En Zona

viernes, 6 de julio de 2012

Momentos de Justicia

La foto destraba. Cuatro mujeres y un cartel. Cuatro personas llevando una pregunta que cruza la historia Argentina. Que hace tajo y divide esa historia. La fota deja detenida una sensación de dolor profundo, se convierte en presente. Desde ese blanco y negro en que se vistió ese pasado que no fue casual. Nunca nada lo es.
La foto por vieja, es de hace un momento. Ese momento en donde girando en redondo, la memoria vuelve a erigirse en un arma. 
El plan de exterminio llevado a cabo por las castas dominantes de este país quiso ser letal. Clausurar un momento de la historia. Cerrar todo vínculo. Dije cerrar, debo decir segar.
Segar toda oposición, a toda costa. Eliminar a aquellos que se opongan al plan previsto. Ese es el motivo del extermino sistemático de miles de personas. De seres vivos arrojados al mar. De seres vivos enterrados vivos. De seres torturados hasta la muerte. De seres maniatados y amordazados, fusilados en plena noche y ocultados después. De enfrentamientos entre hombres armados y hombres desarmados, en donde triunfaban aquellos que tenían las armas y los cuerpos a su merced.
Pero la foto dice también otra cosa.
Los profetas del odio, además tenían otros planes. Tal vez tan siniestro como la desaparición forzada de personas.
Hacer parir a las madres en los campos de concentración, luego asesinar a esas mujeres y repartirse los hijos como un botín de guerra. Apropiarse, someterlos a ellos, a esa cultura de la reformulación de la personalidad, para que de esta forma, terminar de derrotar a la guerrilla en el campo de la totalidad, que militares, curas y civiles habían elegido para combatir en ese tercera guerra mundial, que ellos creían estar peleando.
Fueron más de quinientos niños nacidos en cautiverio. Se recuperaron hasta hoy algo más de cien.
Ayer nomás. Cinco de julio la justicia por fin, hizo ejemplo y volvió a condenar. Para algunos son penas leves, para otros penas ejemplares. No importa demasiado. La discusión es otra.
Se ha comprobado. La justicia acaba de hacerlo por fin. Existió un plan elaborado, una determinación decidida en torno del castigo para con los insurgentes. Existió un acuerdo tácito. La militante embarazada que era capturada no sería asesinada hasta tanto no pariera, una vez producido el parto, la madre era trasladada a la muerte. Ese hijo nacido en maternidades instaladas en esos campos de la muerte, esperaba que sus captores decidieran su destino.
Se falsificaron documentos. Se fraguaron historias. Se implementó entonces, un nuevo horror a los horrores desatados por las "gentes" de bien que siempre gobernaron a éste díscolo país de sublevados.
Digo.
Ayer la justicia produjo otro día de historia. Videla y el resto, fueron condenados por tribunales civiles por ser:" los responsables de la práctica sistemática y generalizada de sustracción, retención y ocultamiento de menores de edad", dice este fallo que abre la puerta a los que vendrán, a todos los que vendrán a continuar una historia.
Esta historia que se define a si misma, como lo que es. Una historia de voluntades llevadas a cabo por un grupo de mujeres, que salieron en medio de la noche a pedir por sus hijos y por los hijos de sus hijos. Que salieron a enfrentar a los asesinos con una premisa total. Aparición con vida.
Me detengo.
Como si nada hubiese ocurrido, hoy los periódicos argentinos vuelven a marcar una diferencia. Tres tapas diferentes de tres diarios distintos, dieron cuenta hoy según sus intenciones de los ocurrido ayer en la Argentina. Tiempo Argentino, clarín y Página 12.
 Siguiendo diferentes caminos, las cuestiones vuelven a dirimirse en torno de lo dicho por los medios de comunicación masivos de este país. Algunos buscan ampliar el horizonte del pensamiento crítico, mientras que otros buscan profundizar ese esquema de dependencia y ocultamiento. Beneficios a los que siempre suelen acorgerse los que dicen ser defensores de la libertad de prensa, defensores de la pluralidad democrática de las comunicaciones, mientras no estorben sus propios procesos de acumulación capitalista. Los diarios, como los demás medios de comunicación, eligen de qué lado colocarse a la hora de informar o de llevar a cabo su contra parte que es siempre la desinformación para proteger sus intereses de clase. Intereses que los llevóa a aplaudir de pie, lo hecho por las dictaduras de que azotaron este país, pero muy especialmente lo llevado a cabo por la última, ya que esta terminó beneficiando a los medios adictos de la tortura y el saqueo, convirtiéndolos en cómplices.
Entonces Página 12, desde su tapa coincide con su postura crítica ejercidad desde hace veinticinco años con respecto de los derechos humanos, del juicio y cástigo y el ejercicio pleno de la memoria. En sus páginas, es posible encontrar día a día, recordatorios sobre las víctimas, que familiares y amigos hacen, reclamando justicia, prometiendo el no olvido y ejerciendo su derecho a reclamarlos, como siempre, en su aparición con vida.
Sin embargo para el vocero de la antipatria los temas históricos son otros o por lo menos, la importancia de los otros temas lo sitúan claramente en las antípodas de ese, de este momento, en el país. Clarín, uno de los dos diarios beneficiados por el gobierno de la picana y el robo de bebés, no duda a la hora de defender lo indefendible o mejor dicho, lo nombra a regañadientes, lo sitúa si bien en la tapa, en un espacio menor, al pie de página, debajo de una foto de señoras muy bien vestidas y maquilladas que piden más policías y más eliminación física de ladroncitos de un color de piel diferente. Como las casualidades se sabe no existen, esta foto central con fondo negro, apoyada literalmente sobre el tema del robo de bebés etá debajo de la nota más importante. La nota sobre un gobernador, que el diario espera, sea en poco tiempo más la princiipal figura opositora de este gobierno que los tiene a maltraer. Pero no es sorprendente. El diairio a diferencia de otros medios argentinos, es un monopolio. Es una corporación que a diversificado sus negocios. Tiene intereses en soja, armas, negocios financieros y conforma según pasan los tiempos distintos grupos de presión, que montados sobre el canto vacío de la libertad de prensa, trata de ocultar sus negocios ocultos.
Dueño de canales de televisión, de radios como mascarón de proa, clarín desde su tapa marca claramente las diferencias semánticas con respecto de un hecho de por sí histórico, así en la conformación de su discurso periodístico trata de ocultar o mejor dicho darle otro sentido al curso de la información, desplazando el foco a otras alternativas, que lo sitúan claramente en la finalidad expresa de expresarse según sus intereses periodísticos, que no siendo casual, no coinciden con el sentimiento generado por la justicia de este país para con sus ex y actuales socios, que vienen a ser los mismos.
Por su parte el tercer periódico de la jornada, también situado en como Página12 en el costado de la información decide desde su misma tapa colocar la información en su justa medida, abarcando la parte
central de su tapa en un hecho, que conmueve y determina el sentimiento de buena parte de los habitantes de este país. Creer como creen los grandes conglomerados monopólicos que el tema de los derechos humanos radican en las inquietudes de unos pocos, es desconocer el tamaño y la profundidad del daño infligido por los militares, hasta ahora, únicos culpables del genocidio. Faltan sus socios civiles, empresarios patriotas que vendieron el país a pedacitos, hombres provos, que confeccionaron listas de delegados sindicales de sus empresas, para que fuesen secuestrados. Asalariados de las multinacionales, que ejercieron el poder discursivo montados sobre las bayonetas de sus alcahuetes uniformados, mientras el país era un enorme campo de exterminio. Tiempo Argentino destaca en su tapa como título principal entonces, el hecho trascendente de una condena ejemplar.
Tres diarios, para descubrir quién es quién en estos momentos en este país. Vale la pena, leer los diarios, descubrir sus entrelíneas. Lo no dicho. La configuración de sus tapas. Todo vale en los grandes monopolios para distraernos. Miren sino México con el candidato del PRI y de Televisa para darnos cuenta, del poder que ejercen estos defensores de la libertad de prensa.
Los ocultamientos y los corrimientos de sentido que realizan a la hora de querer vender, algo que en realidad no es y ocultar los trazos, las huellas que han ido dejando a lo largo de las últimas décadas de latrocinios y traiciones los dueños de la supuesta verdad de los grandes monopolios de la prensa argentina.
Monopoliosque algún día, también pagarán sus culpas.
Así, solamente mirando y con la ayuda involuntaria de mi hijo, descubrí estas tapas hoy, mientras trataba de darle forma a este discurso del día después. De la historia de estos tiempos que me conmueven.
Digo.
Voy a contar una historia. Amarga, dolorosa como las cientos de historias dolorosas que atravesaron este país en los años del dolor.
Ella se llamaba Cecilia Viñas. Era militante. Ella y su compañero lo eran. Estaba embarazada de siete meses al momento de su secuestro. El y ella, ella y él sufrieron torturas terribles. De él, Hugo Reynaldo Penino no se supo nunca más nada.
De ella en cambio se supo, que hasta pocos meses después de instaurada la democracia, siguió con vida. A las pocas semanas de asumir Alfonsín la presidencia, ella, Cecilia Viñas se pudo comunicar con sus padres. Tres o cuatro veces por teléfono. Luego cesaron las comunicaciones.
Ni el presidente electo ni su miserable ministro del interior hicieron algo. 
Se cree que ella fue asesinada después de estos contactos. El apropiador del hijo de ella, era el segundo jefe del campo de concentración que funcionó en la Esma. Vildoza el valiente marinerito está prófugo. Su señora, también apropiadora del hijo de Cecilia, fue detenida a principios de estaba semana. Parece que entraba y salía del país a su antojo, con documentos falsos. El hijo de Ceclia Viñas vive en Londres, con sus hijos.
Cecilia no es un misterio. Es producto de la impunidad que habitó este país durante décadas.
Era una morocha linda, siempre sonriente, siempre de buen humor cuentan sus compañeras de trabajo. Está desaparecida y su historia es la historia de ese dolor que nos cobijó durante muchos años, que llevamos a cuestas como un poncho pesado por el agua de lluvias casi eternas que atravesamos hasta ayer, cinco de julio en donde hemos vuelto a vivir uno de esos raros e inusitados momentos de justicia que de tanto en tanto nos debemos y nos merecemos.



La astucia del tiempo

Mientras recorro tercamente las calles de esta ciudad casi incendiada en el sur del mundo, voy descubriendo secretos, pequeñas señas de esa identidad que por momentos nos viste o mejor dicho, nos desviste en una complicada madeja de preguntas y respuestas, desaciertos que se conforman a cada pasa en nosotros mismos. Ahí estamos entonces, ahí estoy entonces, viendo como una parte de la población blanca y "sana" de este país ruega a los cielos pidiendo el cese de este gobierno, la mala influencia de esta señora que gobierna y que, por si fuese poco, fuera elegida por más del 55 por ciento de los votos de los argentinos. Asi se suman a la estela dejada por un líder sindical, que décadas atrás pedía la eliminación de aquellos sucios marxistas de las filas de los trabajadores y después devino en ferreo opositor de las políticas neoliberales de aquellos secuaces del orden establecido, occidentales y cristianos, que comedidos como siempre lo han sido, siguen vaticinando horrores e infiernos a cada momento. Pero no alcanza. Señores y señoras que piden mano dura, el regreso de los militares, la libre compra de dólares y el cese de la injerencia estatal. Asi vamos los argentinos. Así voy yo, descubriendo a cada paso paredes que desde ese centro mismo de la galaxia, somos.
Entonces somos los mejores. Los únicos portadores de los dones dados por dioses, angelitos y algunos diablitos que conviven con los azorados habitantes de esta parte del planeta. Imprescindibles para descifrar el universo, sin necesidad de partículas atómicas ni aceleradores suizos o cosas parecidas. Viajamos por la vida exponiendo las falencias mismas de esa vida, que solo nosotros amortiguamos con nuestro saber, con nuestro entender. Describimos la sustancia de la palabra y ahí, como no puede ser de otra forma, estamos afincados, acalorados y conjurados. Es que nosotros somos los dueños de la verdad última. Los dueños del fuego. El creador habla con nosotros y nosotros traducimos los que éste nos sintetiza al oído a cada paso que vamos dando.
Dios solamente puede ser argentino.
Y no nos cabe ninguna duda. Siempre ganadores, aunque juguemos al empate, sentimos que todos nos deben algo. Que el resto no sabe los secretos que nosotros sabemos. Perdonavidas, así junto porque así suena, somos. Deambulamos entre metáforas, entre verdades a medias y entre susurros.
Y sin embargo este misterio de país, tiene o mejor dicho deja secuelas importantes. Uno recorre la ciudad, la camina y termina encontrando un paredón en donde, otro, con esa audacia nos deja traslucir el secreto de ese ser nacional. 
Es entonces con la levedad de los tiempos que corren, que el señor, vende desde las paredes de la terminal de trenes de Chacarita, los dones argentinos representados en ese vapor que aturde, en ese jugo que destilamos a cada momento. Ahí estamos entonces. La carne. Ese tesoro nacional, que nos pinta de cuerpo entero. Carnívoros irredentos. Tango, fútbol y carne. La tríada perfecta. La religión disciplinada de argentinos dueños de verdades donadas solo a nosotros y nadie más de este, con perdón de los chorizos, universo que también y por las dudas nos pertenece.
Ser nacional.
¿Ser nacional? Esta especie de dilema, que congrega a muchos en torno de esta cosa atravesada por fantasías.¿Qué es el ser nacional? En qué radica ese nacional que nos convoca en la discusión estratégica de sabernos algo. ¿El ser no es lo mismo que el estar? Aunque ambas palabras sean distintas y una especie de tesoro de nuestra lengua. Lengua que por aquí no es castellana sino española, para disgusto de catalanes y valencianos y vascos y gallegos y otros delirantes hispanos.
Entonces ese ser, nacional vendría estar en nosotros en nuestra lengua que empuja. Lengua que busca el ultraje para dirimir en la confrontación contra todo y por supuesto contra todos.
Digo.
¿La argentinidad? ¿Qué significado tiene esta especie de definición? ¿Los argentinos tenemos argentinidad? ¿Cuándo adquirimos este hímen sagrado?¿Nos define?
A lo mejor ahí reside esta especie de locura que significa ser lo que somos: argentinos. Ni más ni menos. Inventores de la maratónica destreza de la palabra. La historia se hace para nosotros. Ahí y desde ahí, presiento, que miro al mundo y lo que es aún mejor, que el mundo me contempla extasiado.
Ser nacional y argentinidad.
Hago un punto.
Cambio de tema. Mientras el invierno nos regala un día raro de sol, escucho por enésima vez el último disco de Regina Spektor. Rusa asimilada en los Estados Unidos. Pianista y cantante. Dueña de una mano izquierda interesante dentro del panorama del pop.
Además dueña de una voz y de una capacidad de interpretación nada común dentro del panorama flojo del pop actual. " What we saw from the cheap seats" es un buen disco. De esos que se dejan escuchar y escuchar hasta que el vecino, de rodillas te implora en las escaleras de casa que por favor cambies de disco, aunque sea una sola vez. En fin. Regina Spektor, viene desde hace años acumulando en silencio, discos notables, solitarios y casi ejemplares. Este último trabajo la muestra más confiada en su voz y en su piano. Suma, sigue sumando melodías que suenan perfectas. Canciones que se construyen desde esa memoria que arrastramos desde hace mucho. Canciones que suenan contra la ventana de mi casa de Villa Crespo y que ayudan al paisaje a modificarse a fuerza de talento que esta mujer tiene y que comparte con nosotros.
Me detengo en " All the Rowboats"; en " Don´t Leave Me (Ne me quitte pas)" o en la perfecta "Small Town Moon" y confirmo, que lo llevada por esta rusita desde Moscú a los Estados Unidos y unido a lo sembrado allí, la hacen sonar diferente. Supongo además que este disco más los anteriores conforman una especie de mural en los que Spektor viene plasmando pequeñas piezas musicales inobjetables.
Un disco notable para este invierno suave que vivo en esta ciudad, que a veces, solamente a veces, invita a la misantropía más radical.
Pero esa ya es harina de otro costal.
Otro disco que acabo de descubrir y que también genera en mí una especie de adicción desenfrenada, es el de una cantante de México llamada Lila Downs.
 " Pecados y Milagros", disco notable, querible y entrañable. Otro descubrimiento en la carrera de esta cantante que a fuerza de talento y decisión ha logrado confirmar una discografía propia y particular. en este su último disco, confluyen sonidos de su Oaxaca natal, de ese México endiablado y entrañable. Esa tierra que en la voz de esta mujer, conforma un paisaje que hace bailar y sonreir ante cada vuelta o curva que tiene este disco. Trabajo esencial de esa América nuestra y no de los gringos. Rancheras, boleros y corridos conviven en este trabajo, que me animo a pensar, esencial y casi obligatorio para aquellos que aman profundamente la música y la poesía que siempre suele desprenderse de ella. La voz de Lila Downs le da vida a ese especie de monumento de la canción que es " Tu cárcel", bolero de aquellos que todavía sueñan con ese amor loco. Pero también están ahí canciones como "Zapata se queda" en compañía de los colombianos de Totó La Momposina a quienes hay que escuchar de vez en cuando para comprender como mueve la cintura este continente incontinente; "Cucurrucucú Paloma" " Vámonos"o "Fallaste corazón", todas canciones que obligan a una pausa para descubrirlas, para saborearlas despacito, con gusto y paciencia. Como siempre deben saborearse las buenas cosas y no a las apuradas como exige el mercado.
En fin, dos discos de dos mujeres, que como siempre digo, las mujeres son las únicas capaces de unir lo útil con lo necesario, motivo por el cual las convierte, para mí, en las dueñas exclusivas del mejor de los fuegos, de aquellos rescoldos vigorosos y de la mejor de todas las cenizas posibles.

jueves, 31 de mayo de 2012

Los años del fuego

Por aquellos tiempos, la vida era casi en blanco y negro. El país estaba ocupado militarmente por el ejército argentino. El nombre estaba proscripto y la avalancha era ineludible. Eran años de fuegos, años de comprender que la resistencia se hacía en las calles y que se luchaba por algo más. La dignidad no se entregaba.
Pasaron cuarenta y tres años de aquel levantamiento popular y combativo. Córdoba fue el escenario y desde allí y en medio de las pólvoras y las broncas, surgió una nueva conciencia. Conciencia popular y de lucha.
Se sabía de antemano que la fuerzas de oposición, las letales fuerzas que sometieron a este país desde tiempos inmemoriales no iban a renunciar a nada. Nunca lo había hecho y por supuesto nunca lo harían sin incendiar todo lo que sirviese para la combustión.
Dirigentes sindicales, como Atilio López, René Salamanca, Agustín Tosco y Raimundo Ongaro entre otros, militantes de base, delegados y estudiantes todos confluyeron en la rotunda negativa de seguir soportando la injusticia. El 29 de mayo de 1969, comenzó a cocinarse otra historia. La historia de los de abajo, de ese subsuelo sublevado de la patria que quería demostrar que existía otro camino por andar.
Años de luchas, de traiciones. Años de hierro en donde todo estaba proscipto. Todo perseguido y sospechado. Donde militares y curas, empresarios y torturadores se dedicaron a saquear esa memoria popular y colectiva. A entregar el país o mejor dicho a seguir  entregándolo a mansalva a los poderes orgánicos que dirigían el mundo. Para estos guerreros de sacristía nosotros, como país, éramos occidentales y cristianos. Éramos el último bastión del orden de los cementerios.
Eran años en blanco y negro.
En algún momento de esos tiempos, comenzó la organización. Se sabía que el enemigo nunca entregaría alegremente su poder. Había que conquistarlo. Había que luchar para que la política volviese a ser patrimonio de todos y no de unos pocos alcahuetes elegidos entre ellos.
Hoy, casi medio siglo después podemos definir los trazos gruesos de esta historia. Algunos podrán verificar la derrota del movimiento obrero, otros la tragedia del campo popular. Habrá quienes arremetan contra esas hordas salvajes que se adueñaron de una de las ciudades más importantes del país durante varios días. Otros recordarán a esos dirigente sindicales, que a la cabeza de sus sindicatos salieron a enfrentar a la policía y al ejército de ocupación. Piedras contra balas. Muchos, tal vez los más a lo mejor ya han olvidado esos días de gloria, en donde se derrotó una de las ideas más férreas de los dueños de este país.
Esa idea, que decía que los habitantes de este país insensato, eran mansos como ovejas. Ese país, del cual intentaban borrar todo el pasado, para que nadie se les opusiese.
Ya olía a chamusquina.
Los estudiantes, el elemento más dinámico de la sociedad, se había rebelado contra el mandato familiar. Poco tiempo antes habían, en Bolivia asesinado a Ernesto Guevara. Poco tiempo antes las fuerzas de la moral y el orden, habían ingresado a los claustros universitarios y a golpes la habían puesto en "orden".
Años antes, durante la década anterior habían bombardeado una plaza, después habían fusilado y torturado a decenas de activistas poíticos.
Eso, esa parte de la historia, no querían perder los dueños de vidas y haciendas de este país.
Mandaron a la policía al centro de la ciudad para reconquistarla, para volver al orden. No sabían.
Enfrente trabajadores, estudiantes y vecinos, se hicieron fuertes y pelearon por una idea. Esa idea de no tener miedo. De enfrentarse decididamente a los opresores. De hacer pie para resistir ante tanta impunidad, tanto decreto y tanto dictador entrenado en los Estados Unidos.
Las fuerzas del orden al quedarse sin municiones, pidió ayuda a los soldados decididos siempre en enfrentarse a personas desarmadas, no dudaron y allí fueron paracaidistas avezados a reprimir, a completar la lista de asesinados que ya tenía en su haber policías y sus secuaces.
Digo.
Recuerdo la emoción. Recuerdo la bronca y las ganas de torcerle la mano a tanto salvajismo bendecido por curias y sus beatas. Recuerdo el paso inicial de la organización de la resistencia. Sabía, sabíamos que después de estos combates por la libertad nada sería igual. El poder, ellos y el resto, sabíamos que se conquista, no se pide ni se entrega.
El plan económico, apuntaba directamente a la clase trabajadora. El viraje a una etapa de cierre de industrias era la promesa, que militares y civiles le había hecho al Fondo Monetario. La precarización de trabajos, de planes de salud o de educación, eran los principales diques a derribar.
También la politización d ela clase trabajadora, era algo que debía erradicarse y máxime, cuando el tirano depuesto, seguía vivo y dando órdenes desde la lejana Madrid.
Vuelvo.
Fueron días de mutaciones profundas. Nada, después de este levantamiento popular volvió a ser lo mismo. Esa misma última noche, la política tomó otro camino. Todos de alguna forma supimos que los vientos habrían de traer años de fuegos.Pero también sentimos en nuestro propio cuerpo, el loco sabor de la rebelión, en donde todos pretendíamos un mundo mejor, un país más justo y la certeza de comenzar a cambiar algo.
El Cordobazo fue una de las gestas colectivas más significativas de esta parte del continente. Fue la rebelión de un pueblo que quería cambiar la historia. Fue la respuesta en las calles al saqueo y la cobardía, pero fue una decisión política, arraigada y profunda de oponerse a la política de los dictadores, sus lacayos y sus secuaces.
Fue un ejemplo de lucha y de toma de conciencia, como nunca se ha visto. Una historia que siempre merecerá ser contada a los hijos de nuestros hijos, para que sepan que en algún momento, los hombres siempre suelen ponerse de pie y comenzar a andar.


Postales porteñas

El cielo se puso gris desde hace más de una semana. Comienza el amor porteño. Ese amor sentimental, que dura lo que un otoño. A veces, uno, yo me pongo críptico como dicen algunos por el camino, es más que nada para disimular.
No aclares que oscurece, me dice sobre el hombro esa oscura conciencia que me galopa casi desbocada como un caballo alazán.
Vuelvo a la ciudad. Los verdes están dando paso a los marrones. La ciudad se desnuda y se descubre como lo que a veces, es, una bella ciudad, ingrata como pocas y redentora también como pocas. La recorro de ariba a abajo, me detengo en los sabores y en los olores de esta ciudad construída por olvidados. Camino y las hojas caídas son parte de este cuadro que por visto y recordado, siempre logra emocionarme, se mezclan entonces las sensaciones, que martillan recuerdos, nuevos tiempos y otras sensaciones, que se acumulan dentro de uno. De a poco voy dejando de ser visitante, extranjero. De a poco se me aporteña el alma y comienzan a descolgarse motivos por los cuales, uno suele irse y también suele volver. De a poco, el pulso de la ciudad se deja tomar. Nos apretujamos en colectivos, "bondis", autobuses. Pedimos permiso y nos preparamos para la travesía urbana. El viaje se sabe, desfila ante la ventanilla y uno se deja mecer con ese movimiento.
Es tango, aunque le pongan otros ritmos, otras música. Esta ciudad es tango desde que amanece y más cuando se hace la noche. Las esquinas, los empedrados, los hombres y mujeres. Todo forma parte de esa escenografía, que cuando se nubla se pone a silbar un tango. Ese sentimiento que se baila.
Digo.
El mismo jerarca que nos daba indicaciones sobre como llevar adelante la economía de este país, es el que acaba de fundir un banco español. Seguramente, mañana el rey o el que mande ahora por esas tierritas, lo habrá de nombrar ministro, mariscal o conde. Nos orinan y dicen que llueve.
Se termina mayo y por aquí, los de siempre empiezan a querer que nos vuelvan a orinar. Quieren dólares, que alguien se oponga, que no le suban los impuestos a los dueños de la tierra, que se vayan estos y que vuelvan aquellos.
Pienso en esta ciudad casi no hay tiempo para pensar. Abundan los traidores, los desmemoriados y otras especies. Se relajan pensando que esta señora no podrá repetir mandato, se esperanzan y mientras tanto, agudos periodistas a sueldo de monopolios, como fue casi siempre, auguran tempestades, tormentas, sapos y culebras. Se vendrán todos los males en pocas semanas.
Ahora que el argentinito, especulador, de derechas, enano fascista, no puede siquiera comprar dólares para irse de paseo, para comprarse un pisito nuevo, para soportar cuando se venga la marabunta hambrienta y desorejada. Ese tipito que echa vidrio molido en la basura para que los que buscan en ella, se mueran. Esa minita que arruga la nariz ante tanto pobre, gente de color y sus incontables hijitos a rastras, la tontita de barrio cerrado y con custodia policial, que espera que se mueran esos feos y sucios que pasan por el otro lado de la alambrada.
Esos son los que quieren que sigan matando a los pibes. Que vuelvan los almidonados que en definitiva son "gentes" como ellos y que cada vez, que estos, te orinan, sonriendo te dicen que es solamente lluvia.
 Mientras tanto, la ciudad sigue con sus nubes, con sus lloviznas, una neblina que oculta el pito argentino del obelisco, lo disfumina algo. Se ocultan los rostros de una ciudad que perdura a pesar de todos nosotros. Brinda sus matices y mientras y como no quiere la cosa, nosotros, sus habitantes seguimos en esta osadía de vivir durante el año, que los mayas describieron como el fin de un ciclo. Cosas que la rutina diaria nos hace olvidar. De paso, uno camina, saluda a los primeros conocidos del barrio, se ajusta el abrigo, porque el frío se viene.
La ciudad se viste de noche, es jueves y los sentidos comienzan a alterarse. Ya se sabe, los fines de semana está casi todo permitido. Perder el tiempo, ser infieles, dormir hasta tarde, desear ser otro por un momento y soñar con la lotería, qué si no la jugamos nunca la tendremos, pero soñar está bien por otra parte. Por lo menos y por un instante uno deja de ser uno y eso, es de veras lo más excitante.
Digo.
A las críticas sobre ser críptico, respondo. A veces lo soy, pero más por timidez que por soberbia. Acepto las críticas, porque aprendo de ellas. Las agradezco y las espero. Por eso es bueno esto de escribir y que a uno lo lean y que no estén de acuerdo. Lo importante es que antes de que nos coman la memoria, podamos repartirla entre todos. Apretujados en este baile en donde el amor es como el hambre.
Oscurece y quiero escribir sobre otras cuestiones.
Pero me dejo desear y pongo música.
Suena un músico notable Richard Bona. Su disco "Makes You Sweat" del 2008, es un disco impresionante grabado en vivo.
Este bajista de Camerún, multinstrumentista, es una especie de virtuoso, todo lo que toca se convierte en una pequeña obra de arte. Un placer que se desprende de su música, de esa busqueda perfecta de nuevos horizontes. La sonoridad de su voz, transporta y seduce.
Un disco impecable, mezclas de sonidos de su tierra natal, con la vanguardia musical de occidente. Una mezcla que produce uno profundo placer. De seguir escuchando a Bona y de comenzar a oír toda su producción musical. Disco imperdible, con ritmos que se nos meten en el cuerpo y nos dibujan una sonrisa. Placer puro de este trabajo grabado en vivo y en donde uno imagina la vitalidad generada desde el escenario hacia aquellos que estuvieron presentes durante esa jornada. Un momento de salud, de saludable intención de moverse al ritmo de este músico, que desde las sombras ha ido construyéndose un nombre en la escena musical.
Vale la pena entonces dejarse llevar por Bona a donde Bona disponga, el talento no tiene fronteras y carece de máscaras. Es puro ritmo, pura búsqueda de nuevos sonidos, de nuevas fronteras por alcanzar. Un  disco notable que le agrega un poco de calor a esta ciudad en vísperas del invierno y que bien merece un poco de sonidos más calientes, más cercano a las sangres que portamos y que nos hacen reconocer las buenas cuestiones cundo estas se presentan ante nosotros.
Entonces música de la buena para calentar un jueves por la noche, en donde entre otras cuestiones he tratado y espero haberlo conseguido, no he sido para nada críptico. Más bien abierto y tratando de ser claro lo más posible. Sin ocultamientos ni ejercicios intelectuales dispersos.
Valga entonces estos momentos en donde Bona "Te Dikalo", para arremeter con una canción bien al estilo Santana, pero es Bona el que canta "Kivu/Suninga" que me bailan en torno a mí en esta noche incipiente y por momentos frágil.
A veces bien vale la pena, contagiarse y dejarse llevar. Desear y sentir ese deseo como eriza la pìel y permitir que la sangre fluya alocada por unos segundos. En definitiva, dejarse querer por esta vida, que nos acompaña y que por momentos tiene mucha luz a pesar de las cosas en contra que casi siempre se nos vienen a galope tendido.
Buenos Aires, bien se sabe es cosa de locuras y otros ardores. Es cuestión, siempre en estos parajes de saber dejarse llevar.
Total todo siempre tiene vuelto.

viernes, 25 de mayo de 2012

La ciudad de lo opuesto

La ciudad, desde hace días está gris. Llueve intermitentemente, los recorridos se hacen tratando de recordar el color, que no hace mucho marcaba el lenguaje corporal de los habitantes de esta locura que llaman Buenos Aires.
Caminar y mirar para arriba es un descubrimiento que uno agradece. Cada uno, pone lo que quiere en sus techos, sus terrazas o azoteas. Una jirafa asoma por un balcón. Me detengo y que quedo quieto, a lo mejor es un sueño y en el, yo estoy dentro de una escenografía y de un momento a otro, harán su aparición los primeros artistas, aquellos que tienen letra para decir. Yo, yo solo soy un extra, demasiado enamorado del decorado que aparecerá indefectiblemente en el fondo de la película.
Sigo mirando, la locura que subyace en esta imagen. Cada uno hace de lo suyo lo que realmente quiere, lo que desea y lo que le termina saliendo de sus intenciones.
Pienso.
Ahora que le han cortado los dólares, el argentinito medio acaba de entrar en el periódo de abstinencia forzada. Especulan, hacen cuentas. Enloquecen mis paisanos con este síndrome que afecta a muchos patriotas argentinos. Se quedan sin la valiosa y hermosa moneda gringa. Cómo vamos a ahorrar dicen con los ojos inyectados, desencajados y sudorosos. Se asustan y desesperados claman en torno a una mesa, sobre esta dictadura malsana. Otros, en cambio prefieren el término tiranía, es más de gente educada. Todos, estos definine la plaga que nos azota. Se arremolinan en torno de este sufrimiento pertinaz que aqueja a la nación. Se viene la debacle, la hecatombe, el infierno tan temido. Sacan cuentas con lápices gastados y quieren el retorno de aquellos brujos, que, con sus modernidades afables, les supieron prometer el ingreso a ese mundo civilizado, que como se sabía desde siempre, estaba lejos, distante y extranjero.
Pienso.
Todo lo que sale de nosotros es una manera de comunicarse, es la forma que tenemos de dar a conocer nuestros fluídos, nuestros deseos de ser traducidos por el otro. Nuestra vida, es en cierta forma, un paso para construirnos un pasado resonante. A lo mejor, por eso los niños saben del poder destructivo del silencio. Algo que vamos olvidando a lo largo de estos rastros que seguimos y que algunos optimistas llaman o denominan crecimiento, madurez.
Es aquí, en esta ciudad en donde, y vuelvo a un tema ya pensando, todo significa lo opuesto.
Por aquí una mujer a quien le gustan los hombres es una mujerzuela, en cambio a un hombre que le gustan las mujeres es todo un hombre. Aquel que dice la verdad, es un loco, el que miente es un rico tipo. El valiente es un psicópata y un cobarde,es solo un mesurado. Un estafador un vivillo y un trabajador un bruto. Un mujer es histérica por historia, en cambio el tío es solo un indeciso.
Un amigo, una vez en un café lejano, me hablaba del bucle. Ese rasgo tan peculiar y tan argentino. Ese dar vueltas y más vueltas. Ser vueltero, abrumador de palabras, estibador de ideas, que amontonadas son el equipaje nuestro. Ese que llevamos a cuestas y en el cual creemos, como un verdadero credo.
Entonces hablamos todos, todo el tiempo en esta especie de babel inquietante, viva y que queda en el cono sur de todo. Porque somos la sombra de las palabras del otro.
Repetimos y creamos la inquietud en torno nuestro, porque la repetición suele poner en duda la idea de la causalidad y la corriente letal del tiempo.
Así perdiendo la memoria, le solemos hacer el caldo gordo a los que siempre criticamos. No vaya a darse vuelta la taba. Por las dudas, decimos y esquivando, casi no decimos. Pero decimos igual. Porque el lenguaje no es el vehículo del pensamiento sino simplemente el que medio que lo determina y por ende lo condiciona.
Nos venden la musiquita para hacernos bailar con ella. Abrazamos lo dicho por los poderosos y creemos que es nuestro. Nos asustan los pobres y harapientos. Nos hacen creer lo que quieren que creamos. Nos sujetan el freno en la boca y nos dejan boqueando cada vez, que se nos bajan del lomo.
Y nosotros para cifrar la amargura, le cambiamos el envión a la palabra, que diga una cosa, pero que signifique otra, para que no nos entiendan cuando decimos.
Hago un punto.
Camino por una ciudad. Me encuentro con personas. Me abrazo y dejo que me abracen. De a poco voy reconociendo pautas. Me asombran las lluvias torrenciales o largas. Me abruma el ruido de la ciudad, el ritmo desbocado. Las ganas y las voces.

Sigo entonces buscando pistas entonces de este andar desosegado que me lleva a esquinas que en su fantástica seriedad, erige personajes asomados a los costados. Vigilan el andar de los otros, de los que se aventuran en medio del gris. Ahí, solo ahí radica el sortilegio de una hallazgo, que muchos hallazgos reproduce esa capacidad, casi infantil del asombro. Es una ciudad que invita a levantar la vista, a mirar hacia arriba y presenciar las osadías de aquellos, que se definen a si mismos como cualquier cosa, menos pasivos e indolentes. Se trata de darle un lugar seguro al placer, de volver a nombrarlo, de tenerlo cerca y por sobre todas las cuestiones de sentir placer con el placer. De no escamotearlo. Dejarlo libre y definir, así y de paso, que ese placer es solamente deseo. Tenerle miedo al deseo, es la mejor de las crueldades que inventaron los mismos agónicos de siempre.
A lo mejor se trata de eso. Esta ciudad tiene diferentes pasadizos secretos y no tan secretos, para desarrollar el deseo, para vivirlo y hacerlo vivir. A lo mejor se trata de eso. De ese idioma secreto que hablan por aquí, hombres y mujeres, para definir lo mismo, que otros no dicen. Así, los encuentros con ese deseo, surgen desde esa idea de jugar a vida o muerte, esa misma vida. Nada de jubilarse, sino seguir insistiendo con esto de saber que se vive mientras se vive.
Entonces se cruzan de piernas los sobreentendidos. Se descruzan de piernas las sensaciones y uno vuelve a percibir, rastros de sensaciones, que surcan el cuerpo de esta memoria.
Entonces me quedo con ese cuerpo que me sigue desde hace mucho, sumo voces nuevas a este andar y me dejo contagiar de ese vaivén tremendo que me lleva y me trae. Es una ciudad más, no es la única, solamente es el paisaje que nos hace.
Digo.
Se vienen, pareciera, tiempos bravos. No es novedad. Es la sensación que duerme en mi cama estas noches que van pasando. El viaje lento hacia la política, lleva a lo mejor parte de esta traducción. Porque la historia no la hacen solo los que creen hacerla sino también los que atinan a contarla. Por eso, ahí en ese trabajo la voz que siempre resuena más alta, es la voz del perseguido y por aquí de esas cosas sabemos un trecho largo. Se vendrá la confrontación de dos modelos de acumulación económica. Dos visiones que habrán de subordinarse a la larga a la decisión de seguir avanzando un proyecto, que por el momento engloba a los que están de a pie y al costado del camino.
Me dejo llevar por este cielo sin fisuras, que encapotado permanece sujeto al techo de esta ciudad. Me canso. Pongo música y dejo que todo se encamine de nuevo. Subo el volúmen y se inunda mi pisito barrial de sonidos saludables, Capaces de hacerme pensar. Me quedo quieto. Fumo y el humo le pelea a la poca luz el territorio necesario y se dibuja en la pared.
Dejo entonces que este músico inteligente me desnude despacito. Con Avishai Cohen me pasan, me ocurren cosas extrañas. Un día descubrí en uno de sus discos una versión de "Alfonsina y el mar" y comenzó a gustarme. Antes me parecía, desconocimiento de mi parte, soberbia que le dicen, un músico que no me parecía nada. Después de ese descubrimiento, volví a escucharlo y me deslumbró. Me deslumbrá que me obliguen a pensar. Que me saquen de esa petulancia casi administrativa que a veces empleamos por puro miedo, rutina de la pereza, rasgos del viejo Oblómov. Entonces y con ganas, acabo de escuchar sin respirar casi "Duende" último disco de este notable músico. Contrabajista, músico integral. Aquí en este disco acompañado por el pianista Nitai Hershkovits. Dúo entonces de piano y contrabajo. Despojado, puro y deslumbrante. Jazz o simplemente música, para compartir un espacio, un abrazo o sencillamente ese silencio que no mata, sino que permite dejar que esta música se meta entre tanto pliegue de nada que nos rodea. Así uno no puede dejar de alegrarse que haya sorpresas a cada paso. Pequeños descubrimientos de talento potente y que permite esa felicidad hecha sonidos. "Duende" es un muy buen disco, casi obligartorio para aquellos que quieran seguir haciendo inventario de aquellas pequeñas cosas que atesoramos, como piezas únicas de un colosal poema escrito desde hace siglos por los seres humanos, para tratar de estar mejor, un poco mejor que ayer, cuando por ejemplo, este trabajo no había llegado a mí, en este caso y al resto, que sin lugar a dudas lo estaban esperando.
Así.
Dejando atrás preguntas y queriendo respuestas, vamos armando esta vida. Este sentimiento también es Buenos Aires. Se pega al cuerpo. Nos sumerge, retarda todo lo necesario y seguimos viviendo. De a poco, voy percibiendo en la palma de mi lengua los sabores profundos de una vida que como en un juego, vuelve a su punto de partida.
Mientras tanto aventuro reencuentros, descarto otros. Busco y se que por algunas memorias soy también buscado. Me alejo y me acerco. Me dejo mecer y de a poco, la sonrisa me recorre el cuerpo. A lo mejor se trata de esto, solamente de esto.
Enciendo un nuevo cigarrillo, alguna vez tendré que dejar de fumar. Recorro y recurro a mi blog preferido, que un amigo querido lleva adelante allá en la lejana Moscú. Releo viejos libros, escucho música y dejo que pasen estos días, como una especie de regalo agradecido.
Mientras tanto Buenos Aires se prepara para un fin de semana largo. Poca gente o eso creo o eso espero mejor dicho. Cielo gris, las primeras bufandas y las primeras gripes. Los árboles se despojan y vendrán los fríos que subirán tenaces desde el sur para adornar este invierno prometido.