En Zona

domingo, 31 de octubre de 2010

Tristezas Argentinas


"Nunca me metí en política, siempre fuí peronista" decía un personaje en una novela del inolvidable "Gordo" Soriano y los que andábamos juntando los pedazos de la derrota, sonreímos de costado.
Ni buenos ni malos, apenas incorregibles, decía Borges, Jorge Luis por ahí y los que tratábamos de no olvidar ni nombres ni rostros, mientras sonaba Keith Jarret, asentíamos la bondad de la ironía del más inglés de los escritores en castellano.
Así fuímos guardando entre las medias y la ropa interior, recuerdos, nombres, valentías y cobardías.
Un día nos llegó Malvinas y los argentinos llenaron la plaza, perdimos y fuímos a putearlos. Vino la democracia, con la que se comía, se curaba y se educaba.
Y ahí fueron a votar, los que antes decían que por algo habrá sido, algo habrán hecho y se convirtieron.
Digo.
Se convirtieron en los demócratas más acérrimos. Los inventores de la democracia. Les recitaron el preámbulo y ya, éramos democráticos que los mismos ingleses o franceses.
Estos, los gobernantes de la timba, perdonaron a los que estaban embarrados en sangre hasta las orejas. A los jefes no, algunos de ellos, cayeron en la partida. Los otros, los que metían picana, los que violaban, los que mataban amparados por la cruz y el dinero, a esos no. Esos debidos a la obediencia, fueron perdonados.
La cosa siguió, hasta hubo dos demonios para tranquilidad de los bienpensantes.
Después vino otro, con poncho, patillas, bombo y escarapelas. El día del triunfo se fué a su pueblo en los llanos y se llevó con él, al directorio de Bunge y Born.
Los vientos clamaban, pero ahora había que vender.
Seguimos siendo los más demócratas entre los demócratas del mundo. Nos enseñaron eso de las relaciones carnales y mientras nos hacían los que nos hacían sin decirnos apenas que nos querían, soltaron a los asesinos.
El medio argentino, ya que no era ni siquiera argentino medio, se contentó igual, con el dólar a un peso, se atrevían a todo, cámaras, pisitos, autos, créditos, tarjetas de cédito, y, "qué vivo es este tipo" decían en el bar, los que como sabihondos y suicidas, seguían esperando por cierta esperanza.
Después de casi diez años, llegó la honestidad, que dejó una treintena de muertos un 20 de diciembre como epílogo, un corralito y la sensación seca de tener que comenzar de nuevo, sin llorar, a enderezar los caminos.
Pasaron tres en el gobierno que no hacían uno.
Digo
Estamos rodeados y son para peor.
Hasta que llegó este. Ganando por poco a uno de los anteriores. Nadie daba tres mangos por él. Duraría lo que suelen durar las farsas.
Sin embargo, ese día luminoso de justicia, cuando hizo subir a una silla al militarito de turno para que descolgase el cuadro del dictador, ese día, a muchos nos cruzó una sonrisa el almita atribulada que portábamos.
Otro día, dió la orden terminante de no reprimir ninguna protesta. Esa noche, algunos bailamos alrededor de ciertas fogatas, entibiados por el vinito salvador, que nos permitió abrazamos largo, mientras sonaban los redondos en el equipo.
Otro día, apuró a los lerdos y la justicia volvió a la carga para meter preso a tanto asesino suelto y prejubilado. Abolió leyes terribles e inmorales. Ahí, en ese momento, compartiendo mate y canciones, nos buscamos los ojos, para mirarnos largo y sabernos a pesar de todo que estábamos casi bien.
En ese momento crucial, cuando Madres de Plaza de Mayo decide, que ahora la acumulación debe dirigirse a otros horizontes y que venía el tiempo del castigo y de la justicia, ahí supimos que este tipo, parecido a un actor cómico de televisión, estaba haciendo cosas inéditas.
Digo.
Los setentistas en serio, los que venían del palo, no los tilingos de coordinadoras ni chicago boys, sino aquellos, que enterraron en el patio del fondo, libros y libretas con direcciones, aquellos que salieron de noche por techos y ventanas. Los que tuvieron que hacer artesanías en Minas Gerais, los que debieron cambiar de ciudad, los que encerrados entre tanta lluvia, tuvieron que esperar, encontraron en este tipo, con sus errores y sus aciertos, a uno de ellos.
No se llora la muerte de un compañero. Se lo reemplaza y se sigue. Ahí está la compañera, que no se parece a la otra viuda y por suerte ni siquiera hay ningún Balbín a mano.
Pero hay otros. Esos que se llaman "La oposición", los domesticados, los esclavistas con ganas de seguir haciendo negocios, los traidores a reglamento, los gimnastas de la entrega, los cómplices de la desmemoria.están ahí esperando por su oportunidad, vociferan, hablan de tiranías. Se amansan unos a otros, esperando por el fin del oprobio, el de ellos, claro está, no el de nosotros.
No hace falta más, a estos ya los conocemos. Solo falta recordar. No olvidar, saber que esos, también son la contra.
Uno, cualquiera puede estar de acuerdo o no. Lo cierto, que este, hasta ahora fue el único que se acordó un poquito del resto. Ahí está la asignación por hijo, más allá está el aumento de reservas, también más acá está la "estatización" del Banco Central, las jubilaciones y otras cositas, que en el fondo volvieron a ser de nosotros.
Quedan cosas. Quitarle el poder a los medios, a los grandes medios de comunicación, democratizarlos, hacer de ellos, lo que deben ser medios de comunicación y no centros de poder. Es una batallita. La otra, es repartir las ganacias de las empresas con los trabajadores, darle otra vez sentido a la palabrita tan mal usada y tan gastada: plusvalía.
Días de tristeza fueron estos días. Sin embargo nos queda la sensación de haber pasado un buen tiempo con un tipo, que nos volvió a descubrir la política, esa que siempre nos hizo sentir estar entre la gente y en medio del tumulto.
El resto, como siempre es un desierto, sitio en donde los que sobrevivimos nos hicimos baqueanos, en donde nos refugiamos esperando hasta que aclare, como síntoma, como siempre se estipula en estos casos.
Me queda la imagen de esa mujer llorando, como la de aquel colimba del '74 mientras pasaba el cuerpo del otro muerto ilustre.
Tal vez sea esto el peronismo. Tal vez de eso se trata todo. De apechugar la tristeza y seguir tirando hacia adelante, sin elaborar toerías sobre el populismo o el peronismo.
Entonces, dos fotos, esta, de ahora tiene más fuerza que todo lo dicho, pero había que decirlo.
Un abrazo.

jueves, 7 de octubre de 2010

La fiesta de varguitas


Pasaron veinte años desde que los suecos, se dignaran siquiera a mirar la literatura escrita en español o castellano o en esta lengua que para ellos, para los del norte suena como una especie de dialecto tercermundista. Para algunos habitantes del reino español también, pero esa ya es otra cuestión.
Mario Vargas Llosa es premio nobel.
Gana la literatura de nuestros territorios, gana un impulso grandioso la gran fabrica de sueños que es Latinoamérica. Con varguitas, gana una forma literaria extraordinaria. Podemos coincidir con él, en este ámbito, a lo mejor, en el otro, no, pero eso es lo de menos.
Digo
Vargas Llosa, es de derechas, liberal y representante del pensamiento dominante. Nos podrá parecer excesivo, pero es su postura. Correcta o no, representa ese pensamiento provinciano de blancos en territorios de salvajes. De "gente bien" que se desgarra las vestiduras ante tanta tiranía populista. Ante tanto descamisado hediondo, que tiene los mismos derechos de tanto blanco ultrajado.
Vargas Llosa encarna eso. El apoyo irrestricto a políticas de saqueos, de achiques de estados, de mercados que se regulan solitos y de unos cuantos lenguaraces que apoyan la mano dura, cuando los que se sublevan y no aceptan, son los sublevados sin nombre, los de abajo, los de las entrañas de la tierra, mejor dicho los habitantes de ese subsuelo sublevado.
Ese pensamiento, por el cual, lo adoran en Europa. Esa forma de ser, el mejor entre los esclavos, que prefiere que su tierra sea un simil de la quinta avenida a ser, lo que es.
Sabemos que un liberal con miedo, siempre es un fascista.
Digo
Con Vargas Llosa, escritor, ensayista, el territorio de la ficción tiene a uno de sus más grandes talentos. Un escritor necesario, inabarcable y esencial a la hora de entender algo más de esto, de este acto de verdades de las mentiras.
"La Guerra del Fin del Mundo", "La Fiesta del Chivo", o yendo hacia atrás "La Tía Julia y el Escribidor", "Conversación en la Catedral", "Pantaleón y las Visitadoras", son solo algunos de los rastros de esta frondosa obra que carece de límites.
Un escritor que desde su Perú, retrata un mundo. Que nos obliga a descubrir las sendas de una obra que desensilla y se nos acerca entregando una narración interminable, que desde el comienzo mismo nos hizo, mejor dicho me hizo, descubrir a un escritor en la mejor tradición de la literatura. Aquella que cuenta y cuenta sin detenerse ni un segundo.
El lector, descubre lo que varguitas quiere que descubra.
Así es este continente brumoso que se llama América, Sudamérica, Hispanoamerica o América Latina o simplemente una tierra que fue descubierta y abandonada, que se nutre de sueños locos, de memoriosos, que sin llamarse Funes, recuerdan y se apaciguan en la literatura de este escritor notable, que habita este espacio y que siempre nos lo recuerda.
Vargas Llosa es fundamental para entender los orígenes del viento, el sonido de las nubes y de manera grandiosa, hacernos descubrir entre tantas páginas, huellas de un creador que carece de límites y que afortunadamente, en cada novela, logra conmovernos, hacernos un poco mejores.
Menos mal que en el reino de Suecia, alguien piensa y se acuerda de un tipo como Mario Vargas Llosa, un escritor torrencial y necesario a la hora de entender un paisaje, que sigue creando ficciones a sus 74 años para alegría de aquellos, que defendemos con cierto ardor el país de la imaginación, la nostalgia por las buenas historias y la sensación de estar siempre con un tipo que sabe regalarnos la más rotunda de todas las mentiras que siempre suele ser la literatura en estado puro.

sábado, 21 de agosto de 2010

Cataluña o Catalunya?


Esto me lo envía un compañero colombiano. Me pareció de una justicia apabullante. Una mirada que expresa desde su propia mirada, una visión, que tenemos algunos los que venimos de esa tierra que se llama Sudamerica, Latinoamerica o América y que ellos describen, nos describen sencillamente como sudacas, porque siguen siendo simplemente y "solamente" españoles, ellos que creen ser los mejores del mundo o que se creen siempre entre los mejores del mundo...



Cataluña no quiere seguir siendo España y claramente no hace parte de Francia, pero está a mitad de camino entre uno y otro, hasta en el idioma. Qué difícil resulta ser catalán.


Esa búsqueda de identidad entre lo que no se es y lo que se quiere ser confunde a todos, incluso a los que no tenemos que ver en el asunto. Yo crecí creyendo que en España existía una provincia llamada Cataluña donde se hablaba nuestro mismo idioma, y ahora resulta que se escribe Catalunya y que los letreros están en catalán y no en castellano, que es como los nacidos acá llaman a lo que nosotros conocemos como español.

La lección la aprendí un día que entré a una librería y el empleado me dijo que el libro que quería estaba en catalán y en castellano. Yo le respondí que lo prefería en español, y él, sin perder la compostura para no perder la compra, me explicó que el español no existía, que lo que yo hablaba era castellano. Trató de hacérmelo entender con el siguiente ejemplo: en Colombia nuestros indígenas no hablan un idioma llamado colombiano, sino diferentes dialectos, y que en España ocurría lo mismo. Yo le respondí que me costaba entenderlo porque los conquistadores españoles (aragoneses, madrileños, andaluces y catalanes también) los habían matado a todos antes de que yo naciera.

Acá los toros están prohibidos porque la fiesta brava no es fiesta catalana, y tan hondo es el problema de identidad que las escaleras de varios de sus edificios huelen a París. Lo único que por ahora une a Cataluña con el resto de España es la peculiar manera en que muchas de sus mujeres llevan el copete: capul cortado al ras.

Es una expresión mediocre decir que Barcelona es una ciudad mágica, pero no por eso deja de ser cierta. El tiempo se detiene de tal manera que se te pega a la piel; acá no pasa nada, pero pasa de todo. Muchos dueños de negocios lo saben, por eso los cierran para irse de vacaciones y lo anuncian con improvisados papelitos escritos a mano y pegados en las vitrinas que dicen –en catalán, por supuesto- que regresan el 31 de agosto.

En el verano solo dan ganas de ir a la playa hasta las nueve de la tarde y tomar cerveza. Para lo primero basta con ir a La Barceloneta, o echarse el viaje hasta Sitges, lugar donde se firmó el Frente Nacional, y que hoy es paraíso de drogas, prostitución y homosexuales. Para lo segundo están los inmigrantes pakistaníes, llamados pakis (despectivamente y no por cariño, aunque suene tierno), que las esconden en paquetes de seis latas en las alcantarillas para venderlas al menudeo a escondidas de la policía.

Antes de beberla, la gente limpia precavidamente el envase porque no se sabe qué tipo de cosas puede guardar bajo el asfalto una ciudad tan antigua. Se trata de una bebida mágica que podría costar millones por el solo hecho de estar casi congelada pese a salir del subsuelo, pero que paradójicamente cuesta apenas un euro.

El centro de tan bizarra actividad es la plaza George Orwell, en el barrio gótico, llamada así en honor al escritor inglés que peleó en la Guerra Civil Española, pero conocida, esta vez sí de cariño, como plaza del tripi. Allí conviven en sorprendente y tensa armonía drogadictos, okupas, turistas y habitantes de la ciudad que solo buscan irse de fiesta. En los balcones de los edificios que rodean la plaza cuelgan letreros pidiendo a gritos un barrio digno: Volem un barri digne, proclaman.

No se ve por allí a los catalanes pijos. Ellos salen de fiesta casi de madrugada y se mueven en otras áreas de la ciudad, rara vez pisan un sitio turístico. En La Rambla, donde los turistas somos una plaga, los almacenes venden sombreros mexicanos porque muchos estadounidenses preguntaban por ellos. A costa de seguir enredando la identidad de toda una región, los negocios empezaron a venderlos pese a que Tijuana está a miles de kilómetros.

Esta ciudad es señorial, mezcla de pueblo y gran metrópoli, donde lejos del circuito turístico se pueden ver calles tan angostas que no cae el agua cuando llueve, cuerdas que van de balcón a balcón para que la ropa se seque más rápido y señoras enruladas como si a la noche tuvieran una gran fiesta. El asunto es que pareciera que nunca se quitaran los rulos, igual que Doña Florinda.

Cada construcción, por pequeña que sea, rinde tributo a la personalidad catalana. Recorrer bien este lugar significa indignarse porque un grande como Woody Allen no le hizo justicia en Vicky Cristina Barcelona, y peor aun, que por tan mediocre película Penélope Cruz se ganó un Oscar.

Ciudad rara. Es aparentemente de izquierda, pero su opulencia se ha logrado con una que otra idea venida del lado derecho, especialmente en lo económico. Al presidente de Cataluña, José Montilla Aguilera, sus gobernados le critican más su imperfecta pronunciación del catalán que muchas de sus medidas de gobierno. En sus calles hay tantas camisetas del FC Barcelona como turistas gringos. De haber sido catalán, me habría hecho seguidor del Espanyol porque creo que hay algo de dignidad en hacer parte de la minoría y mucho de vil en simpatizar con el poderoso.

Aquí es ilegal estar desnudo en vía pública, pero la ley no contempla como desnudez andar por ahí sin ropa pero con zapatos. Hay un hombre que se sabe la regla al pie de la letra y se pasea por la playa solo con zapatos y gorra. Está lleno de canas, tatuajes y exhibe una mondá que dejaría en ridículo a Faustino Asprilla (adjunto foto). Algunas mujeres hacen cara de oh dios mío cuando se lo topan de frente, las locales ya no se sorprenden, y los turistas le toman fotos mientras él posa feliz para las cámaras.

Quien llega a Barcelona nunca más la olvida así jamás regrese. Yo tomé del agua de la Fuente de Canaletas porque se dice que quien bebe de ella, vuelve. Y yo quiero volver, siempre. Esta es la casa de Serrat y Gaudí; de Messi, las Fiestas de Gracia, la Sagrada Familia y los Castells; de Miró y Vila-Matas. Pero Barcelona es sobre todo el sitio donde cervezas a un euro salen de las alcantarillas, y donde existe un hombre capaz de hacer llegar al orgasmo a la hermana gorda de Moby Dick.

sábado, 14 de agosto de 2010

El baile de los vientos


A los que ya no están y a los que estuvieron.

No van a tener paz, mientras dure la paz.
Videla, Menéndez y el resto, están siendo juzgados y el baile, ese que quisieron suprimir a fuerza de hacernos desaparecer, de borrarnos y de quebrarnos, tiene, tenía vuelto y es este.
Están presos, llegaron a viejos, les permitieron vivir en sus casas y ahora, les toca decir memeses, justificar y enaltecer lo realizado.
Valientes de mentiritas. Soldaditos de plomo barato.
La guerra se gana con la paz y esa la perdieron antes de comenzar, como perdieron la otra, la verdadera con uno de los dueños del mundo.
Pero en la única que estos reivindican, se enfrentaron contra hombres y mujeres, en la mayoría de los casos desarmados. Muchos dormían cuando entraban en sus casas, otros en la calle. Mujeres en una iglesia. Muchas embarazadas, para después traficar con sus hijos. Dirigentes sindicales, comisiones internas, definidas por Balbín y el resto de radicales como "guerrilleros fabriles". Estudiantes, intelectuales, amas de casa, abogados, médicos, psicólogos, arquitectos, dibujantes, y un largo camino lleno de rostros, de vidas y de cuerpos, que ya no están más con nosotros.
Videla, al que llamaban "Pantera Rosa", está siendo juzgado. Esto merece una reflexión apenas.
Entonces.
Ahora que una de las defensoras de los torturadores, Lilita Carrió se quedó sin frente opositor, vale la pena comenzar a pensar en estos políticos, que quieren volver a la normalidad cuartelera. Duhalde, Macri son solo los nombres de aquellos, que quieren encontrar un hombre fuerte, en cualquier ámbito para arrancarle el poder a esta "tiranía" que parece que padecemos los argentos en estas épocas.
Biolcatti y los campesiones millonarios de la soja. Los curas con Bergoglio a la cabeza. Menem y sus perdones. Que la lista es larga y como no hay respuesta, quieren volver por lo menos a perdonar a los torturadores y olvidar.
Olvidar lo más pronto posible, que queda mucha torta por repartir, mucho por saquear y mucho por ovillar.
Entonces llega Garzón, un juez español y le gritan en la cara estos: ¡qué viva Franco! Lo empujan, lo llaman terrorista y se desgañitan porque los patriotas esta con traje a rayas.
Sin embargo, Garzón, este juez español, dice que La Argentina, es un país que sienta las bases en materia de derechos humanos. Porque la justicia persigue a estos idiotas útiles, que un buen día decidieron que la patria estaba en peligro y que ellos, debían volver a poner las cosas en su sitio.
En este baile de vientos, estos cobardes están presos y así seguirán hasta que se mueran, que lo hacen y bien, de viejos y sin arrepentirse, olvidados por sus jefes, abandonados a la buena de ese dios, que estos tenían y que parece ser, que se ha olvidado de estos sicarios de Cristo en el Río de La Plata.
Mientras tanto Carrió y sus secuaces, siguen criminalizando todo, para que la policía a palos o picana, los arreé, los quite de la vista. Oculten a los pobres, tapen las corruptelas de estos novios desencajados y malhumorados.
Porque en la clase política, en la oposición existe eso que decía el viejo Arturo Jauretche: que era más fácil pescar un pejerrey en una bañera que encontrar una idea en los discursos de estos tipos. Aunque se refería a Balbín y los radicalitos, vale tanto para estos, que pareciera que el viejo sigue vivito y coleando, por Avenida Córdoba y Esmeralda, asombrado eso sí, por tanto latrocinio de los vendepatrias de siempre, por tanto patriotismo de Manhattan, por tanto enemigo suelto y de compras por Madrid.
Entonces.
Inquietos como estamos por el matrimonio gay, por la discusión sobre el aborto, seguimos sin darnos cuenta, que entre todas las cosas, sobrevivimos a los milicos y después a sus socios demócratas y que aquí estamos, todavía bailándoles en la cara a estos, mientras estos, siguen yendo de tribunal en tribunal, reivindicando el asesinato, la tortura, las violaciones, las desapariciones.
Es decir haciendo algo, que ningún hombre de bien puede hacer sin tener un serio problema de conciencia.
Impusieron la impunidad como escuela de guerra. Moldearon al país en silencio, establecieron pautas de conductas mientras decían: "no se queje si no se queja".
Salían de noche a secuestrar y volvían contentos con sus trofeos de guerra. Pateaban puertas , sabiendo que del otro lado, había gentes resignadas, con miedo y solas. Saqueban esas casas y entregaban los cuerpos vivos, a otros que esperaban sedientos por esos cuerpos indefensos y ya sin nombre ni apellido.
Para ser justos, a Videla, Martínez de Hoz y el resto, habría que haberlos juzgado hace tiempo. Ponerlos en el sitio que están hoy. Pero el traje a rayas siempre los esperó y ya lo tienen a mano.
Pero ya se sabe, los vientos nunca paran cuando deben. Pero esa ya es otra historia.
Por ahora celebremos, que estos cobardes, están siendo juzgados y con eso, por ahora ya tenemos suficiente como para ir tirando un rato más.

jueves, 8 de julio de 2010

Los libros y la memoria


No es posible apresar todas las caras que suele presentarnos la realidad, por eso apelamos a la ficción para construir a veces esa realidad que nos presentan de ratos o todo el tiempo.
Como si el tiempo real, como si la realidad fuese la única fuente con la cual nutrirnos. De ahí que la literatura sea una organización de los hechos, que siempre los hechos no tienen en sí.
La gente lee menos, dicen, cosas serias. El público quiere otras cuestiones. Desea pasar el tiempo, que nada altere ese aparente reino de cordura en el que vivimos. Menos ensayo, menos pensamiento crítico, menos aprendizaje. El mundo quiere placer, hedonismo puro, menos compromiso y más ligereza.
Por eso, ahora que seguimos idiotizados frente al televisor, sabemos que estamos a salvo de cualquier realidad, porque estamos bajo el influjo de esa realidad, que nos sienta frente a un plato de comida, mientras explotan las bombas, en ese mundo perdido que ya debe ser el cuarto o el quinto, que nos tiene sitiados a nosotros, en nuestra casi de clase media.
Nos enseñan a hablar, a pensar, a dormir y hasta a hacer el amor.
Nos venden políticos, perfumes y caricias.
Nos imponen reyes de la moral y hasta guerras justas. Nos meten el miedo en el cuerpo y nos volvemos enemigos de clase, de aquellos que hacen huelgas y no nos dejan llegar a tiempo a nuestra humillación diaria, que algunos llaman trabajo.
El arte opera sobre la realidad, como dice José Pablo Feinmann, arrancando de ella algo que en ella no hay en realidad.
De pronto las editoriales descubren hoy, que el pensamiento ya no vende.Que no hay tiempo, que el lector, ese tipo sentado con un libro en las manos, es una fantasía. Que ese mismo tipo hoy por hoy, quiere cosas rápidas, sin acartonamientos, no pensar, seguir la marcha, que ya le contarán de qué va la vida, en el telediario de las ocho.
Mientras tanto, tomamos mate mirando por la ventana, saludamos a algún vecino y dejamos que la fresca se vengue de tanto calor suelto.
Nos bombardean con el aborto, con el matrimonio gay, con las descargas ilegales de internet, con el aumento de la edad jubilatoria, con la crisis que pagamos nosotros y con nuevos trabajos esclavos para todo el mundo.
Entonces, la clase media, se hace de derecha. No, mejor dicho, demuestra lo que siempre fue: esa especie de cuna de serpientes con rango social, que abomina de los otros, los que sudan en vez de transpirar, los que cortan el tráfico o los que meten las patas en cuanta fuente histórica hay en su camino.Los que en definitiva no son "gente" como ellos.
Piden mano dura. Que regulen el derecho a la huelga. Que el gatillo fácil sea fácil para con los que deben morir siempre. Que se construyan grandes tapias para que tapen lo que no hay que ver.
Pretenden que trabajemos gratis. Que seamos personas sin conciencia. Que aceptemos sin levantar la cabeza. Que nos reglamenten los hijos que debemos tener, porque como animales que somos, no podemos decidir. Que nos quiten las conquistas que con sangre y fuego, conseguimos arrebatarle a patronos, curas y gendarmes. Que seamos lo que siempre hemos sido, mercancías baratas y dispuestas. Que nos bendigan el amor, aquellos que violan a nuestros hijos. Que nos den la vida aquellos nos pegan tiros en la nuca y por la espalda. Que nos contraten aquellos, que estafan y roban a manos llenas y se indignan cuando, no pueden más.
Por eso, no es casual que con los tiempos que corren, hayan decidido que no es momento para pensar. Que no es momento para aprender y aprehender. Que ya está bien de esas cuestiones. Que no es tiempo de andar pensando, sino cuidando lo que tenemos. Es hora de convertirnos en traidores a sueldo y beneficios.
Por eso, mientras algunos dudan, es bueno recordar por si acaso, que no hace mucho tiempo, la policía paraba por las calles de mi ciudad, a aquellos que portaban libros. Eran sospechosos de saber. De pensar quizá demasiado.
También que, cada tanto a uno se le ocurre a la salida del confesionario, que sería bueno una quema organizada de libros y porque no, de sus portadores, así muerto el perro se acaba la rabia.
Mientras tanto, sigo tomando mate en el balconcito, mirando a la gente pasar. Esperando...