta pregunta y tanto dolor que nos están prometiendo.
Otro cambio.
Mis dos gatas. Pampa y Medio Pollo, duermen el calor. Todos jugamos a cierta locura, cuando se nos acaban las respuestas, sabiendo que las preguntas son eternas. Se retuerce la vida en esta inhóspita espera, que nos proponemos. Sin embargo, las gatas y yo, sabemos que el único que sabe que está solo, soy yo. Ellas ni se enteran y tampoco logran preocuparse por este andamiaje del pensamiento.
Esperan pájaros o ratones para la caza, para la revalorización de su historia ancestral. Persiguen culebras y sapos, duermen y comen y vuelven a dormir.
Fumo, mirando las plantas y ellas, se estacionan a mi lado. Así, a lo mejor es el amor animal, del que tanto suelen horrorizarse los ajenos a esta clase de mirada.
No importa. No tiene ninguna importancia. En el fondo, los días discurren y apenas, algunos de nosotros logramos percatarnos.
Entre los hallazgo de este año que termina, es mi reencuentro con una de las pocas obras maestras que produjeron las letras de mi país.
Leopoldo Marechal, fue uno de nuestros mejores escritores, Castigado por su peronismo, censurado y hasta lapidado públicamente por aquellos escritores de la "gente bien", quienes durante muchos años, aprobaron la prohibición y el olvido de este hombre. Sin embargo, años antes de aquel formidable momento político que vivió nuestra patria en la mitad del siglo pasado, antes de ello, Marechal escribió un libro que junto con Los Siete Locos y Los Lanzallamas, se convirtieron en las mejores novelas del siglo XX, por lo menos hasta casi los finales del mismo siglo. Es que el "Adán Buenosayres" es una obra total. Una novela en la que, leyendo atentamente se descubren otros escritores, otros poetas todos argentinos y contemporáneos  de Marechal, ocultos bajo otros nombres u otros seudónimos. Obra magnífica y ejemplar. Solo el tiempo y la memoria, convirtieron a este Adán en una de las obras obligatorias para los amantes de la buena literatura. A pesar de las prohibiciones y el olvido en donde quisieron ubicarla, la novela respira por sus propios medios. Una novela emblemática de este poeta, dramaturgo y escritor que fue Leopoldo Marechal. "Adán Buenosayres" es el ejemplo de un talento inaudito e imprescindible.
Pero además este escritor genial tiene en su haber dos novelas, una publicado en los años sesenta "El banquete de Severo Arcángelo" y la otra que apareció en 1970 y que se llama "Megafón o la guerra". Las tres novelas, configuran uno de los momentos más notables de nuestra literatura y que merecen siempre una relectura sabiendo que se trató de uno de los escritores más genuinos que pisaron estas planicies.
Sigo.
En medio de la censura generalizada no decretada pero si oficializada por los medios hegemónicos que apoyan a este gobierno, comienzan a surgir pequeñas agencias de noticias, que vuelcan todo en las llamadas redes sociales. Noticias que aparecidas así, en muchos casos no suelen ser comprobables. Lo cierto es que en pocas horas, los trabajadores perderán casi el cincuenta por ciento de sus salarios. La luz y el gas sufrirán aumentos demenciales, que afectarán el normal desenvolvimiento de millones de familias de menores recursos y la pobreza comienza a vestirse con sus mejores ropajes de alegría.
El paraíso neoliberal, es solo para unos pocos, que tendrán más y más. Y la democracia es la mejor mentira que han reinventado estos delincuentes asociados a jueces y fiscales, quienes juntos gobiernan en este especie de golpe de estado permitido por la burguesía parasitaria y el capital asesino.
Habrá que buscar nuevos métodos. Darnos nuevas armas para resistir el tamaño robo, que vendrá. Lo cierto es que este deberá ser lo más rápido posible, porque no tienen ya el tiempo de las bayonetas que antes poseían.
Tiempo de dolor. Tiempo de angustias.
Mientras tanto, en mi casita suburbana escucho música.
El viejo y querido Ahmad Jamal, más viejo que la injusticia, sigue haciendo música para aquellos que buscamos siempre algunos motivos para seguir insistiendo a reglamento. Jamal entrega este disco grabado en vivo en agosto del año pasado. Con "Live in Marciac" este pianista sabio, vuelve a hacer relucir toda su historia, plagada de grandes momentos y llena de talento, que enriqueció la música popular de buena parte de este planeta.
Disco para escuchar y volver a escuchar casi hasta que se vayan ellos, estos que nos gobiernan por ahora.
Vuelvo a Jamal. el jazz en esta segunda década del siglo XXI, suena en sus manos, como si el tiempo solo fuese un compás más. No hay antigüedad ni gestos teatrales. Solo hay música e imaginación al servicio del buen gusto, que aflora suave y de manera concreta. Talento y estado de gracia al mismo tiempo en las ideas de este pianista interminable y entrañable.
Diez canciones que no desentonan, diez momentos de una profunda devoción por la música que derrochan Jamal y los suyos en esta pieza de colección inobjetable.
Así.
Entra tanto saqueo y tanta violencia que se nos viene encima como una manta vieja y descolorida, la cultura sigue siendo nuestra trinchera. Desde ahí, desde este lugar somos mejores que ellos, que carecen de gusto y cultura para sujetar tanto fascismo depredador entre los pliegues de la historia. Allí, ahí, estos  abandonados de la idea, fracasan. Siempre lo han hecho y siempre lo seguirán haciendo, ya que suelen echar la mano a la pistola cada vez que se les nombre la palabra cultura.
Son unos fracasados a pesar del dolor que nosotros pondremos en las calles y en esta resistencia. Son unos fracasados insomnes que no tienen en cuenta, que la historia jamás se repite dos veces iguales. Una vez como drama y la otra como comedia. Y no lo entienden.
Un abrazo para aquellos que tienen memoria y no olvidan.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Ese apacible malestar




Hoy se cumplen trece años, apenas trece años de la sublevación popular que arrojó de sus puestos a muchos, no demasiados, rufianes políticos. Ese día, 20 de diciembre, el pueblo, no la gente ni las personas, sino simplemente el pueblo derribó un gobierno que de alguna manera, había traicionado y arrebatado a millones la posibilidad de sobrevivir.
Se sabe, que cuando un pueblo se subleva no hay forma ni método eficaz para enfrentarlo. Ese día ni las balas ni los asesinatos a mansalva pudieron.
Trece años después, no obstante, los ideólogos, los matarifes y toda la canalla "democrática" que apoyó esa represión siguen gozando de su libertad. Libres, opinando y en algunos casos brindando clases magistrales en universidades católicas y privadas.
Digo.
Pero ese día pasó otra cosa. Dentro del contexto general del neoliberalismo imperante por estas llanuras y todavía por el mundo, se debatía si la solución fuese, primero de forma disimulada y después a los gritos, que se fuesen todos. Que los políticos dejasen la política y que de ahí en más, la solución pasaba por otro carril.
La clase media desorientada porque la cosa no pasaba ya por la mera satisfacción de las demandas, sino por el deseo se encontró de golpe que ya no basta con ser un explotado más, ser un esclavo de saco y corbata para garantizar sus ansias emancipatorias. Eso, ese momento había pasado mucho tiempo atrás. En aquel 2001 todavía no se reconocía el rostro de un mundo globalizado dominado  por el poder financiero.
No se lo conocía, como hoy lo conocemos. A pesar de ese cinismo o pesimismo que nos tiene rodeados  mientras el mundo se descose por momentos, a pasos agigantados, comprendimos que el discurso capitalista siempre y tajantemente condenó al ser hablante a ser esencialmente un individuo. Así vivimos un tiempo, hoy, en donde dicen que las transformaciones políticas no tendrán ningún sitio operativo.
En definitiva estamos en ese malestar pegajoso y con amplia difusión por los medios de comunicación que no informan y engañan sabiendo que lo hacen.
Vuelvo.
Ese 20 de diciembre, dimos pelea. Tuvimos bajas, más de treinta muertos. Acorralamos a la política entregadora y a sus perros en veinte manzanas a la redonda. Fue el combate más duro, rabioso y feroz que Buenos Aires haya vivido en sus años de historia. Desarmados, con piedras y palos contra fusiles y balas. Nadie se salvó. La policía como siempre, hizo su trabajo, en ese estadio, madres de plaza de mayo, mujeres con niños, adolescentes, trabajadores desocupados, militantes políticos, obreros del cordón industrial. Todos bailamos un baile de furias.
La cosa había comenzado a principios de noviembre, cuando los bancos le robaron sus ahorros a aquellos que todavía tenían algo. Cuando a los jubilados les quitaron el 13% de su jubilación para pagar la deuda externa. Cuando nos anunciaron por televisión que nos iban a rebajar los sueldos, mientras el índice de desocupación escalaba desnudo por las pantallas del televisor noche a noche.
El 19 de diciembre, amaneció caliente. A la tarde, el gobierno anunció el estado de sitio para evitar los saqueos que se venían produciendo en casi todo el país. Hambrientos, los desheredados salían a buscar alimentos a como diera lugar.
Ese día de diciembre, nos amenazan con el estado de excepción por cadena nacional. Antes de finalizar, salimos a la calle.
La dignidad no se negocia dicen. Salimos, solos, individualmente, caminamos por la ciudad y llegamos al Congreso.
No estaban esperando.
La represión fue dura y sin organización llegamos a la casa de gobierno. Y la cosa se puso peor.
Esa noche, recuerdo, volví de madrugada a mi casa. Sabía que había que volver a la plaza a pelear.
Pienso.
La pérdida de memoria es el despojamiento del sentido del pasado y de parte del presente también, que suele acompañarse de otras pérdidas.
Por eso uno debería como menos, volver a rehistorizar el pasado. Ponerlo en ese contexto y tratar de discernir para instalar la discusión definitiva si vale el caso, de tratar de reconocer las bondades de las democracias neoliberales que vive el mundo. Esa sería una de las tantas hipótesis que debemos evaluar a trece años de aquellos días, sabiendo hoy que el neoliberalismo es el nuevo totalitarismo imperante y bien visto por los dueños de todo y sus descendientes sangrientos.
En esta retirada al conformismo le perdimos la huella y el olor a los entresijos de la constitución del orden planetario, que en su base hace norma de la exclusión, acorralando a millones de seres en ese escalón de indeseables o prescindibles, futuros desaparecidos.
Esto por aquellos años no era nuevo. Uno sabía que debía quedarse enganchado en lo que fuese para seguir teniendo trabajo. Seguir siendo fuerza productiva y mirar hacia otro lado y cruzar los dedos.
Así pasamos por el menemismo, hoy indultado y llegamos al inicio de siglo pauperizados, con muertos y derrotados.
Ese 20 de diciembre sin estructuras, salimos a la calle a conquistar el poder real. Nos enfrentamos a ellos, a los que nos gobernaban alegremente, salimos a demostrarles que las bayonetas sirven para cualquier cosa menos para sentarse sobre ellas.
Hacía un calor abrumador. Entre los gases lacrimógenos me encontré con mi hijo mayor y su primo. Ya éramos tres y supe que podíamos seguir disputándole el terreno a los perros de siempre.
Al final de la tarde, a bordo de un helicóptero se fue el presidente y bailamos entre el fuego, miles de seres que habíamos hecho de la angustia un arma revolucionaria.
No fue la revolución ni creo que haya sido esa la propuesta. Fue el impulso libertario de definir de una vez y por todas, la capacidad popular de un pueblo que decidió enfrentar a los traidores.
Fue un día terrible, fueron días terribles, que marcaron a fuego y sangre a toda una generación que ese día decidió salir a la calle para enfrentar la historia y nacer.
El saldo fue duro. La pelea fue dura.
El después, ese día no interesaba demasiado, acaso existía una tenue percepción de lo que habría de llegar.
Los trece años posteriores descubrieron nuevos caminos, nuevos compromisos, ese momento de verdad ejercido en un momento igualitario se debieron más que nada a la experiencia, a la intervención de la experiencia de todo aquello que el capital  no puede reducir a mercancía.
Durante estos trece años, recuperamos cuestiones. Volvimos a sentir la alegría del estar juntos. Muchas cosas de las que perdimos nunca volvimos a recuperarlas. Pero fueron años de sentirnos un poco más cobijados. La manta de la historia por fin nos tapó algo durante las noches.
Así durante esas jornadas de lucha hicimos el intento de la construcción de otro ser con los otros y así hermanados, les  advertimos a los enemigos de ese nosotros, que no hay eternidad posible para los profesionales de la traición. Que más temprano que tarde, el pueblo ajusta cuentas. Desde esos días, los políticos y los poderosos tienen miedo.
Por eso hablan de tiranías, de inseguridades, de más policía, de más represión, de más cosas que los protejan.
Desde ese 20 de diciembre ningún político duerme tranquilo, porque la democracia es otra cosa y no la que, como el amo, nos quieren hacer colmar el agujero, porque el amo sabe que también tiene sangre y que también en algún momento se irá de este barrio.
Entonces compañeros, después de esa victoria, de la cual no hay culpables, porque se perdonan entre ellos, mientras miran de reojo. Porque se confiesan a media voz entre ellos mientras sienten el temor de que les quiten el negocio. Porque hablan con la boca torcida, ejerciendo la trampa como único ardid eficaz para seguir tejiendo a espaldas nuestras. Saben que están vencidos.
Por eso, porque siempre estamos rodeados y son para peor, les avisamos a esta canalla que se dice demócrata que con nosotros no se juega y si se olvidan, recuerden esos días del 2001.
Mientras tanto compañeros cuando quieran volver, los vamos a estar esperando como siempre.
Un abrazo y que no sea nada


sábado, 6 de septiembre de 2014

La palabra como forma del silencio

Cumplir cien años. Dejarse llevar por las palabras durante un siglo y seguir hurgando por el costado de las palabras hasta el final, como en un baile de locos y de anti poesía. Dejarse deslumbrar por la vida y detenerse al borde de esa vida para verla pasar desnuda. Nicanor Parra, chileno pero ante todo poeta acaba de cumplir sus primeros cien años de vida.
Años de peleas, de amores desenfrenados, de vinos calientes bebidos en mesas de maderas oscuras como los rostros de los obreros. Años de enseñarnos poesía al resto, de enseñarnos a sumar y a restar siempre, de enojos y enaguas, de muertos y vivos en la gran rueda de esta vida.


Manifiesto



Señoras y señores 
Esta es nuestra última palabra.
-Nuestra primera y última palabra-
Los poetas bajaron del Olimpo.
Para nuestros mayores
La poesía fue un objeto de lujo
Pero para nosotros
Es un artículo de primera necesidad 
no podemos vivir sin poesía.
A diferencia de nuestros mayores
-Y esto lo digo con todo respeto-
Nosotros sostenemos
Que el poeta no es un alquimista
El poeta es un hombre como todos
Un albañil que construye su muro:
Un constructor de puertas y ventanas.

Nosotros conversamos
En el lenguaje de todos los días
No creemos en signos cabalísticos.

Además una cosa:
El poeta está ahí
Para que el árbol no crezca torcido.

Este es nuestro mensaje.
Nosotros denunciamos al poeta demiurgo
Al poeta Barata
Al poeta Ratón de Biblioteca.
Todos estos señores
-Y esto lo digo con mucho respeto-
Deben ser procesados y juzgados
Por construir castillos en el aire
Por malgastar el espacio y el tiempo
Redactando sonetos a la luna
Por agrupar palabras al azar
A la última moda de París.
Para nosotros no:
El pensamiento no nace en la boca
Nace en el corazón del corazón.

Nosotros repudiamos
La poesía de gafas oscuras
La poesía de capa y espada
La poesía de sombrero alón.
Propiciamos en cambio
La poesía a ojo desnudo
La poesía a pecho descubierto
La poesía a cabeza desnuda.

No creemos en ninfas ni tritones.
La poesía tiene que ser esto:
Una muchacha rodeada de espigas
O no ser absolutamente nada.

Ahora bien, en el plano político
Ellos, nuestros abuelos inmediatos,
¡Nuestros buenos abuelos inmediatos!
Se refractaron y se dispersaron
Al pasar por el prisma de cristal.
Unos pocos se hicieron comunistas.
Yo no sé si lo fueron realmente.
Supongamos que fueron comunistas,
Lo que sé es otra cosa:
Que no fueron poetas populares,
Fueron unos reverendos poetas burgueses.

Hay que decir las cosas como son:
Sólo uno que otro
Supo llegar al corazón del pueblo.
Cada vez que pudieron
Se declararon de palabra y de hecho
Contra la poesía dirigida
Contra la poesía del presente
Contra la poesía proletaria.

Aceptemos que fueron comunistas
Pero la poesía fue un desastre
Surrealismo de segunda mano
Decadentismo de tercera mano
Tablas viejas devueltas por el mar.
Poesía adjetiva
Poesía nasal y gutural
Poesía arbitraria
Poesía copiada de los libros
Poesía basada
En la revolución de la palabra
En circunstancias de que debe fundarse
En la revolución de las ideas.
Poesía de círculo vicioso
Para media docena de elegidos:
«Libertad absoluta de expresión».

Hoy nos hacemos cruces preguntando
Para qué escribían esas cosas
¿Para asustar al pequeño burgués?
¡Tiempo perdido miserablemente!
El pequeño burgués no reacciona
Sino cuando se trata del estómago.

¡Qué lo van a asustar con poesías!
La situación es ésta:
Mientras ellos estaban
Por una poesía del crepúsculo
Por una poesía de la noche
Nosotros propugnamos
La poesía del amanecer.
Este es nuestro mensaje,
Los resplandores de la poesía
Deben llegar a todos por igual
La poesía alcanza para todos.

Nada más, compañeros
Nosotros condenamos
-Y esto sí que lo digo con respeto-
La poesía de pequeño dios
La poesía de vaca sagrada
La poesía de toro furioso.

Contra la poesía de las nubes
Nosotros oponemos
La poesía de la tierra firme
-Cabeza fría, corazón caliente
Somos tierrafirmistas decididos-
Contra la poesía de café
La poesía de la naturaleza
Contra la poesía de salón
La poesía de la plaza pública
La poesía de protesta social.
Los poetas bajaron del Olimpo.


Así entonces con Nicanor Parra de la mano, me aventuro a esta especie de ronda que dibujan aquellos que dicen entender o atender las necesidades del público. Me dejo estar en esta monocorde sensación de hastío que me produce este hedonismo atrasado que nos tiene, que me tiene, rodeado.
Vuelvo a leer a Parra, vuelvo a descubrir esas migas de pan que los poetas, sólo los poetas saben dejar a su paso para perderse a conciencia, para volver sin conciencia.
Entonces de golpe la realidad se tiñe de desacuerdo. Uno presume de patriota a la hora de la siesta, de interlocutor válido de tanto silencio contumaz, de caminante estático.
No, no se puede vivir sin poesía. Se debe construirla a cada paso.
Digo.
Se murió Gustavo Cerati, pero sigue vivo a pesar de los esfuerzos del periodismo en encerrarlo en el mausoleo a toda costa.
Lo conocí en un pasillo de una redacción llena de humo y otros olores. Hablamos un rato, cuando él era todavía ese nadie que solemos ser todos.
Quedamos para una nota. Nos despedimos y unas semanas más tarde, hicimos la nota. No había editado su primer disco como Soda Stereo, pero Cerati ya sabía de que se trataba todo esto. Veía, vio, la historia dibujada de antemano. Su propia historia y trabajó en consecuencia para ello.
Meses después fue la presentación de ese primer disco, en un McDonalds o algo por el estilo. El hastío, la brevedad de los años ochenta estaba en su apogeo. allá por el '84 creo. Todo era plástico, alegría, diversión y el inicio de la frivolidad a reglamento.Volvimos a encontrarnos con Cerati, en distintas ocasiones. El era dueño de un planificado sistema de humor, que lo defendía de algo. Era como un scanner que recorría los cuerpos de los otros cada vez que se acercaban a él.
Fue un músico importante, uno de los mejores cantantes que haya habido en este país. Además se convirtió a fuerza de talento en uno de los más notables músicos de esta eternidad que seguimos llamando rock nacional.
Cuando fue el final de esa fantasía llamada Soda, fue en un estadio de fútbol como correspondía. Ahí, Cerati se despidió de la gente al finalizar la presentación con un: ¡Gracias…totales! No se porque me acuerdo de ello, porque me detengo en estas dos palabras que un músico utilizó como despedida para cerrar un ciclo. Pero aún hoy lo recuerdo.
Se cierra así una historia, se unen dos puntos del camino. Pero el misterio sigue siendo la vida, la pura vida que tenemos por delante, la que nos atraviesa a cada paso y nos lleva hacia algún sitio, sin saber cómo vamos o lo que peor aún, por qué vamos hacia allá.
Con Nicanor y con Cerati, quise cerrar una semana extraña. 
Porque los poetas siguen bajando desde sus palabras el camino exacto a seguir. Porque están ahí a nuestro lado, cantándonos o solamente susurrando en nuestro cuello, las palabras justas, el silencio recordado.
Porque la palabra de alguna manera, reforma el silencio, forma parte de el y se desdibuja en el. Ahí está la poesía del chileno rebotando contra techos y camas. Ahí está también la poesía de este guitarrista, bailando en las cornisas entre los amarillos y ciudades de furias.
En fin, muchachos, esto está todo pago





viernes, 5 de septiembre de 2014

Música del alma

El regreso de Robert Plant con un nuevo disco, siempre es cuestión de alegría. De aquellos años locos de Led Zeppelin a nuestros días, mucha pero mucha
agua ha corrido bajo tantos puentes. Hace unos años volvió a emocionar cuando junto con Allison Kraus hizo un disco maravilloso y exitoso. Era el 2007 y el mundo parecía bailar sobre la cubierta del Titanic. No obstante ese trabajo sirvió para revitalizar la imagen de Robert Plant. Luego le siguió otro trabajo que casi pasó sin pena ni gloria y ahora, hace días nomás acaba de aparecer este disco. "Lullaby and… The Caeseless Roar" con The Sensational Space Shifters como banda de apoyo. Disco oscuro y a la vez profundo de un cantante que a pesar de los años, sigue manteniendo el ritmo. No levanta casi la voz, se mantiene sobre la música como una ola que avanza arrojando espuma siempre para arriba. Pero en medio de todo están los sonidos venidos de otras partes de este planeta. Ahí se mueven sonidos emparentados con otras culturas y que siempre atrajeron a este cantante, incluso en algunos momentos de la formidable banda que lo hizo conocido a finales de los sesentas, cuando junto con Jimmy Page coordinaron el inicio del sonido más espectacular que recuerde la música popular del mundo.
Bueno disco de este británico que regresó a Londres y realizó este trabajo interesante y notable. Además vuelve a traernos a este héroe de nuevo entre nuestras cosas. La banda que lo acompaña es también de una maestría delicada que poner al servicio de Plant un verdadero  colchón de sonido para que se recueste en el y pueda cantarnos lo que quiera o lo que sabe, que no es poco. Disco para tener en cuenta a la hora de dejar atrás tanto hedonismo y tanta frivolidad.
Cambio.
Disco perfecto por donde se lo aprecie. De nuevo Hermeto Pascoal vuelve a sorprender a fuerza de talento. Disco de colección que le sirve a este músico para desplegar sonidos y más sonidos. Aquí acompañado por Aline Morena y se acaban las palabras. Disco perfecto que sirve para seguir adentrándose en el mundo peculiar y personal de este talentoso creador de América Latina.
Aparecido a finales del 2006, sigue manteniendo su vigencia que se manifiesta en cada una de las canciones que pueblan este trabajo. Con toda la carga de su territorio natal Pascoal, sigue desenvolviendo su capacidad a toda máquina, para continuar con su trabajo de asombro hacia nosotros, simples mortales sedientos de buena música. Dueño de una carrera que no puede ser olvidada, proveniente si se quiere del jazz o de la música en general, logró cruzar fronteras y regalarle al mundo una serie de discos inclasificables, pero necesarios a la hora de recorrer el paisaje de este continente.
"Chimarrao com Raspadura" se llama esta pequeña obra de arte, que no tiene difusión en ninguna radio del planeta tierra, pero que sin embargo suena por todo el planeta a pesar del silencio imperante el la llanura de las buenas costumbres.
Música, sonidos e ideas al servicio del aprendizaje personal de cada uno de nosotros, que vibramos con la buena música y la alegría que la misma suele destinarnos a cada uno de los mortales atrevidos, que todavía resistimos a pesar de todo.
Otra parte más.
The Cure fue, o es, una de las bandas que nos distrajeron allá por los años ochenta. Oscuros, lograron un cierto renombre con discos que aún hoy siguen sonando.
Pierrick Pédron descubrió el jazz a los 16 años de edad a partir de allí, con su saxo a cuestas inició un camino propio. Hace un tiempo editó un disco dedicado a Monk. Sorprendió. A mí me entusiasmó. Ahora Pédron lo hace de nuevo. Acaba de publicar "Kubic's Cure". Un trabajo que recorre algunos momentos de aquella banda de rock. Canciones interpretadas a la manera y con la visión de este músico nacido en 1969 en algún sitio de Francia.
No es un trabajo fácil ni sencillo. Por ejemplo abre con "A Forest" y uno lo reconoce, pero dura menos que un abrir y cerrar de ojos. La banda que lo acompaña y él mismo, se encargan de buscarle la vuelta. De dar vuelta una canción y descubrir nuevas variables.
Las similitudes escasean y ahí a lo mejor radica la fortaleza y la belleza de este trabajo. Suena The Cure, pero es solo un espejismo, ahí en la música suena Peirrick Pédron con su saxo alto marcando las pautas esenciales de un trabajo complejo y sutil al mismo tiempo.
Los tiempos cambiaron y sin embargo, resuena en mis oídos por ejemplo "In Your House" como lo hizo en su momento, pero ahora, más turbulento, más arriesgado y por lo tanto mejorado por el paso de los años para todos nosotros.
Disco imprescindible para saber que ocurre hoy en una buena parte del mundo del jazz y sus suburbios.
Otro cambio.
Vuelven los imperturbable y meritorios Phish con un nuevo disco en un nuevo regreso. Una de las bandas norteamericanas más interesantes de la escena musical. Dueños de un talento sin límites, estos músicos, maestros en los conciertos casi eternos, vuelven al disco de estudio con "Fuego" después de mucho tiempo de carreras en solitario de cada uno de ellos. Trey Anastasio, Jon Fishman, Mike Gordon y Page McConnell regresan con un disco espectacular. Con el sonido característico que los viene acompañando desde mediados de los años ochenta. Han vuelto y con eso, algunos, tenemos bastante. Nada es como parece ser en el universo Phish y eso es lo de menos. Porque Phish es heredero directo de otra banda emblemática, salvando las distancias, que se llamó The Grateful Dead y que marco también una divisoria de aguas en su momento.
Tanto los Grateful como Phish, suelen gustarme sin prejuicio. Muchos no comparten mi afición por esta banda de talentos, que hacen música desde hace tanto tiempo. Sin embargo, debajo del sonido de Phish, siempre hay como una corriente oculta, que se desliza furiosamente por debajo, dejando la superficie en calma.
Ahí, a veces me parece que siempre suele asomar una punta de esa contracultura que floreció hace mucho y que pareciera, olvidada. Ahí están entonces estos cuatro señores haciendo de nuevo de las suyas. Mezclando sonidos, buscando nuevos caminos, porfiando en la propia capacidad de creación para deslumbrar y seguir haciendo muy buena música afortunadamente.
Sigo.
Y Lars Danielsson lo hizo de nuevo.
Volvió a reunir el equipo del primer Liberetto y recomenzó en donde habían dejado en su momento. "Liberetto II" es música de cámara si se quiere. De una sutileza perfecta y de una confluencia de sonidos que emociona. Disco impecable con una de los mejores pianistas del momento como lo es Tigran Hamasyan y que sostiene la melodía que Danielsson dibuja desde su contrabajo.
Disco esencial, jazz del bueno, que a pesar de ser despreciado por los norteamericanos, goza de muy buena salud. Conviven en este disco diferentes tratamientos sobre la mezcla de música popular, clásica y aquella que surge de las entrañas.
Sin lugar a dudas Danielsson es alguien que sigue buscando. Alguien que interpreta las diferentes pistas que esa búsqueda le van brindando. Sin ya en los trabajaos anteriores de este sueco, uno fue descubriendo trazos originales, en este, el último hasta el momento, están cruzando cada una de esas pistas que han hecho de su carrera, una de las carreras más interesantes que se hayan dado en Europa en los últimos tiempos.
Vale entonces para todos aquellos que aman las cosas bellas y sinceras. Un trabajo inobjetable y casi necesario para los momentos especiales que siempre creemos merecer. Algo que no es poco.
La última.
Me sale mi costado de barrio. No puedo evitarlo. Es más fuerte que yo, mucho más fuerte.
Lo pongo y suena de fondo "Love The One You're With" y tiemblan las paredes de esta casa en la periferia de la nada. Suenan las guitarras de aquellos viejos héroes y yo, estoy aquí, sentado y todavía vivo.
CSNY1974, se llama esta pequeña joya rebelde. Ahí están Crosby, Stills, Nash and Young en el verano de 1974 reencontrando el camino. Ahí están sumando músicas, paredes de respuestas para los enemigos de todo.
Ahí, mis vecinos se asoman y sonríen en esta pre-primavera que vivimos, pero no bajo la música, por el momento.
No son perfectos, no guardan ningún tipo de relación con este presente que vivimos. Pero sin embargo el espíritu de aquella rebelión, sigue latiendo en nuestras manos. Ahí, se suman las emociones, ahí uno se descubre cuarenta años más tarde, moviendo el cuerpecito con esta música de barrio.
Grabado en vivo en un estadio, mantiene la misma magia y el mismo fervor. La sangre inquieta y decida.
Esta música del alma que me acompaña, me sirve para esperar confiado, para convidar a mis amores, para soñar los días, para construir el amor, para desnudarme y  volver a vestirme. Esta música que sobresale como una ola en un mar demasiado confuso y aburrido que nos toca en suerte.
En fin, compañeros esto, esto es lo que hay...

Como un río que fluye

Como en un cuento, el relato se yergue por encima de cualquier suposición. Contar noticias de esta parte del mundo se torna, en mi caso, cuesta arriba. Contar para sujetar una realidad, que siempre es pequeña comparada con nada. Por eso, me detengo y elijo un cuadro de Lucien Freud, para inventariar en palabras, sonidos que se encadenan en un sinfín con ningún destino. Sirve una pintura, un trazo, una parte de ese todo vedado para todos, para mí y que sin embargo se convierte en un momento detenido sobre un lienzo, escondido en una palabra, disimulado en una mirada que no es inocente, como ningún gesto lo es a simple vista.
Se desdibuja, hablando de pintura la conexión con ciertas pautas, ciertos límites del color. Un cuadro es apenas una muesca que queda estática en el río eterno de cuestiones que nos persiguen desde siempre.
Entonces es ese cuello dibujado, sometido al color el que nos recuerda cuellos, pieles, tactos entrevistos a lo largo de décadas de peregrinaje.
Lucien Freud me gusta, por su vida, por ese calor que supo dibujar en cada tela. Me gusta por su historia. Por ese intento de romper con aquello que siempre estuvo roto.
Un pintor y su mundo.
Descubro.
Partes de esa discusión que nos sitúa en el borde. Hablamos de nuestras cosas, cuestiones inmensas que se pierden en medio de un mundo distante, delirante, anárquico y sin embargo palpable. Nos situamos en nuestra historia y eliminamos al resto. El resto no existe en tanto y en cuanto a esa finitud que nos hace insoslayables. Contrabandeamos verdades creyendo que son únicas, inobjetables y rotundas mientras que en otra cama, en otra parte ocurre lo mismo.
Rumiamos letanías, ignorando lo chico de todo. Lo leve, lo apenas visible de nuestro mundo. Entonces desde esa pequeñez que somos, vamos amontonando pistas que se pierden en las primeras sombras.
Se acerca la primavera, se huele en el aire y comienzan los perfiles de las flores a asomar del sueño. De a poco, todo vuelve a desentrañar sus respuestas.
Me detengo.
Dino Saluzzi vuelve a hacerse presente en mi discoteca personal con su último trabajo pensando y desarrollado en su segunda patria. Desde Alemania llega esta pequeña joya de música casi de cámara. Un disco lento, detenido en las alturas de una cima creativa que sigue alumbrando pequeñas obras de artes, que desde hace años sigue trazando un camino diferente, alejado y casi cristalino. Saluzzi músico proveniente del folklore argentino, solía tocar en los bailes de carnaval en los cañaverales de su provincia. Allí entre fragores propios del fin del mundo, él, sujetaba su bandoneón y hacia girar a hombres y mujeres en torno de una melodía apasionada.
Sin trabajo, ni dinero para comer, un buen día decidió emigrar. Se fue lejos, a un país extraño y difuso para el resto de sus compatriotas. Se fue con su familia y con su música. De a poco, logro conmover y un buen día, alguien le comentó a otro alguien sobre ese talento oscuro que tocaba una música extraña. Ese otro alguien fue a verlo y se deslumbró. Lo llevo a su sello discográfico y lo hizo grabar, lo que el músico quisiera. Y él grabó y desde entonces, Saluzzi se convirtió en una leyenda pura y duradera.
"El Valle de la Infancia" es el último momento en la carrera de este músico orgulloso, en él Dino Saluzzi vuelve a ese paisaje interno que lo lleva a rastras por el mundo. Es música popular tratada con ese conocimiento rotundo que los creadores saben trascender. Ahí están las preguntas que se hace Saluzzi ronroneando músicas que le vienen desde el comienzo de los tiempos.
Un disco exquisito, profundo. Un trabajo que sigue derrochando talento en cada uno de sus temas. Sigue entonces Saluzzi marcando caminos a pesar de ser  ignorado. El lo sabe y algunos de nosotros también.
Digo.
Sumergidos como estamos en un mundo que descoloca a cada paso, en donde todo se ha vuelto vértigo puro, cabe preguntarse por los motivos de ese mundo, este mundo hacia el disparate.
Una nueva alianza promete exterminar a un grupo de salvajes, cobijados y protegidos por ese misma alianza que quiere su exterminio. Los nuevos nazis quieren el exterminio de un pueblo sin tierra, mientras el mundo mira para otro lado. El poder quiere que Japón reforme su constitución para volver a tener ejército y ser el gendarme del Pacífico. Un español que el algún momento gobernó el reino, viene al sur a darnos lecciones de democracia y a hablarnos de las bondades de ser sumisos y mansos.
En fin noticias del mundo que a veces me sorprenden en medio de la nada.
Vuelvo.
Me distraigo y de repente me descubro agradecido. Un cuadro que sueña y que describe un algo detenido. Otra vez la magia de milenios deteniendo en el aire, gestos, rituales. Otra vez y gracias a esto, me detengo yo, frente a una sombra pintada y me dejo llevar hacia esos costados inmateriales de la vida misma. Un rastro de pintura que hace pensar. ¿Es ese el objeto de la creación? Me pregunto al tiempo que mastico ese tiempo parado frente a una obra.
Un cuadro como oportunidad única de reconciliarse con esa magia profunda que significa dejar plasmado un momento, una secuencia que fluye desde un pincel detenido frente a un lienzo, antes del primer trazo, de ese primer recorrido que indefectiblemente habrá de seguir buscando esos atajos, que son en definitiva el hecho creativo.
Miro a esa pareja que mira. Me cuelgo de sus solapas y me quedo, me estaciono en el rumor pleno que a ellos los embarga.
Un cuadro entonces es ese algo que revierte toda presunción. Uno está ahí, quieto, mirando y a pesar de conocer todo sobre la persona que pinta, desconoce todo, absolutamente todo sobre las intenciones enjuagadas de color que pueblan la tela. La historia dejando sus rastros.
De ahí entonces la felicidad de ser público de esta detención de los tiempos que corre pareja con la voracidad del artista.
Es un acto de pasión. Un profundo acto de pasión silenciosa, ajena a toda causa. Viviendo esa ajenidad perpetua que lleva a una persona a enarbolar un pincel cargado con el peso justo de pintura y determinar esa frontera, que solo el talento suele traspasar y hacer felices a nosotros, el resto de mortales ninguneados por la solemnidad de creernos, por un momento, que lo nuestro es lo más importante que ocurre en el mundo.
Como un río que fluye, perezoso y tenue, vamos descubriendo de a ratos esas pequeñas marcas que dejamos en los márgenes de todo. Vivir como vivimos en la frontera y sabernos, alegres y confiados que nuestro amor está plasmado en la pared de una caverna portátil que llevamos a cuestas. Ella pinta para que el mundo recomience a cada pincelada, yo, agradecido, me dedico a mirarla y esperar una nueva pista.
Compañeros que no sea nada.