viernes, 3 de agosto de 2012
Los vientos rojos de agosto
Vengo complicado. Todo es un poco confuso. Ando nombrando a mi gato y ni siquiera tengo uno. Se me mezclan papeles, trámites que no quiero hacer, encontrarme con un lugar, mejor dicho reconocerme en un lugar. Explicar. Se trata de explicar. Siempre se ha tratado de lo mismo. De explicar, trenzar la soga, hasta el propio silencio, buscando una pequeña pista, un pequeño rastro.
Mi amigo que vive en Moscú, pero es de Jaén, de esa España profunda y reprimida con fuerza y ferocidad por los fascistas, especie de aceitunero altivo, me pregunta sobre el peronismo.
Cómo explico el peronismo si ni yo mismo lo explico. Ni yo mismo puedo hacerlo o quiero hacerlo. Si ni mi hija, me entiende y clausura la conversa con este viejo, con el gesto de pensar: ¡Pobre tío, delira como simpre!
Pero, a mi amigo moscovita, le pido, que por ejemplo me explique la españolidad, por su parte o la monarquía y esas cosas y después vemos como enderezamos la discusión.
Me distraigo de mis dolores. Implacablemente he luchado y lucho, por no ser ese tipito reaccionario y contumaz, que siempre vislumbré en el acceso de la vejez de los otros. Esa especie de dueño de la palabra, de la historia, del aire y de los mosquitos que lo surcan.
Implacable, dije. Más bien solo, construyo otro. Me construyo en oponerla a la vejez de guardian de pabellón, en que caemos todos o casi todos cuando doblamos la esquina y nos convertimos en seres invisibles para el resto.
Por ejemplo, en ese momento, los hombrecitos dejamos de ser vistos por las mujeres y eso, a nuestros egos de machitos portentosos y depredadores nos viene fatal.
Pero me voy del tema.
Mi memoria es solamente un compedio de cosas. Practiqué el horror, como muchos y ahora por fin trato de olvidar, no de perdonar, pero si olvidar ese dolor rastrero que a veces me sobreviene.
¿Cómo explicar?
¿Qué creíamos cuando pensábamos que un general, amigo de Franco y protegido por éste, iba a venir al país a llevarnos de la mano hacia el socialismo nacional? ¿La patria socialista? ¿Eso?
Eso era también una parte del relato peronista. Algunos, pensamos, quisimos creer, que por ese lado, llegábamos a la revolución. A tomar el cielo por asalto.
Es como, cuando sos adolescente y te mata que te metan los cuernos. Después aprendés a vivir con ellos, a convivir y darte otros pasatiempos en vez de sufrir.
Eso podría ser el peronismo.
¿En realidad importa?
Ser esa especie de viudad perenne. De saber que el calendario marca la puerta de salida. Que en pos de esa felicidad colectiva, uno dispone de su propio cuerpo y nada más, para que ese torrente siga su curso y lo pone, al cuerpo y con el todo lo que lo rodea.
Digo.
Hace días se cumplió un nuevo aniversario del asesinato de Rodolfo Ortega Peña, peronista, asesinado en democracia por una banda de policías y mercenarios, que también eran peronistas.
Era diputado, abogado, historiador y periodista. Un peronista asesinado por otros peronistas.
Lo esperaron en la calle, cuando bajaba de un taxi junto con su compañera, los asesinos abrieron fuego. Era el 31 de julio de 1974, Treinta días después de la muerte de Perón.
Ya era tierra de nadie. Este país y el la política.
Hoy es demasiado fácil y demasiado cómodo realizar análisis, tomar partido y descubrir errores. Hoy es fácil dictar cátedra sobre aquellos años de sombras. Estábamos con el barro hasta las verijas. Tratando de comprender.
Eso, esto también era y es el peronismo.
Menem, elegido democráticamente y rematador del país al mejor postor, también era y es peronismo.
Me desordeno.
Busco palabras y me encierro en ese laberinto de pasiones que es todo este territorio que me rodea. Llueve y sigo pensando en los que están fuera, en los que no tienen techo. Los que viven bajo cielo abierto. Entonces la lluvia ya no es tan buena.
Escucho un tema de una banda querida y de golpe me dice que todo preso es político. Y es cierto.
Entonces pienso que de todos esos lugares lejanos a donde nunca fuí soy yo mismo. Me inquieta descifrar ese yo que soy o debiera haber dicho "eso" en lugar de ese.
Vuelvo al "pelado" Ortega Peña, fue único de los diputados de ese período que no juró por la biblia ni por la constitución de este país pasteurizado, juró solamente por la sangre derramada de los combatientes contra la dictadura caídos en combate.
Lo estaban esperando. El y creo que casi todos lo sabiamos. Lo asesinaron en plena calle, fue le primer atentado firmado por esos otros peronistas llamados la Triple A.
¿Entonces el peronismo es un estado de ánimo? No lo se.
Como en este país nunca hubo una izquierda decidida, cabe pensar que el movimiento proletario es el que transita los caminitos del peronismo.
¿La izquierda? Siempre con la derecha. Siempre apostando por tésis superadoras y apoyando a la derecha para oponerse a ese "bonapartismo" que es el peronismo. Apoyan las dictaduras, a los dueños de las tierras, a los empresarios, a los antiperonistas y siguen apostando por ese deseo perpetuo de querer tener pueblo, cuando el pueblo es de otros.
¿Y en europa? Lo mismo. La izquierda fue una ilusión que costó demasiada sangre y dolor y hoy, no es nada más que un recuerdo, entrañable, doloroso y casi molesto.
La izquierda, pasa por el peronismo. Por una de esas múltiples caras que portamos los peronistas.
Pero acaso ¿Qué significa ser argentino?
Pienso.
Acabo de terminar el notable y necesario trabajo de Mílciades Peña, escrito allá por los finales de la década de los cincuenta. Peña era un historiador de izquierdas, un troskista que decidió demoler las mentiras en torno a nuestra historia. Un intelectual, que sufrió silencios y denuestos. Un señor, que desde la vereda de enfrente de lo que era el peronismo, no dudó en pedir armas para defender el gobierno de Perón durante el golpe del '55, no porque fuese un convertido, sino porque entendió que lo que venía después era terrible. Pidió defender un gobierno, que muchos incluso su jefe optaron por no defender, es decir el conductor de este movimiento enloquecido, abandonó a sus seguidores, dejó la lucha y los que quedaron debieron arreglarse. El jefe en cambio abandonó.
Cosas que tiene el peronismo y por sobre todas las cosas, cuestiones que algún día debemos saldar los que nos llamamos peronistas.
Pero sigo con Milcíades Peña y este hecho de justicia que es esta reedición necesaria.
Peña se suicidó a mediados de los años sesenta. Dejó esta obra obligatoria y plena de talento. No es la historia oficial que enseñan todavía hoy en escuelas y facultades. Es el análisis hecho sobre una realidad escamoteda a todos nosotros, en contra de esa historia perfecta y carente de sentido que nos han hecho creer. Historia de libro de textos escolares, de revistas infantiles.
Seguramente ahora que esta de moda revisar la historia, es importante tratar de darle un marco más adecuado e inteligente para estos tiempos que corren. Ahora que todos son políticamente correctos, es justo que tengamos acceso a esta historia investigada por Milcíades Peña. Encontrar las razones sobre los orígenes de este país, dentro de un análisis profundo y completo, la desmitificación de tanto bronce en tanta plaza.
Peña recurre al humor en muchos momentos, para destrabar discursos momificados y puestos adrede para justificar lo injustificable dentro de las marañas de mentiras, que las clases dominantes nos han hecho creer dentro de las fronteras de este país.
El libro por si no lo notaron se llama "Historia del Pueblo Argentino" y vale la pena comprarlo y tenerlo y por supuesto leerlo atentamente. Es un acto de justicia.
Me paro.
¿Será por eso que puse la foto de Woodstock al inicio? Estoy contradictorio, sueno a asueto a mí mismo. Sigo mirando llover. Me distraigo. Mi vecina es una chismosa irreducitible. Pobre. A lo mejor le divierte ser así y censurar, perseguir y escupirle el asado al de al lado. Me intercepta en el ascensor y me interroga siempre. Se cuece en agua tibia. Saca su perrito, pero cuando llueve lo lleva en brazos, no sea que se le moje.
Vuelvo. A lo mejor soy peronista por esa salvedad de estar en contra. Entonces seré esa mezcla de anarco peronista. ¡Bah! Nada.
Puse la fotito de ese festival, porque ahí hay algo mío que todavía late, que me hace ruido como dicen los porteñitos de bien. Prefiero late.
Látido. Las cosas que laten son siempre más interesantes que aquellas que solamente hacen ruido. Me parece.
Puestos, en este país son todos peronistas. Están los que lo saben y están aquellos que no lo saben. Pero en el fondo todos son peronistas.
Supongo que cuando me haga con un gato, de esos callejeros, maulas y malhumorados, podré conversar con el sobre este presente superador que vive este país en lo político y así juntos, como una madeja de lana, iremos desenrrollando estas preguntas arteras que me hago.
Y se que estoy difícil. Se pagó lo que se debía y todos festejan. ¿Qué festejamos? Que podemos seguir pagando. Yo en el fondo, casi que no tengo nada que festejar. Pero me dicen por ahí que es el día de la independencia económica.
Lean a Peña. Hagan caso. Lo van a agradecer.
Estoy difícl decía. entonces elijo una música acorde con mi estado de ánimo.
The Flaming Lips, un grupo difícil como yo hoy. O mejor dicho raro. También como yo hoy. No figuran nunca en ninguna de esas listitas oficiales que tanto hacen transpirar a las niñas en su codiciada exaltación. No, The flaming Lips, es una banda casi secreta. De esas que estimulan ciertos sentidos. "The Flaming Lips and Heady Fwends", una especie de disco homenaje, en donde ellos los Flaming tocan sus canciones y otros interpretan esas mismas canciones. Disco que no goza de ninguna difusión, de ninguna recomendacion de amigos, parientes o farmacéuticos, pero que tiene la rara habilidad de potenciar ese ánimo rebelde. Porque se trata de eso, de buscar siempre ese sitio en donde no estamos. De reconstruir esa parcela nuestra de opositores a toda domesticación, de ser menos sensatos y menos vírgenes. Si lo quieren es un disco extraño, raro y todas esas cuestiones que siempre tenemos a mano para objetar todo aquellos que está domesticado, lo que va contra corriente y lo que termina siendo, una especie de pasaporte para seguir creciendo.
Me gustan de casi siempre los Flaming. Siempre sentí que esa opción que ellos hicieron con su arte, era ruptura, de manejarse desde los márgenes y desde allí, buscar.
Raro.
Eso es todo este día.
Una acumulación de inquietudes, que me ronda desde hace semanas. Sentimientos encontrados, discusiones parciales conmigo. A lo mejor y contradiciendo lo dicho antes, al sitio que menos me interesa ir es a mi mismo. A lo mejor.
Ahora que todo derrocha militancia, que todo viene cobijado en ese estímulo, me doy cuenta de los años que tengo. Digo militancia, pero no la descubro. Fervor. Puro corazón. Pero faltan palabras. Falta ese tramo de intención, ese grado de avance sobre la realidad. No percibo intención de modificar esa realidad. A lo mejor son sensatos estos militantes a lo mejor esa militancia se recrea en una cierta sensatez, en ese manejar tiempos de distinta forma.
A lo mejor estoy viejo y pido o pienso ridiculeces a manos llenas.
De todas formas, es agosto y agosto siempre vino colorado.
¿Tratar de explicar? Para que, si en el fondo ni nosotros podemos hacerlo. Los otros menos. Mi hija ni por asomo, mi amigo que vive en un país lejano, menos.
Y encima peronismo de izquierda.
Porque si soy peronista, soy de izquierdas, si esto quiere decir algo, que ya no lo se.
Hago un quiebre.
Esto si no es un oxímoron le pasa raspando a cualquier tipo de definición. Por si no lo saben, acudan al diccionario y acudan en mi ayuda a la hora de seguir explicando los pajonales que son este país indómito y afable.
Pero, mi corazón sigue teniendo un lugar preferencial para esta mujer, que galvanizó a muchos, cuando esos muchos quisimos cambiar las cosas para un mundo mejor. Por eso dimos la vida, fuímos desaparecidos, torturados y silenciados.
El resto, es solamente la rutina de la historia contada por traidores, asesinos a sueldo y viejas pacatas y cornudas a sueldo de sus maridos.
Eva Perón, sigue siendo y a pesar de lo trabado de mi pensamiento, el único márgen posible para tratar de modificar ese viejo y ya descolorido cuadrito de la injusticia social, política y económica que sigue imperando en buena parte de estas pampas.
Porque era mujer, hija natural y valiente.
¿Será agosto? ¿Será?
jueves, 2 de agosto de 2012
Esa vieja manía
A veces me canso de tanta palabra. De tanto transitar lugares comunes, de aceptar como válidas los dichos en torno de una cuestión. Encuentro una vieja foto y de ahí arranco con estas manías antiguas que vienen de siempre. Me recuesto contra la ventana y dejo que sigan con esa forma aciaga de llenar de palabras tanto espacio. Jubilan las metáforas de tanto darle al parche.
Miro la foto,de una pareja comiendo al costado del camino. Pienso. La vida siempre ha sido otra cosa. La vida transcurre por campitos siempre libres, como liebres.
Reviso diarios, blogs, leo, trato de formarme una idea. Presiento que existen discusiones sin darse. Que nos hacen pasar como cuestiones profundas peleas entre dos. Que se juega la libertad de prensa, mientras el cartonero, ese que tira cun carro a pura tracción sangre, sangre de él, por supuesto, sigue pasando por la puerta de mi pisito de Villa Crespo, avanza en la diaria, buscando ese peso, ese mango, esa moneda necesaria.
Mientras pasa, siguen haciendo cifras. Construyendo, ahora le dicen relato, palabra a palabra, el coro de aduladores. De unos y otros. Se tapa la pregunta y por supuesto se pierden las respuestas. Así mientras unos descubren qué utilidad se les da a los presos en ese tiempo eterno que tienen, otros callan las torturas a que son sometidos los mas desclasados. Porque una cosa es uno como preso, yo por ejemplo, y otra, aquel que está último en la cola de esta vida. La suerte no es la misma, tiene diferente color de piel.
Ser pobre es un delito y si encima, sos de ese color detestado por el poder, estás frito angelito!
Se sigue torturando en la cárcel, en la comisaría.
Excluyen de los debates, que toda tortura es siempre política. Porque los derechos humanos no son otra cosa que universales. Se tortura, no importan mucho los vientos que crucen este país. La tortura sigue siendo el privilegio que los burócratas ejecutan en nombre de los dueños de este país.
En un país como este, hoy, en donde se discute de todo. Se toma posición, embanderados y gritones, nos preparamos para una guerrita.
Así desgajamos tiempos. Pero, noto, falta algo. Esa fraternidad de tratar de entender políticas. De poder criticarnos y exigirnos, esa línea de pensamiento audaz, que nos de políticas también audaces. Descifrar que falta algo en estos tiempos de rarezas acumuladas que somos, que soy como argentino si es que esto quiere decir algo.
Falta política para organizar. No, no la hay. Ni siquiera sirve como refugio los nombres de los de la foto de arriba. Se avanza un poquito para que percibamos un cierto movimiento, apenas una ondulación en el aire. Siguen intactos los resortes de los otros. No convocan desde la discusión sino desde los hechos y por ahí se pierden retazos, se dejan flecos. Se acumulan intenciones, buenas algunas, otras a veces no tanto.
No se critica desde dentro. La crítica la hacen los enemigos de siempre. Los del palo, aceptan, otorgan y callan.
A lo mejor habrá que comenzar a pensar que el peronismo nunca fue algo revolucionario, si algo que revolucionó la forma de lo político, la palabra que nos hace. También esto es obligarnos a pensar algo, que en su momento, fue nuestro. Cuestionar.
La discusión es posible. Es el mecanismo obligatorio para darnos una política. A contrapelo de ese mismo esquema político que somos. Porque la discusión la hacemos nosotros, yo, o lo hace la derecha y sabemos de qué se trata esto de discutir para los muchachos de la veredita de enfrente.
Digo.
Me cuesta entender por momentos estos caminos. Creo, que hacen falta descargarnos de cierta religión que nos viene desde hace mucho. Descreo de los guardianes de esa palabra, que niega discutirle el poder al poder desde la misma idea. De avanzar aún cuando no son tiempos de avances. Entonces, uno descubre que aquellos traidores de clase, esos dirigentes gremiales que han traicionado a sus compañeros de clase, como método en cuanta oportunidad tuvieron enfrente, comparten hoy, con uno, los mismos acuerdos coyunturales políticos, sabiendo, que más temprano que tarde volverán a traicionar.
Eso es comerse un sapo. Tragarse un sapo.
Ya lo hicimos con el viejo general de derechas que fue Perón en su momento.
Hay que recordar.
Se apoya entonces a este capitalismo social que siempre fue el peronismo. Otro sapo.
Es que esto siempre fue el peronismo. No una instancia de arrebatarle el poder a la oligarquía, sino la de disputarle porciones de un poder. Regularizar armoniosamente las diversas variables de ese poder, acumular y repartir.
Sigo siendo peronista a pesar del propio peronismo. Si es que esto quiere decir algo.
Reclamo la discusión de políticas. La conformación de una idea política. Pero esto debemos hacerlo, cuando no quede ninguno durmiendo en las calles, cuando todos tengan lo suyo y esa es una necesidad que funda un derecho. El derecho a la dignidad de todos y todas.
Mientras esto no ocurra, debemos acompañar de la única manera que podemos.
Cambio de tema.
Me distraigo por un rato con un libro, la biografía de ese gran y necesario escritor que fue John Cheever.
Poco aficionado a las biografías como soy, me sumergí en la vida de este talento de la narrativa moderna que fue Cheever. Por ahí en librerías diseminadas se encuentran sus libros de cuentos, sus novelas. Para aquel que se atreva, está ese mundo oculto que es la clase media de los norteamericanos. Sus horrores y su necesidad de hacer parecer todo como un cuento de hadas. Cheever vivía esa estrafalaria vida, simulando ser uno de ellos. Así desde ese infierno personal que fue su vida, construyó como pocos la gran radiografía de esa inmadurez que tiene en sus entrañas el país más poderoso de la tierra. Pero Blake Bailey, el autor de esta biografía, nos acerca a un tipo atormentado, que entre borracheras, amores y familia, consolidó esa descarnada visión en medio de bucólicas postales de casitas ordenadas, de vidas ordenadas de la puerta hacia afuera y que, como en las buenas películas de terror, convivían con el mejor de los infiernos una vez cerradas dichas puertas. Pero hay algo, que conmueve con este escritor. Esa vida por un lado y su creación constante. Leerlo a Cheever es una medida exácta de buena justicia, el poder aproximarnos a un estilo, una forma de convivir con ese mundo y al hacerlo, sus libros nos ayudan a entender un poco mejor esa rara fijación que tienen estos habitantes con ese tipo de locura que son las apariencias y el qué dirán de los otros. Porque la literatura de Cheever es tal vez, una de las más notorias formas de desquite para con esa falsedad llamada clase media. Pero y esto me parece lo más atractivo de su literatura, Cheever sentó las bases o mejor dicho continuó una tradición literaria sumándole un talento inobjetable, un talento que pervive en sus libros y que de alguna forma fundó una forma de entender y descubrir un mundo.
"Cheever: una vida" es un recorrido riguroso por el mundo Cheever. Un trabajo monumental recorriendo las pistas que dejó el escritor a cada paso de toda su vida. Un libro, intenso y para los que aman sensaciones fuertes, una apuesta a realizar un viaje en las sombras de la vida de un atormentado y eso, siempre es de agradecer, no por temor, sino por la fortaleza que se derrama a cada paso dado por un escritor y todos sus fantasmas y todos sus infiernos.
Libro, sin pretensiones y con una poderosa impronta: la de descubrir a un hombre que escribía como los mejores de este barrio y eso siempre es importante, por lo menos para mí.
Pienso.
A veces cuesta desentrañar lo que nos rodea. Confundimos gestos, nos prendemos de dichos o de entredichos, desdibujándonos entre tanta palabra. Nos quedamos varados en los dichos del otro o esperamos sedientos, que el otro nos diga algo. Inquietos nos preguntamos, leemos las diferencias y nos sometemos a esa especie de dictadura con frecuencias alternantes.
Así vamos, desfilando y acumulando a nuestro paso.
Los poderosos de este país, saben muy bien que el día, que no haya desheredados en las calles, pasaremos a discutirle a ellos todas sus mentiras, esa ineficacia premeditada para generar este estado de cosas. Lo saben mejor que nosotros mismos. Les discutiremos por ejemplo sus privilegios que insultan, que ofenden a pesar del perdón divino delque gozan desde hace mucho. Así las cosas.
Mientras tanto me doy un placer. Otro más y rescatode mi discoteca algo que tenía muchas ganas de hacer desde hace tiempo.
Recupero este viejo disco y vuelvo a escucharlo con la misma pasión de mis años adolescentes. Y lo redescubro. Rescato esa pasión que allá por el año 1969 debió despeinar a más de uno. Carlos Santana y su primer paso. Mezcla pura en un mundo de demasiados puros. Confluencia enloquecida de músicas, dispuntándole el poder a los dueños del pop británico y sus buenos modales. Primer disco que suena, feroz y rutilante a pesar d elas décadas transcurridas, a pesar de la conquista de nuestros corazones y oídos a la que nos hemos visto sometidos desde tiempos casi inmemoriales. A pesar de todo esto, Santana me deslumbra en este paso. Me lleva a recuperar esa cierta rebeldía que siempre debió tener la música en esos tiempos para sobrevivir y permitirnos seguir creciendo. Ahí están "Waiting", "Evil Ways" o la esplendorosa y potente "Soul Sacrifice", que también estaba en la película "Woodstock" y que tantos y tantos viernes a la una de la mañana miré absorto en el viejo cine Ritz de la avenida Cabildo esquina Olleros en el barrio de Colegiales.
Disco que me sigue sorprendiendo, por diversas razones. Una de ellas y la más importante, es que a pesar del tiempo transcurrido, sigo por este barrio, cuando en más de una oportunidad aposté por la posiblidad de no llegar a esta edad y la otra, todavía más notoria es la calidad mantenida por este disco a pesar de los años trasncurridos. Grabado originariamente n 1969, no ha perdido una partícula de ese potencial con el que fue concebido.
Sin embargo, aquí estamos, asistiendo a este reencuentro urgente, con una de las mejores bandas de rock y alrededores que dió la contracultura allá a finales de los años sesenta.
Sigue esa vieja manía de continuar vivos.
Así las cosas, mientras llueve sobre Buenos Aires como si fuese la última vez, dejo que el sonido y mis pensamientos den vueltas, como un gato buscando sitio donde acomodarse y esperar la siesta.
Se vienen tiempos de discusiones, de relatos entrecruzados y de miradas. Habrá que tener paciencia y seguir apostando por la ironía para desentrañar éstas historias que se cuecen a fuego lento en una de las orillas del ancho Río de la Plata.
Mientras tanto y antes de irme, dejo una foto del gran John Coltrane, que también es un compañero entrañable en esta larga marcha que emprendo día a día.
Miro la foto,de una pareja comiendo al costado del camino. Pienso. La vida siempre ha sido otra cosa. La vida transcurre por campitos siempre libres, como liebres.
Reviso diarios, blogs, leo, trato de formarme una idea. Presiento que existen discusiones sin darse. Que nos hacen pasar como cuestiones profundas peleas entre dos. Que se juega la libertad de prensa, mientras el cartonero, ese que tira cun carro a pura tracción sangre, sangre de él, por supuesto, sigue pasando por la puerta de mi pisito de Villa Crespo, avanza en la diaria, buscando ese peso, ese mango, esa moneda necesaria.
Mientras pasa, siguen haciendo cifras. Construyendo, ahora le dicen relato, palabra a palabra, el coro de aduladores. De unos y otros. Se tapa la pregunta y por supuesto se pierden las respuestas. Así mientras unos descubren qué utilidad se les da a los presos en ese tiempo eterno que tienen, otros callan las torturas a que son sometidos los mas desclasados. Porque una cosa es uno como preso, yo por ejemplo, y otra, aquel que está último en la cola de esta vida. La suerte no es la misma, tiene diferente color de piel.
Ser pobre es un delito y si encima, sos de ese color detestado por el poder, estás frito angelito!
Se sigue torturando en la cárcel, en la comisaría.
Excluyen de los debates, que toda tortura es siempre política. Porque los derechos humanos no son otra cosa que universales. Se tortura, no importan mucho los vientos que crucen este país. La tortura sigue siendo el privilegio que los burócratas ejecutan en nombre de los dueños de este país.
En un país como este, hoy, en donde se discute de todo. Se toma posición, embanderados y gritones, nos preparamos para una guerrita.
Así desgajamos tiempos. Pero, noto, falta algo. Esa fraternidad de tratar de entender políticas. De poder criticarnos y exigirnos, esa línea de pensamiento audaz, que nos de políticas también audaces. Descifrar que falta algo en estos tiempos de rarezas acumuladas que somos, que soy como argentino si es que esto quiere decir algo.
Falta política para organizar. No, no la hay. Ni siquiera sirve como refugio los nombres de los de la foto de arriba. Se avanza un poquito para que percibamos un cierto movimiento, apenas una ondulación en el aire. Siguen intactos los resortes de los otros. No convocan desde la discusión sino desde los hechos y por ahí se pierden retazos, se dejan flecos. Se acumulan intenciones, buenas algunas, otras a veces no tanto.
No se critica desde dentro. La crítica la hacen los enemigos de siempre. Los del palo, aceptan, otorgan y callan.
A lo mejor habrá que comenzar a pensar que el peronismo nunca fue algo revolucionario, si algo que revolucionó la forma de lo político, la palabra que nos hace. También esto es obligarnos a pensar algo, que en su momento, fue nuestro. Cuestionar.
La discusión es posible. Es el mecanismo obligatorio para darnos una política. A contrapelo de ese mismo esquema político que somos. Porque la discusión la hacemos nosotros, yo, o lo hace la derecha y sabemos de qué se trata esto de discutir para los muchachos de la veredita de enfrente.
Digo.
Me cuesta entender por momentos estos caminos. Creo, que hacen falta descargarnos de cierta religión que nos viene desde hace mucho. Descreo de los guardianes de esa palabra, que niega discutirle el poder al poder desde la misma idea. De avanzar aún cuando no son tiempos de avances. Entonces, uno descubre que aquellos traidores de clase, esos dirigentes gremiales que han traicionado a sus compañeros de clase, como método en cuanta oportunidad tuvieron enfrente, comparten hoy, con uno, los mismos acuerdos coyunturales políticos, sabiendo, que más temprano que tarde volverán a traicionar.
Eso es comerse un sapo. Tragarse un sapo.
Ya lo hicimos con el viejo general de derechas que fue Perón en su momento.
Hay que recordar.
Se apoya entonces a este capitalismo social que siempre fue el peronismo. Otro sapo.
Es que esto siempre fue el peronismo. No una instancia de arrebatarle el poder a la oligarquía, sino la de disputarle porciones de un poder. Regularizar armoniosamente las diversas variables de ese poder, acumular y repartir.
Sigo siendo peronista a pesar del propio peronismo. Si es que esto quiere decir algo.
Reclamo la discusión de políticas. La conformación de una idea política. Pero esto debemos hacerlo, cuando no quede ninguno durmiendo en las calles, cuando todos tengan lo suyo y esa es una necesidad que funda un derecho. El derecho a la dignidad de todos y todas.
Mientras esto no ocurra, debemos acompañar de la única manera que podemos.
Cambio de tema.
Me distraigo por un rato con un libro, la biografía de ese gran y necesario escritor que fue John Cheever.
Poco aficionado a las biografías como soy, me sumergí en la vida de este talento de la narrativa moderna que fue Cheever. Por ahí en librerías diseminadas se encuentran sus libros de cuentos, sus novelas. Para aquel que se atreva, está ese mundo oculto que es la clase media de los norteamericanos. Sus horrores y su necesidad de hacer parecer todo como un cuento de hadas. Cheever vivía esa estrafalaria vida, simulando ser uno de ellos. Así desde ese infierno personal que fue su vida, construyó como pocos la gran radiografía de esa inmadurez que tiene en sus entrañas el país más poderoso de la tierra. Pero Blake Bailey, el autor de esta biografía, nos acerca a un tipo atormentado, que entre borracheras, amores y familia, consolidó esa descarnada visión en medio de bucólicas postales de casitas ordenadas, de vidas ordenadas de la puerta hacia afuera y que, como en las buenas películas de terror, convivían con el mejor de los infiernos una vez cerradas dichas puertas. Pero hay algo, que conmueve con este escritor. Esa vida por un lado y su creación constante. Leerlo a Cheever es una medida exácta de buena justicia, el poder aproximarnos a un estilo, una forma de convivir con ese mundo y al hacerlo, sus libros nos ayudan a entender un poco mejor esa rara fijación que tienen estos habitantes con ese tipo de locura que son las apariencias y el qué dirán de los otros. Porque la literatura de Cheever es tal vez, una de las más notorias formas de desquite para con esa falsedad llamada clase media. Pero y esto me parece lo más atractivo de su literatura, Cheever sentó las bases o mejor dicho continuó una tradición literaria sumándole un talento inobjetable, un talento que pervive en sus libros y que de alguna forma fundó una forma de entender y descubrir un mundo.
"Cheever: una vida" es un recorrido riguroso por el mundo Cheever. Un trabajo monumental recorriendo las pistas que dejó el escritor a cada paso de toda su vida. Un libro, intenso y para los que aman sensaciones fuertes, una apuesta a realizar un viaje en las sombras de la vida de un atormentado y eso, siempre es de agradecer, no por temor, sino por la fortaleza que se derrama a cada paso dado por un escritor y todos sus fantasmas y todos sus infiernos.
Libro, sin pretensiones y con una poderosa impronta: la de descubrir a un hombre que escribía como los mejores de este barrio y eso siempre es importante, por lo menos para mí.
Pienso.
A veces cuesta desentrañar lo que nos rodea. Confundimos gestos, nos prendemos de dichos o de entredichos, desdibujándonos entre tanta palabra. Nos quedamos varados en los dichos del otro o esperamos sedientos, que el otro nos diga algo. Inquietos nos preguntamos, leemos las diferencias y nos sometemos a esa especie de dictadura con frecuencias alternantes.
Así vamos, desfilando y acumulando a nuestro paso.
Los poderosos de este país, saben muy bien que el día, que no haya desheredados en las calles, pasaremos a discutirle a ellos todas sus mentiras, esa ineficacia premeditada para generar este estado de cosas. Lo saben mejor que nosotros mismos. Les discutiremos por ejemplo sus privilegios que insultan, que ofenden a pesar del perdón divino delque gozan desde hace mucho. Así las cosas.
Recupero este viejo disco y vuelvo a escucharlo con la misma pasión de mis años adolescentes. Y lo redescubro. Rescato esa pasión que allá por el año 1969 debió despeinar a más de uno. Carlos Santana y su primer paso. Mezcla pura en un mundo de demasiados puros. Confluencia enloquecida de músicas, dispuntándole el poder a los dueños del pop británico y sus buenos modales. Primer disco que suena, feroz y rutilante a pesar d elas décadas transcurridas, a pesar de la conquista de nuestros corazones y oídos a la que nos hemos visto sometidos desde tiempos casi inmemoriales. A pesar de todo esto, Santana me deslumbra en este paso. Me lleva a recuperar esa cierta rebeldía que siempre debió tener la música en esos tiempos para sobrevivir y permitirnos seguir creciendo. Ahí están "Waiting", "Evil Ways" o la esplendorosa y potente "Soul Sacrifice", que también estaba en la película "Woodstock" y que tantos y tantos viernes a la una de la mañana miré absorto en el viejo cine Ritz de la avenida Cabildo esquina Olleros en el barrio de Colegiales.
Disco que me sigue sorprendiendo, por diversas razones. Una de ellas y la más importante, es que a pesar del tiempo transcurrido, sigo por este barrio, cuando en más de una oportunidad aposté por la posiblidad de no llegar a esta edad y la otra, todavía más notoria es la calidad mantenida por este disco a pesar de los años trasncurridos. Grabado originariamente n 1969, no ha perdido una partícula de ese potencial con el que fue concebido.
Sin embargo, aquí estamos, asistiendo a este reencuentro urgente, con una de las mejores bandas de rock y alrededores que dió la contracultura allá a finales de los años sesenta.
Sigue esa vieja manía de continuar vivos.
Así las cosas, mientras llueve sobre Buenos Aires como si fuese la última vez, dejo que el sonido y mis pensamientos den vueltas, como un gato buscando sitio donde acomodarse y esperar la siesta.
Se vienen tiempos de discusiones, de relatos entrecruzados y de miradas. Habrá que tener paciencia y seguir apostando por la ironía para desentrañar éstas historias que se cuecen a fuego lento en una de las orillas del ancho Río de la Plata.
Mientras tanto y antes de irme, dejo una foto del gran John Coltrane, que también es un compañero entrañable en esta larga marcha que emprendo día a día.
martes, 31 de julio de 2012
Los endemoniados
Todavía no dio comienzo agosto y aquí estoy otra vez, faltando a mis deseos.
Pese al título no hablaré del profundo y necesario Fiódor Dostoyevski, que bien se lo merece y que sin duda, me alimenta a cada vez y que me hacen recordar lateralmente charlas mantenidas en esa displicencia que era Madrid no hace mucho. Pero mi amigo, moscovita nacido en Jaén me hubiese corregido, diciendo simplemente que la célebre novela se llama "Demonios" (Biesi) y yo, hubiese asumido como cierta su gravedad ante mis despistes porteños y de viejo colonizado cultural que soy.
Bien, lo cierto, es que nosotros, yo disfrutamos de ese libro tremendo en una versión española, que sin lugar a dudas deja mucho que desear y que llevaba por título "Los endemoniados". Horrorosa traducción por cierto, pero imborrable el contenido.
Algún día deberemos hablar y decirnos a los ojos, todas las cosas que hemos tenido que sortear para sobrevivir, aprender y vivir. Pero bueno, agosto viene cargadito. Entonces recuerdo de charlas que son motivos de recuerdos en glorietas casi inverosímiles y añoradas.
En fin. La vida.
Pero aquí estoy. sonriendo con la cara plena. Sabiendo que las cuestiones de este continente tienen a varios defensores de las democracias avanzadas a mal traer.
Venezuela, la República Bolivariana acaba de ingresar al Mercosur. Es miembro pleno, integra con el resto de las naciones hermanas un espacio común. Aquí están entonces los motivos de mi alegría. Naciones que hablan el mismo idioma, que tienen una historia común. Países que responden a un denominador común, luchas en contra de un imperialismo que también común que anteceden este momento. Venezuela está con los países del sur de un contienente, que vistas las cosas, hoy por hoy van resistiendo como puede los disparates de ese primer mundo voraz y desmedido, que como buen capitalismo quiere acabar con el mundo en todos los rincones del mundo sin mediar excusas.
Entonces la alegría de este hecho político, obligará a muchos de esos demonios que aventuran el fin de los tiempos, las iras del aguila norteña y otras devaluaciones, a redoblar sus intentos de acabar con tanto desaforado que gobierna y por ende sus gobernados que suelen elegirlos por mayorías absolutas en cuanta elección se presente con notanle parsimonia.
Mientras esto ocurre, otra noticia, pero no menos importante. Argentina, este pais, está a días de clausurar ese terrible acto de barbarie ejercido por las minorías fascistas que se llamó "corralito" y que sometió a millones al peor infierno. Convertirse en pobres y arrasados, por el cinismo de estos cipayos y traidores. Se paga la última cuota de ese insensato plan económico ideado por técnicos y esbirros de la derecha.
Se paga, dije, si se paga y las estructuras del país no se resienten. No se vuelve a hundir, no se agrieta nada en el frente interno. Salvo el discurso de ese terrible final anunciado por los enemigos de siempre.
Digo.
¿Saben los españoles el destino de 163.000 millones de euros que se esfumaron del país con dirección de ciertos paraísos fiscales? Solamente durante el mes d emayo, hicieron su fuga algo así como 41.294 millones de euros.¿Alguien les explicó que no hay narración más perfecta que la economía? Saben los españoles de a pie, que mientras les dicen en la propia cara, que allí no ocurrirá lo mismo que en Argentina, cientos de muchachos, con buenos trajes y autos caros, han desviado millones de euros, para asegurarse la vejez precoz que se aprestan a vivir.
Me pregunto ¿cuánto deben sufrir los pueblos para quitarse de encima esa sarna que es la clase aristocrática de la política que esquilma, engaña y mata? ¿Hasta qué punto se negocia la dignidad con tal de seguir perteneciendo a un club, en donde las ganancias son de otros y las cuotas del resto?
Pasan cosas.
Vertiginosas, día a día, siguen despotricando con el nuevo billete y con las "notebooks" que se entregan en las escuelas. Siguen pregonando el inminente futuro desgraciado y terrible que se nos viene encima. Desesperadas las pitucas de los barrios mas pudientes claman poder ahorrar en dólares para enfrentar el castigo divino que se aproxima. A pesar de no estar aislados del mundo como se arrebatan estos voceros de las buenas costumbres, este continente vive un momento de paz casi inédito por ahora, en medio de una grave crisis económica.
Lo cierto también es que a pesar de las siempre desestabilizantes fluctuaciones de los precios internacionales de las materias primas, producidas en esta parte del mundo, esta vez no lograron que en la mayoría de los gobiernos y países estratégicos de nuestra región, las apetencias de las clases dominantes siquiera puedan disputar a su interior con la violencia que históricamente los caracteriza, las ganancias que ingresan al país, que siempre parecían de ellos únicamente.
Esto también hoy por hoy es histórico y casi una rareza, pero es un momento.Y lo sabemos.
Algo que los díarios y las radios y los canales de televisión no muestran, no dicen y tergiversan o directamente mienten, llenando de miedo y angustia a un pueblo, que le otorgó la mayoría democrática a un gobierno, que genera inclusión.
A lo mejor por eso, por estas cuestiones me vuelve la sonrisa. No será la revolución y este no es el paraíso socialista. Pero por lo menos se puede vislumbrar un caminito.
Y más ahora con el Comandante Chávez entre nosotros. A lo mejor ahora les cuesta un poquito más. Quien sabe. Por el momento y con el recuerdo de Rodolfo Walsh doy por concluido un mes de julio casi, casi perfecto.
Pese al título no hablaré del profundo y necesario Fiódor Dostoyevski, que bien se lo merece y que sin duda, me alimenta a cada vez y que me hacen recordar lateralmente charlas mantenidas en esa displicencia que era Madrid no hace mucho. Pero mi amigo, moscovita nacido en Jaén me hubiese corregido, diciendo simplemente que la célebre novela se llama "Demonios" (Biesi) y yo, hubiese asumido como cierta su gravedad ante mis despistes porteños y de viejo colonizado cultural que soy.
Bien, lo cierto, es que nosotros, yo disfrutamos de ese libro tremendo en una versión española, que sin lugar a dudas deja mucho que desear y que llevaba por título "Los endemoniados". Horrorosa traducción por cierto, pero imborrable el contenido.
Algún día deberemos hablar y decirnos a los ojos, todas las cosas que hemos tenido que sortear para sobrevivir, aprender y vivir. Pero bueno, agosto viene cargadito. Entonces recuerdo de charlas que son motivos de recuerdos en glorietas casi inverosímiles y añoradas.
En fin. La vida.
Pero aquí estoy. sonriendo con la cara plena. Sabiendo que las cuestiones de este continente tienen a varios defensores de las democracias avanzadas a mal traer.
Venezuela, la República Bolivariana acaba de ingresar al Mercosur. Es miembro pleno, integra con el resto de las naciones hermanas un espacio común. Aquí están entonces los motivos de mi alegría. Naciones que hablan el mismo idioma, que tienen una historia común. Países que responden a un denominador común, luchas en contra de un imperialismo que también común que anteceden este momento. Venezuela está con los países del sur de un contienente, que vistas las cosas, hoy por hoy van resistiendo como puede los disparates de ese primer mundo voraz y desmedido, que como buen capitalismo quiere acabar con el mundo en todos los rincones del mundo sin mediar excusas.
Entonces la alegría de este hecho político, obligará a muchos de esos demonios que aventuran el fin de los tiempos, las iras del aguila norteña y otras devaluaciones, a redoblar sus intentos de acabar con tanto desaforado que gobierna y por ende sus gobernados que suelen elegirlos por mayorías absolutas en cuanta elección se presente con notanle parsimonia.
Mientras esto ocurre, otra noticia, pero no menos importante. Argentina, este pais, está a días de clausurar ese terrible acto de barbarie ejercido por las minorías fascistas que se llamó "corralito" y que sometió a millones al peor infierno. Convertirse en pobres y arrasados, por el cinismo de estos cipayos y traidores. Se paga la última cuota de ese insensato plan económico ideado por técnicos y esbirros de la derecha.
Se paga, dije, si se paga y las estructuras del país no se resienten. No se vuelve a hundir, no se agrieta nada en el frente interno. Salvo el discurso de ese terrible final anunciado por los enemigos de siempre.
Digo.
¿Saben los españoles el destino de 163.000 millones de euros que se esfumaron del país con dirección de ciertos paraísos fiscales? Solamente durante el mes d emayo, hicieron su fuga algo así como 41.294 millones de euros.¿Alguien les explicó que no hay narración más perfecta que la economía? Saben los españoles de a pie, que mientras les dicen en la propia cara, que allí no ocurrirá lo mismo que en Argentina, cientos de muchachos, con buenos trajes y autos caros, han desviado millones de euros, para asegurarse la vejez precoz que se aprestan a vivir.
Me pregunto ¿cuánto deben sufrir los pueblos para quitarse de encima esa sarna que es la clase aristocrática de la política que esquilma, engaña y mata? ¿Hasta qué punto se negocia la dignidad con tal de seguir perteneciendo a un club, en donde las ganancias son de otros y las cuotas del resto?
Pasan cosas.
Vertiginosas, día a día, siguen despotricando con el nuevo billete y con las "notebooks" que se entregan en las escuelas. Siguen pregonando el inminente futuro desgraciado y terrible que se nos viene encima. Desesperadas las pitucas de los barrios mas pudientes claman poder ahorrar en dólares para enfrentar el castigo divino que se aproxima. A pesar de no estar aislados del mundo como se arrebatan estos voceros de las buenas costumbres, este continente vive un momento de paz casi inédito por ahora, en medio de una grave crisis económica.
Lo cierto también es que a pesar de las siempre desestabilizantes fluctuaciones de los precios internacionales de las materias primas, producidas en esta parte del mundo, esta vez no lograron que en la mayoría de los gobiernos y países estratégicos de nuestra región, las apetencias de las clases dominantes siquiera puedan disputar a su interior con la violencia que históricamente los caracteriza, las ganancias que ingresan al país, que siempre parecían de ellos únicamente.
Esto también hoy por hoy es histórico y casi una rareza, pero es un momento.Y lo sabemos.
Algo que los díarios y las radios y los canales de televisión no muestran, no dicen y tergiversan o directamente mienten, llenando de miedo y angustia a un pueblo, que le otorgó la mayoría democrática a un gobierno, que genera inclusión.
A lo mejor por eso, por estas cuestiones me vuelve la sonrisa. No será la revolución y este no es el paraíso socialista. Pero por lo menos se puede vislumbrar un caminito.
Y más ahora con el Comandante Chávez entre nosotros. A lo mejor ahora les cuesta un poquito más. Quien sabe. Por el momento y con el recuerdo de Rodolfo Walsh doy por concluido un mes de julio casi, casi perfecto.
En el silencio
Mientras me dispongo a despedir este julio plagado de cuestiones, de relatos que se entrecruzan, de discursos interrumpidos y retomados, preveo una pausa. Mejor dicho me doy una pausa, descanso, me echo al costadito del camino, enciendo un cigarrillo y me dejo llevar por la observación. Es decir, dejo de explicar cosas, cuestiones. A veces me canso tratando de explicarme a mí mismo, cosas que pienso, que escribo, que me digo. ¿Exponer tanto sin tanto? Me quedo, seco, aburrido y casi final. Me digo, mejor esperemos hasta que aclare o mejor dicho, me digo como siempre:no aclares por que oscurece. Me dejo llevar entonces, con esta especie de rutina arqueológica que hago por esta ciudad. Me abrocho las orejas, no contesto chicanas, me callo la boca, me acomodo la bufanda, los huesos de este cuerpo flaco y dejo pasar estos días. Mis opiniones son los dichos que me sueño cada noche. A lo mejor, este país, este mundo, esta vida me pone así de pretendidamente serio, de profundo, de tonto que se oye y se seduce a sí mismo.
Mejor, me quedo, quieto. Me dedico a la música y por hoy me dejo de embromar.
Uno también tiene sus días, momentos en donde desearía ser parte de un decorado de una película, de esas baratas, olvidables y que pasan sin dejar rastro.
Entonces me digo: hablamos de cosas sin importancia. Dejemos que pase el tiempo y mañana, a lo mejor, retomamos algo de esto que me, que nos rodea y que trato por momentos de darle una definición justa.
Ahora que el pasado, se me hace a mí particularmente tan presente y que tenía olvidado en esa gimnasia diaria que implicaba vivir, decido hacer un alto.
Siempre me atrajeron los perdedores. Los que tienen esa vida que parece en blanco y negro. Esos, que somos sin darnos cuenta hasta que viene un tipo con una voz gastada y nos canta, canciones tristes, de vasos vacíos sobre la mesa de un bar en medio de la noche, sabiendo que la mujer que esperás o el hombre que ansías no va a venir. Este disco de Jeffrey Luck Lucas "Hell Then Divine" es perfecto. Es la ocasión ideal para disfrutar de las defensas bajas con ganas. Es oscuro, pero no denso. Es como el aire, ese que se nos pega cada vez que entramos en un sitio, del cual huyen todos o casi todos a pelear con fantasmas propios y ajenos. Seguramente hay otros exponentes de este tipo de canciones, ejemplos mejores y profesionales aclamados, pero este trabajo me llega particularmente, creo que debido a esa falta de reconocimiento que persigue a este cantante y compositor. Disco que se deja escuchar, tomando las debidas precauciones. No creerle todo y no dejándose llevar por la tristeza. Sin embargo, tiene además una serie de buenos momentos, que pueden sonar de fondo a una charla o a lo que deseen llegados a este punto. Buen y lejano trabajo de este cantante un poco oscuro eso si.
Se acaba el día. Enciendo la luz y miro por la ventana. Las luces siempre parecen bailar de noche. Sigo, sigue la vida.
Con sus cosas, sus injusticias y sus verdades a medias. Todos se cobijan y caminan más rápido para llegar al sitio a donde van.
Busco desdibujar cierto enojo. Destrabar cierta mezcla de sentimientos. Manías de un viejo casi impresentable en el que me voy convirtiendo a grandes zancadas.
Sigo.
Hallazgo. Esta es una de las mejores sorpresas con las que me topado en los últimos días. Akalé Wubé. Hace tiempo que la mezcla de sonidos de Etiopía viene sugestionando a muchos en occidente (si con minúsculas). Sin embargo los que suenan son franceses, que retoman y mezclan las músicas de África y las envuelven con un respeto, que obliga a buscar, a seguir buscando estas músicas que cruzan el mundo. "Mata" se llama y la alegría invade mi casa porteña. Una concepción, que y aquí elijo, no utilizaré términos de encasillamiento alguno. Es música, que rebota y que obliga a mover las patitas de puro contento. Definen estos franceses, por lo menos y por un momento, un respeto profundo por ese origen que se vivió hace muchos años atrás en la lejana y casi inventada ciudad llamada Addis- Adeba cuando allá por los años setenta, descubrieron y patentaron este ritmo. Así se cuela entre mis cosas, una música que hoy de moda y a pesar de ellos, mantiene una vida a toda costa. "Mayre", "Bazay" son solo algunas de las pistas que siguen estos buenos e inteligentes músicos que apuestan por un sonido que asombra y seduce, con talento y con respeto, recrean viejas canciones, aportando tal vez, un toqbuen gusto a la hora de hacer música de la buena. Hoy esto se llama "ethiope- groove", una marca que hacen los indecisos para tratar de sobrevivir al miedo, nada más.
Y desemboco en un clásico. En un verdadero clásico de los años setenta. Este baterista de los años setenta, que acompañó a Jimi Hendrix, decidió un día de 1970 sacar su primer disco solista. Quienes por aquellos años buscábamos pistas, mi caso, chocamos contra este monumento de sonido. ¿ Pero es música para bailar? No, era y sigue siendo una lección de música. Confluencias de sonidos, que con una precisión asombrosa hacen de Buddy Miles y su "Them Changes" una especie de pequeña guía salvaje y deliciosa por los rincones de una música y el talento de un creador, que en medio de los tumultos que eran aquellos años, decidió tomarse un respiro y entregar un disco ejemplar. Valioso reencontrarlo hoy, con tantos fuegos cruzados y tantos desiertos atravesados. Asombra que no haya perdido ni siquiera un gramo de solidez. Un disco bello, profundo y sonoro. La mejor esencia de aquellos músicas que había desatado todas las tormentas imaginarias. Buddy Miles, creo que después de este disco no me interesó más. Pero en este me deslumbró. Por lo inesperado y por la sopresa de un talento oculto detrás de una batería. Cantante además y de los bueno. Un disco que contradice la imagen de la portada o a lo mejor no. Esa ya es otra cuestión.
Un trabajo perfecto de unos de los tipitos que estuvo ahí, en medio de la luz cegadora, que fue la música de los años sesenta y setenta. "Them Changes", "Heart's Delight", "Dreams" son solo pistas en una camino largo que la llamada contracultura inventó hace muchos, pero muchos años. Sigue fresco y vital y siempre vale la pena asomarse un poquito a esa época.
Esto es el asombro. Leandro "Gato" Barbieri es, tal vez uno de los más revolucionarios saxofonistas argentinos de todos los tiempos, o por lo menos lo era y lo fue allá por los años setenta. Este es el primer paso de una serie de cuatro discos que planteó a principios de aquellos años. Ya era conocido y respetado en los Estados Unidos, mientras que por acá, era ninguneado por la gran mayoría. Pero escuchar este trabajo a la distancia, asombra. Esa mezcla de sonidos, de ritmos, esa búsqueda antes que nadie, es una especie de lección. Barbieri, por eso años, también habría de entregar una banda de sonido maravillosa de una película también maravillosa y obligatoria: "Ultimo tango en París" de Bernardo Bertolucci, con quizá la mejor actuación cinematográfica de Marlon Brando, alejado de tics y frecuencias aburridas. Recuerden, de esa película, que cuando dice su nombre, la película gira. El nombre, ya se sabe...
En fin, vuelvo al Gato. Este disco, suena a ayer. A hoy. Hay una furia y un talento que no para. Son solamente cinco temas. Para qué más. Recuerdo la primera vez que lo escuhé, en mi casita de un barrio porteño, al lado de las vías de un tren. Creo que mis vecinos de aquellos años le ocurría lo mismo que a mí, pero por motivos bien diferentes. No podía creer lo que estaba escuchando. Ellos supongo que tampoco. Pero era la felicidad hecha música. Con Piazzolla me parecía escuchar a Buenos Aires, con Barbieri a todo un continente, el mío. Ahí estaban los ritmos que cruzan esta tierra inmensa que llamamos Latinoamérica. Disco endiablado y necesario. Un talento y una sorpresa que vuelve y vuelve a cada compás. Una obra esencial y perfecta.
Este es el trbajo de un virtuoso que acaba de aparecer. Un guitarrista que demuestra varias concepciones. Un disco de por sí llamativo. Wayne Krantz abandona el rock y se mete en una confluencia que lo acerca a otras visiones. Canta y se reune de algunos virtuosos que suman a este "Howie 61" buenas e interesantes propuestas. Un disco llamativo, con una buena resolución de estados. Es de por si, un territorio deforme el que plantea, pero aparecen referencias de lo más dispares, haciendo algo que llama la atención. Hay que escuchar " Check Yo Self" o "How the West Was Left" para darse cuenta del talento creativo de este tipo al cual no conocía y que sin embargo me llega en medio de un invierno manso a saludardesde su música. Bueno disco, mejor momento para pasar el rato y adentrarse en otras variantes de la creación que hoy por hoy surcan este pequeño arrabal, que llamamos mundo.
Me dejo llevar entonces por este fervor de siempre.
Escucho mucha música, es una especie de acertijo que yo mismo me planteo. Desde siempre y lo disfruto como uno de los regalos más intensos que he tenido y que tengo en este duración que llamamos vida.
Dejo para mañana la discusión, la toma de posición. Me doy un pequeño recreo y sigo, escuchando, deshechando y volviendo a escuchar. No hago catálogos ni acumulaciones, simplemente, cuando uno me aburre, busco otro y sigo las pistas que la inteligencia me regala a mí. No la mía, sino la de aquellos que me deslumbran con sus formas de pensar.
Antes de pegar la vuelta definitiva, un día en Madrid, buscando inquieto nuevos márgenes desde los cuales accionar, descubrí a este dúo originarios de una provincia norteña de la Argentina. Del Chaco. Tonolec. Primero una sorpresa, que me hizo mover inquieto mientras trataba de descubrir la dirección. A la segunda intentona, el placer me dibujó una sonrisa en la cara. Esta mezcla de tiempos modernos con la música de uno de los pueblos originarios, los Tobas me deslumbró. Charo Bogarín de la provincia vecina de Formosa, periodista y cantante y el chaqueño Diego Pérez conforman esta unión potente. Entonces se mezclan las culturas. La ancestral, la de los Tobas y la de hoy, la de este mundo vertiginoso. Se mexclan, mixturan finamente y logran un sonido que atrae, que permite distinguir ritos de ese pueblo originario con los sonidos de este otro mundo. Tres discos editados conforman esta audacia argentina. Este "Los Pasos Labrados", es hasta ahora el último de una búsqueda intensa. No es fácil. Cuesta entrarle y cuando se entra, se descubre otra manera, otras formas de hacer música de ese paisaje que solemos ser los hombres y mujeres de este mundo. Pero también Tonolec es una apuesta que conlleva una serie de cuestiones, que no hay que olvidar y una de ellas y para mí la más importante, es la de la conservación de esa tradición de aquellos pueblos que estaban antes que el hombre blanco.
En fin un disco tremendo y necesario para seguir creciendo.
Una de las importancias radicales que tuvo a música del siglo XX, fue sin lugar a dudas la de romper fronteras, traspasar y avanzar de forma constante. Para algunos, la múscia de ese siglo es desconocida y rechazada por completo. A lo mejor se deba al poco adiestramiento que las burguesías nacionales tuvieron a la hora de seguir evolucionando con la música. Otros la encuentran difícil, imposible de tararear o sencillamente disparatada. Sin lugar a dudas el Kronos Quartet encarna esa especie de vanguardiaque también fue investigando en los últimos tiempos diversas concepciones. En algún momento estos cuatro músicos de cámara volvieron su mirada a África, después encontraron a Astor Piazolla y crearon un disco imperdible, del cual ya hablaremos en su momento. Aquí el Kronos se cruza con un dúo finés integrado por el acordeonista y aventurero Kimmo Pohjonen y por el gurú y sampleador Samuli Kosminen. Así entre todos desencadenan este trabajo llamado "UNIKO", editado durante el año 2004, este trabajo ilumina algo, tal vez demasiado sobre el panorama de la música móderna de las orillas del Báltico. Música que por supuesto no tiene frecuencias televisivas ni desaforadas promociones comerciales, pero que sin embargo año a año, deslizan una producción, cuidada, esmerada y por sobre todas las cuestiones talentosas. El Kronos siempre me atrajo, me parecen perfectos y audaces. Con eso, a veces me basta y sobra para seguir adelante.
Antes de cerrar el último día de julio con este fervor porteño por la música, quiero elegir un último disco, que me acompaña desde hace algunos años y que cada vez que suena, vuelvo a descubrirlo nuevamente.
Alexander Sipiagin, "Sasha" para los amigos, trompetista ruso, creativo y sereno. Dueño de una especial manera de frasear con la trompeta, demuestra que el jazz como la buena música en general no es patrimonio de nadie y si de aquellos que pueden seguir haciendo buena música. "Images" del año 1998, es una pequeña obra de arte, un trabajo medido y lleno de lecturas, de buenas lecturas, de buenos momentos. Además este trabajo fue el debut de Sasha, incuestionable aparición en escena. Disco impecable en varios sentidos, notable repertorio, interpretaciones de lujos y por sobre todas las cuestiones un equilibrio, que catorce años después, siguen prevaleciendo en torno de una brillante idea. La música que este ruso destila lo colocan en un sitio entre los mejores con su instrumento. Escuchen si pueden las bella " Novgorod Bells", una canción tradicional en una versión de casi trece minutos, en donde Sasha y los músicos que lo acompañan brillan cada uno en perfectos solos y la querible versión de un primerizo Pat Metheny llamada " Midwestern Night Dream" que este, el norteamericano grabara allá por 1976 y que en año '98 rescata este ruso con una capacidad para asombrar y hacernos emocionar a aquellos que vivimos de estos momentos.
Momentos que otros nos brindan y que nos permiten descubrir nuevos espacios y nuevas maneras de entender lo poco que podemos entender.
Así las cosas. Hago la plancha. Dejo la discusión para mañana. El fervor del pensamiento, el país, la política. el género humano, bien puede seguir viviendo o muriendo sin mí. Hago un alto, respiro lentamente y espero que el asma se me diluya entre tanta humeda persistencia.
Mientras tanto disfruto de esta música como una droga sagaz y me dejo llevar.
En fin, ya casi es agosto y los fríos como siempre en este país, se reservan para este mes. Así que bufanda, gorra y barba y a salir a las calles, que para eso se han hecho.
Salud!
Mejor, me quedo, quieto. Me dedico a la música y por hoy me dejo de embromar.
Uno también tiene sus días, momentos en donde desearía ser parte de un decorado de una película, de esas baratas, olvidables y que pasan sin dejar rastro.
Entonces me digo: hablamos de cosas sin importancia. Dejemos que pase el tiempo y mañana, a lo mejor, retomamos algo de esto que me, que nos rodea y que trato por momentos de darle una definición justa.
Ahora que el pasado, se me hace a mí particularmente tan presente y que tenía olvidado en esa gimnasia diaria que implicaba vivir, decido hacer un alto.
Siempre me atrajeron los perdedores. Los que tienen esa vida que parece en blanco y negro. Esos, que somos sin darnos cuenta hasta que viene un tipo con una voz gastada y nos canta, canciones tristes, de vasos vacíos sobre la mesa de un bar en medio de la noche, sabiendo que la mujer que esperás o el hombre que ansías no va a venir. Este disco de Jeffrey Luck Lucas "Hell Then Divine" es perfecto. Es la ocasión ideal para disfrutar de las defensas bajas con ganas. Es oscuro, pero no denso. Es como el aire, ese que se nos pega cada vez que entramos en un sitio, del cual huyen todos o casi todos a pelear con fantasmas propios y ajenos. Seguramente hay otros exponentes de este tipo de canciones, ejemplos mejores y profesionales aclamados, pero este trabajo me llega particularmente, creo que debido a esa falta de reconocimiento que persigue a este cantante y compositor. Disco que se deja escuchar, tomando las debidas precauciones. No creerle todo y no dejándose llevar por la tristeza. Sin embargo, tiene además una serie de buenos momentos, que pueden sonar de fondo a una charla o a lo que deseen llegados a este punto. Buen y lejano trabajo de este cantante un poco oscuro eso si.
Se acaba el día. Enciendo la luz y miro por la ventana. Las luces siempre parecen bailar de noche. Sigo, sigue la vida.
Con sus cosas, sus injusticias y sus verdades a medias. Todos se cobijan y caminan más rápido para llegar al sitio a donde van.
Busco desdibujar cierto enojo. Destrabar cierta mezcla de sentimientos. Manías de un viejo casi impresentable en el que me voy convirtiendo a grandes zancadas.
Sigo.
Hallazgo. Esta es una de las mejores sorpresas con las que me topado en los últimos días. Akalé Wubé. Hace tiempo que la mezcla de sonidos de Etiopía viene sugestionando a muchos en occidente (si con minúsculas). Sin embargo los que suenan son franceses, que retoman y mezclan las músicas de África y las envuelven con un respeto, que obliga a buscar, a seguir buscando estas músicas que cruzan el mundo. "Mata" se llama y la alegría invade mi casa porteña. Una concepción, que y aquí elijo, no utilizaré términos de encasillamiento alguno. Es música, que rebota y que obliga a mover las patitas de puro contento. Definen estos franceses, por lo menos y por un momento, un respeto profundo por ese origen que se vivió hace muchos años atrás en la lejana y casi inventada ciudad llamada Addis- Adeba cuando allá por los años setenta, descubrieron y patentaron este ritmo. Así se cuela entre mis cosas, una música que hoy de moda y a pesar de ellos, mantiene una vida a toda costa. "Mayre", "Bazay" son solo algunas de las pistas que siguen estos buenos e inteligentes músicos que apuestan por un sonido que asombra y seduce, con talento y con respeto, recrean viejas canciones, aportando tal vez, un toqbuen gusto a la hora de hacer música de la buena. Hoy esto se llama "ethiope- groove", una marca que hacen los indecisos para tratar de sobrevivir al miedo, nada más.
Y desemboco en un clásico. En un verdadero clásico de los años setenta. Este baterista de los años setenta, que acompañó a Jimi Hendrix, decidió un día de 1970 sacar su primer disco solista. Quienes por aquellos años buscábamos pistas, mi caso, chocamos contra este monumento de sonido. ¿ Pero es música para bailar? No, era y sigue siendo una lección de música. Confluencias de sonidos, que con una precisión asombrosa hacen de Buddy Miles y su "Them Changes" una especie de pequeña guía salvaje y deliciosa por los rincones de una música y el talento de un creador, que en medio de los tumultos que eran aquellos años, decidió tomarse un respiro y entregar un disco ejemplar. Valioso reencontrarlo hoy, con tantos fuegos cruzados y tantos desiertos atravesados. Asombra que no haya perdido ni siquiera un gramo de solidez. Un disco bello, profundo y sonoro. La mejor esencia de aquellos músicas que había desatado todas las tormentas imaginarias. Buddy Miles, creo que después de este disco no me interesó más. Pero en este me deslumbró. Por lo inesperado y por la sopresa de un talento oculto detrás de una batería. Cantante además y de los bueno. Un disco que contradice la imagen de la portada o a lo mejor no. Esa ya es otra cuestión.
Esto es el asombro. Leandro "Gato" Barbieri es, tal vez uno de los más revolucionarios saxofonistas argentinos de todos los tiempos, o por lo menos lo era y lo fue allá por los años setenta. Este es el primer paso de una serie de cuatro discos que planteó a principios de aquellos años. Ya era conocido y respetado en los Estados Unidos, mientras que por acá, era ninguneado por la gran mayoría. Pero escuchar este trabajo a la distancia, asombra. Esa mezcla de sonidos, de ritmos, esa búsqueda antes que nadie, es una especie de lección. Barbieri, por eso años, también habría de entregar una banda de sonido maravillosa de una película también maravillosa y obligatoria: "Ultimo tango en París" de Bernardo Bertolucci, con quizá la mejor actuación cinematográfica de Marlon Brando, alejado de tics y frecuencias aburridas. Recuerden, de esa película, que cuando dice su nombre, la película gira. El nombre, ya se sabe...
En fin, vuelvo al Gato. Este disco, suena a ayer. A hoy. Hay una furia y un talento que no para. Son solamente cinco temas. Para qué más. Recuerdo la primera vez que lo escuhé, en mi casita de un barrio porteño, al lado de las vías de un tren. Creo que mis vecinos de aquellos años le ocurría lo mismo que a mí, pero por motivos bien diferentes. No podía creer lo que estaba escuchando. Ellos supongo que tampoco. Pero era la felicidad hecha música. Con Piazzolla me parecía escuchar a Buenos Aires, con Barbieri a todo un continente, el mío. Ahí estaban los ritmos que cruzan esta tierra inmensa que llamamos Latinoamérica. Disco endiablado y necesario. Un talento y una sorpresa que vuelve y vuelve a cada compás. Una obra esencial y perfecta.
Este es el trbajo de un virtuoso que acaba de aparecer. Un guitarrista que demuestra varias concepciones. Un disco de por sí llamativo. Wayne Krantz abandona el rock y se mete en una confluencia que lo acerca a otras visiones. Canta y se reune de algunos virtuosos que suman a este "Howie 61" buenas e interesantes propuestas. Un disco llamativo, con una buena resolución de estados. Es de por si, un territorio deforme el que plantea, pero aparecen referencias de lo más dispares, haciendo algo que llama la atención. Hay que escuchar " Check Yo Self" o "How the West Was Left" para darse cuenta del talento creativo de este tipo al cual no conocía y que sin embargo me llega en medio de un invierno manso a saludardesde su música. Bueno disco, mejor momento para pasar el rato y adentrarse en otras variantes de la creación que hoy por hoy surcan este pequeño arrabal, que llamamos mundo.
Me dejo llevar entonces por este fervor de siempre.
Escucho mucha música, es una especie de acertijo que yo mismo me planteo. Desde siempre y lo disfruto como uno de los regalos más intensos que he tenido y que tengo en este duración que llamamos vida.
Dejo para mañana la discusión, la toma de posición. Me doy un pequeño recreo y sigo, escuchando, deshechando y volviendo a escuchar. No hago catálogos ni acumulaciones, simplemente, cuando uno me aburre, busco otro y sigo las pistas que la inteligencia me regala a mí. No la mía, sino la de aquellos que me deslumbran con sus formas de pensar.
Antes de pegar la vuelta definitiva, un día en Madrid, buscando inquieto nuevos márgenes desde los cuales accionar, descubrí a este dúo originarios de una provincia norteña de la Argentina. Del Chaco. Tonolec. Primero una sorpresa, que me hizo mover inquieto mientras trataba de descubrir la dirección. A la segunda intentona, el placer me dibujó una sonrisa en la cara. Esta mezcla de tiempos modernos con la música de uno de los pueblos originarios, los Tobas me deslumbró. Charo Bogarín de la provincia vecina de Formosa, periodista y cantante y el chaqueño Diego Pérez conforman esta unión potente. Entonces se mezclan las culturas. La ancestral, la de los Tobas y la de hoy, la de este mundo vertiginoso. Se mexclan, mixturan finamente y logran un sonido que atrae, que permite distinguir ritos de ese pueblo originario con los sonidos de este otro mundo. Tres discos editados conforman esta audacia argentina. Este "Los Pasos Labrados", es hasta ahora el último de una búsqueda intensa. No es fácil. Cuesta entrarle y cuando se entra, se descubre otra manera, otras formas de hacer música de ese paisaje que solemos ser los hombres y mujeres de este mundo. Pero también Tonolec es una apuesta que conlleva una serie de cuestiones, que no hay que olvidar y una de ellas y para mí la más importante, es la de la conservación de esa tradición de aquellos pueblos que estaban antes que el hombre blanco.
En fin un disco tremendo y necesario para seguir creciendo.
Una de las importancias radicales que tuvo a música del siglo XX, fue sin lugar a dudas la de romper fronteras, traspasar y avanzar de forma constante. Para algunos, la múscia de ese siglo es desconocida y rechazada por completo. A lo mejor se deba al poco adiestramiento que las burguesías nacionales tuvieron a la hora de seguir evolucionando con la música. Otros la encuentran difícil, imposible de tararear o sencillamente disparatada. Sin lugar a dudas el Kronos Quartet encarna esa especie de vanguardiaque también fue investigando en los últimos tiempos diversas concepciones. En algún momento estos cuatro músicos de cámara volvieron su mirada a África, después encontraron a Astor Piazolla y crearon un disco imperdible, del cual ya hablaremos en su momento. Aquí el Kronos se cruza con un dúo finés integrado por el acordeonista y aventurero Kimmo Pohjonen y por el gurú y sampleador Samuli Kosminen. Así entre todos desencadenan este trabajo llamado "UNIKO", editado durante el año 2004, este trabajo ilumina algo, tal vez demasiado sobre el panorama de la música móderna de las orillas del Báltico. Música que por supuesto no tiene frecuencias televisivas ni desaforadas promociones comerciales, pero que sin embargo año a año, deslizan una producción, cuidada, esmerada y por sobre todas las cuestiones talentosas. El Kronos siempre me atrajo, me parecen perfectos y audaces. Con eso, a veces me basta y sobra para seguir adelante.
Antes de cerrar el último día de julio con este fervor porteño por la música, quiero elegir un último disco, que me acompaña desde hace algunos años y que cada vez que suena, vuelvo a descubrirlo nuevamente.
Alexander Sipiagin, "Sasha" para los amigos, trompetista ruso, creativo y sereno. Dueño de una especial manera de frasear con la trompeta, demuestra que el jazz como la buena música en general no es patrimonio de nadie y si de aquellos que pueden seguir haciendo buena música. "Images" del año 1998, es una pequeña obra de arte, un trabajo medido y lleno de lecturas, de buenas lecturas, de buenos momentos. Además este trabajo fue el debut de Sasha, incuestionable aparición en escena. Disco impecable en varios sentidos, notable repertorio, interpretaciones de lujos y por sobre todas las cuestiones un equilibrio, que catorce años después, siguen prevaleciendo en torno de una brillante idea. La música que este ruso destila lo colocan en un sitio entre los mejores con su instrumento. Escuchen si pueden las bella " Novgorod Bells", una canción tradicional en una versión de casi trece minutos, en donde Sasha y los músicos que lo acompañan brillan cada uno en perfectos solos y la querible versión de un primerizo Pat Metheny llamada " Midwestern Night Dream" que este, el norteamericano grabara allá por 1976 y que en año '98 rescata este ruso con una capacidad para asombrar y hacernos emocionar a aquellos que vivimos de estos momentos.
Momentos que otros nos brindan y que nos permiten descubrir nuevos espacios y nuevas maneras de entender lo poco que podemos entender.
Así las cosas. Hago la plancha. Dejo la discusión para mañana. El fervor del pensamiento, el país, la política. el género humano, bien puede seguir viviendo o muriendo sin mí. Hago un alto, respiro lentamente y espero que el asma se me diluya entre tanta humeda persistencia.
Mientras tanto disfruto de esta música como una droga sagaz y me dejo llevar.
En fin, ya casi es agosto y los fríos como siempre en este país, se reservan para este mes. Así que bufanda, gorra y barba y a salir a las calles, que para eso se han hecho.
Salud!
domingo, 29 de julio de 2012
Los Anti (continuación)
La ciudad, como todas las ciudades late a su ritmo. Cacarean sinuosas las palabras y se nutre a sí misma, se retroalimentaen una ritmo siempre vigoroso.
Pero la realidad, que no existe por si misma, se mueve también.
Se es anti y se ubica, el anti, en una franja enfrentada al desarrollo de los acontecimientos, que pareciera ser no contiene a los anti.
La derecha es anti. Siempre lo fue. La derecha tiene bienes que conservar, de allí, que jugando con las palabras se transformen en conservadores. Tienen que conservar la riqueza, las mercancías y su posesión. De ahí que los intereses de la derecha siempre sean cuantitativos, de ahí también que la derecha no sepa nunca combatir la pobreza repartiendo su tasa de riqueza. Si esta decae, la riqueza comienza el miedo. Por lo tanto entre repartir y reprimir siempre elige reprimir.
Una sintésis nada más.
Por eso, estos, cuando claman por la inseguridad, lo hacen por la inseguridad de su riqueza. La seguridad siempre ha sido y es una bandera de la derecha. No, la derecha nunca es sentimental. Pide seguridad porqu tiene algo para asegurar, su riqueza.
Por eso y en estos momentos, vuelven a sacudir la modorra provinciana que azota este pais, con la frase que gira en torno a un país ordenado, país en el cual, los inversores volverán a invertir.
Los de la vereda de enfrente sabemos, por cierto, que lo único ordenado que ha creado el hombre desde siempre han sido y son los cementerios.
Por algo será.
Insinuan mentes preclaras, que vivimos el tiempo de la globalización. Chácharas de viejas.
Existe la globalización militar, impuesta por el poder del mundo y sus secuaces europeos, democracias avanzadas que invaden paises, se roban recursos de esos países, siempre del tercer mundo y siguen. Pero saben que esta situación geopolítica es insostenible. Entonces estructura la segunda globalización.
La globalización de la información. Técnica que disfrutan los adelantados de todas las latitudes, que sueñan entregar todo a los buenos de occidente. Unificar la mentira. Convertirla en un instrumento al servicio de los intereses de monopolios y oligopolios conexos.
Entonces en aquel país en el que reina el orden se puede llevar libremente lo mas libre que hay y que es el libre mercado.
Digo.
Esta ética de intereses, promueve la desvastación de España por ejemplo, la destrucción de Grecia o el silencio sobre Portugal. Antes lo hizo con nosotros desde siempre. Lo quieren seguir haciendo. Los que desde la derecha objetan políticas para los desamparados, los que cuestionan los planes de salud, de educación, de subsidios o de construcción de viviendas, quieren en el fondo, volver al orden.
Volver a reprimir al que afecte el paisaje urbano por donde circulan sus bienen. Su propiedad privada cirulante. Su mercancía obtenida sobre el cuero del otro. Ese otro, que es un enemigo de clase, por posición social, por conciencia política o or simplemente color de piel.
Convengamos que la derecha, inventó la delincuencia.
Prefieren darle el dinero a los bancos que a los pobres. Prefieren sus políticos trabajar a destajo para ese poder, que pensar en sus pueblos sometidos a estos disparates de ajustes y saqueos.
Porque ellos saben, nosotros, solo nos indignaremos y volveremos a casa, satisfechos a medias pero volveremos a casa.
En el tercer mundo la cuestión es distinta.
Sabiendo, como sabemos el origen de la materia prima, la cuestión es clara.
Sigo.
Camino por esta ciudad recostada en un río y alguien me acerca una foto de una pared en una capital provincial de un bella provincia que se llama Entre Ríos.
Pero, descubro, que hay cosas a las que no se pueden retroceder. Conquistas sociales, avances democráticos incuestionables, los cuales y a pesar del odio de aquellos que odian este paisaje que vive este país no podrán retrotraer si ganan las próximas o las lejanas elecciones.
Avances formidables en materia de inclusión social, avances que costaron la vida de muchos, pero muchos luchadores de este país.
Admito, que desde la distancia no creía en esto. No participaba de este alboroto democrático, que contagia, que conlleva la toma de conciencia, la asunción de pautas, casi genéticas. Digo esto, porque desde la memoria profunda, uno siempre aspiró a un poco de justicia social, un poco de equidad, un poco freno a tanta tropelía fascista de los fascistas de siempre.
A lo mejor esa madrecita de la pintada quería algo mejor para su hijito de cuna de oro y no la puta esa que se lo llevó de su lado.
Como siempre.
Vuelvo.
Anuncian los dueños de las vacas que se acabará esta dictadura elegida por el 55 por ciento de los votos. Anuncian entre vítores y tapados de armiño o nutria, entre perfumes franceses y bufandas de seda. Anuncian los patrones que se acabará en breve este desarreglo malsano de las buenas costumbres y que todo volverá ser como antes. Invocan la protección del poderoso país que gobierna el mundo. Que envíe sus marines o sus asesores por lo menos.
Ellos se preparan, no han dejado de hacerlo nunca.
Mientras tanto y convocando los peores castigos, los medios de comunicación destilan mentiras antes la vigencia de la nueva ley de medios, que les quitará algo de poder colosal y destructivo.
Los políticos de oposición de derechas e izquierdas, al no tener un discurso hegemónico, se repliegan en las líneas de esos mismo medios de comunicación social, a la espera de una parte de ese mismo discursito necesario para concitar el mínimo interés de aquellos, que en las próximas elecciones habrán de regalarle las miserias en formas de votos.
Es así. La contradicción pasa entonces por tratar de confugurar un relato, que contenga todos los relatos posibles y entender, algo de la realidad de este país.
Como quieren que hagamos entender el peronismo a los europeos, cuando ni siquiera podemos hacer entender este país ni a nosotros mismos.
Esto seguirá, que duda cabe.
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