Lunes 15 de agosto
Nada está claro. Desde ya el mundo está cruzado por instantes. Vuelvo a la lentitud, vuelvo a la desconexión, me alejo del estar cerca. Un verano de locos, es este el que azota esta Madrid desierta.
De fondo suena Alborosie y todo parece detenerse. Un poco, no mucho.
Apago el móvil. Me desconecto del resto del mundo. Hay un calor africano en las calles y los católicos han tomado la ciudad, esperando a su nuevo führer, durante una semana, se perdonarán pecados, se perdonará a aquellas que han abortado y a aquellos que han pagado para que sus pecados sean olvidados.
El sol es abrasador. La displicencia en el andar es casi una técnica. Todo tiene que ver con la gran situación, que nos hacen vivir en estos momentos.
Pero se viene. Claro que se viene. Ese terror por el cambio, ese sueño perpetuo que siempre aterroriza a aquellos que esperan la bendición.
Los periódicos traen malas noticias para unos, para mí, siempre son buenas noticias que tienen que ver con el veneno que nos devora.
Apago internet. Mejor solo, silbando bajito como dicen. Despacito y por las piedras. alguien dice que las mortajas nunca llevan bolsillos. Mientras tanto siguen, despacito, rapiñando. Estafando y como vulgares ladrones, de esos que nunca tienen códigos, siguen juntando dinero. No sea cosa, que mañana llueva café y uno sin paragüas a mano.
Madrid, esta ciudad, se desbarranca. Gasta 60 millones de euros, para que el jefe venga y perdone los pecadillos de propios y ajenos.
Ratas. ¿Cuántas ratas habrá para cada gato? ¿Cuántas nos corresponden?
Y sin embargo, me digo: Nada, nunca nadie puede con la certeza de una idea.
Viene el muñeco y todos quieren estar en la foto. Viene a prevenir el laicismo imperante, a esta ciudad sitiada por el calor y la bronca de no tener trabajo. Viene a repartir hostias mientras cantan los buenos.
Oran para que el calor cese. Les entregan billetes de autobús gratis a los feligreses, mientras los desocupados, deben pagar el nuevo precio con ajuste y todo y sin chistar.
Apago todo. Reivindico la lentitud como una bien propio y miro la seca que rodea a los gatos madrileños. Que es mucha y que siempre afecta a los pobres, mientras otros iguales se mueren de hambre, no muy lejos de aquí, de donde estoy apagando aparatitos, desconectándome de un mundo que busca, la última novedad mientras rezan, recorren el rosario esperando la simpatía del jefe de todos.
Martes 16 de agosto
Sigue sin moverse el calor. Babilonia es una fiesta. Creo que hay que recuperar el tiempo. La sensación de la mirada. La ternura del abrazo.
Leo.
Eric Hobsbawn escribe un libro fulminante.
Algo es cierto, por lo menos mis nietos no habrán de vivir este capitalismo. Se muere, explota y eso tiene su encanto. Ellos, mis nietos y millones de niños en el mundo entero, no habrán de vivir esta lacra. A ellos, les habrá de corresponder la felicidad de lo nuevo.
Se acaba amigos. Por eso rescato a ese alemán loco que vivía en Londres que describió otra posibilidad certera.
"Como cambiar el mundo" se llama el trabajito. Algo es cierto, después de tanta sangre, de tanto muerto, herido y expatriado se viene un desplazamiento de paradigma. Algo, por suerte ya no será lo que era.
Los cambios vienen, cargaditos de preguntas y casi sin respuestas.
Se viene el estallido decían los del pijama en plena pizza con champagne. Y ahí estamos.
De a poco hemos redescubierto que el capitalismo no es la única respuesta, sino la pregunta.
Durante los últimos veinte años, compañeros, sus muchachos creyeron a fe ciega que la historia había terminado.
sin embargo, hoy, nada de esto es sostenible. El proyecto hace aguas por sus costados. Nada se sostiene y sin embargo, los teóricos del libre mercado siguen preconizando políticas de ajustes, de reducción. Siguen dándole palos a aquellos que quieren lo suyo. Siguen incrementando presupuestos en represión, comprando balas de goma, carros hidrantes y chalecos antibalas. Así, construyen el caminito a la nada.
Por eso y otras tanas cuestiones. Vuelvo a leer a Marx. Carlitos para los amigos y trato de volver a creer.
Pero no soy el único que ha vuelto a sus páginas. Ventas masivas en Berlín y París, hablan de la actualidad de un pensamiento.
Seguramente las vírgenes de toda virginidad, volverán a pensar en generales y comisarios.
Seguramente en la previsión de cirios y hogueras, algo se está moviendo de sitio. Algo que siempre estuvo en la razón de justicia.
Es que el capitalismo tardío sigue encadenando crisis tras crisis sin tener a nadie, mejor dicho sin tener otro modelo al cual echarle la culpa del desfasaje.
Ahora suena en mi equipito Alfredo Zitarrosa y la vida cambia de color y uno tiene ganas de volver al monte.
A esto le sigue "Milonga del tartamudo", y uno se pone cachondo pensando que se viene la polvareda. De aquellas sangres estos días en donde uno, yo, espero que la cosa cambie, para la felicidad de los niños que viven y los que vienen, abrazaditos y con los dientes apretados.
Los ricos, los ricos como siempre, que esperen las cenizas que vienen con hambre.
Mientras tanto y como para no desesperar, carlitos sigue estando ahí para que nosotros tomemos aliento y sin internet ni móviles apuremos el trago, que el viento huele a gloria y eso tiene su mérito.
Lo cierto y la alegría que me entibia, es que mis nietos, nietitos dulces, no habrán de vivir esta historia de dolores que hemos vivido hasta el momento.
Algo es algo, mientras tanto nosotros habremos de comernos tanto dolor y seguir fraguando risas y amores.
De eso se trata. Nada más ni nada menos.
martes, 16 de agosto de 2011
viernes, 12 de agosto de 2011
La vida en cuadritos
Acaba de comenzar la veda política, allá en el sur, allá en mi país. Como una especie de chiste, malo o no casual, acabo de enterarme de la muerte de un gran y notable dibujante argentino. Se llamaba Solano López y llenó, en mí, por lo menos una de esas raras pasiones ocultas, que durante años de agravios y otras violencias me sirvieron para prefigurar algo de mí.
Con López y tambien con Héctor Oesterheld, descubrí que Buenos Aires, podía ser, bien que lo era el escenario de la mejor ciencia ficción. Cansado de revistas mexicanas, de súper héroes yankees, choqué, me llevé por delante a nuestro héroe nacional: El Eternauta.
De a poco, muy de a poco fuí creciendo con esta historieta, que transcurría en mi barrio, en el barrio de al lado. Pasaba por la estación del tren y tomaba el mismo tren que tomaba Juan Salvo o alguno de sus amigos.
De pronto, buscaba en el cielo la nieve marciana, la invasión mortal. Así solían pasar mis días de entonces.
Pero estaba Juan Salvo. Ahí, dibujado por Solano López que cuadro tras cuadro, enfrentaba la guerra porteña.
Después crecí y las aventuras plasmadas en papel quedaron entre otros papeles. Otras urgencias concurrían por entonces y otras lecturas fueron amontonando polvo sobre la historia de este tipo eterno que se negaba a morirse.
Digo.
La concurrencia con el arte, es un eje que resiste cualquier tipo de políticas. Es tan tenaz siempre la represión que conlleva esta concurrencia que la reacción para con el arte suele ser tremenda, inagotable, desproporcionada, que uno no puede menos que sorprenderse con el hecho de que además de matar intelectuales, escritores, dibujantes, pintores, actores y actrices, siempre suelen, por las dudas quemar todas aquellas obras que pueden arder, para no dejar rastro sobre la faz de la tierra de su claro mensaje.
El fuego vaticano, que le dicen.
El Eternauta, junto con otras obras fueron a las hogueras. Las cenizas, aunque no lo crean, todavía huelen por algunos sitios de esa ciudad lejana.
Pero resueltamente leo, recorro los dibujos de esta historia y descubro e intuyo lo que surge de su lectura en mí. Es que para mí sigue vigente. Audaz, valiente y vaticinadora.
Puesto a sacar conclusiones, digo que: El Eternauta a su manera, adelantó los tiempos que vendrían. Poniendo los nombres que se nos ocurran, cuadro a cuadro es este presente.
Juan Salvo una noche, está en su casa de un barrio periférico de la ciudad. Están su mujer y su hija y tres amigos. Una explosión ocurrida en el Océano Pacífico narrada por la radio encendida y el súbito silencio, hacen que todos se asomen a la ventana que da a la calle.
Una nieve fosforescente cae del cielo, los cádaveres tirados en la calle y el miedo se unen en el inicio de esta especie de obra maestra dibujada por López y escrita por Oesterheld.
Así comienza, así comenzaba allá por 1957 esta historia.
Después, como siempre suele ocurrir, la historia se habría de encargar de poner las cosas en su lugar. De a poco, unos y otros, fuímos desdibujándonos en la noche. Nuestras siluetas se fueron diferenciando de las sombras y el cargamento de odio, sangre y dolor, habría de colocarnos en situaciones impensadas.
Héctor Germán Oesterheld, el de la foto de aquí al lado, sus cuatro hijas, también en la foto, sus yernos y sus nietos fueron secuestrados por la dictadura militar de 1976.
Por algo habrá sido, solían decir los cómplices de conveniencia por aquellos tiempos.
Oesterheld, tenía algo más de sesenta años y era peligroso para los bien pensantes que alentaban la tortura y la desaparición de personas. Sus hijas, la mayor de 24 años y la menor de 18, también eran seres peligrosos, como aquellos marcianos que dibujara en su momento López.
Digo.
A lo mejor, muchos de aquellos que hoy no están, vivirían con cierto desaliento los tiempos que vivimos.
No podrían entender el paso, cortito, que hemos dado de la solidaridad sin cortapisas a querer salvarnos a toda costa. De ser conscientes de la explotación a no preocuparnos por ella. A ceder nuestros derechos a quienes mucho tienen en su haber, para, total, tener un lugarcito bajo el sol. Seguramente no podrían entender que la dignidad no se negocia mientras negociamos todo, todo el tiempo a fin de no perder lo que tenemos. De estar vivos, tipos como Oesterheld, no podría comprender como hemos pasado a ser todo lo que odiábamos cuando nos enfrentábamos al enemigo, es decir, como nos hemos convertido en ellos en este tiempo.
Clase media al fin y al cabo.
Hoy criticamos los desmanes de Londres cuando es casi lo mismo que ocurre en Siria. Pero a los salvajes los juzgamos y los bombardeamos, en cambio a los desarrolladitos les permitimos hasta que aumentan la cuota de policías.
Es decir, yo te ajusto lo que me piden los poderes que ajuste, recorto y encima te reprimo como si fueses un enemigo del tercer mundo. Te prometo más policía, cañones de agua y gatillo fácil, para que los dueños de este mercado, puedan seguir paseando su desnudez.
¡Ah! Las Abuelas han encontrado a la nieta número 105.
Menos mal que nos queda la memoria. También un par de saludables malas costumbres y la irrenunciable voluntad de la justicia.
Con Solano López se cierra una historia, que está impresa en papel y dibujó con paciencia y dedicación las ideas de Germán Oesterheld, uno de aquellos mejores de todos nosotros.
Mientras tanto, por ahí anda Juan Salvo batallando a la desmemoria.
Algo que hoy por hoy y con lo visto no es poco.
Con López y tambien con Héctor Oesterheld, descubrí que Buenos Aires, podía ser, bien que lo era el escenario de la mejor ciencia ficción. Cansado de revistas mexicanas, de súper héroes yankees, choqué, me llevé por delante a nuestro héroe nacional: El Eternauta.
De a poco, muy de a poco fuí creciendo con esta historieta, que transcurría en mi barrio, en el barrio de al lado. Pasaba por la estación del tren y tomaba el mismo tren que tomaba Juan Salvo o alguno de sus amigos.
De pronto, buscaba en el cielo la nieve marciana, la invasión mortal. Así solían pasar mis días de entonces.
Pero estaba Juan Salvo. Ahí, dibujado por Solano López que cuadro tras cuadro, enfrentaba la guerra porteña.
Después crecí y las aventuras plasmadas en papel quedaron entre otros papeles. Otras urgencias concurrían por entonces y otras lecturas fueron amontonando polvo sobre la historia de este tipo eterno que se negaba a morirse.
Digo.
La concurrencia con el arte, es un eje que resiste cualquier tipo de políticas. Es tan tenaz siempre la represión que conlleva esta concurrencia que la reacción para con el arte suele ser tremenda, inagotable, desproporcionada, que uno no puede menos que sorprenderse con el hecho de que además de matar intelectuales, escritores, dibujantes, pintores, actores y actrices, siempre suelen, por las dudas quemar todas aquellas obras que pueden arder, para no dejar rastro sobre la faz de la tierra de su claro mensaje.
El fuego vaticano, que le dicen.
El Eternauta, junto con otras obras fueron a las hogueras. Las cenizas, aunque no lo crean, todavía huelen por algunos sitios de esa ciudad lejana.
Pero resueltamente leo, recorro los dibujos de esta historia y descubro e intuyo lo que surge de su lectura en mí. Es que para mí sigue vigente. Audaz, valiente y vaticinadora.
Puesto a sacar conclusiones, digo que: El Eternauta a su manera, adelantó los tiempos que vendrían. Poniendo los nombres que se nos ocurran, cuadro a cuadro es este presente.
Juan Salvo una noche, está en su casa de un barrio periférico de la ciudad. Están su mujer y su hija y tres amigos. Una explosión ocurrida en el Océano Pacífico narrada por la radio encendida y el súbito silencio, hacen que todos se asomen a la ventana que da a la calle.
Una nieve fosforescente cae del cielo, los cádaveres tirados en la calle y el miedo se unen en el inicio de esta especie de obra maestra dibujada por López y escrita por Oesterheld.
Así comienza, así comenzaba allá por 1957 esta historia.
Después, como siempre suele ocurrir, la historia se habría de encargar de poner las cosas en su lugar. De a poco, unos y otros, fuímos desdibujándonos en la noche. Nuestras siluetas se fueron diferenciando de las sombras y el cargamento de odio, sangre y dolor, habría de colocarnos en situaciones impensadas.
Héctor Germán Oesterheld, el de la foto de aquí al lado, sus cuatro hijas, también en la foto, sus yernos y sus nietos fueron secuestrados por la dictadura militar de 1976.
Por algo habrá sido, solían decir los cómplices de conveniencia por aquellos tiempos.
Oesterheld, tenía algo más de sesenta años y era peligroso para los bien pensantes que alentaban la tortura y la desaparición de personas. Sus hijas, la mayor de 24 años y la menor de 18, también eran seres peligrosos, como aquellos marcianos que dibujara en su momento López.
Digo.
A lo mejor, muchos de aquellos que hoy no están, vivirían con cierto desaliento los tiempos que vivimos.
No podrían entender el paso, cortito, que hemos dado de la solidaridad sin cortapisas a querer salvarnos a toda costa. De ser conscientes de la explotación a no preocuparnos por ella. A ceder nuestros derechos a quienes mucho tienen en su haber, para, total, tener un lugarcito bajo el sol. Seguramente no podrían entender que la dignidad no se negocia mientras negociamos todo, todo el tiempo a fin de no perder lo que tenemos. De estar vivos, tipos como Oesterheld, no podría comprender como hemos pasado a ser todo lo que odiábamos cuando nos enfrentábamos al enemigo, es decir, como nos hemos convertido en ellos en este tiempo.
Clase media al fin y al cabo.
Hoy criticamos los desmanes de Londres cuando es casi lo mismo que ocurre en Siria. Pero a los salvajes los juzgamos y los bombardeamos, en cambio a los desarrolladitos les permitimos hasta que aumentan la cuota de policías.
Es decir, yo te ajusto lo que me piden los poderes que ajuste, recorto y encima te reprimo como si fueses un enemigo del tercer mundo. Te prometo más policía, cañones de agua y gatillo fácil, para que los dueños de este mercado, puedan seguir paseando su desnudez.
¡Ah! Las Abuelas han encontrado a la nieta número 105.
Menos mal que nos queda la memoria. También un par de saludables malas costumbres y la irrenunciable voluntad de la justicia.
Con Solano López se cierra una historia, que está impresa en papel y dibujó con paciencia y dedicación las ideas de Germán Oesterheld, uno de aquellos mejores de todos nosotros.
Mientras tanto, por ahí anda Juan Salvo batallando a la desmemoria.
Algo que hoy por hoy y con lo visto no es poco.
martes, 9 de agosto de 2011
El amor lento
Agosto es un desierto. Madrid es una estepa seca. La postergación se hace inevitable hasta después de las vacaciones. El espíritu español se adormece hasta mediados del próximo mes. Todo se ralentiza, todo se aquieta.
El billete del autobús sube un cincuenta por ciento y nadie, como no hay nadie, dice nada. El papa, viene a Madrid e imploran sus lacayos porque no haya huelgas ni indignados ni desobediencias ni nada que altere la paz guerrera de una iglesia proclive a sustentar guerras santas y otras inquisiciones.
Sin embargo esta ciudad tiene sus cosas.
Una de ellas, es la grandiosa exposición de Teotihuacan, "La Ciudad de los Dioses", que por estos días asombra a un Madrid demasiado acostumbrado a la buena vida. Asombran los elementos hechos por manos anónimas, siglos antes de ser "descubiertos" por los aventureros que de aquí salían.
Durante casi ochocientos años, esa ciudad lejana fue el centro cultural, político y religioso de una potente civilización. Fue la mayor ciudad construída en ese continente, que un buen día, sus ocupantes decidieron abandonar y dejar, tras de sí, templos, avenidas, pirámides, vasijas, máscaras.
Se marcharon de una ciudad tan grande casi como Constantinopla o Alejandría y doscientas mil personas se mezclaron con el paisaje, mejor dicho se hicieron paisaje.
Vale la pena a veces, mirar, detenerse en culturas, que no necesitaban nada de Occidente. No les era necesaria ni cruz ni espada. Sin embargo siglos después, llegaron allí los inventores del capitalismo, de la pira, del agua bendita, de la sífilis y la gripe, a indicarles a ellos, eso lo de las buenas costumbres, lo del agradecimiento, lo de servir al blanco y lo de ponerse el sayo, que no es bueno andar por ahí con la humanidad al aire y esas cosas.
Mientras estos mismos blancos, se aconsejan entre ellos, cómo y cuándo hacer el ajuste. Las ciudades comienzan, a diferencia de las españolas que estań de vacaciones, a sublevarse.
Londres, por ejemplo ya es un infierno claman los periodistas asustados. Piden por el ejército los políticos y sus secuaces mientras disfrutan de sus merecidas vacaciones anuales en países lejanos. Londres ha decidido hacer su ajuste correspondiente a fin de tener las cuentas claras para poder disfrutar del chocolate caliente. Cuentas que lo único que ajustan es la soga al cuello de los que menos tienen, de aquellos que no tienen voz. De aquellos "invisibles" de un sistema que se prepara como siempre a tener más invisibles y mas mano de obra desocupada, que también se sabe, puede ser utilizada en algún tipo de variable de violencia tan necesaria para el sistema.
Digo.
Desde el año 1998, la policía británica asesinó a 333 personas. Algunos de ellos mientras estaban detenidos en dependencias policiales. O el caso del brasileño Charles de Menezes asesinado a tiros por la policía en el metro londinense por "presunto" terrorista o el caso de Ian Tomlison que murió de un ataque al corazón, luego de ser agredido por la policía.
Pero lo cierto es que, de esas víctimas se sabe el nombre. De los victimarios y los políticos encubridores en cambio no. Es decir nunca ha habido responsabilidades ni nadie fue a dar con sus huesos a cárcel alguna.
Pero ¿Quién es el violento?
Esta violencia, más allá de haber sido originada por otro caso de gatillo fácil, es la respuesta más clara y contundente a las políticas de austeridad dictadas por los mismos que originaron esta crisis.
¿Previsibles? Si, porque no se acude a la memoria. Porque para gobernar este mundo, estos políticos profesionales siempre suelen olvidar que además de mercados y castas políticas, hay personas.
Personas de carne y hueso, que guardan en su memoria los rastros inmorales de tanto desprecio. Personas que no olvidan, que no suelen olvidar tanta injusticia.
Porque quien no tiene nada que perder nunca suele perder nada saltándose las normas.
Ahora Londres, es una ciudad blindada, han vuelto los políticos de sus frustradas vacaciones y han sumado policías para resolver las cosas.
Madrid, mientras tanto se apresta a comprar la salvación eterna con casi 60 millones de euros gastados en la visita del jefe de la iglesia. Como en la edad media, se paga y se dejan pecadillos por el camino a fin de llegar ante quien se deba inmaculados como angelitos sonrosados.
Un cardenal llama a rezar para que no haga tanto calor, otro para que los levantiscos de siempre, se calmen, por lo menos hasta que su santidad vuelva a Roma.
No me importa.
Por estos días se cumple un nuevo aniversario de una de las joyas musicales del siglo veinte. The Clash hace 31 años estremecian a los despistados, llenaban de música una década siniestra y daban una lección monumental.
Joe Strummer y Mick Jones, desde el rock, le sumaron política a la música de aquellos años y lo que antes sonaba a furia, hoy suena a una visión que no hizo más que confirmarse con los años ocurridos desde entonces.
Un disco que por aquellos añitos, a muchos nos pasó casi inadvertido. Mejor dicho la movida punk, a muchos, no a todos por supuesto, nos pasó de lejos, casi de refilón.
Es que el año 1976 no es un año grato bajo ningún punto de vista. Ese fue el año de formación de esta banda de rock, el año de comenzar a dejar de lado a tanto dinosaurio musical. Año de buscar otras opciones en lo referido a música, a capacidad de vida y por sobretodas las cosas, año de comenzar a buscar respuestas a tanta pregunta olvidada por ahí.
Sin embargo, cuando en 1980 apareció esta obra maestra, muchos como yo, estábamos en otra cosa.
En ser padres, en disimular o seguir disimulando. En esconderse y esperar que la lluvia amainara de una buena vez. Algunos comenzaban a salir de las cárceles, otros a saludar, algunos comenzaban a rastrear huellas de algunos.
El silencio era fuerte.
Sin embargo.
Un amigo, una tarde de resucitaciones, sentando en una mesa de café me prestó este disco. Era el comienzo de otra década. Un disco doble, de una banda que desconocía.
Esa noche en el silencio de nuestra casita periférica, con un hijo hambriento, puse el disco en el viejo aparato mono.
Y ahí estalló algo. Algo comenzó a moverse nuevamente. El silencio comenzaba a ser derrotado de a poquito. Alguien cantaba desde las profundidades de lo injusto. La bronca era música.
Pero en su música había otras músicas. Se mezclaban otros sonidos, había matices y uno, yo, encontraba otras rutas. Dejaba de lado un manojo de prejuicios y me adentré en los nuevos aires que totalizaban una música que me confortaba.
Sin darme cuenta han pasado 31 años de ese momento. Hoy vuelvo a escuchar este disco y revivo algunos momentos, pero lo inobjetable de este "London Calling" es lo inalterable que se mantiene, lo justo que suena y la capacidad que todavía tiene de emocionar.
Algo que celebrar entonces en estos infiernos que vivimos y que como suelen decir allá en el sur, siempre suele ser encantador.
Un abrazo.
Sin embargo esta ciudad tiene sus cosas.
Una de ellas, es la grandiosa exposición de Teotihuacan, "La Ciudad de los Dioses", que por estos días asombra a un Madrid demasiado acostumbrado a la buena vida. Asombran los elementos hechos por manos anónimas, siglos antes de ser "descubiertos" por los aventureros que de aquí salían.
Durante casi ochocientos años, esa ciudad lejana fue el centro cultural, político y religioso de una potente civilización. Fue la mayor ciudad construída en ese continente, que un buen día, sus ocupantes decidieron abandonar y dejar, tras de sí, templos, avenidas, pirámides, vasijas, máscaras.
Se marcharon de una ciudad tan grande casi como Constantinopla o Alejandría y doscientas mil personas se mezclaron con el paisaje, mejor dicho se hicieron paisaje.
Vale la pena a veces, mirar, detenerse en culturas, que no necesitaban nada de Occidente. No les era necesaria ni cruz ni espada. Sin embargo siglos después, llegaron allí los inventores del capitalismo, de la pira, del agua bendita, de la sífilis y la gripe, a indicarles a ellos, eso lo de las buenas costumbres, lo del agradecimiento, lo de servir al blanco y lo de ponerse el sayo, que no es bueno andar por ahí con la humanidad al aire y esas cosas.
Mientras estos mismos blancos, se aconsejan entre ellos, cómo y cuándo hacer el ajuste. Las ciudades comienzan, a diferencia de las españolas que estań de vacaciones, a sublevarse.
Londres, por ejemplo ya es un infierno claman los periodistas asustados. Piden por el ejército los políticos y sus secuaces mientras disfrutan de sus merecidas vacaciones anuales en países lejanos. Londres ha decidido hacer su ajuste correspondiente a fin de tener las cuentas claras para poder disfrutar del chocolate caliente. Cuentas que lo único que ajustan es la soga al cuello de los que menos tienen, de aquellos que no tienen voz. De aquellos "invisibles" de un sistema que se prepara como siempre a tener más invisibles y mas mano de obra desocupada, que también se sabe, puede ser utilizada en algún tipo de variable de violencia tan necesaria para el sistema.
Digo.
Desde el año 1998, la policía británica asesinó a 333 personas. Algunos de ellos mientras estaban detenidos en dependencias policiales. O el caso del brasileño Charles de Menezes asesinado a tiros por la policía en el metro londinense por "presunto" terrorista o el caso de Ian Tomlison que murió de un ataque al corazón, luego de ser agredido por la policía.
Pero lo cierto es que, de esas víctimas se sabe el nombre. De los victimarios y los políticos encubridores en cambio no. Es decir nunca ha habido responsabilidades ni nadie fue a dar con sus huesos a cárcel alguna.
Pero ¿Quién es el violento?
Esta violencia, más allá de haber sido originada por otro caso de gatillo fácil, es la respuesta más clara y contundente a las políticas de austeridad dictadas por los mismos que originaron esta crisis.
¿Previsibles? Si, porque no se acude a la memoria. Porque para gobernar este mundo, estos políticos profesionales siempre suelen olvidar que además de mercados y castas políticas, hay personas.
Personas de carne y hueso, que guardan en su memoria los rastros inmorales de tanto desprecio. Personas que no olvidan, que no suelen olvidar tanta injusticia.
Porque quien no tiene nada que perder nunca suele perder nada saltándose las normas.
Ahora Londres, es una ciudad blindada, han vuelto los políticos de sus frustradas vacaciones y han sumado policías para resolver las cosas.
Madrid, mientras tanto se apresta a comprar la salvación eterna con casi 60 millones de euros gastados en la visita del jefe de la iglesia. Como en la edad media, se paga y se dejan pecadillos por el camino a fin de llegar ante quien se deba inmaculados como angelitos sonrosados.
Un cardenal llama a rezar para que no haga tanto calor, otro para que los levantiscos de siempre, se calmen, por lo menos hasta que su santidad vuelva a Roma.
Por estos días se cumple un nuevo aniversario de una de las joyas musicales del siglo veinte. The Clash hace 31 años estremecian a los despistados, llenaban de música una década siniestra y daban una lección monumental.
Joe Strummer y Mick Jones, desde el rock, le sumaron política a la música de aquellos años y lo que antes sonaba a furia, hoy suena a una visión que no hizo más que confirmarse con los años ocurridos desde entonces.
Un disco que por aquellos añitos, a muchos nos pasó casi inadvertido. Mejor dicho la movida punk, a muchos, no a todos por supuesto, nos pasó de lejos, casi de refilón.
Es que el año 1976 no es un año grato bajo ningún punto de vista. Ese fue el año de formación de esta banda de rock, el año de comenzar a dejar de lado a tanto dinosaurio musical. Año de buscar otras opciones en lo referido a música, a capacidad de vida y por sobretodas las cosas, año de comenzar a buscar respuestas a tanta pregunta olvidada por ahí.
Sin embargo, cuando en 1980 apareció esta obra maestra, muchos como yo, estábamos en otra cosa.
En ser padres, en disimular o seguir disimulando. En esconderse y esperar que la lluvia amainara de una buena vez. Algunos comenzaban a salir de las cárceles, otros a saludar, algunos comenzaban a rastrear huellas de algunos.
El silencio era fuerte.
Sin embargo.
Un amigo, una tarde de resucitaciones, sentando en una mesa de café me prestó este disco. Era el comienzo de otra década. Un disco doble, de una banda que desconocía.
Esa noche en el silencio de nuestra casita periférica, con un hijo hambriento, puse el disco en el viejo aparato mono.
Y ahí estalló algo. Algo comenzó a moverse nuevamente. El silencio comenzaba a ser derrotado de a poquito. Alguien cantaba desde las profundidades de lo injusto. La bronca era música.
Pero en su música había otras músicas. Se mezclaban otros sonidos, había matices y uno, yo, encontraba otras rutas. Dejaba de lado un manojo de prejuicios y me adentré en los nuevos aires que totalizaban una música que me confortaba.
Sin darme cuenta han pasado 31 años de ese momento. Hoy vuelvo a escuchar este disco y revivo algunos momentos, pero lo inobjetable de este "London Calling" es lo inalterable que se mantiene, lo justo que suena y la capacidad que todavía tiene de emocionar.
Algo que celebrar entonces en estos infiernos que vivimos y que como suelen decir allá en el sur, siempre suele ser encantador.
Un abrazo.
sábado, 23 de julio de 2011
El espanto de siempre
Mientras el verano predispone los corazones, los cuerpos y agota la posibilidad de la tristeza más radiante, la vida nos enseña que no hay forma de escaparle a la realidad. Al bochorno de la realidad, de la vida misma, que con sus cosas, buenas o malas, nos hace a nosotros de manera inmediata y mediata.
Es que esta época es sin duda una época interesante, siempre en el peor de los sentidos, me digo, mientras, tomo mate en mi balconcito madrileño.
El asesinato de Olof Palme, entonces primer ministro sueco, fue un llamado de atención allá por los años '80, cuando en plena calle a la salida de un cine en compañía de su mujer.
Ahora es Oslo y también la isla de Utoya en Noruega. De alguna forma, de alguna manera estos dos sitios escenifican el fin de la inocencia.
De a poco, hemos ido comprendiendo que no hay sociedades perfectas, que no hay sitio para paraísos terrenales y que los justos, siempre viven en otro lado.
Digo.
Esta matanza noruega. Una matanza más llevada a cabo en esa especie de envidia suculenta con forma de país, con estructura de nación desarrollada y liberal como suelen serlo estos países desarrollados, opulentos e igualitarios. Territorios de la felicidad aparente.
De una u otra manera, de a poco, se ha ido desgarrando el velo. Los amables, rubios y desarrollados, ocultan algo turbio, algo terrible detrás.
Por ejemplo y haciendo memoria uno recuerda al pasar a la brigada sueca que combatió al lado de los nazis en la segunda guerra en territorio soviético. También el alto grado de colaboración con el ocupante nazi que desplegaron los simpáticos noruegos, mientras entregaban a los resistentes a la Gestapo. Estructuras ambas, la de estos países vecinos, que quedaron casi intactas al finalizar la guerra.
Esto quiere decir, que estos nazis vernáculos, luego, con la liberación de Noruega, siguieron en sus puestos orondamente y que aquí, ya se sabe no ha pasao na de na.
Es que no existen sociedades perfectas, solo hombrecitos y ya sabemos, que de perfectos nada poseemos.
Un neonazi, un ultra, comienzan a definir los medios de comunicación. ¿Un nazi? se apresuran a inquirir los periodistas que aman las derechas. Se frustran otros, ya que el detenido es rubio, de ojos claros y no acumula rastros oscuros de los hijos del profeta. Lástima, se persuaden aquellos que se reivindican de derechas, no faltaran algunos cetrinos, sarracenos a sueldo para que sigan haciendo el trabajo sucio.
¿Cómo? ¿No han sido los musulmanes? ¿No puede ser? ¿No han sido grupos de izquierda?
Digo.
Reivindicarse de derechas es un disparate. Sin embargo los liberales con miedo siempre devienen en fascistas ¿Por qué será? ¿No? ¿Por qué será que el europeo medio se define de derechas? ¿Por qué a medida que la crisis continúa su viaje a las profunidades, al corazón del capitalismo, los liberales aumentan los controles fronterizos, la distribución de inmigrantes no comunitarios en diferentes ciudades, la expulsión en medio de la noche, las razzias y las detenciones sumarias?
La crisis amenaza, según los expertos, con arrasar a todos los países del sur de la vieja Europa. Según los cientifíficos del mayor robo, del tremendo expolio a las clases populares, si no hay una aceptación pasiva de las nuevas pautas, habrá castigo, como lo han hecho siempre.
Mientras tanto un neonazi, uno de ellos, blanquito, religioso, rubio acaba de masacrar a 91 personas en un paraje en donde nunca pasaba nada y que algunos referencian con un lejano país de fiordos y personas sumamente simpáticas y agradables.
Sigo y hago un punto.
Heredero de la palabra, también en estos día tuvo la ocurrencia de irse, un pintor que desde una perturbadora violencia, retrató una parte de la vida que nunca suele ser mencionada por los afamados periodistas de siempre.
Lucien Freud, nieto de aquel otro Freud, retomó las pistas de los expresionistas alemanes y la llevó a otro lugar.
Deshabitado, desierto, páramo. Modelos ancianos, personas con demasiada grasa a cuestas como para ser tenidos en cuenta por los patrones de las buenas costumbres, empleadas domésticas mostrando sus cuerpos habitados por historias, surcado por rastros de vida. Enalteciendo de alguna forma, la palabra cuerpo.
Gordos, vecinos, amigos de Freud fueron sus modelos preferidos. Su intensidad radica en el trazo. En la elección de un cuerpo desnudo, acostado. Perturbador de intensa libertad, de despiadada libertad.
Excesivas y decadentes venus, asumiendo las glorias goyescas, retomando el sendero del español, tal vez uno de los más grandes e intensos pintores que siguen marcando un camino incierto, pleno.
Freud se formó y formó parte de la escuela de Londres. Un sitio en donde Francis Bacon, Frank Auerbach y el propio Freud dieron contenido a una figuración de neto corte expresionista.
El pincel sigue detenido ante el lienzo. El modelo espera y el viaje hacia la vieja fábula de la creación sigue su curso.
Lucien Freud, un escapado de los nazis, demuestra entre sus apegos, los rastros de Otto Dix o Georg Grosz, alemanes que forjaron una escuela llamada Nueva Objetividad, porque Freud era alemán o austriáco, antes que inglés.
Ahí quedan entonces esa densidad carnal, que como pocos supo hacer prevalecer este pintor. Porque al igual que Degás, Freud espiaba el cuerpo humano tratando de encontrar lo insólito que portamos a cuestas todos nosotros.
También queda el enojo de la reina por su retrato. Las ansias de modelos supermillonarias que deseaban posar desnudas para el pintor y ser inmortalizadas como lo que nunca fueron ni nunca podrán ser.
Pero el escándalo tenía su nombre. Porque Freud, más que pintor, fue un artista.
Para los puritanos ingleses, siempre fue un libertino, un alocado, nieto de Sigmund Freud, imposible de rescatar.
Tal vez una de sus últimas entregas al delicado mundo de la prensa basura de los Murdoch, haya sido cuando ya octogenario, entregó para la exhibición pública un retrato en donde se mostraba él de pie pintando sobre un lienzo mientras una joven desnuda se abrazaba a una de sus piernas.
El desconocimiento de la prensa, de aquellos que se horrorizan, de aquellos que aman las hogueras con alguien dentro es que no conocen la historia de la pintura occidental, a la que Freud siempre le rindió un culto sagaz, plagando de citas inteligentes de los grandes maestros del pasado muchos de sus mejores cuadros. De todas formas, no cabe ninguna duda que Lucien Freud ha sido uno de los mejores pintores británicos del siglo pasado.
Pero también y esto es lo formidable en Freud, es uno de los pintores figurativos mas originales, poderosos y perturbadores de esta época contemporánea.
Digo.
Si los que se asustan de un pezón, de una mala palabra, de un cuestionamiento son aquellos, que como decía Hannah Arendt se cobijaron en la banalidad del mal para justificar la pureza de la raza cuando comenzaron a ser juzgados.
Si los ejecutores aducen a la obediencia debida, cuando las cosas se tuercen e intentan escapar del castigo, cuando antes, alegremente fusilaban, torturaban o gaseaban seres humanos.
Si los que se asustan con lo diferente, con el distinto son aquellos que vienen manejando este mundo, quiere decir que estamos, que hemos hecho, las cosas muy mal.
A lo mejor se trata de ser mejor que aquellos que están en las antípodas de nuestro pensamiento. A lo mejor convendría releer a Sartre, a Primo Levi, a Paul Celan, al gran Imre Kertész, ese de sombrero que aparece aquí al lado.
Un superviviente de los campos de concentración nazi. Deportado en Auschwitz cuando tenía 15 años. silenciado luego de la liberación.
Digo.
Escritor secreto. Profundo y particular. Decidió, sigue decidiendo estar todavía vivo, para ver morir al último de los asesinos, algo con lo que no podrían contar aquellos científicos de la muerte planificada cuando arrasaron con medio mundo para frenar el peligro rojo, para dirimir la cuestión judía y para de alguna forma, repartir el mundo entre aquellos, que siempre quisieron manejar el mundo en provecho propio.
Kertész es un escritor que hay que leer, con detenimiento, con paciencia, con profundo sosiego. Porque como dice él, el pensamiento es el lamento de los hombres. Entonces sigueindo esa huella, vale la pena internarse por los caminos de este escritor fundamental.
Superviviente entonces, escritor silenciado durante décadas en la Hungría que nada quería recordar. Premio nobel de literatura en 2002 y poco frecuentrado hoy por aquellos, que siempre suelen buscar novedades terrenales, a pesar de ellos, sigue publicando.
Sigue dándonos parte de su corazón en cada novela, en cada página que desde el horror mas profundo sigue, a su manera, dilucidando los intrincados caminos de la mente humana, sus razones y sus pesares, para alegría si es que cabe, de aquellos que todavía siguen creyendo que la memoria es siempre un arma cargada de futuro.
Sigo sin fumar.
Ya es noche sobre Madrid. La cifra de muertos sigue subiendo en Noruega. Acaban de anunciar que Amy Winehouse ha muerto a los 27 años, como otros muertitos ilustres del rock and roll.
Ya se sabe, la vida a veces es una cosa terrible. Ahora vendrán los predicadores de siempre a decirnos que una vida de excesos permite esto. Que una vida de drogas y alcohol llevan por el mal camino. Que el pecado siempre se paga.
En fin, que siempre es más fácil ser de derechas que de izquierdas, que sale más naturalmente, porque todo está depositado al amparo de lo divino. Por eso, estos tipos siempre añoran la edad media, la infalibilidad de ese dios que hacia funcionar la vida.
Por eso siempre nos han recomendado portarnos bien. Ser buenos, obedientes, mansos y abnegados.
Winehouse, era todo lo contrario, como casi todos aquellos que no creen en el espíritu santo y la santa castidad de los sacerdotes, que no creen en la certeza de nada ni en la invencibilidad de los poderosos.
Por algo, siempre pareciera ser que estamos rodeados y son invariablemente para peor.
Mejor terminaré de leer "Diario de la Galera" de Imre Kertész y trataré de saber un poco más, no de ser mejor ni esas cosas, sino solamente de saber un poco más, para mi propio coleto, mi propio devenir.
Un abrazo como siempre y nos estamos viendo.
Es que esta época es sin duda una época interesante, siempre en el peor de los sentidos, me digo, mientras, tomo mate en mi balconcito madrileño.
El asesinato de Olof Palme, entonces primer ministro sueco, fue un llamado de atención allá por los años '80, cuando en plena calle a la salida de un cine en compañía de su mujer.
Ahora es Oslo y también la isla de Utoya en Noruega. De alguna forma, de alguna manera estos dos sitios escenifican el fin de la inocencia.
De a poco, hemos ido comprendiendo que no hay sociedades perfectas, que no hay sitio para paraísos terrenales y que los justos, siempre viven en otro lado.
Digo.
Esta matanza noruega. Una matanza más llevada a cabo en esa especie de envidia suculenta con forma de país, con estructura de nación desarrollada y liberal como suelen serlo estos países desarrollados, opulentos e igualitarios. Territorios de la felicidad aparente.
De una u otra manera, de a poco, se ha ido desgarrando el velo. Los amables, rubios y desarrollados, ocultan algo turbio, algo terrible detrás.
Por ejemplo y haciendo memoria uno recuerda al pasar a la brigada sueca que combatió al lado de los nazis en la segunda guerra en territorio soviético. También el alto grado de colaboración con el ocupante nazi que desplegaron los simpáticos noruegos, mientras entregaban a los resistentes a la Gestapo. Estructuras ambas, la de estos países vecinos, que quedaron casi intactas al finalizar la guerra.
Esto quiere decir, que estos nazis vernáculos, luego, con la liberación de Noruega, siguieron en sus puestos orondamente y que aquí, ya se sabe no ha pasao na de na.
Es que no existen sociedades perfectas, solo hombrecitos y ya sabemos, que de perfectos nada poseemos.
Un neonazi, un ultra, comienzan a definir los medios de comunicación. ¿Un nazi? se apresuran a inquirir los periodistas que aman las derechas. Se frustran otros, ya que el detenido es rubio, de ojos claros y no acumula rastros oscuros de los hijos del profeta. Lástima, se persuaden aquellos que se reivindican de derechas, no faltaran algunos cetrinos, sarracenos a sueldo para que sigan haciendo el trabajo sucio.
¿Cómo? ¿No han sido los musulmanes? ¿No puede ser? ¿No han sido grupos de izquierda?
Digo.
Reivindicarse de derechas es un disparate. Sin embargo los liberales con miedo siempre devienen en fascistas ¿Por qué será? ¿No? ¿Por qué será que el europeo medio se define de derechas? ¿Por qué a medida que la crisis continúa su viaje a las profunidades, al corazón del capitalismo, los liberales aumentan los controles fronterizos, la distribución de inmigrantes no comunitarios en diferentes ciudades, la expulsión en medio de la noche, las razzias y las detenciones sumarias?
La crisis amenaza, según los expertos, con arrasar a todos los países del sur de la vieja Europa. Según los cientifíficos del mayor robo, del tremendo expolio a las clases populares, si no hay una aceptación pasiva de las nuevas pautas, habrá castigo, como lo han hecho siempre.
Mientras tanto un neonazi, uno de ellos, blanquito, religioso, rubio acaba de masacrar a 91 personas en un paraje en donde nunca pasaba nada y que algunos referencian con un lejano país de fiordos y personas sumamente simpáticas y agradables.
Sigo y hago un punto.
Heredero de la palabra, también en estos día tuvo la ocurrencia de irse, un pintor que desde una perturbadora violencia, retrató una parte de la vida que nunca suele ser mencionada por los afamados periodistas de siempre.
Lucien Freud, nieto de aquel otro Freud, retomó las pistas de los expresionistas alemanes y la llevó a otro lugar.
Deshabitado, desierto, páramo. Modelos ancianos, personas con demasiada grasa a cuestas como para ser tenidos en cuenta por los patrones de las buenas costumbres, empleadas domésticas mostrando sus cuerpos habitados por historias, surcado por rastros de vida. Enalteciendo de alguna forma, la palabra cuerpo.
Gordos, vecinos, amigos de Freud fueron sus modelos preferidos. Su intensidad radica en el trazo. En la elección de un cuerpo desnudo, acostado. Perturbador de intensa libertad, de despiadada libertad.
Excesivas y decadentes venus, asumiendo las glorias goyescas, retomando el sendero del español, tal vez uno de los más grandes e intensos pintores que siguen marcando un camino incierto, pleno.
Freud se formó y formó parte de la escuela de Londres. Un sitio en donde Francis Bacon, Frank Auerbach y el propio Freud dieron contenido a una figuración de neto corte expresionista.
El pincel sigue detenido ante el lienzo. El modelo espera y el viaje hacia la vieja fábula de la creación sigue su curso.
Lucien Freud, un escapado de los nazis, demuestra entre sus apegos, los rastros de Otto Dix o Georg Grosz, alemanes que forjaron una escuela llamada Nueva Objetividad, porque Freud era alemán o austriáco, antes que inglés.
Ahí quedan entonces esa densidad carnal, que como pocos supo hacer prevalecer este pintor. Porque al igual que Degás, Freud espiaba el cuerpo humano tratando de encontrar lo insólito que portamos a cuestas todos nosotros.
También queda el enojo de la reina por su retrato. Las ansias de modelos supermillonarias que deseaban posar desnudas para el pintor y ser inmortalizadas como lo que nunca fueron ni nunca podrán ser.
Pero el escándalo tenía su nombre. Porque Freud, más que pintor, fue un artista.
Para los puritanos ingleses, siempre fue un libertino, un alocado, nieto de Sigmund Freud, imposible de rescatar.
Tal vez una de sus últimas entregas al delicado mundo de la prensa basura de los Murdoch, haya sido cuando ya octogenario, entregó para la exhibición pública un retrato en donde se mostraba él de pie pintando sobre un lienzo mientras una joven desnuda se abrazaba a una de sus piernas.
El desconocimiento de la prensa, de aquellos que se horrorizan, de aquellos que aman las hogueras con alguien dentro es que no conocen la historia de la pintura occidental, a la que Freud siempre le rindió un culto sagaz, plagando de citas inteligentes de los grandes maestros del pasado muchos de sus mejores cuadros. De todas formas, no cabe ninguna duda que Lucien Freud ha sido uno de los mejores pintores británicos del siglo pasado.
Pero también y esto es lo formidable en Freud, es uno de los pintores figurativos mas originales, poderosos y perturbadores de esta época contemporánea.
Digo.
Si los que se asustan de un pezón, de una mala palabra, de un cuestionamiento son aquellos, que como decía Hannah Arendt se cobijaron en la banalidad del mal para justificar la pureza de la raza cuando comenzaron a ser juzgados.
Si los ejecutores aducen a la obediencia debida, cuando las cosas se tuercen e intentan escapar del castigo, cuando antes, alegremente fusilaban, torturaban o gaseaban seres humanos.
Si los que se asustan con lo diferente, con el distinto son aquellos que vienen manejando este mundo, quiere decir que estamos, que hemos hecho, las cosas muy mal.
A lo mejor se trata de ser mejor que aquellos que están en las antípodas de nuestro pensamiento. A lo mejor convendría releer a Sartre, a Primo Levi, a Paul Celan, al gran Imre Kertész, ese de sombrero que aparece aquí al lado.
Un superviviente de los campos de concentración nazi. Deportado en Auschwitz cuando tenía 15 años. silenciado luego de la liberación.
Digo.
Escritor secreto. Profundo y particular. Decidió, sigue decidiendo estar todavía vivo, para ver morir al último de los asesinos, algo con lo que no podrían contar aquellos científicos de la muerte planificada cuando arrasaron con medio mundo para frenar el peligro rojo, para dirimir la cuestión judía y para de alguna forma, repartir el mundo entre aquellos, que siempre quisieron manejar el mundo en provecho propio.
Kertész es un escritor que hay que leer, con detenimiento, con paciencia, con profundo sosiego. Porque como dice él, el pensamiento es el lamento de los hombres. Entonces sigueindo esa huella, vale la pena internarse por los caminos de este escritor fundamental.
Superviviente entonces, escritor silenciado durante décadas en la Hungría que nada quería recordar. Premio nobel de literatura en 2002 y poco frecuentrado hoy por aquellos, que siempre suelen buscar novedades terrenales, a pesar de ellos, sigue publicando.
Sigue dándonos parte de su corazón en cada novela, en cada página que desde el horror mas profundo sigue, a su manera, dilucidando los intrincados caminos de la mente humana, sus razones y sus pesares, para alegría si es que cabe, de aquellos que todavía siguen creyendo que la memoria es siempre un arma cargada de futuro.
Sigo sin fumar.
Ya es noche sobre Madrid. La cifra de muertos sigue subiendo en Noruega. Acaban de anunciar que Amy Winehouse ha muerto a los 27 años, como otros muertitos ilustres del rock and roll.
Ya se sabe, la vida a veces es una cosa terrible. Ahora vendrán los predicadores de siempre a decirnos que una vida de excesos permite esto. Que una vida de drogas y alcohol llevan por el mal camino. Que el pecado siempre se paga.
En fin, que siempre es más fácil ser de derechas que de izquierdas, que sale más naturalmente, porque todo está depositado al amparo de lo divino. Por eso, estos tipos siempre añoran la edad media, la infalibilidad de ese dios que hacia funcionar la vida.
Por eso siempre nos han recomendado portarnos bien. Ser buenos, obedientes, mansos y abnegados.
Winehouse, era todo lo contrario, como casi todos aquellos que no creen en el espíritu santo y la santa castidad de los sacerdotes, que no creen en la certeza de nada ni en la invencibilidad de los poderosos.
Por algo, siempre pareciera ser que estamos rodeados y son invariablemente para peor.
Mejor terminaré de leer "Diario de la Galera" de Imre Kertész y trataré de saber un poco más, no de ser mejor ni esas cosas, sino solamente de saber un poco más, para mi propio coleto, mi propio devenir.
Un abrazo como siempre y nos estamos viendo.
domingo, 3 de julio de 2011
Postales madrileñas V
Calor. Es un domingo de esos que uno olvida ni bien sopla la brisa de las sierras. Domingo en donde cada uno de los presentes posterga hasta mañana lunes y que los dioses acompañen o maldigan, que vendría a ser casi lo mismo.
Miro por la ventana mientras escucho a Robert Plant cantar. Algo es algo me digo.
Pienso.
Fue el cumpleaños de mi nieto Lautaro, se que hubo festejos y regalos, pronto será el de Camilo mi otro nieto. Y se viene Lucas en noviembre.
Sin darme respiro, la vida me llevó a esto. A tener nietos, a verlos cuando puedo, verlos entonces crecer y ser proyectos de nuevos árboles. La historia familiar ya se sabe, sigue. Sigue esa costumbre de ser muchos, de tratar de ser muchos. De dejar que la historia siga su cauce y uno, ya por añadidura, quedarse en la orillita y verlos pasar, desear su rebeldía, que sean viento y sigan.
Nunca creí que esto pudiese llegar a ocurrir. Sin embargo ocurrió, ocurre, la vida sigue latiendo como un bombo de guerra.
Fin de semana de recuerdos entonces.
Hay mudanza en el piso de enfrente. Una parejita de enamorados se los ve recién salidos del caparazón, pintan las paredes y se esmeran en el primer trabajo conjunto del nuevo hogar. Enternece verlos. La vida sigue con su apuesta a pesar de las demasiadas cosas que nos acechan.
Leo que un periodista acaba de decir que los bancos sufren por esta crisis. ¿Los bancos? En fin, con tal de justificar los esbirros de los medios de comunicación, son capaces de cualquier idiotez. Y la carrera de la cual proceden se llama algo así como comunicación social, un verdadero disparate, porque estos secuaces de social no tienen absolutamente nada.
Sigo leyendo, el periódico El País de España, dueño de una parte de La Nación, de Argentina, hace, hizo hace pocos días una especie de mesa redonda con médicos y estos, los médicos y los periodistas dictaminaron que Chavez se muere irremediablemente ya que la operación a la que fue sometido en Cuba está mal hecha.
Dos cuestiones.
Aprovechan los fascistas de los medios de comunicación. La primera de ellas, hace referencia al mal tratamiento de Chavez, presidente democrático de Venezuela, por ende, es de esperar que se muera de cáncer de una buena vez y los que nunca pudieron ganarle ninguna elección, puedan por fin gobernar como se debe. Es decir como quieren los monopolios que se gobiernen los países subdesarrollados.
La segunda y también una especie de tiro por elevación, es que Cuba además de ser una dictadura, el reino de satán en la tierra, tiene un servicio de salud que, que duda cabe es uno de los peores del mundo. De paso, caricaturizan el futuro de Cuba. A Chavez, lo mata Cuba, Fidel Castro y su hermano. Lo castiga la ira divina y de paso y ya que estamos siguen insistiendo con el deterioro de la isla, su pronto final, su erradicación de la faz de la tierra y el regeso de los casinos y prostíbulos, que se sabe, las putas deben estar encerradas y no en la calle perturbando a tanto niño virginal y occidental.
Y ya que estamos en tal teistura, me hago una pregunta: por qué siempre la gente bien dice un hombre público, por ejemplo para hablar de una persona esencial en el devenir histórico, un político, un hombre de bien. Pero cuando dicen una mujer pública, se refieren ni más ni menos que a una puta, una furcia, una prostituta. ¿Qué raro es el idioma? Qué notable arma de dominación suele ser la palabra.
Sigamos con Cuba.
Hacen leña, creen ellos, de un árbol a punto de caer. Eso creen. Eso esperan
No hablan del bloqueo impuesto por la mayor democracia del mundo. Del bloqueo impuesto por esa especie de dios laico que se llamó en su momento John Kennedy y que secundó siempre, con sus más y sus menos el resto del mundo desarrollado y sus fósiles edecanes. No mejor no mencionarlo.
Caricaturizan todo los muchachos. Los dueños del mundo y los que traducen la realidad. Hasta se dan el lujo de montar campañas de prensa, en donde repiten hasta la saciedad mentiras o publican un dibujo que parece irónico, politicamente correcto y que solo busca, demostrar que no queda nada por tocar, por ellos. Total todo es material para profundizar la histeria general.
Pobres los bancos, dicen. ¿Y los griegos, qué? ¿Y los argentinos del corralito qué? Y los portugueses que se acaban de enterar, según su gobierno de derechas que se quedan sin aguinaldo, porque hay que recortar y hacer frente a las exigencias del FMI ¿ellos qué?
Entonces está bien que en Europa le pongan las orejas del ratón Mickey a Ernesto Guevara. Está bien, dale que va como decía el tango. Dale que "allá en el horno nos vamos a encontrar".
Digo.
Madrid es una especie de infierno a fuego lento.
Las movilizaciones de los indignados siguen. Con menor intensidad. Ahora por lo menos, han comenzado a no darle información a los medios de comunicación y eso es algo de agradecer. Han comenzado a descubrir a los burócratas sindicales y eso también es de agradecer. Algo de este aprendizaje radica en perder miedos. En ir poco a poco, desmantelando la maraña de mentiras, de ir arrinconando a los malos de esta película, que nosotros los argentinos conocemos bien, muy bien.
La práctica sirve para ir descubriendo como se cambia la piel. Como el cuero aguanta los palos de tanta policía suelta. Un paso. Es solo el primer paso a lo que habrá de venir.
Y yo. Tratando de dejar de fumar. Tratando de parecer más sanito.
Algunas nubes comienzan a poblar el cielo de Madrid. No vendrá agua, pero es un respiro.
Pienso en mis pequeños nietos. En esos hombrecitos que crecen en una ciudad lejana, llena de amores, de nombres que siguen sembrando preguntas. Que con su vidita, continuan cuestionando las cosas, las cuestiones elementales que hacen de la vida, la vida misma.
Digo.
El pasado es un territorio de extrema soledad. Es un sitio en donde no hay vida. Solo silencio. Refugio mudo. Tierra quemada. Gusto a cenizas en la boca de uno.
Cuando veo a generales, cabos primeros, almirantes o brigadieres , sargentos o alcuehetes, pienso para mí, menos mal que todavía algunos seguimos vivos para verlos. Para que sepan que no pudieron arrebatar todo. Se llevaron lo mejor, eso sí, pero seguimos vivos. Como dicen habrá algunos que los verá pagar y eso también me entibia el corazón.
Porque como decían algunos antes de todo, la realidad es una materia anárquica e injusta a la que hay que doblegar y someter a la razón porque a diferencia del pensamiento de derechas, este, lejos de ser el mejor de los mundos posibles, es un mundo abominable que hay que transformar a toda costa y eso, esto, exige abrir la mente y apostar por la transformación.
El desocupado, el oprimido, no lo es por la ley de la naturaleza. El desocupado, el oprimido lo es siempre por otro hombre. Asi las cosas.
Vuelvo.
Siempre asocié a mis hijos con árboles. Ahora hago lo mismo con mis nietos. Los unos y los otros, son en definitiva lo que llevamos en la mochila. El resto, el resto es puro cuento.
Entonces mientras el domingo se suicida, este domingo, escribo mientras escucho a los redonditos de ricota hacer su música brava y teñirme este día de otros colores y otros sabores.
Para ellos entonces, para Lautaro y después para Camilo ésta postal madrileña en pleno verano y nada más.
Muchachos, nos estamos viendo.
Miro por la ventana mientras escucho a Robert Plant cantar. Algo es algo me digo.
Pienso.
Fue el cumpleaños de mi nieto Lautaro, se que hubo festejos y regalos, pronto será el de Camilo mi otro nieto. Y se viene Lucas en noviembre.
Sin darme respiro, la vida me llevó a esto. A tener nietos, a verlos cuando puedo, verlos entonces crecer y ser proyectos de nuevos árboles. La historia familiar ya se sabe, sigue. Sigue esa costumbre de ser muchos, de tratar de ser muchos. De dejar que la historia siga su cauce y uno, ya por añadidura, quedarse en la orillita y verlos pasar, desear su rebeldía, que sean viento y sigan.
Nunca creí que esto pudiese llegar a ocurrir. Sin embargo ocurrió, ocurre, la vida sigue latiendo como un bombo de guerra.
Fin de semana de recuerdos entonces.
Hay mudanza en el piso de enfrente. Una parejita de enamorados se los ve recién salidos del caparazón, pintan las paredes y se esmeran en el primer trabajo conjunto del nuevo hogar. Enternece verlos. La vida sigue con su apuesta a pesar de las demasiadas cosas que nos acechan.
Leo que un periodista acaba de decir que los bancos sufren por esta crisis. ¿Los bancos? En fin, con tal de justificar los esbirros de los medios de comunicación, son capaces de cualquier idiotez. Y la carrera de la cual proceden se llama algo así como comunicación social, un verdadero disparate, porque estos secuaces de social no tienen absolutamente nada.
Sigo leyendo, el periódico El País de España, dueño de una parte de La Nación, de Argentina, hace, hizo hace pocos días una especie de mesa redonda con médicos y estos, los médicos y los periodistas dictaminaron que Chavez se muere irremediablemente ya que la operación a la que fue sometido en Cuba está mal hecha.
Dos cuestiones.
Aprovechan los fascistas de los medios de comunicación. La primera de ellas, hace referencia al mal tratamiento de Chavez, presidente democrático de Venezuela, por ende, es de esperar que se muera de cáncer de una buena vez y los que nunca pudieron ganarle ninguna elección, puedan por fin gobernar como se debe. Es decir como quieren los monopolios que se gobiernen los países subdesarrollados.
La segunda y también una especie de tiro por elevación, es que Cuba además de ser una dictadura, el reino de satán en la tierra, tiene un servicio de salud que, que duda cabe es uno de los peores del mundo. De paso, caricaturizan el futuro de Cuba. A Chavez, lo mata Cuba, Fidel Castro y su hermano. Lo castiga la ira divina y de paso y ya que estamos siguen insistiendo con el deterioro de la isla, su pronto final, su erradicación de la faz de la tierra y el regeso de los casinos y prostíbulos, que se sabe, las putas deben estar encerradas y no en la calle perturbando a tanto niño virginal y occidental.
Y ya que estamos en tal teistura, me hago una pregunta: por qué siempre la gente bien dice un hombre público, por ejemplo para hablar de una persona esencial en el devenir histórico, un político, un hombre de bien. Pero cuando dicen una mujer pública, se refieren ni más ni menos que a una puta, una furcia, una prostituta. ¿Qué raro es el idioma? Qué notable arma de dominación suele ser la palabra.
Sigamos con Cuba.
Hacen leña, creen ellos, de un árbol a punto de caer. Eso creen. Eso esperan
No hablan del bloqueo impuesto por la mayor democracia del mundo. Del bloqueo impuesto por esa especie de dios laico que se llamó en su momento John Kennedy y que secundó siempre, con sus más y sus menos el resto del mundo desarrollado y sus fósiles edecanes. No mejor no mencionarlo.
Caricaturizan todo los muchachos. Los dueños del mundo y los que traducen la realidad. Hasta se dan el lujo de montar campañas de prensa, en donde repiten hasta la saciedad mentiras o publican un dibujo que parece irónico, politicamente correcto y que solo busca, demostrar que no queda nada por tocar, por ellos. Total todo es material para profundizar la histeria general.
Pobres los bancos, dicen. ¿Y los griegos, qué? ¿Y los argentinos del corralito qué? Y los portugueses que se acaban de enterar, según su gobierno de derechas que se quedan sin aguinaldo, porque hay que recortar y hacer frente a las exigencias del FMI ¿ellos qué?
Entonces está bien que en Europa le pongan las orejas del ratón Mickey a Ernesto Guevara. Está bien, dale que va como decía el tango. Dale que "allá en el horno nos vamos a encontrar".
Digo.
Madrid es una especie de infierno a fuego lento.
Las movilizaciones de los indignados siguen. Con menor intensidad. Ahora por lo menos, han comenzado a no darle información a los medios de comunicación y eso es algo de agradecer. Han comenzado a descubrir a los burócratas sindicales y eso también es de agradecer. Algo de este aprendizaje radica en perder miedos. En ir poco a poco, desmantelando la maraña de mentiras, de ir arrinconando a los malos de esta película, que nosotros los argentinos conocemos bien, muy bien.
La práctica sirve para ir descubriendo como se cambia la piel. Como el cuero aguanta los palos de tanta policía suelta. Un paso. Es solo el primer paso a lo que habrá de venir.
Y yo. Tratando de dejar de fumar. Tratando de parecer más sanito.
Algunas nubes comienzan a poblar el cielo de Madrid. No vendrá agua, pero es un respiro.
Pienso en mis pequeños nietos. En esos hombrecitos que crecen en una ciudad lejana, llena de amores, de nombres que siguen sembrando preguntas. Que con su vidita, continuan cuestionando las cosas, las cuestiones elementales que hacen de la vida, la vida misma.
Digo.
El pasado es un territorio de extrema soledad. Es un sitio en donde no hay vida. Solo silencio. Refugio mudo. Tierra quemada. Gusto a cenizas en la boca de uno.
Cuando veo a generales, cabos primeros, almirantes o brigadieres , sargentos o alcuehetes, pienso para mí, menos mal que todavía algunos seguimos vivos para verlos. Para que sepan que no pudieron arrebatar todo. Se llevaron lo mejor, eso sí, pero seguimos vivos. Como dicen habrá algunos que los verá pagar y eso también me entibia el corazón.
Porque como decían algunos antes de todo, la realidad es una materia anárquica e injusta a la que hay que doblegar y someter a la razón porque a diferencia del pensamiento de derechas, este, lejos de ser el mejor de los mundos posibles, es un mundo abominable que hay que transformar a toda costa y eso, esto, exige abrir la mente y apostar por la transformación.
El desocupado, el oprimido, no lo es por la ley de la naturaleza. El desocupado, el oprimido lo es siempre por otro hombre. Asi las cosas.
Vuelvo.
Siempre asocié a mis hijos con árboles. Ahora hago lo mismo con mis nietos. Los unos y los otros, son en definitiva lo que llevamos en la mochila. El resto, el resto es puro cuento.
Entonces mientras el domingo se suicida, este domingo, escribo mientras escucho a los redonditos de ricota hacer su música brava y teñirme este día de otros colores y otros sabores.
Para ellos entonces, para Lautaro y después para Camilo ésta postal madrileña en pleno verano y nada más.
Muchachos, nos estamos viendo.
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