En Zona

jueves, 5 de mayo de 2011

Ese vértigo horizontal




Viajo por la extensión de un mar inacabable de tierra, pastos y silencios. Viajo de noche espantando fantasmas, invocando nombres. Viajo y me viajan por estas inmensidades distintos momentos, la carretera es una recta sin fin. Un sin fin.
Las luces de los faros incendian árboles al costado del camino.
Son espectros que estaban antes del tiempo. El horizonte es una delgada línea que canta y baila al costado, a los costados.
Un barco seco, en un mar también seco.
Eso somos los que atravesamos este delirio llamado paisaje. Eterno como lo es casi todo en estos parajes. Los viajeros silenciosos contemplan el paso de los naranjas, el degüello de la tarde, como si este rito no fuese anterior a nosotros, los viajeros detenidos en un viaje que se hace broma.
Una liebre cruza y se pierde. Algunos miran por la ventanilla, otros hablan, algunos simulan un sueño. Y esa casi eternidad llamada llanura, nos obliga. Como siempre. A pensarnos en nuestros miedos, nuestros espejos particulares.
Digo.
Debemos comenzar a organizar la ternura. Esa es la tarea. Recuperarla, volver a ella. No perderla en estos tiempos de rabias y luces encendidas. Disfrutar de la tensi{on que se respira en el aire. Darle vuelta a este estado de coma y salir.
Organizar la ternura a cualquier precio ese es el lento baile que hoy se baila en este país.
Volver a hablar de Patria, aunque sea mujer la patria. Femenizar el objeto. Llevar adelante recortes de una realidad que ningún medio refleja y que sin embargo está ahí.
No perder la ternura como decía aquél argentino que exportamos un día y que los enemigos hicieron remera y que sin embargo sigue vigente, vivo, asombrado quizás pero vivo en este territorio.
Marcar el paisaje como animales en celo. Arrebatarles las banderas a aquellos que no son sus dueños originarios. Volver a plantear el bien general, no como un ardid, sino como una meta que se puede cumplir.
Pensar la política como una confrontación y no como una negociación perpetua. Luchar y hacer vivir la esperanza, que también es mujer.
Repartir entre aquellos que nunca nada recibieron. Convertir el ello, en nosotros. Entrenar esa ternura que tenemos para que sea de todos.
Darle al César, la cruz o la espada y que sepa que ya nada va a ser igual.
Llamarlos, como lo hizo aquella mujer que se consumió un día, antipatria. Definir el futuro y acordonar la tristeza. Prometernos un cielo de banderas y a lo mejor, nuestros niños tienen la suerte de un paisito edificado en la ternura.
Se respira en este país. La risa es franca y de a poquito, muy de a poquito esa risa será alegría la de los días por venir.
Digo.
Un premio nóbel de la paz no puede asesinar y después arrojar al mar al enemigo. Lo pueden hacer y de hecho lo hicieron en su momento muchos con muchos de nosotros y de tantos otros nosotros.
De hecho lo hace. Y festejan.
Pero entre la infinidad de muertitos que pueblan buena parte de aquellos países que con armas de destrucción masiva, base de terroristas y otros delirios fueron objetivos militares, siguen esperando.
Una explicación. ¿Puede un nóbel de la paz, felicitarse por un asesinato? Pueden felicitarlo los gobernantes presuntamente demócratas de las democracias didácticas de Europa ¿Pueden?
De hecho lo hacen.
Siguen drogando al toro y se olvidan del hombre de a pie.
A lo mejor, ahora que se murió el perro, se van de aquellos países y devuelven el petróleo y las obras del museo de antigüedades de Bagdad, que lucen en las oficinas de afamados ladrones de riquezas en Nueva York, por ejemplo.
El casi medio millón de asesinados en esta guerra, esperan justicia o por lo menos una lluvia en sus tumbas para que florezcan flores nuevas.
¿Será?
Digo.
El paisaje muta a cada metro y sin embargo sigue siendo el mismo. El verdor es el color de un mar quieto, pero que se mueve con las ondas de un viento que es dueño y señor.
Después de este vértigo horizontal, sabemos, está el resto del mundo. Con sus historias, con sus cambios y modificaciones.
Sin embargo ahora que el precio de los alimentos sube y sube en el mundo desarrollado, algunos advierten que la capa de ozono, el deterioro de la capa de ozono es por culpa de las vacas.
Bichos estos, que comen para ser comidos. Los gases ahora son de las vaquitas, que ya se sabe, siempre son ajenas no así las penas, que siempre, invariablemente siempre son nuestras.
Pero por el momento, por aquí estamos muy bien.
Por algo será.
El viaje siempre es eterno y uno sigue viajando por la Patria sentimental y casi, casi merecidamente.
Por algo será

domingo, 24 de abril de 2011

Postales argentinas



Día 1
Esta ciudad es como un abrazo, a veces cálido, otras suave y a veces ajeno. La ajenidad. la extrañeza, el sentido opuesto. Distancia, pura y lisa distancia. Me duermo y me despierto acompañado por las pasos de baile de las hojas de los plátanos al compás del viento.
El tren que pasa enfrente de mi ventana. El siseo de una lengua que es mía. Las personas con una cortesía que siempore vuelve al origen de las cosas. Cuestiones.
Loos chicos y sus madres que van al colegio. Mi vida, que se cortó unas tarde y que sin embargo sigue.
Le robo un título a un escritor famoso que vive en Barcelona. Y sigo disfrutando de las estaciones de trenes suburbanos. Busco pistas. Algunas, misteriosamente siguen ahí. Otras maduraron y se fueron.
Me duermo pensando en las distancias.
Es que casi me asombran las mismas cosas. Las mismas cuestiones.
De fondo me ronronea Invisible, el primer disco y el "flaco" canta como muriéndose a cada sorbo. Y por otro lado, las palabras de Adelaida Cigli que me indican en estos tiempos de reencuentros, regalos y señas que: "El amor no es real/ es un proceso/ y como proceso es real, no se ama a un otro/ lo que se ama es el amor...".
Digo.
Este es el sitio. El lugar de los amores contrariados, de las rebeldías y de las alegrías rabiosas. De las palabras nunca dichas, de la felicidad bailadora y encabalgada que siempre reposa en la falda de alguna pregunta.
Este es entonces el sitio en donde las palabras se dirimen con el sentido exácto de las mismas y vuelven a cobrar significado algunas otras que quedaron adormecidas en el desván de la memoria.
¿Se tiene el perdón cuándo no se lo pide?
El comisario Patti está preso.Un hipo de puta menos. Ahí la historia sigue con su baile. Un balanceo que nos lleva todos a lo mismo, pero diferente.
La ciudad, el contorno nos involucra todos. Sos vos y soy yo. Eres tú y soy yo.
Una ciudad al final del mundo. ¿Qué mundo? ¿El tuyo? ¿El mío? Esta ciudad, somos vos y yo, son los otros. Somo nosotros siendo otros.
Joe Cocker, el de los años sesenta suena a mi alrededor. Los años pasaron y milagrosamente estamos vivos, más viejos, pero vivos.
Ellos no lograron su cometido. Ellos como siempre fracasaron, porque ellos siempre fueron unos fracasados a pesar del esfuerzo que hicieron a fuerza de torturas.
Mientras tanto, las hojas de esos árboles añosos, queridos y entrañables árboles siguen bailando al compás del viento, como cuando, vos y yo, creíamos. Como cuando vos y yo, en la locura de los días por venir, solamente vivíamos echando espuma por la boca.
Digo.
De golpe me maravillo. Me deslumbró en una ciudad recóndita. Lejos del mundo y llena de vida por vivir.
La vecina habla por su teléfono móvil o celular. La otra lleva a sus hijos al colegio, aquella mira desde la acera la vida que no fue, esta otra presiente la vida que vendrá.
Todos, de alguna manera conforman la vida.
Esta vida que vos y yo, seguimos siendo.
Entonces, me llega la historia. Esa que siempre fuí. Esa historia que soy.
Día 2
Estoy en el culo del mundo y me deshago de mi. Me desnudo y ya no soy yo. Soy el otro
¿Soy el otro?
Buenos Aires es. Como siempre un banquete baquíco solamente es, eso. En donde no hay primeras figuras, solamente otro componenente más de un impresionante banquete.
Un chico me pide dinero y se lo doy, porque soy, nada más eso que le doy. Apenas un gesto.
Buenos Aires, no son aquellos que disfrutan. También son los otros ¿yo?
Ni bien desembarqué me regalaron el libro de Ulises Gorini sobre unas mujeres, que como Antígonas pidieron lo imposible y ahí están, siguene estando para alegría de mi viejo corazón, ayudando para que no me olvide. Menos mal que alguien piensa por uno. Menos mal.
Día 3
Tomo un taxi. La ciudad más lejana del mundo está enamorada del verde. El taxista espera al macho que lo redima, mientras desteje odios en cada semáforo, esperando complicidades, guiños apenas que le hagan menos cruel la vejez, la rabia destilada a cada uno de nosotros.
Me abrazo a mi hija, espero hacer lo mismo con mi hijo. Mi sangre eternizada en otros hijos, que algún día habrán de olvidarme, como ley de vida. Como camino sin retorno.
Domingo de mate, diarios y un solcito de otoño, que gana por varios goles.
Aquel que viva fuera de este país, no sabe de qué se trata.
Día 5
Esta ciudad explota. El otoño se adueña de los colores. Los olores y las sonrisas. Todo comienza a postergarse hasta la próxima primavera. Buenos Aires, comienza a dormir la siesta de la melancolía del gris. Así fue siempre. Así será siempre. Es solamente otoño.
Ahora suena Janis Joplin y Colegiales, el barrio que me rodea, estalla. El mundo, para el porteño típico se paraliza, el resto del mundo comienza a moverse al compás de las mejores ondas que recorrieron este territorio.
Descubro, que este país, que nosotros, seguimos en lo mismo de siempre. No hay espacio para descansar, no tenemos derecho al descuido. Uno no pude relajarse leyendo a Phillip Roth o descubrir algún color que se asemeje a la vida misma, porque la vida misma pasa muy deprisa. Uno a esta ciudad, debe construirla a diario, desmontarla por las noches y recomenzar por la mañana otra vez como un Sísifo alegre.
Día 5 (por la tarde)
Me presiento caminado por calles, que para mí son antiguas y que hoy me parecen nuevas. Me palpita la vidita, mientras el olor me hace preguntas. La ciudad se hace oscura, entonces la ciudad ¿os cura?
Se puede decir que si. Esta ciudad y lo que contiene si.
Pero...
¡Ah! El compañero Julio López sigue desaparecido. Quien no lo sepa, era testigo y los enemigos de la vida, se lo llevaron hace poco, para que vos y yo, no nos olvidemos. Para que vos y yo, sigamos pidiendo por el y por los 30.000 que faltan, Esto también es este paraíso.
No, nunca olvidemos y que se mueran de una buena vez lo feos de esta parte del planeta.
Día 6
Helen Zout, una mujer de Santa Fé que vive en La Plata, me enseña.
Me dibuja las coordenadas de tanto dolor estacionado. No florecen los árboles como en otra parte del mundo. Nada es tan apacible.
Ella fotografía. Saca y sacó fotografías. Radiografías de lo que somos también. Deja rastros. Hace muescas. Dirige los vientos. Perturba. Logra dejarme con la boca seca, me reseca la sonrisa. Me congela el amor. Ya no soy yo, soy otro. El que mira, soy yo y el que es mirado también soy yo.
La foto es suya. Esa la de arriba y es Julio. Somos todos ese hombre desnudo y con los ojos cerrados. Si, esa foto. Esa de arriba. Ese es Julio. Ese somos también nosotros. Ese es él. Somos vos y yo. Yo y vos. Seguiremos siempre siendo vos y yo. Siempre seremos vos y yo, mal que les pese a los otros . Hasta que aparezca. Aunque no lo quieran esos. Los que se juntan en barrios selectos y pulcros, cerrados y al salvo ¿a salvo?, aquellos que se creen dueños y tiene miedos atávicos por el color de piel, raza y credos de los otros. A esos que tienen nombres comunes, historias que quieren ser comunes y no lo son, porque en el fondo no pueden ser nada más que lagartos, que nunca supieron lo que es el sol, pero quieren adueñárselo a toda costa, a pesar de ser demócratas y tener mujeres del otro palo. Amigos siniestros, pero inofensivos que dibujan novelas y rabiosas dudas de no ser aquellos que nunca quiseron ser.
Por eso
¿Qué sentiste cuándo te fueron a buscar?
Esa es una de las tantas preguntas que te brinda esta parte del mundo. Un mundo ajeno a la quejumbrosa manera de sentir de la parte desarrollada del planeta. Acá, aquí está todo, siempre por dirimirse. Aquí duermen los monstruos y acá, los ángeles casi no preguntan.
Y sin embargo. Buenos Aires está viva. Vive, late y se recupera, a la sombra de los paraísos de la estación Coghlan, como si nada ocurriese. Como si nada debiese ocurrir, porque nada ocurre en este milagro de ver ya árboles amarillos, esperando la próxima primavera, la que vendrá a funaleriar tanta muerte nueva, mal que les pese a los sepultureros de siempre a pesar de tener nombres repetidos y amar a la misma mujer de siempre.
Digo.
Esta es una ciudad que invita a pensarse. Desde otro sitio. A encontrarse y desencontrarse. No existe a las tres de la mañana ciudad como esta. No la inventó nadie. Nadie puede soñar con un sitio como este. Habrá otras. Claro que las hay. Pero ninguna resume como ésta el sabor de saberse vivo. Que me perdonen los que mejor saben de esto, pero este perfil de preguntas, de olores y sabores, solamente tiene un nombre.
Esta ciudad al sur del mundo. tiene lo que nunca imaginé que tendría o lo que siempre supe que tenía y que de alguna manera, sigue prendida a uno, como el mejor beso nunca dado y siempre deseado.
Pero y disculpen, quiero seguir con Julio López.
El de la foto. Ese que desapareció la semana pasada, el mes pasado, el año pasado. Ese que señaló al torturador, ese que se atrevió cuando no todos suelen hacerlo. Ese, el de la foto de Helen Zout, que hoy, que ahora tiene una expsocisión en el San Martín y que merece, de nosotros, ese respeto y esa furia y ese amor, que en el resto del mundo no suele conseguirse. Porque acá, aquí el fuego sigue calentando a pesar de tanto viento y tanta crisis.
Por algo será ¿no?

jueves, 24 de marzo de 2011

Ni olvido ni perdón


Uno tiende, yo, a pensar en el pasado en blanco y negro. No hay color ni siquiera el sepia se acerca a ese ejercicio permanente de recordar ese pasado, que en algún momento, nos tuvo como intérpretes de algo que creíamos vida.
Cada paso de ese recuerdo, es un escalón que no diferencia tonos. Algunos grises, otros claroscuros, algo más blanco o quizás algo más negro. Pero como en esas antiguas fotos predigitales, quedan ahí, estancadas en el juego de la pervivencia.
Los verdes no son verdes, ni siquiera los azules juegan en esa paleta personal de ese pasado que nos convoca, siempre con muchas más urgencias de las previstas.
Un día como hoy, es ya otoño con toda su imprudencia a cuestas. Era otoño aquel 24 de marzo.
Digo.
La trampa, las trampas de la memoria siempre están servidas. Invariablemente llevan a cabo recortes y adjudicaciones a gestos, a pequeñas partes de ese todo que llamamos pasado.
Será por esto que los dolores se amortiguan, que las alegrías perduran un poco más, prendidas de alfileres. Envejecidas y casi solemnes y altivas en su furia de algún modo salvajes y nerviosas.
¿Qué recuerdo este 24 de marzo desde una distancia de casi dos generaciones a esta parte?
¿Aquellos 22 años míos? ¿La caballuna algarabía de aquellos que festejaron en los barrios de "la gente bien"? ¿El dolor sordo que se aposentó en otros barrios? ¿En otras casas? ¿Mi sensación de ejercer el taimado silencio como arma?
¿Era capaz de verme con la edad que tengo hoy? ¿De saber que habría de llegar hasta acá?
No. Ni siquiera creía posible cumplir la próxima hora. De sobrepasar la delgada línea de un día o apenas profetizar una semana.
Aquel 24 de marzo,sigue prendido como una garrapata en el anca de la vida. De la mía y de cientos, muchos mas. La noche, con sus patrullas recorriendo, mordiendo en cada sitio prefijado, para llevarse nombres, vidas y gestos.
A lo mejor es que la muerte. No, a lo mejor los muertos nunca tienen fecha de vencimiento.
Y hubo muertos. Exilios, Desaparecidos. Enmudecidos. Presos. Cautivos. Fusilados. Torturados. Anonadados. Indiferentes. Cómplices. Delatores. Silenciosos.
Pero también hubo memoria que se alimentó de cada uno de los pasos que daba el enemigo.
Por eso, este desmadejamiento que conlleva esta fecha, es sobre lo ocurrido. Nos desaparecieron 30.000 veces a cada uno de nosotros. Nos allanaron la vida y nos invadieron por la noche sin dar la cara. Nos llevaron a rastras a cada mesa de tortura creyendo, ellos, que éramos cuerpos y no éramos nada.
Nos asesinaron 30.000 veces a cada uno de nosotros, y hoy ellos piden clemencia.
Digo.
Hablar del golpe del 24 de marzo, significa hablar de por lo menos el año anterior, cuando civiles y militares construyeron el andamiaje necesario para la masacre. Hablar de la complicidad de partidos políticos centenarios y más nuevos, de la iglesia, de los empresarios que cotejaban las listas de los futuros muertos. Del hastazgo de una clase media, que solo quería tranquilidad a cualquier precio.
Hablar de los planes de desmantelamiento industrial. Del despojo de la educación pública. Del incendio que se merecía el servicio de salud por ser gratuito.
Habría que hacer un balance, para ver y descubrir los brindis de apoyo para los asesinos futuros de aquellos años. La mano de obra necesaria para robar un país.
Habría que despojarse de tanta complicidad, que sigue sin ser juzgada ni tocada por la lenta parsimonia de la justicia. Curas, periodistas, empresarios, políticos que ayudaron e indicaron nombres y señas de aquellos apátridas que había que escarmentar a cualquier precio, casi a cualquier costo.
Digo.
Han pasado solo 35 años.
Y los verdugos no pierden la esperanza. Los socios del silencio de torturadores, saqueadores y asesinos, siguen murmurando. Nunca han dejado de hacerlo. Trabajan de ello. Pidiendo derechos humanos para aquellos que tiraban gente viva desde los aviones en el mar, cobrando un sueldo estatal. Para aquellos que violaban, picaneaban a destajo y quemaban con sopletes en algunos sótanos. En aquellos bendecían con palabras de dios a los aguerridos soldados que combatían contra el mal.
Siguen estando ahí, 35 años después.
Como nosotros seguimos estando también ahí. Para recordar sus rostros, para saber donde viven y sus nombres. Por eso, a lo mejor saliendo del blanco y negro de los recuerdos, vale la pena recordar para no olvidar, nada más ni nada menos que para eso.
Por más que hoy sea un día feriado en mi país. Por más que muchos aprovechen e intenten un fin de semana largo. Otros,a lo mejor los menos, sigamos recordando nombres y señas de aquellos que no están y a lo mejor de eso se trata todo. De no olvidar, como decía la canción tanta maldad organizada.
Por eso me permito, me lo sigo permitiendo: "ni olvido ni perdón".

sábado, 12 de marzo de 2011

Perdonen la tristeza


Y asi parafraseando a César Vallejo, poeta peruano y fundamental me acerco de puntillas a la sombra de David Viñas, un escritor también fundamental y torrentoso, que tuvo la ocurrencia de morirse en estos días.
Su imagen a lo mejor distrajo. Esos grandes bigotes, ese gran cuerpo caminando o sentado en torno de alguna mesa de café. Sus polémicas y sus posturas intelectuales, dieron algún sesgo sobre la lectura de sus novelas y sus ensayos.Obras y dichos ninguneados como siempre por los capataces a sueldo a la espera de la benevolencia de sus dueños. Es decir de aquellos habitantes del mundo tilingo de editores y escritores aclamados por la prensa. Todo puede ser.
Poco o nada conocido en España, David Viñas fue uno de los más grandes escritores de aquel país lejano que queda en el sur de todo. "Los dueños de la tierra"; "Cuerpo a cuerpo"; "Indios, ejército y frontera";"Lisandro"; "Dorrego";"Los años despiadados"; "Jauría" o "Prontuario" son solo alguna de las pistas que el viejo nos dejó sobre la mesa a la espera de nosotros mismos.
Son novelas, obras de teatro e infinidad de artículos que le pelearon a cara descubierta a tanto disparate envasado, que algunos insisten en llamar cultura y que lo colocaron en el sitio incómodo del decir a toda costa aquello que otros callaban para seguir cobrando sus suelditos o prebenas de esclavos domesticados y perpetuos.
Polémico, armado de su palabra, dió batallas y batallitas en donde, los que deslumbrados con sus manera, lo seguimos a pesar de oscuridades y barbaries. Algunos adoptamos su pose, otros su forma de respirar cada frase, algunos su puntuación y otros esa mirada descarnada sobre una aparente realidad brutal.
Era David.
Digo.
Son pocos los escritores argentinos que persisten entre mis cosas, entre mis libros. Viñas era y es uno de ellos. En algún momento sus ideas y sus escritos conformaron un cuerpo en mi visión particular. Pocos creadores de ese país lo han logrado, lo han perfeccionado como él. Unificó las dos o más partes de un artista y puso al servicio de una la otra o las otras.
Construyó en la oposición de forma permanente.Desde allí revalorizó lo hecho en torno de una cultura popular sin andamiajes corporativos ni logias de alcahuetes sin nobleza.
Escribió y pensó sobre nuestras señas particulares como nación o mejor dicho como contorno específico y único.
Mientras me cebo el mate, recuerdo charlas y gestos de este tipo que siempre me pareció viejo, en el buen sentido de la palabra. Siempre en la mesa de algún bar, escarbando entre las líneas de un periódico de la oligarquía, cursando líneas debajo de las palabras y riendo entre dientes ante tanto disparate peligroso que los dueños de la tierra y de los gestos manejaban a su antojo creando o desapareciendo rastros.
Desde la costura cultural ejerció su tarea de francotirador certero. No formó seguidores ni clubes, a lo sumo deslumbró a muchos. Cuestionó la moral y sus usos, tuvo dos hijos y estos forman parte de la lista de desaparecidos. Concibió una obra monumental que está ahí como un pozo de agua fresca en medio del desierto. Advirtió y peleó.
Es que el hombre se arrepiente de todo menos de haber sido valiente.Eso suelen decir.
Digo.
A lo largo de los últimos cuarenta años, dos tomos de su obra, me acompañaron en mudanzas, fugas y terrores. Ahí están en mi biblioteca madrileña: " Literatura Argentina y Política", una de las obras críticas más notables que se hayan dado en el Río de la Plata, para malhumor de jefecitos y mantenidos. De sus provocaciones y audacias Viñas, nos hizo respirar otra forma de ver nuestras literaturas y sus recovecos. Fundó una manera nueva de ejercer la crítica sobre la estructura de nuestra cultura. De aquellos jacobinos porteños a Rodolfo Walsh, cerrando asi un círculo sobre el agua de esa unión nunca dicha entre la política y la literatura.
Libro entonces para mí, esencial. Ahí, cobijado por otros y casi perpetuo. Trabajo leído y releído. Regalado a otros en diversos momentos, para compartir. Recomendado también a otros para compartir crecimientos varios y necesarios.
Cada mudanza que acometí por vocación o por seguridad tuvieron este trabajo de Viñas en primer lugar. ¿Por qué? No lo se o a lo mejor, presupongo varias y antojadizas razones, versiones casi certeras que uno lleva englutidas en el rostro secreto que somos, a solas mientras aprendemos.
Lo cierto es que cuando se trata de hablar como acto emancipado, se expulsa toda pedagogía, enseñanza, rezo o definición. Viñas enseñó y desenseñó, dejó que su lengua viva, como ejercicio de una negatividad artística, horadara su ser de profesor. Asi era Viñas, así fue Viñas siempre, asi sigue siendo.
Profesor en la facultad, esgrimista feroz en bares o disertaciones. Nunca tuvo ni pidió el reconocimiento de la academia. Nunca fue convocado a la Feria del Libro, que quiere este año a Vargas Llosa para alegría de viejas copetudas y rapaces dueños de vidas y haciendas.
Escribió desde el cuerpo y nos enseñó satisfactoriamente a ser politicamente incorrectos, a no ser orgánicos para con el poder, a no ser funcionales con lo bienpensante.
Su última novela "Tartabul" está ahí a la espera de ser leída, deglutida por ese manojo de intelectuales que dicen haber leído a Joyce y que no pueden traspasar esa frontera de palabras que contiene este trabajo, que ni siquiera tuvo un lugar en las listas de libros de los diarios que ignoran todo como suele ser. Ahí, en ese libro, en este libro se cruzan aquellos malditos de las letras argentinas de siempre. Macedonio Fernández, Roberto Arlt, la muerte y aquellos gestos íntimos de Viñas que paralizan la presunción y ejercen un recorte sobre ese "nosotros" que creemos que somos.
Digo.
Ya no lo veremos más con sus bigotes anchos y blancos, con su media sonrisa y su gesto de duelista apasionado en los bares de Buenos Aires.
O la mejor, su rastro era esa ciudad lejana, en que, el se había ido convirtiendo con el tiempo y la tenacidad. Ya sus opositores, respiran un poco más tranquilos. No está el viejo Viñas para fustigarlos.
Se murió un escritor necesario, un tipo que hacía callar la desmemoria. Que solo ofrecía su cuerpo en cada duelo y que por esas cuestiones, combatía todo el tiempo cuerpo a cuerpo contra la mentira y la traición.
Por eso como decía César Vallejo, solo por eso, perdonen la tristeza.

domingo, 6 de marzo de 2011

Postales de Madrid III


Sábado 5 de marzo

La alteración se convierte en la norma y la estabilidad en la excepción, desliza un comentario aparecido en un periódico y en torno de esta frase se encienden las luces rabiosas de un presente que vivimos sin vivir. Esa alteración que tiene un trasfondo político o sentimental en todo caso, es el que lleva adelante el recorte de una realidad, que nos sujeta, pero que por momentos nos hace perder la noción de sujetos que somos a duras penas.
Arde el costado sur del Mediterráneo y comienza a resquebrajarse esa excepción que algunos creen que es estabilidad. El precio del petroleo se dispara y se suma asi la crisis capitalista que nos surca desde hace dos años. Crecen los temores que aumentan esa sensación de desborde, de saturación, de en última instancia, de la creciente dificultad que por momentos nos rodea y que nos impide articular esas diferencias que nos alejan del otro. Ese otro, que también e invariablemente se convierte en una especie de impedimento, de obstáculo.
Es que a lo mejor, desde este invierno madrileño con crisis, la situación definitiva sea como cuando navegamos en internet, una pestaña nos lleva a otra y esta a otra y asi.
A lo mejor ya no podemos con tantas ramificaciones que se nos presentan a cada paso, aquellas que terminan por despistarnos y aburrirnos y desistir otra vez más.
Digo.
De fondo un día gris y un poco más atrás "Tell Tale Signs" uno de los mejores discos de Bob Dylan de los últimos años acompañando el encendido de luces de la ciudad. La ciudad es un desierto, salvo en aquellos cotos de caza que están destinados a tanto turistas suelto, pero, eso esta lejos de esta ventanita barrial.Los vecinos como los pájaros andamos desorientados con estos cambios de climas.
Bufandas y camisetas, botas y bermudas. Asi vamos patrona, así vamos.
Esta dispersión no es ningún enemigo, seamos claros,es un nuevo fondo social, fonde desde el cual debemos comenzar a tomar decisiones individuales y colectivas, sistematizar asi aquellas experiencias colectivas en entornos nuevos. Igualar dentro de la dispersión, legitimar la autorganización en todos los sitios en donde falta eso, que antes nos convocaba para luchar contra la asignación de papeles y lugares que determinaba la maquinaria estatal.
A lo mejor se trata de pensar, de pensarnos mientras flotamos en este mar repleto de naúfragos.

Domingo 6 de marzo

La mañana viene clara, suave y casi alegre. Para ser invierno no está nada mal. Vaticinan un pequeña primavera los muchachos que dan el tiempo por la tele. Un domingo pleno para domingueros irredentos.
Me preparo el mate.
Sobre mi mesa, un libro perfecto de la canadiense Alice Munro. Propuesta que siempre hago extensiva. Lean a esta mujer y descubran a una escritora que nos lleva a un mundo cercano, conocido y casi ignorado.
Sube la temperatura, el cielo se despeja y anticipa una primavera que ya se anda necesitando.
Cuentan por allí, que el año que viene se derretirá el sol, que los mayas, que el 2012 será un año bravo, que se acaba y que chocan los planetas. Ustedes sabrán a que atenerse, yo no.
Mientras tanto y partir de mañana el reino, decide rebajar la velocidad en las autopistas para ahorrar combustible. Es que hasta el ayer bueno de Khadafi hoy es satán y entre tanto papel suelto, tanto funcionario que no funciona, España descubre que el 90 por ciento de sus consumo se sostiene por el petroleo que viene de ese país.
Es decir, España, Europa son dependientes.
Los que inventaron los descubrimientos, las explotaciones y matanzas, son definitiva presos de su propia lógica de estado. Ahora descubren dictadores entre los musulmanes, señores que hasta no hace mucho recibían en galas y con honores en capitales serias del mundo occidental. Tipitos a los que vendían armas, entrenaban a sus policías y cosas por el estilo, permitían la tortura y matanzas ordenadas en pos de la convivencia pacífica. Todo eso según la regla de ser siempre políticamente correctos aunque siempre hayan sido incorrectos.
Digo.
El mundo está cambiando. Para bien o para mal, está cambiando.
Por el momento Madrid comienza su primavera de la mejor manera. Tratando de sobrellevar una nueva instancia de este derrumbe.
Los cerezos antes de tiempo acaban de echar sus primeras flores y el color cambia. Todo en cuestión de días volverá a brillar. Los vecinos comienzan a abrir sus ventanas y la vida se vuelca a partir de mañana otra vez en las calles.
Por ahora esta ciudad se despierta y se duerme casi en silencio.
Pero los cerezos a pesar de esta dispersión que vivimos siguen floreciendo y alegrando un poquito tanto corazón impaciente.