En Zona

martes, 18 de septiembre de 2012

Casi sin ganas

Me niego. Me declaro en huelga. Me quedo debajo de aquel árbol rodeado del olor a jazmines que viven en esta ciudad cada primavera. No tengo ganas.
Llueve y el viento viene del río. Dicen las viejas que es sudestada. Se cae el cielo. Me quedo mirando por la ventana, escucho música. Me dejo llevar.
En poco más deberé volver a España. Tengo ganas de hacerlo. Reencontrarme con parte de mi vida. Estar con mis amigos y con ellos, reir y charlar. Dejar escapar el tiempo insensato.


Pero hoy llueve.
Se paraliza todo en una ciudad como esta. Se complica y se vuelve casi anormal. Llueve y a uno se le van las ganas, se pierden como esos barquitos de papel que hacíamos a la hora de la siesta de los días lluviosos de nuestra infancia.
Dejo por un buen momento de pensar. Me asombra esta sensación de inobjetable lejanía que me acomete con estas lluvias.
Me había desacostumbrado. Llueve y parece que es en serio. El invierno se despide con lluvia y frío. Narices rojas, bufandas y el cuerpito que no le responde a uno como debiera.
No, no voy a decir nada del presente en este país y el mundo. Me niego.
Me distraigo mirando anochecer.
Mejor me preparo el mate y sigo.
De fondo suenan El Cuarteto de Nos. Lo dejo correr.
La música sigue siendo un buen alimento a la hora de encontrarle atajos a estos tiempos de vigores y otras minucias.
Me dejo llevar entonces y me divierto con esta música.
Entonces el último trabajo de este grupo me llena la casa de sonidos, de frases inteligentes, de disparate puro. De esta locura que a veces no podemos ni ya queremos disimular. "Porfiado" se llama y cierra una especie de trilogía de esta banda. El Cuarteto de Nos vuelve a regalar talento con un par de canciones que logran su cometido. Escuchar las letras montadas sobre música.
Nada debe sernos ajeno. Mucho menos el talento, las ganas de prevalecer desde una idea. El talento no se compra. Me detengo y escucho "Buen Día Benito", no paro de sonreír y de ponerme bien a fuerza de descubrir las sutilezas y la dirección que tiene una canción que más que canción es una promesa de verdades. entonces me acuerdo.
Porque, nosotros, los gorditos, los tartamudos, asmáticos cuando íbamos al colegio, además de luchar contra el acné teníamos que pelear contra los más guapos, atléticos y malos del grado o del curso. Esos que tenían a todas enamoradas y babeantes detrás de ellos. Los ídolos del patio y del aula.
A lo mejor, hoy estos mismos deportivos de la crueldad infantil viven con miedo el posible reencuentro con esos otros, que se refugiaban en libros, secretos y silencios. Es que ellos siempre tenían un par de puños endemoniados. Así aprendí a defenderme y también comprendí, que había mujeres que querían un buen par de frases, además de un buen par de puños.
Yo tenía siempre un par de frases, siempre a mano.
Volvía de la guerra cada vez que volvía , del colegio. Mi madre quería ir a hablar con el director, mi padre no.
Vale la pena escudriñar ese pasado que la mayoría habrá vivido en algún momento de esa crueldad que se llama educación.
Vuelvo.
Me gustan estos músicos que me completan de alguna forma.
Llueve. Se viene el agua del sudeste. Esto trae mucha agua, inundaciones y demás maravillas naturales que nos confirman lo chiquitos que somos a pesar de todo.
Hoy hago el vago.
Me dejo llevar. Me reconozco débil, demasiado errante, errático mejor dicho. Miro el agua caer y la música de fondo me permite descubrir viejos sentimientos, sensaciones nada grandilocuentes ni terminantes. Cosas del no hacer.
Personaje de Oblómov, eso quiero ser hoy. Y me lo permito.
Va oscureciendo y la cosa se pone mejor. El azul profundo de la noche terminará de desvestir este martes, meterse en la cama, oir el repiqueteo de las gotas contra los cristales. Aferrarse a la precepción del mañana qu será otro día y dejarse. Siempre dejarse.
Que otros, hoy, tomen la posta. Que se enojen y se enamoren otros. Yo, me quedo donde estoy, fantaseando con nombres ajenos, con cuerpos soñados, con ideas de otros.
Este invento del trabajo es una especie de maldición diabólica. Me tomo un respiro, me abrazo a la sensación de dejar pasar este día de lluvias.
No me deprimo, ni me abate la grisura. No, solamente no tengo ganas de hacer nada. Solamente es una cuestión de hoy no cuenten conmigo, el mundo bien puede seguir este día sin este servidor.
Dejo llover , mansamente, me invento opciones, me propongo acciones, me atrevo y cambio de música. Nada que me atore en esta sensación de culebra que es el pensar. Busco entre mis papeles, algunas pistas por donde seguir. Pero no.
Mejor espero que pase el día.  Que se pierda y a esperar otro.
Entonces con el cerebro hecho un bonsai, me dedico al instrumental placer solitario. Es decir, dejo de trabajar a mi segundo órgano favorito y espero que mi encefalograma salga plano, así nadie pregunta nada.
No pienso.
Me niego a tomar cualquier determinación hoy. Llueve y eso es suficiente para solamente mirar. Porque el mirar, siempre es bueno. Aunque muchos se asustan de el mirar sin participar. Ilusos, todo es pura imagen, nada más que gesto al fin.
Eso, lo dicho. Hoy jubiladamente absorto, me dedico a esperar. Solo eso.
Hasta la próxima entonces.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Lo pendiente


Es en ese correlato de emociones, de encuentros furtivos, desencuentros programados. Es esa mezcla explosiva de amores latentes, que esta ciudad desprende a cada paso.
Ciudad de fantasías, que uno surca como un barco viejo en un océano enfermo. Uno se desprende de la emoción y la ternura lo guía a uno, a mí, hacia una esquina de un barrio suburbano y de golpe, descubre un rastro.
Ahora. Aquí y ahora.
Discuten los que discuten tonterías oficiales, si un adolescente de 16 años está habilitado para votar. Pregunta rara entre tanto infierno.
¿Lo están?
Hace tiempo, mi hija menor, Ana, iba a un colegio que se llamaba "María Claudia Falcone", que creo lo cerraron hace ya tiempo o la cambiaron de dirección, no se muy bien. Pero ella, María Claudia, cuando la secuestraron de la casa de su tía abuela tenía nada más que 16 años.
Es decir si no hace mucho tenías edad para ser asesinado por el estado. Para ser secuestrado, torturado, violado y finalmente desaparecido por el estado terrorista, plantearse hoy la discusión sobre si los de 16 años están capacitados para votar es francamente hipócrita. Un debate falso. Mentiroso. Mezquino y sin ningún tipo de contenido moral que lo sustente.
Digo.
Animal de baldío, memoria, comés pastos que no crecieron más.
Aquel 16 de septiembre se llevó a cabo "La noche de los lápices". Eran estudiantes, todos ellos. Mientras en el país se decretaba luto obligatorio, ellos, desde sus colegios salieron a luchar por la dignidad. Eran pibes y pibas, que militaban en política. Decir lo contrario es desnaturalizarlos.
El debate que hoy sigue su curso de locura desnuda, nada tiene que ver con ellos.
Luchaban por nosotros, por los otros, por todos. Pedían por el boleto estudiantil. Como ocurre en este tipo de historia, el terrorismo era el del estado. Como ocurría siempre por aquellos años, fueron de noche en jauría, fueron muchos armados hasta los dientes, destruyendo todo lo que había a su paso, confiscando la dignidad, mordiendo las memorias. Fueron muchos los que por aquellos años, prefirieron callarse, mirar hacia otro lado. Distraerse y simular.
A veces desde los costados más estúpidos, los estúpidos de siempre relativizan, vuelven todo trivial, lo hacen mediocre. Le meten miedo al resto con sus análisis mediáticos. Insisten en meterle blandura a los corazones desprevenidos de aquellos que aún confían en las medios de comunicaciones.
Porque si desde los medios se debate, es desde esa llanura de ideas que son siempre los medios de comunicación. Esa igualdad de ideas, que depende de un tipo que siente que interpreta a la sociedad en su conjunto y que como jefe de redacción dispone los temas que supuestamente interesan a todos. Una especie de diosito a sueldo, que destraba y traba el complejo mecanismo de la información..
Si los intelectuales han ocupado su sitio en los medios de comunicación, no es para elevar el tono, sino para cobijarse en un sector que detenta el poder, cobrar un sueldo y sentirse protegidos.
De ahí que estos países y creo yo, todos, deben dar la batalla en contra de estos ejércitos de palabras sin sentido que siempre fueron los medios de comunicación masivay que en definitiva son, siguen siendo instrumentos de dominación globalizados en contra de los habitantes de esos pueblos y al servicio de los poderes de facto.
Digo.
Hoy se que la historia carece de sentido muchas veces, que está atravesada por un choque radical, que no hay nada que lleve a la historia necesariamente a cumplir tal o cual proyecto. Creo que un proyecto se cumplirá en la medida el que el deseo de ese proyecto se sostenga, en la medida en que la apuesta por ese proyecto se sostenga y supongo, intuyo, que nunca esa apuesta está garantizada por la historia.
Hago un punto.
Me preparo café, la noche será larga. Hoy es sábado 16 de septiembre de 2012.
Mejor hago café.
Vuelvo.
¿Por qué será que a pesar de la globalización persisten las condiciones coloniales que siguen produciendo pobreza y racismo?
¿Será porque en este continente la memoria siempre es política? Me hago estas preguntas, mientras me distraigo con una magnetsimo en forma de música.
Es el último disco de Tin Hat, una demostración de talento profundo, audaz, desprejuiciado. Estre disco, me llevó a buscar
otros y todos son perfectos. Este "The Rain is a Handsome Animal" basado en poemas del poeta E.E.Cummings, lleva la impronta de una música plena, música del siglo XXI. Carla Kilhlsted, Mark Orton, Ben Goldberg y Rob Reich alimentan esta locura singular con un talento que demuele conceptos, derriba esas paredes viejas que los viejos de corazón andan levantando por doquier para impedirnos ser felices mortales. Vuelvo a escucharlo con detenimiento, con placer profundo. No es un disco fácil. Tiene una cierta levedad que asombra, pero no es oscuro ni rígido. Rescata sonoridades que vienen de los costados profundos de las memorias de los pueblos.
Entonces recorriendo ese margen que se cristaliza en la música, Tin Hat reviste el sonido con un talento que conmueve. Se hace profundo y envuelve. Es un disco que deja sin aliento, que enarbola el buen gusto de sus arreglos para dejar sentada esa capacidad que sigue teniendo la música a pesar del estado de cosas que a veces nos rodea.
Me dejo llevar por la música.
Es de noche. Sábado por la noche, los duendes como los gatos transcurren bajo la luna porteña. Se perciben los ronroneos de gatos difusos buscando el amor.
Digo.
El capital nos invita todo el tiempo a colocarnos sobre su terreno: si aceptamos la invitación, perdemos antes de empezar cualquier intento de lucha. Desde ese rincón debemos saber que nuestra memoria es la herramienta para construir. En términos tradicionales la única fuerza de producción es la fuerza creativa del hacer humano y así, las relaciones capitalistas de producción luchan todo el tiempo para contenerla.
Este período de acumulación capitalista, de reorganización de la hegemonía es posible desde la instalación de políticas expoliación imperialistas que prevalecen en esta supuesta globalización liberal autoritaria.
De ahí que la crisis capitalista que hoy estremece al mundo entero, tenga su centro de fuga en ese mismo centro desarrollado que se desborda y que parece incontenible en su carrera enloquecida cercenando derechos, eliminando obstáculos, sometiendo a nuevas y variadas formas de esclavitud.
Me distraigo.
En momentos más comienza la pelea de "Maravilla" Martínez, el tercer mejor boxeador del momento, en Las Vegas. Me gusta el boxeo, siempre me gustó. Pero reconozco que es una especie de sentimiento animal. Si esta noche gana el argentino, será memorable y si pierde, habrá sido un buen sueño. Pero verlo moverse por el ring, es uno de esos raros placeres primarios que poseo y que de tanto en tanto, me asaltan y me dejo llevar por ellos a cualquier sitio que me quieran llevar.
Amigos me voy a ver la pelea.
Mañana, mañana será otro día.
Saludos cordiales.


sábado, 15 de septiembre de 2012

Esas viejas ganas

Así están las cosas. Salen a la calle y con sus cacerolas a cuestas, sus banderas nazis, rojas, blancas y la svástica en el medio, sus ropas caras, sus colores de piel a tono. Salen a la calle, van a una plaza y ni siquiera un gas lacrimógeno los perturba.
Ni policías había.
Es decir, cuando los que jodemos somos nosotros, cuando salimos a la calle a protestar y tener una propuesta, ellos suelen pedir, exigen policías, mano dura, picana y asesinato.
Una diferencia.
La otra.
Perdieron poder. Ese sector social que salió a la calle, perdió poder de decisión. No son más la usina que despertaba generales y empresarios. El poder se movió a otro sitio. Se trasladó a otro sector.
Como será que la oposición política a este gobierno, ni siquiera acompañó desde la calle misma esta protesta.
Esa misma oposición que fogoneó la rpotesta días antes, junto con los medios de comunicación que detentan el poder. Pero después, esos dirigentes ni siquiera se asomaron a las calles.
Lo hicieron aquellos políticos lúmpenes de derecha, de escasa reprentación en la televisión, pero solo para apareceruna vez al lado de tanta furia mediocre.
Vuelvo.
Son y quedó demostrado, la antipatria. Ese sector social de gente bien, que siempre estuvo con lo más reaccionario y represivo. Son aquellos que siguen teniendo enemigos.
Aquellos que nos dicen a nosotros, que en democracia no hay que tenerlos, que no está bien. Que en democracia existen solamente adversarios.
Me río.
No quieren enseñar a ser correctos. Mientras ellos no pueden serlo.
Es que ellos quieren salvar la patria, eliminando a la otra mitad de esa misma patria para hacer la patria que ellos quieren: oligárquica, sectaria, amantes de los campos de concentración, del orden de los cementerios, del orden divino que los proteje siempre, porque ellos, los de la protesta son el verdadero país, el único país a tener en cuenta. Ellos y no los otros son la civilización, los otros, ya se sabe son siempre la barbarie.
Es que es este concepto, el de la barbarie que es solicitado en múltiples ocasiones para asi poder juzgar las paradojas de la historia, se utiliza desde las bayonetas y no desde la democracia.
Es el que se utiliza para ver lo extraño o lo extranjero, aun cuando éste fuese portador de virtudes que no encajan en el morral de los vencedores.
Porque, un día antes se aumenta el subsidio universal por hijo, que no es ley, posibilitando así, que se vuelquen en el mercado interno, millones de pesos que servirán para el consumo.
¿Qué quiere decir esto?
Que muchos pequeños empresarios que fueron con sus cacerolas a protestar contra una bruja encaramada en el sillón presidencial, por otra parte serán los beneficiarios de esos millones que habrán de volcarse a partir de fin de mes en las compras que hagan los beneficiarios directos de esta asignación universal por hijo.
Pero claro. Los que habrán de consumir finalmente son los que apoyan este proyecto de país. Negritos, feos, sucios.
Ese país oculto que aterroriza a la señora que no puede comprar dólares, pero que acepta la bandera nazi entre ellos tranquilamente o esa otra señora que se pone un pañuelo blanco en la cabeza, reclamando por un país del pasado, usurpando un símbolo de lucha que no le corresponde ni siquiera que entiende en su significado más claro.
Paradojas.
Otra cuestión es el gobierno.
Pareciera que el cristinismo se habla a si mismo y lo que es peor, lo más grave todavía, es que se responde a sí mismo.
Vuelvo.
 Son enemigos. Con ganas de degüello. Son los que quieren libertad. Son los que quieren recuperar el poder perdido. Son los que quieren que se vayan todos y que vuelvan los de antes.
Por eso y a lo mejor me quedo con esta pintada del año 1955 que todavia, por lo menos a mí me sigue representando algo.
Porque la libertadora, aquella revolución que derrocó a Perón, fue la revolución fusiladora, que los antepasados de estos, festejaron ruidosamente, apoyaron e intentaron perpetuar en contra de ese demonio mal parido que fue la chusma definiendo la historia de este país.
Digo.
A veces entre las causas de porque sigo siendo peronista, debo reconocer, que estos gestos, estos odios, estos destellos de rabia, son tal vez uno de los motivos fundamentales para ello.
Villa Manuelita, una villa miseria del gran Buenos Aires, se erigió por aquellos años, de forma incuestionable, en un muro por donde no habría de pasar la antipatria del odio y la revancha.
A lo mejor esto tiene que ver con las ganas de seguir peleando contra estos y sus secuaces.
Un saludo fraternal.






jueves, 13 de septiembre de 2012

Una tardecita Piazzolla

A veces es cierto, me descuelgo de la rama en donde vivo y recorro el paisaje. Toso. Me se hacen cuesta arriba las cuestas arribas. Me distraigo y de repente, me surge esa sensación de músicas, anécdotas y vidas que he viví en otra historia.
El tipo era un reaccionario de aquellos. Pero sirvió.
Sirvió para pelearnos con nuestros viej os, tíos, vecinos y futuras suegras. Este tipo, Astor Piazzolla arremetía contra el mundo de los viejos. No coincidíamos en nada, sin embargo de a poco, se nos fue metiendo en el cuerpo. Esa rabia creativa, esa sensación de amplitud que sonaba en su música. Discutíamos. Era o no tango. Era música y con esa música también crecimos un día descubriéndonos inmersos en un mundo casi paralelo.
Pero el tipo era como Borges. Opinaba y cuando uno lo leía o escuchaba allá por los finales de los años sesenta, no podía creer, lo que decía muy suelto de cuerpo.
Hago un punto.
Me prendo un cigarrillo, lo tengo de fondo, suena este "Libertango", disco grabado en Italia, rodeado de músicos italianos. Muchos músicos para seguirle el tranco a este músico que encandila con su música.
Pero la cosa para mí comenzó muchos años antes. Cuando escuché por pirmera vez "Balada para un loco" en la voz de Amelita Baltar y después, en un gesto único en la voz de Roberto Goyeneche.
Me explotó la vida. Me sigue explotando la vida cada vez que me recuesto en este tango, en este sonido mío, propio, particular.
De golpe me hice grande y siempre me sonó en el corazón.
Me dejo llevar por esas golondrinas de las que habla la canción. Me quedo prendado de la ventana. Mi ventanita florida. 
Resulta que en el año '69, un tío rebelde que tenía por ahí, se robó el disco en una casa de discos.
Y ese disco sobrevivió hasta no hace mucho tiempo en la casa
de algunos de los tanto sobrinos nietos, que cosechó este señor a lo largo de su vida.
En fin, me cuesta detener el tiempo en esa circunstancia. Recuerdo o me imagino, que andábamos en penumbras viendo atardecer, mientras este disco sonaba de fondo. Los dos tomando mate, mientras las mujeres prepraban la comida. Los hombres somos como los leones, nos alimentan siempre las leonas.
Hoy pienso en la actitud de Goyeneche. Tanguero de ley, que en medio de los más crueles ataques que sufría Piazzolla por su música, decidió grabar con este músico.
Sin embargo Piazzolla por ese año 1969, ya había trabajado largo en tango con la mejor orquesta que se tenga memoria: la de Aníbal Troilo, hasta que rompió con el tango tradicional. Además en este disco estaba "El Gordo Triste" que decía: "Por su pinta poeta..." y con eso creo que como un águila taura ya tenía suficiente.
Así Goyeneche se pone a disposición del bandoneonista y graban este monumento de la música porteña.
Cambio.
¿Fuí feliz?
Creo que si. Con heridas y cicatrices, creo que cumplí bien con esto lo de la felicidad. He acumulado palabras y caricias, me hice grande, me enamoré mucho y me quisieron también mucho.
Pero eran años de mucho vaivén.
Casi no había tiempo para intelectualizar la música y mucho menos la de Piazzolla.
Era la tanguedia no me cabe ninguna duda.
Como baqueanos del alma, íbamos todos. Aristócratas de arrabal, enfundados en nuestras palabras convencíamos y nos convencíamos al mismo tiempo. La ciudad se destejía y volvía a tejerse a cada hora, mientras algunos lloraban como el viento otros le mordíamos el alma a esa soledad que nos anunciaba algo que todavía no descubríamos.
Como buen gato, solía andar por los tejados.Seducía a las estrellas y me dejaba seducir a cada minuto.
Y ahí, como un buen vaso de ginebra o vino tinto, se aparecía siempre la música delirante de Piazzolla
que soñaba y sonaba por mí. En más de una oportunidad me sirvió para decir a media voz, aquellas cosas
que jamás se dicen en voz alta. Me traiciono. Me dejo llevar por esta locura de vivir en una ciudad casi inmediata. Una pose. Una forma de ser casi secreta.
Así descubríamos entonces esa cosa de vivir en un mundo casi desierto, repleto de enemigos o simples contrincantes. Piazzoleando, si es que existe, fuímos entonces desmontando acertijos que nos tiraban los mayores.
Testigo seguí acumulando músicas a pesar del silencio. Aníbal Troilo esa especie de padre fundador, junto con Gardel, Carlitos de la mitología porteña hecha música, cuando murió, le dejó su bandoneón a Piazzolla. Y este le devuelve, le devolvió con gratitud una suite como homenaje.
Disco bravo si los hay. "Suite Troileana", ocho movimientos apabullantes, modernos, intactos a pesar del tiempo transcurrido. Situaciones de amores contrariados, enviudados de todo placer, se quedaron así aquellos que defendían algo que se había muerto de vejez muchos años antes de darse cuenta.
El día que escuché este disco se me calmó el mundo por un momento.
Me dejo llevar.
La tarde se muere, comienzan los calores de una primavera, mi primera primavera porteña en años. Otra vez el perfume de los jazmines vuelve a indicarme los caminos de esta ciudad.
Un sentimiento que se baila. Eso dicen del tango. Es casi como el peronismo, que es un sentimiento pero que nos hace bailar de tanto en tanto. En fin Argentina.
Vuelvo a Piazzolla mejor dicho a lo que representa este tipo para mí.
Esa libertad conquistada desde la lucha en forma decidida. Esa razón de ser para esquivarle a los límites dentro de esa necesidad de no conformarse con nada.
La premeditación del conformismo. Esa pausa casi natural que todos hacemos en determinado momento de nuestras vidas. Esa pausa previa al conformarse, ese miedo al precipicio, se aceptar de una buena vez y por todas los límites. No ser más loco ni loca. Dejar de dejarse llevar por el deseo, el impulso, apenas la pasión.
Por diversos motivos, siempre terminaron echándome de casi todos los colegios a los que concurrí.
Faltaba a clases, me oponía a la educación formal. Me enamoraba de señoritas más grandes que yo o incluso de una profesora de una provincia lejana llamada Jujuy. Poeta, casada y sin hijos. Audaz era todo por aquellos años. Ya sabía besar, ya había aprendido, así que en el calor dejé hacer, como dejan hacer los leones por supuesto.
Me dejo llevar.
Vuelvo. El Kronos Quartet convoca a Piazzolla para grabar este "Five Tango Sensations" a mediados de los años '80. Cuatro músicos de cámara rodeando al del bandoneón. Música de cámara con rastros de carmín de algún tango pérdido. Solamente con prestarle atención a "Despertar" vale la pena los años agonizantes de desconocimiento que llevamos en el lomo.
Es muy grande la música que este hombrecito hizo durante su vida.
Claro no era música para ardores. Era y es música para dejarse llevar. Lejos, muy lejos.
Vuelvo al conformismo.
Entonces en esa momento, unos y otros, cuando llega, nos transformamos en desconocidos entre nosotros. Yo siempre le pedí más. Exigí más. No acepté, aún hoy, no acepto ciertas fajas ni ciertas fronteras. Así me va, pero no me quejo.
Aprendí también que en el paquete, venía la clausura de la queja.
 Y así uno se fue buscando entre abrazos, juramentos y olvidos. Descubrir a este músico, hoy me sigue
sirviendo para descubrirme asombrado, en silencio ante ese talento arrollador. ¿Es tango? No, es simplemente música, que le escapa al control mediocre de aquellos que quieren sujetar todo por miedo a trastabillar. Juntando pedazos, juntando los pedazos que quedaban de casi todos nosotros, con divorcios a cuestas, nombres cambiados, con hijos, con secuelas del miedo, en medio de los años '80 Piazzolla seguía indicando caminos, dándole rienda suelta a su locura. Locura también que era la nuestra. Así y de golpe, innombrados, seguíamos con algunas rutinas. Una de ellas era no discutir ya sobre este tipo que nos había acompañado con sus más y sus menos.
Gorila y de derechas, no nos conmovían sus palabras. Solo nos importaba su música y en ella, está todo lo que somos, soy, hoy algunos.
Have poco descubrí este impresionante disco grabado en vivo en Nueva York.
Después de mucho tiempo vuelvo a escuchar "Lunfardo" mientras escribo esto. Me emociona el recorrido de esta música. 25 años después me asomo a esta revolución que hizo este hijo de peluquero con la música. Su quinteto sonando con ese furor y esa limpieza. Ahí en "The Central Park Concert", están además la bella "Mumuki" y "Verano Porteño" entre otras.
El mundo se detiene y vuelve a girar.
Piazzoleando. Arrimando el hombro. Así como perdidos en medio de las noches, renegando de esa música nacional que a veces es como un lamento, nos fuímos armando.
Paro un momento.
Me hago mate y sigo con estas distancias amorosas que atravieso.
Así como todo acaba, quedan en el tintero discos de este hombre se atrevió a todo en pos de su idea.
No coincidíamos casi en nada, sin embargo me sirvió para adentrarme en otros paisajes. Así de su música se fueron desprendiendo para mí, sensaciones a las que se le sumaron sonidos y palabras. Rastreo en mí y me cuento este exilio, a mí. Me dibujo esa memoria y me deliro acompañado por este día que acaba y que es jueves 13.
Recuerdo entonces esta música que también está en esta vida que llevo.
No era fácil. Sigue sin serlo. Hay que tener paciencia y saber resistir la comodidad de ese conformismo, que paraliza, que justifica el miedo secreto a la vejez. Con Piazzolla, yo aprendí un poco más. Me dejé llevar enamorado. No me importa. Pero la certeza me obliga a reconocerlo a él ya mí, jugando una historia lenta y sin reproches.
"The Lausanne Concert" fue el último disco que grabó Astor Piazzolla. Un concierto ejemplar con una nómina de músicos que son un lujo. Un disco que nada le debe a la vida, como dice otro tango. Un disco que cierra de alguna forma una forma, pero que al igual que toda su obra, sirvió, sirve para abrir caminos y que sabe no ponerse vieja.
Cambió la forma de entender que tenía yo en algún momento. Ni mejor ni peor. Me hizo vislumbrar la posibilidad cierta de crecer sin límites. De fomentar en mí, la mejor educación posible. Esa que hice solo y a solas. Esa que me sigue indicando pautas y obligándome a seguir buscando.
¿Qué?
Nada o todo. Así se juega el partido siempre a todo o nada. El resto son cosas de nenes y nenas domesticadas o domesticados.
Yo sigo con este aire primaveral piazzoleando de lo lindo, porque me lo merezco o porque solamente tengo ganas de ello.
El resto, el resto casi siempre se compra hecho.
Un saludo

martes, 11 de septiembre de 2012

Un chiste peronista

Presiento que con esto me ganaré el rencor de algunos, pero debo ensayar algún tipo de explicación que por lo menos me tranquilice a mí y después al resto, si pueden o no.
Pienso.
Los derechos que perdimos en los años '90, con otro gobierno peronista no los hemos recuperado. De hecho creo que a cinco meses de haber vuelto, vuelvo a cierta categorización central en mi pensamiento. Hay, un desfasaje entre lo que se conquistó a sangre y fuego en las jornadas de diciembre de 2001 cuando echamos a la calle a presidente, ministros y subsecretarios de algo y lo que se plasmó posteriormente en derechos. Se recuperaron pareciera ciertas prácticas, pero derechos creo que no. Presiento que no.
Quiero ser claro en esto. La Asignación Universal por Hijo, por ejemplo, no es ley, es entonces una limosna dada con gracia y cierto garbo de perdonavidas. Es decir sigue siendo un anticipo de la nada.
Es un chiste.

Es un mal chiste.
Me quedo pensando. ¿Por qué el sector progre de este gobierno le tiene tanta aversión al peronismo? Les cuesta desde ahí identificar una hegemonía, reconocerse como tales. ¿Serán antiperonistas los muchachos del gobierno? Me parece que no. Creo que son liberales devenidos en revolucionarios progres, pequebus que juegan a la revolución ¿Cuál? Cualquiera menos peroncha, menos peronista.
Es un chiste.
Les cuesta porque presiento que la relación entre peronismo y ciudadanía no se reconstruyó en ningún momento de estos años de andar revoloteando. Se dejó a un costado. Se retomó cierta parte del folklore y ese amor tan argentino por las superestructuras. Es más, se parecen a los blanquitos de la coordinadora radical en muchos aspectos. Despectivos, casi soberbios y nada más. Se raspa y no hay políticas, salvo la de ese poder, que ni siquiera es territorial.
Entonces no hay crisis o si.
Esto que pareciera una gran virtud aunque a algunos ansiosos y catastrofistas los pone nerviosos: esta disputa se da sin crisis abierta, o sea, antes de la crisis abierta, que todos saben que viene. O sea, es el momento de ir por las masas antes de que empiecen a caer los cascotes sobre ellas y sobre estos simpáticos pequeñoburgueses que juegan a la política y que se creen comisarios políticos del pueblo.
Esto quiere decir que lo que vendrá, supongo desde mi cortedad será todo a la derecha posible.
La costura menemista es para mí, demsiado visible en estos días de dolencias y de pensar.
Los diferentes momentos del relato, no prefiguran este cuarto peronismo como una verdad plena. Cuarto, porque de alguna forma estaríamos viviendo la cuarta etapa del peronismo o eso andan diciendo por ahí.
Un chiste.
Un mal chiste por cierto.
Asi entonces el cálculo que subsiste es cómo y en qué grado “reconciliarse” con la matriz neoliberal que perdura en el kircherismo para gobernar en tiempos de crisis, que llegarán a sorprendernos desnudos y con la mujer del prójimo entre nuestros brazos.
Presiento que no hay sucesión de izquierdas dentro del cristinismo. Un centro izquierda sojero, hambriento por tener más poder y una derecha, que no apuesta a nada más ni nada menos, que ejercer lo que tengan que ejercer.
Asi me detengo en un costado del cuadro y observo,  y presiento esta actualidad que no es un alza de lucha de clases, aunque vale la pena mirar esos márgenes, porque la tercerización del ajuste del kirchnerismo está enrareciendo las provincias más castigadas y al igual que con el menemismo, las provincias más pobres pusieron los muertos y los presos en la protesta. No hay que olvidar a Jujuy por ejemplo.
Un mal chiste.
Me quedo pensando en la frase de Facundo Moyano en el acto de la sindical. “A mi izquierda está la pared”, dijo y sonrió como suelen sonreír los capangas sindicales cuando se les hace agua a la boca con tanta saliva y tanta traición por delante.
¿Qué necesidad  de una frase con tanto margen de inverosimilitud? Justamente lo que explica esa provocación es la posición relativamente privilegiada en que los dejó a Facundo-Hugo, hijito y papito respectivamente y demás familiares, el neoliberalismo y luego el gobierno de Néstor Kirchner. Los camioneros saben de burocracia y de ganancias.
Sino recuerden Chile y el golpe del '73.
De allí la operación de oponer relatos. El relato K de un “peronismo de los ’70”, confrontativo y sobretodo con bases pequeñoburguesas o sea, sin base de masas; frente a un “verdadero peronismo”, el de la resistencia post ’55 y con bases obreras.
Un chiste rancio.
Un chiste cruel.
Es que lo que anunció el diputado Moyano, Facundito, para sus amigos es ni mas ni menos que lo que viene es denso. Por eso la intención del joven diputado es  advertirle, no a los presentes en el acto sino a las distintas variantes de la estrategia de “reconciliación conservadora” que están disputando la interna peronista, que el kirchnerismo no puede reconstruir el peronismo en su relación con las masas (y por ende, el bipartidismo tan necesario para la estabilidad del régimen burgués en Argentina), pero la Juventud Sindical de Facundo-Hugo sí.
Otra vez la derecha vuelve a la carga con sus discursos y más tarde a lo mejor con sus arranques de patriotas acomodados en sus sillones sindicales.
Lo dicho me acabo de ganar los infiernos de nuevo.
Mientras tanto los camporitas le huyen como Drácula al ajo a todo lo que tenga olor a peronismo. Ellos y sus representantes periodísticos, son pequeños burgueses, naúfragos menemistas de los '90, de aquel tercer peronismo que tanto hizo para la felicidad de ricos y poderosos.
Mientras tanto, nosotros con el barro hasta las verijas, seguimos afinando nuestras memorias.
Un chiste peronista. Eso pareciera ser lo que acontece por estas playas lejanas.
 En fin. Habrá que esperar para ver que viene en este bailongo neoliberal que insistimos en seguir viviendo a pesar de todo.
¿Se entiende? ¿Se entendió algo del disparate que acabo de escribir?
Buenas noches amigos...