En Zona

sábado, 21 de agosto de 2010

Cataluña o Catalunya?


Esto me lo envía un compañero colombiano. Me pareció de una justicia apabullante. Una mirada que expresa desde su propia mirada, una visión, que tenemos algunos los que venimos de esa tierra que se llama Sudamerica, Latinoamerica o América y que ellos describen, nos describen sencillamente como sudacas, porque siguen siendo simplemente y "solamente" españoles, ellos que creen ser los mejores del mundo o que se creen siempre entre los mejores del mundo...



Cataluña no quiere seguir siendo España y claramente no hace parte de Francia, pero está a mitad de camino entre uno y otro, hasta en el idioma. Qué difícil resulta ser catalán.


Esa búsqueda de identidad entre lo que no se es y lo que se quiere ser confunde a todos, incluso a los que no tenemos que ver en el asunto. Yo crecí creyendo que en España existía una provincia llamada Cataluña donde se hablaba nuestro mismo idioma, y ahora resulta que se escribe Catalunya y que los letreros están en catalán y no en castellano, que es como los nacidos acá llaman a lo que nosotros conocemos como español.

La lección la aprendí un día que entré a una librería y el empleado me dijo que el libro que quería estaba en catalán y en castellano. Yo le respondí que lo prefería en español, y él, sin perder la compostura para no perder la compra, me explicó que el español no existía, que lo que yo hablaba era castellano. Trató de hacérmelo entender con el siguiente ejemplo: en Colombia nuestros indígenas no hablan un idioma llamado colombiano, sino diferentes dialectos, y que en España ocurría lo mismo. Yo le respondí que me costaba entenderlo porque los conquistadores españoles (aragoneses, madrileños, andaluces y catalanes también) los habían matado a todos antes de que yo naciera.

Acá los toros están prohibidos porque la fiesta brava no es fiesta catalana, y tan hondo es el problema de identidad que las escaleras de varios de sus edificios huelen a París. Lo único que por ahora une a Cataluña con el resto de España es la peculiar manera en que muchas de sus mujeres llevan el copete: capul cortado al ras.

Es una expresión mediocre decir que Barcelona es una ciudad mágica, pero no por eso deja de ser cierta. El tiempo se detiene de tal manera que se te pega a la piel; acá no pasa nada, pero pasa de todo. Muchos dueños de negocios lo saben, por eso los cierran para irse de vacaciones y lo anuncian con improvisados papelitos escritos a mano y pegados en las vitrinas que dicen –en catalán, por supuesto- que regresan el 31 de agosto.

En el verano solo dan ganas de ir a la playa hasta las nueve de la tarde y tomar cerveza. Para lo primero basta con ir a La Barceloneta, o echarse el viaje hasta Sitges, lugar donde se firmó el Frente Nacional, y que hoy es paraíso de drogas, prostitución y homosexuales. Para lo segundo están los inmigrantes pakistaníes, llamados pakis (despectivamente y no por cariño, aunque suene tierno), que las esconden en paquetes de seis latas en las alcantarillas para venderlas al menudeo a escondidas de la policía.

Antes de beberla, la gente limpia precavidamente el envase porque no se sabe qué tipo de cosas puede guardar bajo el asfalto una ciudad tan antigua. Se trata de una bebida mágica que podría costar millones por el solo hecho de estar casi congelada pese a salir del subsuelo, pero que paradójicamente cuesta apenas un euro.

El centro de tan bizarra actividad es la plaza George Orwell, en el barrio gótico, llamada así en honor al escritor inglés que peleó en la Guerra Civil Española, pero conocida, esta vez sí de cariño, como plaza del tripi. Allí conviven en sorprendente y tensa armonía drogadictos, okupas, turistas y habitantes de la ciudad que solo buscan irse de fiesta. En los balcones de los edificios que rodean la plaza cuelgan letreros pidiendo a gritos un barrio digno: Volem un barri digne, proclaman.

No se ve por allí a los catalanes pijos. Ellos salen de fiesta casi de madrugada y se mueven en otras áreas de la ciudad, rara vez pisan un sitio turístico. En La Rambla, donde los turistas somos una plaga, los almacenes venden sombreros mexicanos porque muchos estadounidenses preguntaban por ellos. A costa de seguir enredando la identidad de toda una región, los negocios empezaron a venderlos pese a que Tijuana está a miles de kilómetros.

Esta ciudad es señorial, mezcla de pueblo y gran metrópoli, donde lejos del circuito turístico se pueden ver calles tan angostas que no cae el agua cuando llueve, cuerdas que van de balcón a balcón para que la ropa se seque más rápido y señoras enruladas como si a la noche tuvieran una gran fiesta. El asunto es que pareciera que nunca se quitaran los rulos, igual que Doña Florinda.

Cada construcción, por pequeña que sea, rinde tributo a la personalidad catalana. Recorrer bien este lugar significa indignarse porque un grande como Woody Allen no le hizo justicia en Vicky Cristina Barcelona, y peor aun, que por tan mediocre película Penélope Cruz se ganó un Oscar.

Ciudad rara. Es aparentemente de izquierda, pero su opulencia se ha logrado con una que otra idea venida del lado derecho, especialmente en lo económico. Al presidente de Cataluña, José Montilla Aguilera, sus gobernados le critican más su imperfecta pronunciación del catalán que muchas de sus medidas de gobierno. En sus calles hay tantas camisetas del FC Barcelona como turistas gringos. De haber sido catalán, me habría hecho seguidor del Espanyol porque creo que hay algo de dignidad en hacer parte de la minoría y mucho de vil en simpatizar con el poderoso.

Aquí es ilegal estar desnudo en vía pública, pero la ley no contempla como desnudez andar por ahí sin ropa pero con zapatos. Hay un hombre que se sabe la regla al pie de la letra y se pasea por la playa solo con zapatos y gorra. Está lleno de canas, tatuajes y exhibe una mondá que dejaría en ridículo a Faustino Asprilla (adjunto foto). Algunas mujeres hacen cara de oh dios mío cuando se lo topan de frente, las locales ya no se sorprenden, y los turistas le toman fotos mientras él posa feliz para las cámaras.

Quien llega a Barcelona nunca más la olvida así jamás regrese. Yo tomé del agua de la Fuente de Canaletas porque se dice que quien bebe de ella, vuelve. Y yo quiero volver, siempre. Esta es la casa de Serrat y Gaudí; de Messi, las Fiestas de Gracia, la Sagrada Familia y los Castells; de Miró y Vila-Matas. Pero Barcelona es sobre todo el sitio donde cervezas a un euro salen de las alcantarillas, y donde existe un hombre capaz de hacer llegar al orgasmo a la hermana gorda de Moby Dick.

sábado, 14 de agosto de 2010

El baile de los vientos


A los que ya no están y a los que estuvieron.

No van a tener paz, mientras dure la paz.
Videla, Menéndez y el resto, están siendo juzgados y el baile, ese que quisieron suprimir a fuerza de hacernos desaparecer, de borrarnos y de quebrarnos, tiene, tenía vuelto y es este.
Están presos, llegaron a viejos, les permitieron vivir en sus casas y ahora, les toca decir memeses, justificar y enaltecer lo realizado.
Valientes de mentiritas. Soldaditos de plomo barato.
La guerra se gana con la paz y esa la perdieron antes de comenzar, como perdieron la otra, la verdadera con uno de los dueños del mundo.
Pero en la única que estos reivindican, se enfrentaron contra hombres y mujeres, en la mayoría de los casos desarmados. Muchos dormían cuando entraban en sus casas, otros en la calle. Mujeres en una iglesia. Muchas embarazadas, para después traficar con sus hijos. Dirigentes sindicales, comisiones internas, definidas por Balbín y el resto de radicales como "guerrilleros fabriles". Estudiantes, intelectuales, amas de casa, abogados, médicos, psicólogos, arquitectos, dibujantes, y un largo camino lleno de rostros, de vidas y de cuerpos, que ya no están más con nosotros.
Videla, al que llamaban "Pantera Rosa", está siendo juzgado. Esto merece una reflexión apenas.
Entonces.
Ahora que una de las defensoras de los torturadores, Lilita Carrió se quedó sin frente opositor, vale la pena comenzar a pensar en estos políticos, que quieren volver a la normalidad cuartelera. Duhalde, Macri son solo los nombres de aquellos, que quieren encontrar un hombre fuerte, en cualquier ámbito para arrancarle el poder a esta "tiranía" que parece que padecemos los argentos en estas épocas.
Biolcatti y los campesiones millonarios de la soja. Los curas con Bergoglio a la cabeza. Menem y sus perdones. Que la lista es larga y como no hay respuesta, quieren volver por lo menos a perdonar a los torturadores y olvidar.
Olvidar lo más pronto posible, que queda mucha torta por repartir, mucho por saquear y mucho por ovillar.
Entonces llega Garzón, un juez español y le gritan en la cara estos: ¡qué viva Franco! Lo empujan, lo llaman terrorista y se desgañitan porque los patriotas esta con traje a rayas.
Sin embargo, Garzón, este juez español, dice que La Argentina, es un país que sienta las bases en materia de derechos humanos. Porque la justicia persigue a estos idiotas útiles, que un buen día decidieron que la patria estaba en peligro y que ellos, debían volver a poner las cosas en su sitio.
En este baile de vientos, estos cobardes están presos y así seguirán hasta que se mueran, que lo hacen y bien, de viejos y sin arrepentirse, olvidados por sus jefes, abandonados a la buena de ese dios, que estos tenían y que parece ser, que se ha olvidado de estos sicarios de Cristo en el Río de La Plata.
Mientras tanto Carrió y sus secuaces, siguen criminalizando todo, para que la policía a palos o picana, los arreé, los quite de la vista. Oculten a los pobres, tapen las corruptelas de estos novios desencajados y malhumorados.
Porque en la clase política, en la oposición existe eso que decía el viejo Arturo Jauretche: que era más fácil pescar un pejerrey en una bañera que encontrar una idea en los discursos de estos tipos. Aunque se refería a Balbín y los radicalitos, vale tanto para estos, que pareciera que el viejo sigue vivito y coleando, por Avenida Córdoba y Esmeralda, asombrado eso sí, por tanto latrocinio de los vendepatrias de siempre, por tanto patriotismo de Manhattan, por tanto enemigo suelto y de compras por Madrid.
Entonces.
Inquietos como estamos por el matrimonio gay, por la discusión sobre el aborto, seguimos sin darnos cuenta, que entre todas las cosas, sobrevivimos a los milicos y después a sus socios demócratas y que aquí estamos, todavía bailándoles en la cara a estos, mientras estos, siguen yendo de tribunal en tribunal, reivindicando el asesinato, la tortura, las violaciones, las desapariciones.
Es decir haciendo algo, que ningún hombre de bien puede hacer sin tener un serio problema de conciencia.
Impusieron la impunidad como escuela de guerra. Moldearon al país en silencio, establecieron pautas de conductas mientras decían: "no se queje si no se queja".
Salían de noche a secuestrar y volvían contentos con sus trofeos de guerra. Pateaban puertas , sabiendo que del otro lado, había gentes resignadas, con miedo y solas. Saqueban esas casas y entregaban los cuerpos vivos, a otros que esperaban sedientos por esos cuerpos indefensos y ya sin nombre ni apellido.
Para ser justos, a Videla, Martínez de Hoz y el resto, habría que haberlos juzgado hace tiempo. Ponerlos en el sitio que están hoy. Pero el traje a rayas siempre los esperó y ya lo tienen a mano.
Pero ya se sabe, los vientos nunca paran cuando deben. Pero esa ya es otra historia.
Por ahora celebremos, que estos cobardes, están siendo juzgados y con eso, por ahora ya tenemos suficiente como para ir tirando un rato más.

jueves, 8 de julio de 2010

Los libros y la memoria


No es posible apresar todas las caras que suele presentarnos la realidad, por eso apelamos a la ficción para construir a veces esa realidad que nos presentan de ratos o todo el tiempo.
Como si el tiempo real, como si la realidad fuese la única fuente con la cual nutrirnos. De ahí que la literatura sea una organización de los hechos, que siempre los hechos no tienen en sí.
La gente lee menos, dicen, cosas serias. El público quiere otras cuestiones. Desea pasar el tiempo, que nada altere ese aparente reino de cordura en el que vivimos. Menos ensayo, menos pensamiento crítico, menos aprendizaje. El mundo quiere placer, hedonismo puro, menos compromiso y más ligereza.
Por eso, ahora que seguimos idiotizados frente al televisor, sabemos que estamos a salvo de cualquier realidad, porque estamos bajo el influjo de esa realidad, que nos sienta frente a un plato de comida, mientras explotan las bombas, en ese mundo perdido que ya debe ser el cuarto o el quinto, que nos tiene sitiados a nosotros, en nuestra casi de clase media.
Nos enseñan a hablar, a pensar, a dormir y hasta a hacer el amor.
Nos venden políticos, perfumes y caricias.
Nos imponen reyes de la moral y hasta guerras justas. Nos meten el miedo en el cuerpo y nos volvemos enemigos de clase, de aquellos que hacen huelgas y no nos dejan llegar a tiempo a nuestra humillación diaria, que algunos llaman trabajo.
El arte opera sobre la realidad, como dice José Pablo Feinmann, arrancando de ella algo que en ella no hay en realidad.
De pronto las editoriales descubren hoy, que el pensamiento ya no vende.Que no hay tiempo, que el lector, ese tipo sentado con un libro en las manos, es una fantasía. Que ese mismo tipo hoy por hoy, quiere cosas rápidas, sin acartonamientos, no pensar, seguir la marcha, que ya le contarán de qué va la vida, en el telediario de las ocho.
Mientras tanto, tomamos mate mirando por la ventana, saludamos a algún vecino y dejamos que la fresca se vengue de tanto calor suelto.
Nos bombardean con el aborto, con el matrimonio gay, con las descargas ilegales de internet, con el aumento de la edad jubilatoria, con la crisis que pagamos nosotros y con nuevos trabajos esclavos para todo el mundo.
Entonces, la clase media, se hace de derecha. No, mejor dicho, demuestra lo que siempre fue: esa especie de cuna de serpientes con rango social, que abomina de los otros, los que sudan en vez de transpirar, los que cortan el tráfico o los que meten las patas en cuanta fuente histórica hay en su camino.Los que en definitiva no son "gente" como ellos.
Piden mano dura. Que regulen el derecho a la huelga. Que el gatillo fácil sea fácil para con los que deben morir siempre. Que se construyan grandes tapias para que tapen lo que no hay que ver.
Pretenden que trabajemos gratis. Que seamos personas sin conciencia. Que aceptemos sin levantar la cabeza. Que nos reglamenten los hijos que debemos tener, porque como animales que somos, no podemos decidir. Que nos quiten las conquistas que con sangre y fuego, conseguimos arrebatarle a patronos, curas y gendarmes. Que seamos lo que siempre hemos sido, mercancías baratas y dispuestas. Que nos bendigan el amor, aquellos que violan a nuestros hijos. Que nos den la vida aquellos nos pegan tiros en la nuca y por la espalda. Que nos contraten aquellos, que estafan y roban a manos llenas y se indignan cuando, no pueden más.
Por eso, no es casual que con los tiempos que corren, hayan decidido que no es momento para pensar. Que no es momento para aprender y aprehender. Que ya está bien de esas cuestiones. Que no es tiempo de andar pensando, sino cuidando lo que tenemos. Es hora de convertirnos en traidores a sueldo y beneficios.
Por eso, mientras algunos dudan, es bueno recordar por si acaso, que no hace mucho tiempo, la policía paraba por las calles de mi ciudad, a aquellos que portaban libros. Eran sospechosos de saber. De pensar quizá demasiado.
También que, cada tanto a uno se le ocurre a la salida del confesionario, que sería bueno una quema organizada de libros y porque no, de sus portadores, así muerto el perro se acaba la rabia.
Mientras tanto, sigo tomando mate en el balconcito, mirando a la gente pasar. Esperando...

domingo, 20 de junio de 2010

Saramago y las palabras


Y como siempre suele ocurrir, se terminó por morir un tipo flaco, alto, algo encorvado, que escribía, que solía escribir muy bien y que, además era un hombre solidario, que buscaba ayudar a aquellos, nuestros iguales, que padecían en el mundo entero.
Quien quiera solamente quedarse en el margen de su literatura, ahí tiene sus libros. Son buenos, notables, impresionan y dan perfectas lecciones de eso que academicamente se llama literatura. Además está su premio nobel. Por si sirve de algo.
"El Año de la Muerte de Ricardo Reis", fue el primer libro que leí de José Saramago. Es tal vez el único que libro que conservo a pesar de las mudanzas, los cambios de barrios, de países y de ciudades que he hecho. El camino por una Lisboa añeja, vista por los ojos de este heterónimo de Fernando Pessoa, el más grande de los poetas portugueses de siempre. Pero Saramago, va más allá, recorre de forma diestra las vidas de este otro hombre y nos conmueve. Me conmueve cada vez que lo releo.
Recuerdo el discurso de aceptación del Nobel, allí este hombre alto, flaco, encorvado narró como su abuelo, un analfabeto, como toda su familia, cuando supo que se iba a morir, abrazó a cada uno de los árboles de su casa, para despedirse con amor, de aquellos que habían sido testigos de su vida. Con serenidad, se despidió de las cosas que lo rodeaban, ejerciendo ese derecho íntimo de alejarse bien de esta vida.
Hoy el Vaticano, esa jefatura de policía medieval que rige como debe ser el amor inventado por ellos, acaba de publicar una extensa y furiosa crítica para con este hombre. Seguramente los dueños del paraíso, con este insulto a un cadáver, que ya no es Saramago, volvieron a demostrar que lo suyo, es el abuso de menores y la bendición de dictadores y torturadores en nombre de un Dios, aparentemente insatisfecho con las obras de los hombres en su territorio.
"Memorial del Convento" y "El Evangelio Según Jesucristo", fueron los dos pilares, que destaparon las iras de cardenales, obispos y papas, quiens hablaron con el altísimo para que Saramago vaya al infierno, sin saber los prelados, que el infierno es éste en donde vivimos alegremente, entre guerras, asesinatos, dictaduras, falta de comida, ajustes patronales, desiertos interminables y todas esas cosas, que de tanto en tanto suelen, estos señores bendecir como la obra de dios en la tierra.
Con un talento notable, Saramago reinventó la historia, basada siempre en hechos reales. Se mezcló por momentos, con la mejor literatura de ese otro continente conquistado a fuerza de cruces y arcabuces. Algo que llamaron "realismo mágico". Ahí, en esos tres títulos por ejemplo, figura la inagotable capacidad de José Saramago para inventar historias, que durante años acompañó vidas y milagros, de nosotros.
Pero Saramago no se refugió en una isla para alejarse del mundo. Estuvo en cada sitio de este mundo que requirió de su presencia. Estuvo con los que no tienen voz a cada paso, que ellos daban. Participó en cada acto de justicia que requiriera de él. Habló por los que no pueden hacerlo, denunció a aquellos, que el poder nunca denuncia. Señaló junto con millones a esos otros que provocan el dolor de tantos otros que carecen hasta de nombre y apellido.
Saramago fue un intelectual al servicio de una sola causa: la justicia y allí, también produjo abundante material, que sirvió para no claudicar, para no desfallecer en este recorrido, que hacen los que tienen memoria, los que persisten, los que, como decía Bertold Brecht, luchan toda la vida.
Se murió ese hombre siempre viejo, flaco, alto, encorvado que nos regaló quizá las mejores historias de la segunda mitad del siglo XX y que a su manera, nos hizo persistir en la idea de hacer posibles el mejor de los mundos posibles, a pesar de policías, ejecutivos, políticos, curas y toda esa caterva de tíos que siempre e invariablemente estarán en la vereda opuesta.
Salgo disparando a reencontrarme con algunos títulos de este escritor portugués, para volver a recorrer de su mano lo fantástico y humano, que hubo en su literatura.
Estaremos un poco más huérfanos, pero y eso lo sabemos, pero alguien estará ya preparado para reemplazarlo en este combate de ideas y palabras, que habrán de nutrir nuestro corazón rebelde y empecinado.
Hasta luego.

sábado, 12 de junio de 2010

Hoy juega Argentina


De alguna manera hay que explicar siempre lo que no sabemos explicar. O vivir lo que no sabemos siquiera vivir.
Pero por un momento, somos más felices que el resto de los mortales o por lo menos, sabemos que pertenecemos a una tribu, todavía resistente y pintada para la guerra o en pie de guerra. Por que sabemos siempre o casi siempre, que estamos rodeados y generalmente son para peor.
Seguimos siendo es rara controversia entre salvajes e ilustrados, que viven siempre al borde de lo peor pero que a nosotros nos parece siempre lo mejor. Puro sudor sudaca que seguimos viendo ese cielo azul grande que no es ni azul ni grande como decía el poeta allá por 1500.
Ahora que estoy lejos, en otro barrio, me reencuentro con preguntas, con palabras que me encienden en el color final de esta vida.
Hoy juega Argentina.
Hace algunos días, el presidente de Panamá, la patria de Omar Torrijos, asesinado por la CIA, decidió que ya está bien. Que los domingos se han hecho para trabajar, que es inadmisible que los trabajadores descansen un día a la semana. Que esa patraña de conquistas sociales es un maquillaje falaz de la vagancia, de vagos y malentretenidos, de malandrines que se dicen obreros, trabajadores.
Panamá marca el camino, ese que quieren los empresarios de la globalización, los dueños de políticos guampudos que hacen de sus países, factorías gratuitas de mano de obra sin dignidad ni orgullo. Factorías que un buen día deciden, que otro rincón pobre del tercer mundo es el sitio justo para sus empresas y allí van, dejando atrás a presidente falaces, políticos cornudos y su corte de periodistas gritones y por supuesto a los esclavos sin dignidad ni trabajo.
Hoy juega Argentina
Y desde aquí saboreamos otra vez la posibilidad de abrazarnos un rato a nuestro país. Otarios y piolas, convivimos durante 90 minutos en un sinfín de emociones o broncas tal vez, de alguna gambeta o algún gol a las nubes. Soñadores como somos, tenemos esa tenaz convicción al melodrama.
Entonces, hoy suenan tangos en algunas casas de argentinos, milongas bravas, en otras algo de Cerati, los Redondos también suenan por allá y la Bersuit hace lo propio un poco más acá.
Hoy habrá cervezas o tristezas, pero es casi lo de menos. Por un momento se habrá detenido el mundo y sus injusticias deberán esperar noventa minutos para seguir con su escarnio diario.
Hoy juega Argentina
Lautaro y Camilo siguen creciendo como árboles, como el famoso álamo carolina de Haroldo Conti.
Ellos sabrán contar los cambios, las idas y vueltas de tanta vida suelta.
Son la memoria y los tiempos por venir. La pasión desatada de un mundo, que los merece. Ellos son las puertas por donde habrán de pasar ilusiones y algunas tristezas.
Serán ese árbol que al borde del camino habrán de registrar los cambios uno en uno. Dejarán el detalle justo de una vida que les toca a ellos vivir.
En ellos, viven todos los pibes y pibas, que algún día decidirán que ya está bien. Que la pasión es un misterio, que arrasa todo y construye todo de nuevo.
Porque en ellos, en los Lautaro y Camilo renace la vida, vidita a cada paso.
Los duendes bailarán con ellos mientras pasan las tormentas, las palabras se les amontonarán en el camino y ellos, al final sabrán la verdad de las verdades y querrán como si fuese la primera vez que lo hacen y serán imborrables en la determinación de un mundo, de ellos y definitivo.
Hoy juega Argentina.
Y todos estamos concentrados. Algunos hacemos precalentamiento, otros aflojan las tensiones que anidan en el cuello. Algunos besarán la medallita, otros se harán la señal de la cruz, otro se pondrá la vieja camiseta del equipo de sus amores o la de la selección.
Por un momento estaremos como encendidos. Tratando de vivir esa curda de noventa minutos, tratando de empujar la pelotita al fondo de la red, como si nos fuese la vida en ello o como lo hacía Kempes cuando era una especie de león para tanto holandés de hojalata.
Mañana o pasado, seguiremos con la reforma laboral, con la explotación bien reglamentada y esas cosas. Pero hoy, solo buscamos abrazarnos un rato y olvidar esta condena de amores ausentes y de lejanías inexplicables.
Porque de alguna manera ese invento que es la patria, nos cobija. Nos da señas de identidad. Usamos el vos y el che. Retomamos esa vieja manía de ser lo que somos en países lejanos, elegimos por un momento, ese paísito de veras como decía Benedetti y con cierta distinción, poseedores de paladares negros, seremos técnicos de una ilusión que se repite cada cuatro años.
Hoy juega Argentina
Mientras los empresarios que inventaron la globalización, siguen juntado dinero a costa de los que trabajan, estos comienzan a darse cuenta, que la lucha será larga, que la lucha continúa y que y a pesar de todo, la memoria sigue siendo una herramienta formidable para salir de este letargo que los de siempre llaman post modernidad.
Una cosa es cierta. Europa es de juguete, el euro se desgarra y el discurso de un solo territorio se hace trizas ante la decisión de volver a lo que siempre fue: una vieja señora de derechas al borde de la locura senil.
Habrá que volver a pensar en la resistencia o dejarse llevar y esperar languidamente el camino a la ceniza mientras escuchamos el último de los Cowboy Junkies como una suave banda de sonido final.
Hoy juega Argentina.
Y yo, me preparo mentalmente para ese reencuentro con una Nigeria diferente en un mundial también diferente.
Algunos nos hemos hecho más viejos, pero no más sabios. Otros son más jóvenes y a lo mejor tampoco sabios. Pero todos nos encontraremos en un barcito de un barrio que se llama La Guindalera en una ciudad diferente solo para estar juntos.
Hoy no hay nada más que hacer, salvo vivir este momento y esperar, que la fábrica de milagros atienda y nos regale uno, mientras cerramos todo porque hoy hay fútbol y eso, eso es casi lo único que importa.
Nada más.