En Zona

jueves, 6 de septiembre de 2012

El siestero

Y si a veces me ocurre. En la mejor hora del día para algunos, me planto y me digo, ahí vamos otra vez con esto de buscar desquite con una lengua muerta.
Harto de escuchar la finitud de debates fútiles. De mediocres pensamientos verbalizados sin pudor, sin siquiera un buen preservativo, para evitar lo que haya que evitar si es que eso es lo que importa finalmente.
Discuten infantilmente. Sobre quén la tiene más interesante, sobre si el tamaño importa o sobre quien es el mas guapo de la cuadra o de la calle.
Estéril es el intento por tratar de sustraerse. Los que odian, odian de forma desenfada, demostrativa y con las cámaras de televisión encandilándolos, gustosos de sí mismos, enamorados de su furias.
Los idiotas deberían poder vaporizarse, de esta manera nos habría de evitar tantos malos tragos, traiciones y cuernos.
¿Realmente qué se discute hoy en el mundo? ¿Cómo habremos de ir al matadero? ¿Cuándo?
Nada, en realidad nada.
La derecha nunca discute nada y la izquierda sigue montando el caballo por la izquierda y desmontando por la derecha. Entonces mejor no desafiar tanta mediocridad.
Vuelvo al siestero que me atañe.
Jueves lluvioso, gris. Pereza, ganas de estirar la dicha. De hacer biografía propia. De dejarse de embromar con tantas tonterías.
Me hago mate.
Mañana me voy al sur, buscando las sonrisas afables de mis nietos. A festejar el cumpleaño de Camilo el mayor de mi hijo mayor, pero el segundo por que mi hija me hizo abuelo hace unos años de Lautaro, que es mi primer nieto.
En fin me adentraré en esa pampa húmeda, inabarcable para el ojo. Cruzada por los vientos y las calandrias, casi un día de viaje entre la ida y la vuelta, me servirán para tomarme con más liviandad lo que habrá de venir.
Por ahora me quedo con las futuras sonrisas de mis nietos, los dos o tres días, que los veré evolucionar en torno mío.
Es un país grande este, afortunadamente no todo es Buenos Aires y esa perfecta ocuridad porteña de hablar de todo, todo el tiempo.
Sigo con el matecito.
Me soplan al oído que la Argentina es el primer productor mundial de aerosoles, de pinturas en aerosol. ¡Bravo! me saludo en baño frente al espejo. Más contaminación o esas cuestiones que siempre suelen ser muy modernas, pero que terminan aniquilando algo de nuestro alrededor, que cuando lo echemos en falta seguramente será muy tarde.
En fin. Campeones de algo, si no no tiene ninguna gracia.
Sigo.
A veces me asalta la sosprecha de estar siempre, en estos tiempos y en estos territorios, de estar haciéndole el juego a alguien. No hay claridad, ni siquera una breve discusión sobre lo que será este futuro a corto plazo que nos tocará vivir a los argentinitos en año próximo cuando haya elecciones.
No hay políticas, ni de abajo ni de arriba. Solo breves y difusas indicaciones.
Siempre me gustaron los siesteros porque me ayudaban a pensar.
Pienso.
Ciertamente no alcanza con arañar la realidad a través de un periódico o un noticiero de la tele. Bastante se tiene con la fenomanal desinformación a la que nos tienen sometidos.
Por eso internet de alguna forma democratiza estos canales de inofrmación paralelos. Mezcla de periodismo, diarios íntimos, diarios de viaje, literatura y desenfado, los blogs son una apuesta.
No se es dueño de la verdad. Tiene muchos testigos y todos tienen acceso a descifrar la información de la manera que quiera.
La caída del poderío de las grandes cadenas informativas es paralelo al auge de los nuevos métodos de comunicación.
No compro más un diario ni miro más un telediario. Lo que busco, lo busco en otras latitudes y escrito por otras manos. Y de ahí conformo mi opinión, me rebelo contra el poder asimétrico de los medios de dominación.
Por eso cuando los poderosos toman partido, uno sabe que invariablemente deberá estar en la acera de enfrente, ya que los que llevan las de perder, son nuestros compañeros.
Mañana se cumplen 42 años de la muerte de Fernando Abal Medina y de Carlos Ramus en una pizzería de William Morris, delatados por el dueño, se enfrentaron en inferioridad de condiciones contra una partida de sicarios. Cayeron combatiendo. A Abal Medina lo dejaron morir desangrado en el suelo del local.
Cambio.
Recupero la tranquilidad con el último disco de este músico británico. "Cut the World" se llama este trabajo de Antony and the Johnsons, grabado en vivo en Dinamarca y acompañado por la orquesta nacional de ese país hace justo un año. Disco generoso para aquellos que encuentran en este artista los datos necesarios de un camino complejo. Para algunos como siempre, es un andrógino que busca ubicarse entre aquellos, que solo desean consumir este tipo de rarezas. Sin embargo este músico es una especie de talento que deslumbra. Dueño de una voz llamativa, de unas composiciones que desde hace algunos años, sirven para conocer el rastro que deja lo que no merece grandes campañas de prensa ni conciertos masivos auspiciados por la gaseosa que te hará mejor amante. Esta música está directamente ligada con los caminos de busqueda incesante, que siempre desde algunos vectores de la creación son los más atractivos, ya que rompen y en ese romper siempre estará todo.
Antony Hegarty, ya que ese es su verdadero nombre, viene desde hace mucho tiempo recolectando sensaciones a través de la música. Este trabajo es el último, no son canciones nuevas, son canciones de siempre, ahora acompañadas por una gran orquesta y con su voz y su impronta.
Vale la pena, entonces dejarse llevar. Amasar un poquito por los placeres más ocultos que tengamos y disfrutar, nada de andar perdiéndose las vidas que nos quedan en charlas serias y terminantes.
A lo mejor se trata de esto. De comenzar a pensarnos de otra forma. De iniciar el recorrido desde adentro hacia afuera para tratar de rescatar algo de esa esencia que somos o que intuímos apenas sobre nosotros mismos.
Dejarnos llevar por la impronta de un buen amor. De una posible felicidad, de esa ternura que nos hará siempre distintos a nuestros enemigos. Volver a cada una de nuestras preguntas, buscarnos por el tacto, el olor o la saliva. Quedarnos en un bar tomando un café, mintiendo una vida. Gustarnos a pesar de las derrotas, aceptarnos en la pasajera levedad de una mirada o de una sonrisa regalada.
Acarrear libros y papeles escritos. Enfrentarnos desde el llano al dolor que nos rodea, que nos alambra
tanta vida. Así, de golpe volver a Julio Cortázar, para embromar, para desenrrollar una broma y soñar con La Maga, con París, con los gatos, con el jazz y con el sexo como se debe, no como los curas nos recomiendan, sino como nos salga a nosotros.
Rebeldes, capichosos, incendiarios, amantes prófugos, artistas hambrientos, soñadores profesionales, secuaces de la vida, risueños delirantes ladrones de libros.
Mejor me vuelvo a mi siestero y dejo pasar lo que queda de este lluvioso jueves de partidas y despedidas.
Hasta la próxima.




martes, 4 de septiembre de 2012

La polvareda










A veces cuesta quedarse callado. Mantenerse inalterable pese a las ruinas que nos rodean. La mediocridad de la clase media porteña, argentina es elocuente. Los perseguidos políticos, esos que apoyaron siempre de forma exultante a cuanto militar borrachín andaba dando vueltas por allí, a cuanto cura pedófilo oficiare misas de cuerpos presentes. Empresarios siempre dispuestos a sacar sus ahorros y ganancias y estafas varias fuera del país a paraísos fiscales.
Es decir lo peor de esa derecha lúmpen. Esa corriente lumpenfascista, que se exalta desde los diarios y radios y canalaes de televisión. Esos que añoran a los torturadores que ponían en orden este paraíso clasemediero por antonomacia.
Es decir, si este país desvencijado por los saqueos de la aristocracia decadente, tuviese un presidente como el comandante Chavez, que utiliza la cadena nacional todos los días y por espacio de varias horas, estas viejas copetudas, cornudas y desprestigiadas, vivirían de sofocón en sofocón. No por el sexo, sino por la rabia de ser gobernados por una "yegua", como murmuran en los ascensores y reuniones intremuros.
En fin, anoche mientras hablaba la presidenta de este país por cadena oficial para todo el país, en los coquetos ghetos, sin villas miserias y esas groserías, la gente bien salió a sus balcones munidos de cacerolas a protrestar por la cadena oficial.
Digo.
Si puedo le hago una recomendación a la presidenta. Compañera! qué la próxima cadena dure por favor cuatro horas como mínimo, a ver si agotamos a tanto gorila y tanta cacatua rancia.
Pelotudos, gilipollas, tontos, imbéciles, son algunas de las cuestiones que se me ocurren.
Menos mal que descubrí a Gabriela A. Pérez Castañeda y su cartel.
Se viene la polvareda y los vientos de la historia. Vamos a ver quien se despeina más rápido.
En fin, que muchas veces no está mal llamar pelotudos a los pelotudos o en admitir que a veces uno es un pelotudo entre los pelotudos...
Un abrazo

  




 


La alegría del hogar

A veces la emoción me hace repertirme. Antes me quejaba, me parecía un rasgo de decadencia. Hoy no me importa. Ese deje monotemático propio de los años. Es que con los años me he vuelto impune, ininputable. Provocador a tiempo completo.
Me vuelve el alma al cuerpo, porque a veces me distraigo.
Un par de buenas piernas, una sonrisa a tiempo. Una charla, la cálida sensación de mirarse a los ojos mientras hablamos. De buscarnos. De olernos en medio de este desamparo que a veces es esta ciudad al filo de la nada.
Uno de mis nietos, Camilo, cumpleaños el fin de semana y allí iré.
Como la vida tiene sus detalles, acabo de descubrir el último disco de Bob Dylan. No voy a ser reiterativo.
Salíó el último y "Tempest" así se llama es una lección de vitalidad. La voz gastada, más bajita, casi hablado, hablando Dylan sale al frente con un disco que conmueve. Suena a este 2012 casi de vértigo que venimos viviendo o por lo menos que creo estar viviendo yo. Nuevo disco de estudio. Ni recopilación ni viejas tomas. Disco preparado y pensado por este músico en cada uno de sus momentos. Vale la pena siempre, esperar un poquito por las buenas cosas. Aquí este disco se suma a mi morral y ocupa su lugarcito. No soy nada más que un tipo enamorado de algunas cuantas cuestiones, no soy un especialista ni nada. Solamente una persona que reconoce sus deseos y los vive. A veces mal, otras regular y otras, seguramente como un tipo que sabe aceptar las sorpresas como algo que forma parte de esta vida.
Ahí entonces es que este tipo, está dentro de mi paisaje particular. Así Bob Dylan, se anticipa a mi cumpleaños y me regala un nuevo instante.
No se si "Tempest" es bueno o malo. Casi no tiene importancia para mí. Es un trabajo soberbio, rotundo y preciso. El resto, el resto siempre se compra hecho. Sin embargo ahí está sonando en mi pisito urbano, mientras el cielo se cae este martes anunciando diluvios y otras rarezas bien porteñas.
Cambio.
Protestan los de siempre. Ahora la cuestión es la edad para votar. El gobierno, el dueño de la agenda, propone los 16 años. Gritan, patalean y se enfurecen, los de la vereda de enfrente. No suele ocurrir lo mismo, cuando se propone y se acepta que la edad para ser imputables penalmente es esa misma edad. Raro. Demasiado cómico como para detenerse en este resabio disparatado que tienen los opositores a todo. A veces tanto debate tonto, me aburre.
Me pierdo en una parra de mentiras.
Está bien que voten los pibes. Si votan ciertos animales, como no lo van a hacer los adolescentes ¿por qué no?
Porque clausurarle el ingreso a la política a los más chicos. Porque se asustan de la política justamente aquellos que se enriquecen, traicionan y siguen como si nada. Aquellos que arriban a un cargo, senadores, diputados, concejales o lo que sean y que cuando lo hacen, solamente comienzan sus carreritas en pos de la mayor fortuna en poco tiempo. Se asustan y se oponen.
Uno rasca, con cuidado y debajo de la costra no encuentra nada.
Entonces el planteo es directamente oponerse a todo lo que hace este gobierno por lo que sea.
Aburren, sinceramente el hastío que producen es monumental. Utilizan la delación para hacer política propia. Señalan al oficialista como un diablito recién arribado.
Otro tema es el oficialismo. Siempre ser oficialista fue un hueso duro de roer. Serlo y aceptar todos los sapos servidos en tu mesa, es demasiado significativo.
Además siempre desde cualquier oficialismo nunca se derramó intención alguna y ni siquiera una buena idea a no ser que esta baje d ela conducción política.
Anoche hubo cadena nacional. La presidenta habló. Largamente, cita tediosa con los empresarios, con el capital y sus acólitos. Más alianza y menos confrontación.
La política como representación. Farsa, puesta en escena de un guión que siempre se está reescribiendo.
Me cuentan, que en los barrios rancios, la gente bien caceroleó durante toda la cadena. Amas y sirvientas golpeando sus cacerolas. Enojadas, furiosas, altivas y sin servir, las mujeres de esta ciudad. Esas mujeres de abrigos de piel, de la papa en la boca se juntan balcón a balcón a disparar sus pequeñeces.
Por mi barrio, barrio judio y peronista, ni se movió una rama.
En fin.
Me dejo llevar a veces por esta especie de chiquitaje que habita en esta ciudad presuntuosa. Me aburren.
Me detengo.
Alfonso Reyes una vez dijo: " Somos los que llegan tarde al banquete de la civilización". Latinoamérica como especulación entonces. Como territorio desproporcionado, tiempo cero, siempre tiempo cero a la espera del próximo tiempo. Universo simbólico, ficción adentrada en la lengua.
No. Mejor me preparo el mate y me dejo de embromar.
Retomo a Ricardo Piglia. Sus dos novelas en una. "Prisión Perpetua". Uno de los más grandees escritores argentinos vivo. Hace muchos años, en medio de la neblina que nos tenía a todos de incógnitos, alguien, porque siempre y afortunadamente suele haber alguien, me regaló un beso y la primera novela de Piglia "Respiración Artificial". Recuerdo la sensación de sorpresa en una época en donde no me solían abundar las sorpresas y cosas por el estilo. En esta, hay una frase que siempre me hizo sonreír con ganas: "¡También los paranoicos tienen enemigos!". Si después de esto, uno no lo lee a este escritor, es que está loco de atar. Pero hay más, mucho más en Piglia y su obra. La creación de un espacio propio particular, definen la escritura, lo dicho por Piglia a lo largo de una obra narrativa de pocos títulos, contundentes trabajos de aproximación a una literatura particular. Pero además hay toda una serie de visiones críticas, la obra de crítica de este autor, también nos sumerge en un mundo especial. Por supuesto que todo pareciera en Argentina ser Borges, por suerte no es así. El panorama narrativo de este país, tiene eslabones fuertes, que se entroncan con un ejercicio de libertad y de avance de forma constante. "Prisión perpetua" son dos pequeñas novelas: "Prisión perpetua" y "Encuentro en Saint Nazaire". Dos espejos enfrentados, dos historias que tienen puntos de contacto, aunque a primera vista no sean percibidos, pero que conforman ese universo total de este escritor entrañable.
Y como si esto fuese poco, el sábado por la noche descubrí un programa en televisión, en la televisión pública conducido por Ricardo Piglia. Especie de clase magistral en algún centro de estudios, pero transplantado a un estudi de televisión.
Allí Piglia responde preguntas, comparte charlas. Todo gira en torno de la novela argentina. Un espacio de aire fresco entre tanta tontería inconsulta. Un especio que seguramente muy pocos agradecemos.
Pero siempre ocurre lo mismo. Solo se trata de tener paciencia.
Esto ha sido todo por hoy...

sábado, 1 de septiembre de 2012

A solas con las palabras

Hace ya muchos años, cuando todo era mas joven, llegó a mis manos un libro formidable. Eran años de grisuras y de destellos memorables. Era una patria callada, que gritaba desde abajo del suelo. Eran años raros, extraños, casi dolorosos. No, mejor dicho eran años dolorosos.
Años improbables, lejanos atardeceres del año '74. Yo con veinte años, con el aire galopando a mi alrededor. Era una llamarada. Todos éramos una especie de fuego andante. La escaramuza de vivir era suficiente. Con eso ya teníamos bastante. Sin embargo, una tarde de esas o una noche antes de la nada, alguien me acercó este entrañable libro. Lo abro y leo : " Nadie elige el momento de su muerte que sobreviene como una marea tapando la playa y es por eso que la soledad es buena, es por eso que el monólogo silencioso es fértil y que la sombra que ahora miro a mi costado y tiene vida propia atraviesa mis metarmofosis, se enrosca a mis pequeñas costumbres cotidianas y me deja viéndome en ella como en un espejo oscuro en el que todo debe ser adivinado". Leo que leí esa noche desdibujada en una ciudad antes del asalto final de toda barbarie posible y esperable.
Recuerdo que pensé, seguro esta mujer debe ser rubia... No se porque lo hice pero lo hice. Ella se llamaba, se llama Tamara Kamenszain. El libro que me acompañó todos los bailes de la vida que vino después de esto se llamó, se llama "De este lado del Mediterráneo". Libro inicial y fundamental, por lo menos para mí.
Sobrevivió a los incendios que llegaron después. Mi madre, acumuló algunas cosas mías. Las protegió. Una de ellas, era este libro.
Libro que muchos años después perdí inexplicablemente o a lo mejor demasiado explicablemente para que otros lo disfruten, para que ese libro siga dando vueltas por este mundo como debe.
Vuelvo al amor.
Nunca me crucé con Tamara Kamenszain, jamás crucé palabra con ella. Creo que compartimos un espacio mínimo en alguna fiesta familiar. No lo se. No estaba muy sobrio ese día.
Pienso.
La palabra, que se asume como ese vacilante sujeto, que nos conforma. Esa incompletud, insuficiencia que nos narra desde dentro de un relato que no es más que un relato dentro de otro. Así reformamos ciertos pareceres y abandonamos otros. Ayer por ejemplo dije que a los años setenta le siguieron con todo su peso los años '80. No habían surgido todavía estos momentos de fervor continental. Ni siquieran existían estas pautas. Solamente lo que siguió a la matanza, fue un gobierno de derecha que quería ser socialdemócrata, que perdonó a los torturadores, pero condenó a los jefes.
Que creó la increíble historia de los dos demonios, que compró apresuradamente la clase media gorila y no tan gorila. Que para juzgar a unos, los que habían arrasado con el país, había que juzgar a los otros.
Menos mal que llegaron los '90 y todo se frivolizó como se merecía.
El precio de las bebidas importadas fue un milagro del peronismo sonriente de esos años. Menos mal, cuando ese mismo peronismo dejó en libertad a los condenados, del gobierno anterior, el whiskey era demasiado barato
Vuelvo.

Sola

Ahora que por fin estoy desvelada
como para comprobar que algo crecí
sé que no solo la sonrisa de aquel hombre
sino también sus gestos
y que no solo ésos gestos
sino también sus palabras
todo me alcanza puedo caminar
acróbata tambaleante pero segura
por la cuerda floja de mi propia casa


Este poema está en el último libro de Kamenszain. En un libro que acaba de sorprenderme, de emocionarme y que tengo al lado de mi ordenador. Lo leo, mejor dicho la leo y con ella a otras ellas, que siempre me acercaron agua para beber.
Y ahí estamos nuevamente ella y yo, han pasado los años. Tenemos, los dos cicatrices de diferente grosor en el lomo. Ella sigue apostando a ese talento resuelto que la acompaña desde siempre. Por mi parte, sigo pensando que a pesar de ser ella rubia, es una poeta que a mí, particularmente me deja sin voz, me traspasa su voz y desde ella me asomo a esa misma emoción que tuve cuando una compañera ya sin nombre me paso su libro, robado en una librería de la gente bien de esta ciudad. Y ya se sabe, quien roba a un ladrón...
Hace días, venía inquieto. Sacudiéndome las pulgas como perro viejo al sol. Leía y trataba de entender lo que leí. Paseando por una de esas zonas en donde la tontería desfila en esta ciudad, tropecé con una librería. Tontos, tilingos, pero algunos insisten en leer, pensé. Entré y lo primero que ví fue la tapa de "La Novela de la Poesía". Como ya no soy ladrón, no tengo edad, lo pagué a una cajera de ojos negros y escote profundo. No se todavía que me atrajo más de la cajera de ese barrio de vacíos, no lo se. Ni tiene importancia. Me llevé a Tamara a mi cama esa noche y eso estuvo bien.
Me compré el libro. Me fuí para el barrio y en la quietud de la noche, me dejé seducir de nuevo por esta poeta y sus poemas. Me dejé llevar como cuando tenía 20 años y la vida duraba lo que un fósforo. A lo mejor lo que me decía esa noche lejana Tamara era justamente eso, que todo era breve, aunque el mundo era gigante, y ahí se cruzaban los caminos de una diáspora nueva para unos y eterna para otros.
Viajamos entonces, con nuestras mochilas rebosantes de libros, de palabras, de gestos. Algunos fuímos ruines, traidores, otros heroicos y valientes. Pero todos fuímos a ese fuego sin campanas, que nos quemó el nombre y todo el silencio.
Digo.
Vuelvo a una idea. Los gobiernos de esta parte del continente, son conservadores. De derecha, como lo es todo el resto del mundo por otra parte. No existe la alternativa de izquierda. Mejor dicho, la izquierda sigue perdida desde los famosos años '80 y nunca podrán recuperarse a menos, que se decidan por la guerra o por la política entendida como una de las formas de la guerra.
Estas derechas suaves latinoaméricanas, son la continuación de pensamientos mas dedicados a mantener todo antes de incendiar todo. La parte burguesa de la clase media se horroriza con ellos mientras que la parte populista de la clase media se enardece como si de una revolución se tratase.
En el fondo, lo que pareciera ser que se discute en el resto del mundo es, si la crisis obligará a pensar en una guerra a fin de agotar el excedente molesto que es la mano de obra desocupada.


La simpatía de él por el diablo
es nido de mi antipatía.
Me asusta me enoja todo
lo que está mal
en el buen sentido
de la palabra. Pecado,
pecado sería entonces
seguir a él tan lejos
cuando jura y perjura
que estamos cerca.
Mamá, papá, me fuí
con este maldito criollo
y en la cruz de su poncho
me di por perdida.
¿Será posible que en mi religión
sola
detrás de un hombre
yo siempre sienta frío?

Sigo escarbando en las palabras de esta mujer que me enseña palabra a palabra a descifrar este paisaje. Le preguntan a ella si es poesía reunida o completa. Una tontería periodística. Es poesía reunida, la completa es la muerte dice ella y debe haber sonreído cuando lo dijo.
Me quedo con las palabras de esta mujer, que habrán de acompañarme un trecho más en esta canción que es esta vida.
Y así me aparece Trombone Shorty y toda la seriedad se desnuda por fin. Música, ritmo, elocuencia, buen gusto y desenfado. Nada mejor para este invirno veraniego que insistimos en vivir nosotros los porteñitos de este lugar boca abajo del planeta. Trombone y su fenomenal "For True" que hace mover las patitas de forma alocada a aquellos que todavía insistimos con mover algo. Oriundo de New Orleans, este músico arrastra tras de sí la potencia creativa necesaria para seguir acumulando sonidos y buenas intenciones. Disco inteligente, trabajo que lo acerca a esta actualidad musical de esa ciudad de los Estados Unidos y que hoy por hoy, puede hablar claramente de un sonido particular y propio, algo que el resto de ciudades, la gran mayoría, no pueden dar por sentado. Shorty es junto con otros grandes músicos de esa zona uno de los referentes más interesantes salidos, no de un circuito comercial, sino de este vientre profundo que es esa ciudad, sus desastres y sus carnavales.
Vale la pena recostarse un poquito, entornar los ojos y dejarse llevar por esa sensualidad hecha música casi salvaje por momentos y suave ronroneo por otros.
Bueno volveré a sumergirme en las palabras de Tamara Kamenszain, desconecto todo, dejo la música porque nunca se sabe, me preparo el mate, me daré un baño y poco más.
Los poemas de hoy son de ella. Los libros, mal analizados por mí, los tengo de nuevo, ahora en un solo libro. Trataré de no perderlo en el próximo viaje, pero nunca se sabe.
Bueno es sábado y todo tiene perdón.
Hasta la próxima



viernes, 31 de agosto de 2012

Se termina agosto

 A las múltiples preguntas que recorren el espinel de la política, no podía faltar esa coyuntura rabiosa que la derecha esgrime desde que es derecha. Rabiosa como todas, la derecha busca y encuentra espacios para servirse de estas y arremeter. Pasar a cuchillo a los que se opongan, eliminar todo vestigio de interrogación y de paso disciplinar. Delatar y perseguir.
El Eternauta dentro de las fotografías culturales de este país lejano, provinciano que aspira a ser más europeo que los países de ese continente.
Héctor Germán Oesterheld, desde el ocaso de los años cincuenta propuso una historieta, una historia simple, tal vez incomprensible para los lúcidos que gobernaban los espacios de este país. Ubicado en un barrio del norte de la ciudad. En blanco y negro, cuadrito a cuadrito. Sin saber, el autor plasmaba sin ser político, que la política era la única solución. Que el héroe era colectivo, no individual. Que se lucha mejor cuando somos todos los que luchamos. Que se pierde la vida, pero que eso es poco comparado con el binestar general.
Oesterheld por esos años de los cincuenta, no era peronista ni nada. Era un creador, un escritor involucrado
con los que escribía.
Sin embargo.
Los años pasaron. Los años cubrieron esta obra de una pátina que la hace imprescindible a la hora de hablar de litertura. Desde el margen, se construye un mito. Con la fuerza que le da el tiempo transcurrido, El Eternauta es una lección de la poderosa cultura popular. Como el Martín Fierro, igual de potente a la hora de socavar el poder establecido.
Hoy lo prohiben. La derecha que desconoce todo, que es dueña siempre del mal gusto de los nuevos ricos, que sueñan con ser un suburbio de los Estados Unidos. Esa derecha que clama venganzas y promete asesinatos como siempre.
Porque el nuevo fascismo no distingue más: no es humanísticamente retórico, es pragmático a la americana.  Su fin es la reorganización y la homologación brutalmente totalitaria del mundo. De eso se trata, ni más ni menos.
Pero hay más.
 El porteño es desde siempre, un tipito que miró demasiado hacia allá. Lejos. No siente ningún atisbo de solidaridad para con aquellos que están más abajo de su escala social.
Votan a la derecha y después se desentienden. Siente pánico por los asentiamientos, las villas miserias que viven sus horas muertas con patética hazaña. Desprecia al otro. Se esconde en la lengua para tomar distancia. Construye desde la certeza que ese otro es un enemigo latente.
Vuelvo a Oesterheld.
El viejo, se metió en política cuando todos se tomaban los buques. Cuando la traición era una especie de decreto sin firmar.
No eligió un partidito político y burguesito. 
Eligió una organización, que para muchos quebrados es la entronización del mal. Mala palabra. Cinismo puro. Elocuente bajeza.
Eligió la lucha. Dejó para otro momento el espacio creativo, la lucidez del pensamiento. Se hizo clandestino y se perdió en medio de los fuegos.
Porque los años '70 tienen su correlato de fuego con los '80. Esto es comenzar a entender la derrota de un proyecto.
Me distraigo.
Me duele el pie. Tengo que seguir yendo al hospital. No tengo medicina privada ni cheques por ser blanquito y de clase media.
Camino rengo. Me distrae, siempre me han distraído los finales.
Me hago las curaciones, me saco cosas del pie. A veces como ahora tengo fiebre. Sigo. 
Este cuerpo me ha acompañado en las buenas y también en las malas.
Pienso.
Oesterheld, saliendo de la tortura. Destruído. Con el cuerpo llagado por la picana. Lo sientan, le quitan las vendas de los ojos, la capucha. Está sentado frente a un escritorio o una mesa. El torturador, comienza a mostrarle una serie de fotos.
Son las fotos de los cadávares de sus cuatro hijas y de uno de sus yernos. Se regodean, se ríen y lo obligan a mirar.
Dicen que estuvo largo rato, memorizando los rostros desfigurados de sus hijas. De su yerno y tal vez de su nietito.
De esa familia quedó Elsa Sánchez de Oesterheld, la madre y esposa de esa familia. Ella sigue viva.
Vuelvo.
Ahora lo prohiben en las escuelas. Clausuran la posibilidad de recorrer El Eternauta, que ni siquiera era peronista en lo político. Era, es una obra que como las grandes obras de la literatura argentina, recorrer ese espacio circular. Que está en Jorge Luis Borges y también en el entrañable Rodolfo Walsh y ese comienzo rotundo que es "Operación Masacre".
Ahí también está el Eternauta. Ahí late y ahí existen pautas de esa socialización perfecta. No hay, nunca hubo individualidades, hubo un conjunto social, que armados de su memoria, salen a combatir la nieve asesina que asesina a Buenos Aires a fines de los años cincuenta.
Esa nieve asesina, que a pesar de Oesterheld, volvió a asesinar a partir de los '70.
Es asi, entonces, los copetudos guampudos que gobiernan este país como un jardín de infantes, permiten que se sigan torturando las sombras.
Se prohibe y la derecha cornuda festeja efervorizada tanto freno contra el marxismo irredento de estos negros que siguen haciendo hijos y protestando por cualquier cosa.
Mientras tanto, el porteñito seguro de sí mismo, sigue sin disimulo banalizando todo a su paso. Seguramente le pondrán, los porteñitos, Palermo Cheyene a Formosa, para sacarse de encima tanta cosa y tanta mugre. y demostrar lo progres que siguen siendo.
Porque el diferente es eso siempre para estos tipitos, pura mugre a desalojar.