En Zona

sábado, 29 de septiembre de 2012

Postales porteñas I


Buenos Aires se intuye. Esta primavera que reicén comienza a desperezarse con cierta sensualidad vaticina los calores futuros, la poca ropa en las mujeres y la alegría de los hombres por tanta belleza desatada y socialmente aceptada.
Comienzan los días de ceremonias. Los días de esa largura de luz que entusiasma, que s ehace eterna, cadenciosa y benevolente. Sin embargo, esta ciudad del puerto parece no percibirlo. Todo sigue a un ritmo afanoso, todo a una velocidad loca, rotunda y hacia ninguna parte o por lo menos así lo creo. Es una ciudad gigante, que no descansa y que nos somete a todos a una especie de locura prevista en cada esquina, a cada paso.
Siguen las discusiones. Ni el fútbol salva estas distancias que entre amigos se agitan. La pasión es inversamente proporcional al desatino de discutir cosas o cuestiones, que nadie en su sano juicio podría entrever como algo rotundo.
Han vuelto los anti. Los enemigos. Se cruza una estrecha línea y ya no se puede volver. No hay perdón para aquel que piensa diferente frente a una mentira, no ya ante un hecho real.
Las pasiones se desatan, pero no por la pasión, sino por la identificación de aquellos que apoyan una idea de gobierno.
Buenos Aires es una ciudad que se cree un país. Es un puerto, el mismo puerto que siempre estranguló al resto del país. Pero es solamente eso. Un puerto. Una ciudad que queda lejos de los centros de poder y muy cerca, demasiado de la realidad de un contienente emergente y nada más.
Digo.
Ahora que me estoy preparando para viajar de nuevo a esa ciudad secreta que se llama Madrid, compruebo lo desmadejado que me resulta todo.
En pocas semanas entonces en esa Madrid que resiste. Que empuja, que alecciona e indica. Porque lo cierto es que y a pesar de todo esto que nos transcurre, existe esa vieja predilección europea de destruir su continente por lo menos dos veces por siglo.
La policía sigue arremetiendo contra todo lo que se oponga al orden establecido por el neoliberalismo. Represión a destajo para con aquellos que enfrentan esa soledad que se llama ajuste. Se le atraganta a uno el corazón desbocado por la eficacia policial. Se le nublan los sentidos a uno, que mira desde la comodidad de su casita porteña, como as cargas policiales se parecen a ataques demenciales para con personas desarmadas. Llama la atención la no respuesta. Tal vez, para mí y desde esa nacionalidad que porto, me parece una especie de locura, pero tendrá su razón. El pacifismo es difícil de entender, creo que hay que estar muy bien dispuesto a el. Yo no puedo, desde este departamentito portuario, quedarme con ese diagnóstico. Ver a los azules pegar y disparar a discreción, me duele.
Pero he aprendido con los años que saber separar lo importante de lo accesorio, no sólo es inteligencia política, sino también capacidad táctica. Y de ahí, extraigo, creo, mi manera de mirar. El neoliberalismo es genocida. Utiliza el poder de los estados nacionales para reprimir en nombre de esos poderes que saquean países a costa de cualquier costo con tal de seguir exprimiendo.
La policía reprime en nombre del FMI como dice el dibujito y de esas minorías gobernantes que trabajan para esos sectores. Esto no es nuevo ni ninguna verdad descubierta. Lo se.
Vuelvo a Marx, cuando dice: no es la conciencia del hombre lo que determina su ser, sino por el contrario, el ser social lo que determina su conciencia.
Digo.
Si España está atravesada por estas cosas que duelen, por aquí no vamos mucho mejor o si, apenas. Se moviliza la derecha, se mueven en torno a una idea, la de confrontar con el gobierno. Organizan miserias, amenazan con la muerte a funcionarios del gobierno. Ejercen su poder desde los medios dominantes y mienten. En esta especie de "Kristallnacht" motorizada por los grandes periódicos de Buenos Aires, le meten miedo a la gente, a la mayoría que pacífica y escrupulosamente trabaja, manda a sus hijos a la escuela, paga sus impuestos.
Esa mayoría que le dió su voto de confianza de forma abrumadora al gobierno, hoy se ve cercada por la violencia de las clases más pudientes de este país. Se amenaza y se intimida al resto. Se ejerce ese odio criminal hacia los pobres, que y esto no lo saben pero lo intuyen muy bien, es un límite infranqueable.
Persisten con su campaña y vociferan, apoyados en ese orden libidinal del cual procede y se sostiene el régimen capitalista, que como siempre muestra, sigue mostrando las limitaciones de la institucionalidad democrática.
No tienen partido que los represente, porque ninguno puede hacerlo o hacerse cargo de ese odio de clase, sin estar loco y ser arrumbado en el cajón más lejano de la historia. No se organizan entonces.
Eso es algo que nosotros si sabemos y conocemos profundamente.
Vuelvo.
Me voy a España, por unas pocas semanas en semanas más. Vuelvo a uno de los vínculos más intensos que forjé en esta especie de domesticación particular que significa viajar a pesar de que digan en este puerto del fin del mundo, que no es un país en sí mismo, que este gobierno prohibe salir del país.
Vuelvo a España y a buscar esos sonidos que me atraen desde lo más profundo. Es otoño y dejo la primavera porteña por un ratito nada más. Voy buscando nombres y abrazos y tratar de dejar sentado ese amor inamovible que me une con esa ciudad a pesar de la represión, que duele y que abruma. A pesar de estos tiempos de cólera que vive el español de a pie. A pesar de todos esos pesares, vuelvo para comprobar y poco más. Esa ciudad es parte mía y me ha cobijado como buen gato que soy, con su calor y ese cariño que solamente a los gatos suele gustarnos.
Pienso.
A lo mejor estos meses de ausencia nos han hecho bien a todos. Algunos me dirán que la situación es complicada, y seguramente será así. Pero de ellas siempre hay que extraer enseñanzas, nada dura para siempre. Ni siquiera la vida dura toda la vida.
Me quedaré poco, pero vale la pena todo el esfuerzo que esto signifique. No tengo dudas. Pero ese recorrer sus calles, ese cafelito que me espera en El Comercial, viendo al mundo girar, esa sensación de casi eternidad que me invadía siempre entre sus gentes, dificilmente puedan olvidarse.
Es como volver a la mujer amada siempre. A esa especie de amor secreto que siempre une más de lo que suele parecer.
La foto es de Madrid y de un mural en la que la policía nacional decidió borrarle a la misma policía golepando a mujeres desnudas. Eso si, dejaron a las mujeres desnudas en la pared y de ahí, que quisera rescatarla y dejarla entre estas líneas.
Sigo.
Leo el último libro de la periodista Thelma Luzzani "Territorio Vigilados". Un recorrido por esta espina dorsal llamada América. Recorrida que hace la periodista por las diferentes bases de marines de los Estados Unidos afincados en el único contienente de este planeta que no enfrentó guerras entre países hermanos en el último siglo. Estas bases militares, diseminadas por la geografía de este territorio no son solamente para preservar el oro, el petróleo o el agua. Son para impedir esa rebeldía que nos atañe desde siempre. Para controlarnos, mientras nos dicen qu es para combatir el narcotráfico o el terrorismo islámico o tonterías similares. Lo cierto es que como patio trasero que somos, esta nación sudaca, emergente y casi sin crisis capitalistas por ahora, merecemos ser vigilados muy de cerca. Valiente trabajo, bien documentado y necesario para saber de qué color se vendrá el futuro para la región. La lectura de este libro no sirve para tranquilizarnos, pero sirve para estar atentos sobre esta predilección imperial. Sabemos desde siempre quelos imperialismos son siempre racistas, así que sabemos de que forma vien la timba que ellos quieren jugar siempre.
El imperio debe cuidar sus fronteras. Eso es lo que se desprende del trabajo notable de Luzzani, que llega en su momento justo para descubrir nuevas pistas. Se puede leer y se recomienda leerlo como una novela policial.
Por último me quedo con el maravilloso disco de Dave Holland, que descubrí hace mucho en España. Disco memorable y notable, que tiene la impronta de ser una big band al mando de este contrabajista histórico dentro del mundo del jazz. "What Goes Around" es una especie de lección que este tipo con cuatro o cinco décadas de historia a sus espaldas nos regala.
Es un trabajo maravilloso de 2002. Un trabajo que impresiona y deslumbra por partes iguales. Al talento de Holland se suman los talentos de doce músicos que siguen la invención de este  talentoso músico, que siempre buscó nuevas fronteras y nuevas carreteras que surcar.
Es un buen disco, un muy buen disco de jazz, de esos que quitan el aliento y recargan las pilas de cualquier persona sensata y amante de la buena músic.
Digo.
Mientras la ciudad este sábado se apresta a sacar a relucir, como buen puerto que es, sus luces de neón y su desenfreno, yo me preparo para una reencuentro que me viene pidiendo el cuerpito. Esta noche, los amigos me esperan y charlaremos en una casita suburbana mientras el fuego, que no es fatuo, irá dorando carnes y otros pecados.
Un abrazo.



lunes, 24 de septiembre de 2012

Haciendo la plancha

Lunes.
Feriado nacional. La ciudad desierta y un silencio saludable. Inobjetable momento entonces para dedicarme a la música, sus territorios y sus certezas.
Dejo para el futuro lo que habrá de deparar estas vidas. Razones y motivos que como una avalancha de barro se desprende ante cada nueva circunstancias.
Hoy, escucho música, hago la plancha y me quedo flotando con mis dolores y mis alegrías.
Asi se mueve entre mis cosas el sonido de este pianista hace poco rescatado del olvido por los que más saben. Sonny Clark en este trabajo desarrolla su talento en medio del caos que supusieron los nuevos tiempos que se asomaban por los primeros años de los sesenta.
Suena entonces este impresionante "Cool Struttin'", en donde están Art Farmer, Jackie McLean, Paul Chambers y "Philly" Joe Jones. Todos con furia y rigor, dando rienda suelta al talento sin ningún lugar a dudas.
Un tipo que me pone alegre. Un músico interesante y un sonido puro. Es jazz de la vieja escuela, si es que esto existe. Un vez en una librería de libros leídos, en donde de vez en cuando, buscaba refugio me familiarizó con esta música. Algo insensato para mí, algo nuevo y creo que definitorio.
Algún día deberé hacer una especie de recordatorio para todos los que en su memonto perdieron su tiempo conmigo. Una lista en donde estén aquellos que me enseñaron a tiempo completo a ser, creo, lo que soy hoy. Nombres y tiempos de personas, que con dedicación, delicadeza y paciencia me formaron, me forjaron en esto que hoy es inaprensible. Es evidente que se trató de amor, de ese amor educactivo y rotundo.
Entonces en esa vieja librería hoy demolida, este tipo decía cosas, mientras los libros leídos bramaban en los estantes que yo, como una esponja, absorbía a raudales.
Crecí entre libros. La música en mi infancia, ya lo conté, provenía de mi madre. Viejos tangos, valses o boleros eran entonados por ella mientras deshacía la casa de sueños y pelusas en los rincones. La radio era una especie de alimento durante los fines de semana. Cantaban desde ahí y desde ese sitio se diseminaba por toda la casita ese lento ronronear melódico.
Así, cuando crecí la música fue un alimento. Fue una especie de carretera por donde trasladar todo lo mío hacía ningún lugar.
Antes de regresar desde España, la noticia me hizo cicatriz. Se había muerto Luis Alberto Spinetta. Infaltable en mi crecimiento, nutriente de poesía y de música a lo largo de casi toda mi vida. Invisible fue una especie de milagro en medio del matadero sincronizado que ejecutaban los que siempre suelen ejecutar.
En 1975 las cosas estaban fuleras, jodidas y se hacía la noche por los cuatro costados. No había tiempo para detenerse, el aliento se lo guardaba uno para no aflojar en medio del incendio. Sin embargo, el "Flaco" saca este disco durante ese año.
Aquí hago un punto. Una noche de esas, recalo en la casa de una mujer. Era de origen japonés. Vivía sola, estudiaba o cursaba en Ciencias Exáctas. Era suave como un viento en primavera. Casi no había muebles en su departamentito. Tenía un tocadiscos y discos. Entre ellos, estaba este, recién salido. Lo puso y de repente el mundo se me abrió bajo mis pies. El mundo tomó otro color, se transformó en esos escasos 36 minutos de duración. Se quedó fuera del departamentito, aguardó por otros tiempos. Me dejó en paz, se diluyó y disfuté esa música con la sensación de haber arribado a un sitio diferente.
Pomo y Machi, en batería y bajo, seguían esta poesía hecha música. Le daban color a esta revelación entre cuatro paredes.
Lo sigo escuchando hoy. Sigo percibiendo la fragilidad y mi dureza tonta de aquellos años ya lejanos. Sin embargo su sonido sigue perdurando entre mis cosas.
Cuestiones.
A veces, uno, yo, no asumía la plasticidad del tiempo. Postergaba, despedía de mí, los rastros de esas lluvias intensas que me merecía.
La muerte de Spinetta, me permite cerrar un círculo en donde lo rescato como lo más determinante de la música popular de este país.
Entonces uno acumula rastros. Suma, sigue sumando con esa alegría profunda que me acompaña desde siempre. Busco músicas, lecturas, charlas, que me permitan seguir creciendo durante este feriado. Así me encuentro con este músico de Dinamarca llamado Henrik Gunde y su último trabajo llamado "Now".
Me felicito de poder escucharlo, descubrirlo y saborearlo. Es un trabajo que me sorprende. Si, sigo sorprendiéndome a pesar de los años y esas rarezas.
Gund es pianista y se lanza a buscar desde el talento los nuevos horizontes posibles. Vale la pena escuchar el tema de Charlie Chaplin "Limelight" o el rotundo homenaje que le brinda al pianista sueco Esbjörn Svensson. La sutileza hecha música, el buen gusto de un músico a la hora de hacer uno de los mejores discos de este año. Una sorpresa que baja por el cuerpo como uno de los más atrevidos de los licores. No se desboca y en la contención a lo mejor, para mí, radica todo el entramado que construye este danés en un disco, merecido para nosotros, el resto de los mortales que siempre solemos vivir con la boca abierta.
La música es un valor fundamental para dejarse llevar. Para someterse a la pregunta que se destila entre los momentos de recuperar la memoria. Digo. La música nos permite adentrarnos en nuetsros recuerdos, nuestras ganas no cumplidas o cumplidas y desde allí, evocar.
En mi caso funciona como una foto. Como una especie de biografía. Hay, hubo, momentos y también hay, hubo, músicas que formaron una especie de cortina musical de fondo en lo hecho.
 Y sino, este Eric Clapton de los años '70. "No Reason to Cry". Trabajo del año 1976, que escuché muchos años después por primera vez. Trabajo en donde está por ejemplo Bob Dylan cantando o Ron Wood. Músicos de The Band. Muchos sosteniendo a un guitarrista esencial en la historia del rock. Como no podía ser de otra forma, a este, lo descubrí mientras vivía en la norteña provincia de Jujuy. Las noches de San Salvador gracias a mi madre, quien tiempo después volvería a sorprenderme rotundamente con otro disco, pero eso lo contaré en otro momento, se poblaron con los sonidos de un trío que se llamaba Cream. Hasta ahí llegó la música de este hombre.
Yo adolescente antes de la perpetuidad en este estado, me acurruqué al costado del tocadisco y gasté literalmente ese primero encuentro con Clapton.
Años más tarde, en otros paisajes, seguí vislumbrando los pasos dados por este tipo. Sin embargo, cuando vino a Buenos Aires en pleno imperio neoliberal me negué en redondo ir a verlo al estadio.
Tonterías. Puntos de vista.
Sin embargo, pongo este disco y se me caen las medias. Cualquiera de los opus de los años setenta de clapton tienen la profundidad para abismarme, quedarme callado y escucharlo. Pique por donde pique sus discos de esos años, son una cosa rotunda que me blinda en mi amor por este guitarrista impresionante.
No, no es un descubrimiento el que hago. Es solamente una especie de baile que hago con su música en mi casita porteña.
A lo largo de los años, profundizando en algo que no se muy bien qué es, fuí acumulando datos, sonidos, nombres, amores y otras cicatrices.
De la mano de Piazzolla, tardíamente, llegué a este músico verdaderamente importante de la música argentina. Gandini es un talento, un músico de asombro. Durante años fue director de una rama del Teatro Colón dedicada a la música de vanguardia o del siglo veinte. Clásica, pero de aquí nomás. Músico con una impronta temible y dueño de un manejo del piano como pocas veces se ha visto en este país.
Piazzolla lo convocó para su última experiencia antes de morir. Ahí lo escuché y me dejó pasmado. Tiempo después editó dos discos, este es uno de ellos. Asombran los tangos tocados de esta forma. Asombra la capacidad de llevarnos a otros límites que Gandini refleja en por ejemplo "Flores Negras" un disco grabado en vivo en la ciudad de Rosario.
Me produce placer la sorpresa que me plantea este pianista. Esa búsqueda profunda por los sonidos de una música extranjera, hecha por extranjeros y que terminó siendo música nacional.
Pero Gandini va mucho más allá de todo esto. Bucea en las raíces y moderniza una música vigente desde cualquier ángulo. La dirección planteada por Piazzolla, Rovira entre otros, encuentra en Gandini la continuidad de esta perfección hecha sentimiento.
A veces me cuesta separar, despejar de entre tantos sonidos, aquellos que seguramente serán mejor analizados y comprendidos. Hablo desde el fervor. No tengo ninguna cátedra ni pertenezco a ninguna academia.
Siempre me negué a ese tipo de civilización que te llama doctor o licenciado. Prefiero el silencio del aprendizaje a solas. Me inclino más a otras cuestiones. Más cerca de la barbarie si se quiere, pero no menos afecto al talento de esos otros, que me nutren, que me eligen desordenadamente.
Como el amor. Uno deja un amor por otro amor. No elige la soledad para arrancar desde ahí. No le pone sitio o decreta el estado de sitio al deseo. Solamente uno lo posterga. Uno lo cuida hasta la próxima vez, que no habrá de durar más que un cigarrillo fumado en la cama, mirando al techo después de esa guerrita que llamamos amor.
Es que el corazón no tiene visa. Atraviesa las fronteras y en el mejor de los casos, siempre es ilegal. Ese amor entonces es casi el mejor, el que queda prendido del bolsillo de la camisa, el que te da un nombre, que te nombra de forma secreta y a perpetuidad.
No se en qué momento Divididos comenzó a fermentar en mi interior. Los escucho desde siempre. Algunos discos me gustaron más otros menos. Este, "Amapola del 66" funciona como una especie de explosión de rock en mi casa. Y funciona. Divididos ha conseguido algo difícil en estas aldeas lejanas. Ganarse el respeto de casi todos. Sonando con esa sangre galopante, rabiosa y que pedalea a fuerza de saber hacernos saborear la mejor música.
Amapola es un disco que te obliga a ofrecer tu corazón para que siga siendo joven. A lo mejor mi cuerpo ya no es joven, pero mi cabeza sigue adolescente. Cosas de este tipo de vidas que he intentado vivir a toda costa.
Digo.
En este hacer la plancha. Dejar que me mueva la corriente, que me sostengan las olas de este río sin propósito, dejo que suenan las músicas que me seducen. Me dejo llevar sabiendo que el regreso siempre es dificultoso. Pero no importa.
Es feriado, mañana será otro día y habrá, que duda cabe, otros nombres.
A veces presiento que la música de alguna forma me salvó. Desarrollé una infinita sensibilidad gracias a ella. si el viajar me domesticó, la música me hizo eterno. Lo escuché por primera vez, a Bill Evans, grande. Venía saltando de tejado en tejado. Sediento y dolorido. Y lo escuché junto a este trío que conformaban Scott LoFaro y Paul Motian. Los tres hicieron en muy corto lapso de tiempo uno de los mejores momentos de la música popular. Evans es tal vez, a mi juicio, uno de los mejores pianistas de la historia del siglo veinte en lo que al jazz se refiere. Este trabajo son las formidables veladas que hicieron en vivo los tres. Es de alguna forma un disco imperdible y deslumbrante. Pura química sosteniendo tres talentos, dándole sonido a la oscuridad y derrotando el silencio.
Mi amor por el jazz, devino después de seguir solo o bajo indicación los caminos a tomar a la hora de seguir almacenando músicas en mi corazón. Lo mismo me ocurrió y me ocurre con la literatrura.
Ambas disciplinas me enseñaron a no ser dogmático. A no ser terminante, a dejarme modelar por la capacidad del otro o la tiranía del otro.
Bill Evans hoy figura entre mis gustos más definidos. Su visión del mundo a través de su piano me hace a veces dudar de mi amor. Entre él y Theolonius Monk otro pianista, que merecería una calle o una avenida arbolada en cualquier ciudad de este planeta. Entre estos dos, se queda mi corazón siempre.
Vuelvo.
Vale la pena agenciarse este "The Village Vanguard Sessions" que acaba de ser editado por fin, en un solo y creo, definitivo disco. Prueben y con paciencia, dejen llevarse a una recorrida por la inteligencia en forma de sonidos.
De las pocas cosas que siempre me costó clausurar, figura la música. Nunca pude abandonar esta pasión por ella. He gastado fortunas, han gastado fortunas en mí, aquellos que quisieron mi placer. Todos, ellos y yo, fuímos elaborando paso a paso, este camino.
Con diferencias, la música me permitió ser.
El lunes se muere despacito.
Acabo de descubrir a este saxofonista alemán. Estoy, mientras escribo escuchando su último disco llamado "Beyond Words".
Ulrich Dreschler, maneja la simpleza con buen gusto, hilvana líneas sobre las otras líneas y deja una música perfecta. Benny Omerzell en piano; Lukas Konig en batería y Efrat Alony pone su voz. Todos conforman un disco profundo, suave y lleno de matices.
A veces, como hoy, la música me da palabras. Me permite entreabrir las razones que me siguen movilizando. Alejado como estoy de lo esquemático, encuentro en lo popular diferentes variaciones sobre mi decisión. Es decir la música popular sigue siendo uno de los mejores nutrientes a la hora de confeccionar esa memoria conjunta que tenemos los pueblos. Memoria que nos permite desde la alegría, seguir combatiendo los privilegios de aquellos que suelen ostentarlos.
Mejor me preparo mate porque me estoy metiendo en honduras.
Sigo.
La simpleza es esto. Dejarse llevar en un feriado hacia la nada. No especular con el futuro ni ser viudo del pasado. Todo radica a lo mejor en esa tenue sensación de pasar, despacito y por las piedras, dejar algunos rastros y no mirar hacia atrás.
Eso ya pasó. Quedan los perfumes, las caricias y el olor. El resto sigue estando delante de nosotros. Solo hay que saber, que desde esa decisión no se puede ya negociar nada y está muy bien, que esa lengua que me habita me haga decir esto en lo que creo profundamente.
Sigo con la música. Es mi día de permiso.
Hacía muchos años, que no volvía a ellos. Hace 40 años, que estos siguen juntos, produciendo una música tremenda. Puro rock and roll, blanco y texano.
Los escuché por primera vez a mis 17 años. Me sorprendieron, a nadie en esta ciudad les gustaban. Eran considerados por los sabiondos, demasiado primarios. Sin embargo, eso era lo que me daba calor.
Ese sonido ZZ Top, era lo salvaje que me andaba pidiendo el cuerpo. De tanto en tanto, me suele ocurrir con el rock como con el box. Esa salvaje sensación de estar vivo. De vivir para algo.
A esa edad, lo único que quería era ir a las olímpiadas como boxeador. Iba al gimnasio, me entrenaba, peleaba con otro desconocido y me bancaba lo que fuese. Quería ir a la selección y después liarme a guantazos con algún gringo.
No pudo ser. Pero siguió en la era pre-internet, pre-walkman, en la era pre todo, sonando de vez en cuando este trío del sur de los Estados Unidos.
Es vida pura. Ahora que vuelvo a escucharlos en su último disco, me afirman en mi sensación profunda de ser ese costado salvaje, arisco que porto, que sigo portando como mi nombre y mi dni.
Están los tres en un disco tremendo que acaba de ser editado después de nueve años de silencio. Ahí están sonando con ese fervor. "La Futura" lleva por título y es una especie de regalo en este desierto que seguimos atravesando en el año del calendario maya o lo que esto quiera decir. Recomiendo eso si, escuchar con detenimiento "Over You", seguramente la platea femenina me lo agadecerá profundamente. Eso espero.
Ahora que dicen que en cuatro veranos se habrá de derretir el polo norte nada mejor, que escuchar a estos vejetes hacer ese viejo y querible rock and roll de las clases más desfavorecidas por el genocidio neoliberal que nos atormenta.
Sigo.
Entonces, cambio de música y me empecino con este pianista japonés llamado Masabumi Kikuchi, quien junto con Gary Peacock en contrabajo y con el difunto Paul Motian en batería conformaron este trío llamado Tethered Moon. Así los tres grabaron esta delicia hecha música llamado "Chansons d' Édith Piaf".
Los tres entonces hacen un recorrido por algunas canciones de de la cantante francesa y entre ellas, entre este caudal de música hay una verdadera gema que es "Que nadie sepa mi sufrir" de Angel Cabral y Enrique Dizeo, compuesta en Buenos Aires en la década del '30 y que se convirtió en todo un éxito. Aquí en esta canción hay un solo de contrabajo de Peacok que deja mudo al más pintado y que bien vale su peso en oro. Disco memorable del año 1999 cuando se terminaba el siglo. Disco que obliga a entender la no existencia de fronteras de ninguna índole cuando la creatividad busca materializarse. Aquellos que le quieren poner alambradas al viento, siguen siendo los estúpidos de siempre. El talento recorre todo, solamente hay que saber verlo, percibirlo y dejarse empapar por el.
Digo.
La música nutre, reformula y si se quiere amansa a las fieras. Así estoy en mi feriado de lunes, puente para que los turistas se vayan de esta ciudad y recorran ese vértigo horizontal que es la pampa y sus no límites al ojo humano.
Sigo.
Hoy, me dije para no defraudar al personal, me dedicaré a la música. Seguiré con esa costumbre de asentar en el debe y el haber, las cosas que me vayando surgiendo con estos sonidos que me conmueven.
La Vela Puerca, es una banda uruguaya, con un sonido que forma parte de ese costado que tienen los uruguayos a la hora de cantar y de crear.
A mi me une un profundo reconocimiento con la música y la poesías que se elaborar del otro lado del río. De ese charquito que nos une a pesar de que otros crean lo contrario. "Piel y Hueso" es el último disco de este buenos músicos orientales. Dos discos, uno más reposado que el otro. Uno es duro como el hueso y el otro terso como la piel o quizás deba decir suave. En fin, dos momentos diferentes de este espectro del rock del sur del continente. No obstante los dos discos, son una especie de manifiesto y de reafirmación de los hecho hasta aquí por este grupo. Disco que merece atención y que se debe escuchar buscando las pistas de ese patrimonio cultural conjunto que nos hermana, que nos une en nuestras luchas comunes y nuestras esperanzas también comunes.
Disco que merece, estar entre mi música y que hoy recomiendo para aquellos que no creen como yo en esas cicatrices que llaman fronteras.
A veces
Suena la música en mi casa desde el amancer hasta que se extingue la luz. Segmentos que se entrecruzan, caminos que se bifurcan entre diferentes estilos, diferentes o distintos rumbos que la música va produciendo en mi vida de manera perpetua.
Me moldea el corazón escuchar música.
Me asombra. Lo sigue haciendo con esa destreza que solo le he permitido a ciertos amores en mi vida. Será por eso, que siempre estuve agradecido a ellos.
Por último.
Grabado en Polonia, este disco derrama sensualidad por todos los poros. Samech es un trío de cuerdas y percusión. Es música que se mueve dentro de uno como una culebra ciega, buscando ese oculto sitio de la pasión hecha sonido. "Quachatta" es un momento pleno de buena música, de ardores producidos por el baile, por la emoción de una música vieja, antigua que todavía late. En el se funden las raíces de todos los continentes. Samech en hebreo significa besar, fundando por Anna Ostachowska y con Marek Lewandowski, Magdalena Pluta y Robert Sztorc conforman este original grupo, formado en Chile. Cuatro polacos afincados en Chile que un buen día deciden besar todo lo besable y buscar en ese infinito de una cultura infinita, los motivos y las razones para revisar una tradición y hacerla nueva.
Disco de texturas, de mezclas, de convergencias de diferentes culturas. Música de un pueblo que se reencuentra en otros pueblos, mutando y a la vez manteniendo todo hasta desembocar por ejemplo en un tango llamado "Agatango" o ese sonido oceánico que se produce al final del disco en "Quachatta".
Transculturización. Sincretismo. Mezcla. Ese es el balance de este disco memorable, intenso y afortunado. Editado por el gran John Zorn, Samech es una agrupación que demuestra una clara y arrebatadora decisión de hacer cosas valientes que a veces sin lugar a dudas, hacen de este mundo un sitio mejor.
Mejor, me voy a tomar mate y dejo aquí de fondo esta música saludable, transparente y necesaria. Debía disfrutar del feriado y lo he disfrutado con creces.
Salud compañeros.

martes, 18 de septiembre de 2012

Casi sin ganas

Me niego. Me declaro en huelga. Me quedo debajo de aquel árbol rodeado del olor a jazmines que viven en esta ciudad cada primavera. No tengo ganas.
Llueve y el viento viene del río. Dicen las viejas que es sudestada. Se cae el cielo. Me quedo mirando por la ventana, escucho música. Me dejo llevar.
En poco más deberé volver a España. Tengo ganas de hacerlo. Reencontrarme con parte de mi vida. Estar con mis amigos y con ellos, reir y charlar. Dejar escapar el tiempo insensato.


Pero hoy llueve.
Se paraliza todo en una ciudad como esta. Se complica y se vuelve casi anormal. Llueve y a uno se le van las ganas, se pierden como esos barquitos de papel que hacíamos a la hora de la siesta de los días lluviosos de nuestra infancia.
Dejo por un buen momento de pensar. Me asombra esta sensación de inobjetable lejanía que me acomete con estas lluvias.
Me había desacostumbrado. Llueve y parece que es en serio. El invierno se despide con lluvia y frío. Narices rojas, bufandas y el cuerpito que no le responde a uno como debiera.
No, no voy a decir nada del presente en este país y el mundo. Me niego.
Me distraigo mirando anochecer.
Mejor me preparo el mate y sigo.
De fondo suenan El Cuarteto de Nos. Lo dejo correr.
La música sigue siendo un buen alimento a la hora de encontrarle atajos a estos tiempos de vigores y otras minucias.
Me dejo llevar entonces y me divierto con esta música.
Entonces el último trabajo de este grupo me llena la casa de sonidos, de frases inteligentes, de disparate puro. De esta locura que a veces no podemos ni ya queremos disimular. "Porfiado" se llama y cierra una especie de trilogía de esta banda. El Cuarteto de Nos vuelve a regalar talento con un par de canciones que logran su cometido. Escuchar las letras montadas sobre música.
Nada debe sernos ajeno. Mucho menos el talento, las ganas de prevalecer desde una idea. El talento no se compra. Me detengo y escucho "Buen Día Benito", no paro de sonreír y de ponerme bien a fuerza de descubrir las sutilezas y la dirección que tiene una canción que más que canción es una promesa de verdades. entonces me acuerdo.
Porque, nosotros, los gorditos, los tartamudos, asmáticos cuando íbamos al colegio, además de luchar contra el acné teníamos que pelear contra los más guapos, atléticos y malos del grado o del curso. Esos que tenían a todas enamoradas y babeantes detrás de ellos. Los ídolos del patio y del aula.
A lo mejor, hoy estos mismos deportivos de la crueldad infantil viven con miedo el posible reencuentro con esos otros, que se refugiaban en libros, secretos y silencios. Es que ellos siempre tenían un par de puños endemoniados. Así aprendí a defenderme y también comprendí, que había mujeres que querían un buen par de frases, además de un buen par de puños.
Yo tenía siempre un par de frases, siempre a mano.
Volvía de la guerra cada vez que volvía , del colegio. Mi madre quería ir a hablar con el director, mi padre no.
Vale la pena escudriñar ese pasado que la mayoría habrá vivido en algún momento de esa crueldad que se llama educación.
Vuelvo.
Me gustan estos músicos que me completan de alguna forma.
Llueve. Se viene el agua del sudeste. Esto trae mucha agua, inundaciones y demás maravillas naturales que nos confirman lo chiquitos que somos a pesar de todo.
Hoy hago el vago.
Me dejo llevar. Me reconozco débil, demasiado errante, errático mejor dicho. Miro el agua caer y la música de fondo me permite descubrir viejos sentimientos, sensaciones nada grandilocuentes ni terminantes. Cosas del no hacer.
Personaje de Oblómov, eso quiero ser hoy. Y me lo permito.
Va oscureciendo y la cosa se pone mejor. El azul profundo de la noche terminará de desvestir este martes, meterse en la cama, oir el repiqueteo de las gotas contra los cristales. Aferrarse a la precepción del mañana qu será otro día y dejarse. Siempre dejarse.
Que otros, hoy, tomen la posta. Que se enojen y se enamoren otros. Yo, me quedo donde estoy, fantaseando con nombres ajenos, con cuerpos soñados, con ideas de otros.
Este invento del trabajo es una especie de maldición diabólica. Me tomo un respiro, me abrazo a la sensación de dejar pasar este día de lluvias.
No me deprimo, ni me abate la grisura. No, solamente no tengo ganas de hacer nada. Solamente es una cuestión de hoy no cuenten conmigo, el mundo bien puede seguir este día sin este servidor.
Dejo llover , mansamente, me invento opciones, me propongo acciones, me atrevo y cambio de música. Nada que me atore en esta sensación de culebra que es el pensar. Busco entre mis papeles, algunas pistas por donde seguir. Pero no.
Mejor espero que pase el día.  Que se pierda y a esperar otro.
Entonces con el cerebro hecho un bonsai, me dedico al instrumental placer solitario. Es decir, dejo de trabajar a mi segundo órgano favorito y espero que mi encefalograma salga plano, así nadie pregunta nada.
No pienso.
Me niego a tomar cualquier determinación hoy. Llueve y eso es suficiente para solamente mirar. Porque el mirar, siempre es bueno. Aunque muchos se asustan de el mirar sin participar. Ilusos, todo es pura imagen, nada más que gesto al fin.
Eso, lo dicho. Hoy jubiladamente absorto, me dedico a esperar. Solo eso.
Hasta la próxima entonces.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Lo pendiente


Es en ese correlato de emociones, de encuentros furtivos, desencuentros programados. Es esa mezcla explosiva de amores latentes, que esta ciudad desprende a cada paso.
Ciudad de fantasías, que uno surca como un barco viejo en un océano enfermo. Uno se desprende de la emoción y la ternura lo guía a uno, a mí, hacia una esquina de un barrio suburbano y de golpe, descubre un rastro.
Ahora. Aquí y ahora.
Discuten los que discuten tonterías oficiales, si un adolescente de 16 años está habilitado para votar. Pregunta rara entre tanto infierno.
¿Lo están?
Hace tiempo, mi hija menor, Ana, iba a un colegio que se llamaba "María Claudia Falcone", que creo lo cerraron hace ya tiempo o la cambiaron de dirección, no se muy bien. Pero ella, María Claudia, cuando la secuestraron de la casa de su tía abuela tenía nada más que 16 años.
Es decir si no hace mucho tenías edad para ser asesinado por el estado. Para ser secuestrado, torturado, violado y finalmente desaparecido por el estado terrorista, plantearse hoy la discusión sobre si los de 16 años están capacitados para votar es francamente hipócrita. Un debate falso. Mentiroso. Mezquino y sin ningún tipo de contenido moral que lo sustente.
Digo.
Animal de baldío, memoria, comés pastos que no crecieron más.
Aquel 16 de septiembre se llevó a cabo "La noche de los lápices". Eran estudiantes, todos ellos. Mientras en el país se decretaba luto obligatorio, ellos, desde sus colegios salieron a luchar por la dignidad. Eran pibes y pibas, que militaban en política. Decir lo contrario es desnaturalizarlos.
El debate que hoy sigue su curso de locura desnuda, nada tiene que ver con ellos.
Luchaban por nosotros, por los otros, por todos. Pedían por el boleto estudiantil. Como ocurre en este tipo de historia, el terrorismo era el del estado. Como ocurría siempre por aquellos años, fueron de noche en jauría, fueron muchos armados hasta los dientes, destruyendo todo lo que había a su paso, confiscando la dignidad, mordiendo las memorias. Fueron muchos los que por aquellos años, prefirieron callarse, mirar hacia otro lado. Distraerse y simular.
A veces desde los costados más estúpidos, los estúpidos de siempre relativizan, vuelven todo trivial, lo hacen mediocre. Le meten miedo al resto con sus análisis mediáticos. Insisten en meterle blandura a los corazones desprevenidos de aquellos que aún confían en las medios de comunicaciones.
Porque si desde los medios se debate, es desde esa llanura de ideas que son siempre los medios de comunicación. Esa igualdad de ideas, que depende de un tipo que siente que interpreta a la sociedad en su conjunto y que como jefe de redacción dispone los temas que supuestamente interesan a todos. Una especie de diosito a sueldo, que destraba y traba el complejo mecanismo de la información..
Si los intelectuales han ocupado su sitio en los medios de comunicación, no es para elevar el tono, sino para cobijarse en un sector que detenta el poder, cobrar un sueldo y sentirse protegidos.
De ahí que estos países y creo yo, todos, deben dar la batalla en contra de estos ejércitos de palabras sin sentido que siempre fueron los medios de comunicación masivay que en definitiva son, siguen siendo instrumentos de dominación globalizados en contra de los habitantes de esos pueblos y al servicio de los poderes de facto.
Digo.
Hoy se que la historia carece de sentido muchas veces, que está atravesada por un choque radical, que no hay nada que lleve a la historia necesariamente a cumplir tal o cual proyecto. Creo que un proyecto se cumplirá en la medida el que el deseo de ese proyecto se sostenga, en la medida en que la apuesta por ese proyecto se sostenga y supongo, intuyo, que nunca esa apuesta está garantizada por la historia.
Hago un punto.
Me preparo café, la noche será larga. Hoy es sábado 16 de septiembre de 2012.
Mejor hago café.
Vuelvo.
¿Por qué será que a pesar de la globalización persisten las condiciones coloniales que siguen produciendo pobreza y racismo?
¿Será porque en este continente la memoria siempre es política? Me hago estas preguntas, mientras me distraigo con una magnetsimo en forma de música.
Es el último disco de Tin Hat, una demostración de talento profundo, audaz, desprejuiciado. Estre disco, me llevó a buscar
otros y todos son perfectos. Este "The Rain is a Handsome Animal" basado en poemas del poeta E.E.Cummings, lleva la impronta de una música plena, música del siglo XXI. Carla Kilhlsted, Mark Orton, Ben Goldberg y Rob Reich alimentan esta locura singular con un talento que demuele conceptos, derriba esas paredes viejas que los viejos de corazón andan levantando por doquier para impedirnos ser felices mortales. Vuelvo a escucharlo con detenimiento, con placer profundo. No es un disco fácil. Tiene una cierta levedad que asombra, pero no es oscuro ni rígido. Rescata sonoridades que vienen de los costados profundos de las memorias de los pueblos.
Entonces recorriendo ese margen que se cristaliza en la música, Tin Hat reviste el sonido con un talento que conmueve. Se hace profundo y envuelve. Es un disco que deja sin aliento, que enarbola el buen gusto de sus arreglos para dejar sentada esa capacidad que sigue teniendo la música a pesar del estado de cosas que a veces nos rodea.
Me dejo llevar por la música.
Es de noche. Sábado por la noche, los duendes como los gatos transcurren bajo la luna porteña. Se perciben los ronroneos de gatos difusos buscando el amor.
Digo.
El capital nos invita todo el tiempo a colocarnos sobre su terreno: si aceptamos la invitación, perdemos antes de empezar cualquier intento de lucha. Desde ese rincón debemos saber que nuestra memoria es la herramienta para construir. En términos tradicionales la única fuerza de producción es la fuerza creativa del hacer humano y así, las relaciones capitalistas de producción luchan todo el tiempo para contenerla.
Este período de acumulación capitalista, de reorganización de la hegemonía es posible desde la instalación de políticas expoliación imperialistas que prevalecen en esta supuesta globalización liberal autoritaria.
De ahí que la crisis capitalista que hoy estremece al mundo entero, tenga su centro de fuga en ese mismo centro desarrollado que se desborda y que parece incontenible en su carrera enloquecida cercenando derechos, eliminando obstáculos, sometiendo a nuevas y variadas formas de esclavitud.
Me distraigo.
En momentos más comienza la pelea de "Maravilla" Martínez, el tercer mejor boxeador del momento, en Las Vegas. Me gusta el boxeo, siempre me gustó. Pero reconozco que es una especie de sentimiento animal. Si esta noche gana el argentino, será memorable y si pierde, habrá sido un buen sueño. Pero verlo moverse por el ring, es uno de esos raros placeres primarios que poseo y que de tanto en tanto, me asaltan y me dejo llevar por ellos a cualquier sitio que me quieran llevar.
Amigos me voy a ver la pelea.
Mañana, mañana será otro día.
Saludos cordiales.


sábado, 15 de septiembre de 2012

Esas viejas ganas

Así están las cosas. Salen a la calle y con sus cacerolas a cuestas, sus banderas nazis, rojas, blancas y la svástica en el medio, sus ropas caras, sus colores de piel a tono. Salen a la calle, van a una plaza y ni siquiera un gas lacrimógeno los perturba.
Ni policías había.
Es decir, cuando los que jodemos somos nosotros, cuando salimos a la calle a protestar y tener una propuesta, ellos suelen pedir, exigen policías, mano dura, picana y asesinato.
Una diferencia.
La otra.
Perdieron poder. Ese sector social que salió a la calle, perdió poder de decisión. No son más la usina que despertaba generales y empresarios. El poder se movió a otro sitio. Se trasladó a otro sector.
Como será que la oposición política a este gobierno, ni siquiera acompañó desde la calle misma esta protesta.
Esa misma oposición que fogoneó la rpotesta días antes, junto con los medios de comunicación que detentan el poder. Pero después, esos dirigentes ni siquiera se asomaron a las calles.
Lo hicieron aquellos políticos lúmpenes de derecha, de escasa reprentación en la televisión, pero solo para apareceruna vez al lado de tanta furia mediocre.
Vuelvo.
Son y quedó demostrado, la antipatria. Ese sector social de gente bien, que siempre estuvo con lo más reaccionario y represivo. Son aquellos que siguen teniendo enemigos.
Aquellos que nos dicen a nosotros, que en democracia no hay que tenerlos, que no está bien. Que en democracia existen solamente adversarios.
Me río.
No quieren enseñar a ser correctos. Mientras ellos no pueden serlo.
Es que ellos quieren salvar la patria, eliminando a la otra mitad de esa misma patria para hacer la patria que ellos quieren: oligárquica, sectaria, amantes de los campos de concentración, del orden de los cementerios, del orden divino que los proteje siempre, porque ellos, los de la protesta son el verdadero país, el único país a tener en cuenta. Ellos y no los otros son la civilización, los otros, ya se sabe son siempre la barbarie.
Es que es este concepto, el de la barbarie que es solicitado en múltiples ocasiones para asi poder juzgar las paradojas de la historia, se utiliza desde las bayonetas y no desde la democracia.
Es el que se utiliza para ver lo extraño o lo extranjero, aun cuando éste fuese portador de virtudes que no encajan en el morral de los vencedores.
Porque, un día antes se aumenta el subsidio universal por hijo, que no es ley, posibilitando así, que se vuelquen en el mercado interno, millones de pesos que servirán para el consumo.
¿Qué quiere decir esto?
Que muchos pequeños empresarios que fueron con sus cacerolas a protestar contra una bruja encaramada en el sillón presidencial, por otra parte serán los beneficiarios de esos millones que habrán de volcarse a partir de fin de mes en las compras que hagan los beneficiarios directos de esta asignación universal por hijo.
Pero claro. Los que habrán de consumir finalmente son los que apoyan este proyecto de país. Negritos, feos, sucios.
Ese país oculto que aterroriza a la señora que no puede comprar dólares, pero que acepta la bandera nazi entre ellos tranquilamente o esa otra señora que se pone un pañuelo blanco en la cabeza, reclamando por un país del pasado, usurpando un símbolo de lucha que no le corresponde ni siquiera que entiende en su significado más claro.
Paradojas.
Otra cuestión es el gobierno.
Pareciera que el cristinismo se habla a si mismo y lo que es peor, lo más grave todavía, es que se responde a sí mismo.
Vuelvo.
 Son enemigos. Con ganas de degüello. Son los que quieren libertad. Son los que quieren recuperar el poder perdido. Son los que quieren que se vayan todos y que vuelvan los de antes.
Por eso y a lo mejor me quedo con esta pintada del año 1955 que todavia, por lo menos a mí me sigue representando algo.
Porque la libertadora, aquella revolución que derrocó a Perón, fue la revolución fusiladora, que los antepasados de estos, festejaron ruidosamente, apoyaron e intentaron perpetuar en contra de ese demonio mal parido que fue la chusma definiendo la historia de este país.
Digo.
A veces entre las causas de porque sigo siendo peronista, debo reconocer, que estos gestos, estos odios, estos destellos de rabia, son tal vez uno de los motivos fundamentales para ello.
Villa Manuelita, una villa miseria del gran Buenos Aires, se erigió por aquellos años, de forma incuestionable, en un muro por donde no habría de pasar la antipatria del odio y la revancha.
A lo mejor esto tiene que ver con las ganas de seguir peleando contra estos y sus secuaces.
Un saludo fraternal.