Se asoma la primavera, el calor de a poco ocupa su sitio. Fue un otoño triste y un invierno duro. No ya por las inclemencias del tiempos, sino por las sacudidas políticas que la derecha le ha impreso a este país, por momentos, desmemoriado.
No hay ni para pedir fiado.
Quedan momentos, como relámpagos, que iluminan las caras y los gestos de todos nosotros. La memoria se ensancha y regresa a recorrer viejos libros, a rememorar viejas canciones, mientras el alma se le endurece al personal en esta fiesta en donde, no hay alegría, salvo por los que odian y desprecian. El resto, con el maquillaje corrido, espera por un mañana apenas menos doloroso que el que acaba de pasar.
Jack White acaba de editar su disco acústico. Un trabajo pausado que no agrega nada a lo hecho hasta el momento por este guitarrista, pero sirve para matizar tanta espera mientras su disco suena de fondo.
Buen guitarrista, especie de nuevo niño mimado del rock, tiene dos bandas y también este inicio de lo que podría ser su carrera solista. El disco es bueno, interesante en algunos momentos y previsible en otros, en donde suena igual al resto.
Pero vale la pena el intento por acercarse a este músico por otro de los tantos caminos que va proponiendo desde su aparición no hace muchos años atrás. Trabajo con dos discos, diferentes entre sí, pero que objetivamente buscan abrir un nuevo panorama para este Jack White desconocido y bueno como en su fase eléctrica.
Pasan los buenos ejemplos hablando al resto, de alguna manera somos malos ejemplos. Aleccionan, despersonalizan y tratan de quitarle contenido a todo.
Trabajan de eso. La derecha, siempre trabaja de esto.
Son cosas, cuestiones muetras. Es el día a día, que rodea y se come todo a su paso. Nos cuentan las costillas, cuando algunos de nosotros, ya nos aprestamos a mudarnos de barrio. Sin embargo uno, se resiste, ejercita la memoria y no permite que se ablanden en la espesura de la noche, el nombre propio de aquellos que nos acompañaron.
Y revisando aparece esta verdadera joya de la música artesanal. Desconozco todo de este músico. No importa, acaba de editar este trabajo en donde él toca todos los instrumentos y crea uno de los mejores discos de este año. Con una hondura apreciable, nos lleva de la mano en un recorrido perfecto. Gran trabajo que sorprende por el buen gusto. Construyendo una espacio con una música de perfecta factura. Stillman demuestra talento y nos enseña el camino de la actualidad del jazz, edificando un trabajo que plasma lo mejor de la música y la capacidad de sorprender.
Discos que abruman y emocionan en este camino hacia el silencio. La cultura de masas sigue acumulando, sin dobleces, experiencias y demoliendo prejuicios de forma eficaz.
Lo otro, lo contrario a todo esto, es lo de siempre. Las catacumbas y el castigo. Los fuegos y el silencio. Ya sabemos como operan, entonces debemos intentar superar a toda costa este presente que nos ubica en un páramo que es el habitual para el fascismo.
LOMJE.
sábado, 10 de septiembre de 2016
martes, 5 de julio de 2016
Un lento perfume
Regreso. Siempre es bueno volver a pesar de todo.
Han cambiado muchos las cosas, hemos vuelto a a una tierra casi arrasada. Las palabras se desgajan y pierden significados. Estamos de nuevo de a pie, mirando profundo la desolación que se nos viene encima como una cobija, acaso como la noche.
Especulo con la fortaleza de la memoria. Con ese sitio cobijado en mi vida. Ahí, desde ahí anclo ciertas reservas.
Desde el llano, todo parece diferente. Luchamos y respiramos desde esa razón pequeña que nos hace sobrevivir. En la palabra dicha por el compañero, en la mirada del amigo y en unas simples creencias.
Pienso.
Quien no combate no sabe de la derrota. Explicar esto, la derrota al que nada sabe de ellas, es parte del trabajo. Asombrados, dolidos, enojados, tristes, desorientados y humillados, van por ahí las quejas y temores que asaltan esa parte tenue de nosotros.
Perder es parte de todo. Es un aprendizaje. Es quedarse solo y volver. Juntar pedazos y tratar de pegarlos.
No es fácil. Ni lindo ni nada. Solamente es, desde ahí uno retoma lo que se cortó. Desde ahí entiende uno que debe construir.
A veces, coincidimos con ese cielo de banderas, como decía el poeta. A veces nos toca recuperar la memoria y desde ahí, comenzar a pensar. el futuro está siempre detrás nuestro, el pasado en cambio, se encuentra enfrente, por eso lo vemos y lo modificamos y lo organizamos.
Han cambiado muchos las cosas, hemos vuelto a a una tierra casi arrasada. Las palabras se desgajan y pierden significados. Estamos de nuevo de a pie, mirando profundo la desolación que se nos viene encima como una cobija, acaso como la noche.
Especulo con la fortaleza de la memoria. Con ese sitio cobijado en mi vida. Ahí, desde ahí anclo ciertas reservas.
Desde el llano, todo parece diferente. Luchamos y respiramos desde esa razón pequeña que nos hace sobrevivir. En la palabra dicha por el compañero, en la mirada del amigo y en unas simples creencias.
Pienso.
Quien no combate no sabe de la derrota. Explicar esto, la derrota al que nada sabe de ellas, es parte del trabajo. Asombrados, dolidos, enojados, tristes, desorientados y humillados, van por ahí las quejas y temores que asaltan esa parte tenue de nosotros.
Perder es parte de todo. Es un aprendizaje. Es quedarse solo y volver. Juntar pedazos y tratar de pegarlos.
No es fácil. Ni lindo ni nada. Solamente es, desde ahí uno retoma lo que se cortó. Desde ahí entiende uno que debe construir.
A veces, coincidimos con ese cielo de banderas, como decía el poeta. A veces nos toca recuperar la memoria y desde ahí, comenzar a pensar. el futuro está siempre detrás nuestro, el pasado en cambio, se encuentra enfrente, por eso lo vemos y lo modificamos y lo organizamos.
Desde el dolor y el odio, no se construye nada. el odio siempre es para los otros. Nosotros desde siempre, debemos volcarnos en la necesidad de pensar desde esa llanura en donde estamos. Ahí, congregarnos de nuevo en torno del fuego y reconstruir, paso a paso lo nuevo. Porque siempre nos toca despojarnos de lo viejo y desde ahí agrandar nuestros corazones.
Quien no pelea no sabe de la derrota.
Es en este volver a juntarnos, que dejamos cosas en el camino. Se quedan compañeros, amores, gestos en el camino. Sabemos de que trata todo esto. Ya lo hemos vivido, casi desde siempre. Pero siempre volvimos.
A lo mejor, como decían los soviéticos, una revolución demanda tres generaciones. A lo mejor van por ahí las pistas.
Este lento perfume que nos rodea, sabemos, proviene de la violencia a la que nos quieren llevar indefensos y confundidos. Viene de ese odio blanco, de ese rictus tan patronal, de esa lucha de clases al revés que los llena de desprecio.
Dijo las otras noches, que el que hace, el que toca intereses de clase, sabe que corre el riesgo de la condena. el hace sabe que del otro lado, no nos darán nada gratis.
Hablar. Desde ese dolor que se derrama, nos encierra, nos limita y nos empequeñece ante la jauría que viene por nosotros. Los todos, los que hoy mateamos en silencio y nos contamos nuestras cuitas. Entre los que abrigados por la esperanza de un futuro mejor, que empuja desde abajo, sabemos de justicias y también de injusticias.
El prontuario de la patria, nos explica de estos desiertos que recorremos. Quedaremos pocos, lo sabemos, pero es solo cuestión de esperar, de seguir luchando y de tener memoria.
LOMJE
miércoles, 16 de diciembre de 2015
Todo regreso
Es siempre delicado. Dejar pasar el tiempo, asombrarnos por la historia y sus corcoveos. Avanzar y descubrir los cambios, los alejamientos de aquellos que creías eran tuyos, los encuentros con otros, esos otros que te mencionan y todo se vuelve amarillo, preciso, suave y hasta sorpresivo.
Los tiempos cambian. Los tiempos están cambiando y esa promesa no siempre es la esperada, sin embargo debemos mantener el pie, seguir el camino y seguir avisando a los otros, si se puede, de esta transformación.
Argentina acaba de darse un gobierno de derecha, fascista y difícil, después de 12 años. Los motivos son múltiples. Raros y extraños. Nos meten de nuevo en el dolor y la furia y uno que está en los últimos compases antes de mudarse de barrio, vuelve a descubrirse furioso, con rabia, áspero y contando de nuevo la tropa.
El amor no dura más que una rosa. Decidió el pueblo, jugar con pistolas cargadas. En cinco días, desde la asunción del nuevo presidente se han sucedido incontables cambios.
Desalojos por la policía y palos y amenazas. Dos jueces supremos nombrados a dedo, una disminución del salario de los trabajadores de casi el cincuenta por ciento. El cierre de programas y policías sin placas y de nuevo también, autos sin patente.
La transferencias de dineros a los sectores que más tienen es casi escandalosa y recién han pasado unos pocos días de todo esto. Recién van sólo seis días.
Y así vamos. También es de esperar que siguiendo las enseñanzas de este dios bipolar, descanse al séptimo día y nos de un respiro.
En fin.
Acabo de terminar este bello libro de un periodista y escritor argentino, que deslumbra. Es la recopilación de sus artículos, aparecidos los días viernes en Página 12. Artículos que hablan de escritores, de pintores, de poetas que en algún momento de toda su vida, hicieron o dejaron de hacer, diferentes cosas. Hombres y mujeres, que por segundos en la historia del mundo, imprimieron una pequeña huella. El trabajo de Juan Forn es notable. Una especie de aguafuertes, diferentes, distintas a las pensadas en su momento por el gran Roberto Arlt.
Pero lo interesante de es, que detrás de las pistas seguidas por Forn, se esconde un tremendo amor por el conocimiento, por las razones y por los motivos que condujeron a estos retratados a manifestar algo, que en su momento, creo, nadie logró entender a ciencia cierta. Así Los viernes, tal su nombre, conmueve como lo hicieron sus apariciones en el diario justamente ese día, que se convirtió en una especie de cita a ciegas. Pero además, también está la promesa de otros dos tomos más de esta pequeña enciclopedia arbitraria que hace este hombre que vive al lado del mar, en una playa por la que suele caminar y pensar su próximo paso.
Libro notable y querible para aquellos que aman la sutileza, el descubrimiento y la sensación de una cierta música literaria.
Cambio.
Comienza el verano, otros infiernos anuales nos esperan. Llega un fin de año para algunos con cierto fervor y para otros cargado de ciertas inquietudes y presentimientos tenaces. De todas maneras, la temperatura no ayuda a pesar de estar viviendo el año de la Corriente del Niño y todas esa fraudulenta información que manejamos con cierta alevosía.
El calor, el sol rabioso, las lentas tardes de siestas abrazadoras. No, no es nuestro mejor momento. Pero ahí estaremos todos entonando la salmodia de buenos augurios, de lo buenos que somos y de cuanto queremos a nuestros prójimos.
Después vendrá el largo verano argentino que dura demasiado, que suele durar como dos veranos de los españoles, por ejemplo. Y así entre moscas pegajosas y mosquitos traidores seguiremos esta ruta que no es otra cosa, que nuestra pésima relación con el mundo, con las ideas y con ese sabor desagradable que suelen producir aquellos triunfadores de la nada, aquellos pensadores de la soberbia y esa rancia aristocracia del mal gusto, que desde la globalización dirige los sueños de todo el mundo.
A lo mejor.
Escuchando un disco del canadiense Neil Young se me pasa este buen humor que insisto en vivir. Disco grabado entre 1987 y 1988, en BlueNote Cafe. Con un formidable y joven Young, permitiéndose por ejemplo, el sonido de saxos y trompetas entre sus músicas. Disco doble que aparece en un momento justo pareciera, ya que las últimas producciones del guitarrista no han sido del todo acertadas o por lo menos, han sido solo aclamadas por aquellos incondicionales, que consumen todo lo que derrocha a su paso este tremendo músico que sigue generando de tanto en tanto, pequeñas grandes joyas de la música popular. Tal vez por todo esto este trabajos es notable. Entre julio del '87 hasta agosto del '88, en diferentes presentaciones, Young fue grabando canción a canción. Convirtiendo este trabajo en algo espectacular. Sonido e ideas, blues, rock y hasta secuencias de jazz, apoyan a esa voz difícil que siempre fue la de este héroe de la música, que desde los años sesenta del siglo pasado viene batallando a favor de la memoria, en contra de las guerras y diversas causas comunes a todos aquellos de buena voluntad que viven este mundo.
Disco imprescindible para que suene todo el tiempo. Para que nos acompañe mientras todo a nuestro alrededor se pone verde vida y nos distancia un poco de tanta pregunta y tanto dolor que nos están prometiendo.
Otro cambio.
Mis dos gatas. Pampa y Medio Pollo, duermen el calor. Todos jugamos a cierta locura, cuando se nos acaban las respuestas, sabiendo que las preguntas son eternas. Se retuerce la vida en esta inhóspita espera, que nos proponemos. Sin embargo, las gatas y yo, sabemos que el único que sabe que está solo, soy yo. Ellas ni se enteran y tampoco logran preocuparse por este andamiaje del pensamiento.
Esperan pájaros o ratones para la caza, para la revalorización de su historia ancestral. Persiguen culebras y sapos, duermen y comen y vuelven a dormir.
Fumo, mirando las plantas y ellas, se estacionan a mi lado. Así, a lo mejor es el amor animal, del que tanto suelen horrorizarse los ajenos a esta clase de mirada.
No importa. No tiene ninguna importancia. En el fondo, los días discurren y apenas, algunos de nosotros logramos percatarnos.
Entre los hallazgo de este año que termina, es mi reencuentro con una de las pocas obras maestras que produjeron las letras de mi país.
Leopoldo Marechal, fue uno de nuestros mejores escritores, Castigado por su peronismo, censurado y hasta lapidado públicamente por aquellos escritores de la "gente bien", quienes durante muchos años, aprobaron la prohibición y el olvido de este hombre. Sin embargo, años antes de aquel formidable momento político que vivió nuestra patria en la mitad del siglo pasado, antes de ello, Marechal escribió un libro que junto con Los Siete Locos y Los Lanzallamas, se convirtieron en las mejores novelas del siglo XX, por lo menos hasta casi los finales del mismo siglo. Es que el "Adán Buenosayres" es una obra total. Una novela en la que, leyendo atentamente se descubren otros escritores, otros poetas todos argentinos y contemporáneos de Marechal, ocultos bajo otros nombres u otros seudónimos. Obra magnífica y ejemplar. Solo el tiempo y la memoria, convirtieron a este Adán en una de las obras obligatorias para los amantes de la buena literatura. A pesar de las prohibiciones y el olvido en donde quisieron ubicarla, la novela respira por sus propios medios. Una novela emblemática de este poeta, dramaturgo y escritor que fue Leopoldo Marechal. "Adán Buenosayres" es el ejemplo de un talento inaudito e imprescindible.
Pero además este escritor genial tiene en su haber dos novelas, una publicado en los años sesenta "El banquete de Severo Arcángelo" y la otra que apareció en 1970 y que se llama "Megafón o la guerra". Las tres novelas, configuran uno de los momentos más notables de nuestra literatura y que merecen siempre una relectura sabiendo que se trató de uno de los escritores más genuinos que pisaron estas planicies.
Sigo.
En medio de la censura generalizada no decretada pero si oficializada por los medios hegemónicos que apoyan a este gobierno, comienzan a surgir pequeñas agencias de noticias, que vuelcan todo en las llamadas redes sociales. Noticias que aparecidas así, en muchos casos no suelen ser comprobables. Lo cierto es que en pocas horas, los trabajadores perderán casi el cincuenta por ciento de sus salarios. La luz y el gas sufrirán aumentos demenciales, que afectarán el normal desenvolvimiento de millones de familias de menores recursos y la pobreza comienza a vestirse con sus mejores ropajes de alegría.
El paraíso neoliberal, es solo para unos pocos, que tendrán más y más. Y la democracia es la mejor mentira que han reinventado estos delincuentes asociados a jueces y fiscales, quienes juntos gobiernan en este especie de golpe de estado permitido por la burguesía parasitaria y el capital asesino.
Habrá que buscar nuevos métodos. Darnos nuevas armas para resistir el tamaño robo, que vendrá. Lo cierto es que este deberá ser lo más rápido posible, porque no tienen ya el tiempo de las bayonetas que antes poseían.
Tiempo de dolor. Tiempo de angustias.
Mientras tanto, en mi casita suburbana escucho música.
El viejo y querido Ahmad Jamal, más viejo que la injusticia, sigue haciendo música para aquellos que buscamos siempre algunos motivos para seguir insistiendo a reglamento. Jamal entrega este disco grabado en vivo en agosto del año pasado. Con "Live in Marciac" este pianista sabio, vuelve a hacer relucir toda su historia, plagada de grandes momentos y llena de talento, que enriqueció la música popular de buena parte de este planeta.
Disco para escuchar y volver a escuchar casi hasta que se vayan ellos, estos que nos gobiernan por ahora.
Vuelvo a Jamal. el jazz en esta segunda década del siglo XXI, suena en sus manos, como si el tiempo solo fuese un compás más. No hay antigüedad ni gestos teatrales. Solo hay música e imaginación al servicio del buen gusto, que aflora suave y de manera concreta. Talento y estado de gracia al mismo tiempo en las ideas de este pianista interminable y entrañable.
Diez canciones que no desentonan, diez momentos de una profunda devoción por la música que derrochan Jamal y los suyos en esta pieza de colección inobjetable.
Así.
Entra tanto saqueo y tanta violencia que se nos viene encima como una manta vieja y descolorida, la cultura sigue siendo nuestra trinchera. Desde ahí, desde este lugar somos mejores que ellos, que carecen de gusto y cultura para sujetar tanto fascismo depredador entre los pliegues de la historia. Allí, ahí, estos abandonados de la idea, fracasan. Siempre lo han hecho y siempre lo seguirán haciendo, ya que suelen echar la mano a la pistola cada vez que se les nombre la palabra cultura.
Son unos fracasados a pesar del dolor que nosotros pondremos en las calles y en esta resistencia. Son unos fracasados insomnes que no tienen en cuenta, que la historia jamás se repite dos veces iguales. Una vez como drama y la otra como comedia. Y no lo entienden.
Un abrazo para aquellos que tienen memoria y no olvidan.
Los tiempos cambian. Los tiempos están cambiando y esa promesa no siempre es la esperada, sin embargo debemos mantener el pie, seguir el camino y seguir avisando a los otros, si se puede, de esta transformación.
Argentina acaba de darse un gobierno de derecha, fascista y difícil, después de 12 años. Los motivos son múltiples. Raros y extraños. Nos meten de nuevo en el dolor y la furia y uno que está en los últimos compases antes de mudarse de barrio, vuelve a descubrirse furioso, con rabia, áspero y contando de nuevo la tropa.
El amor no dura más que una rosa. Decidió el pueblo, jugar con pistolas cargadas. En cinco días, desde la asunción del nuevo presidente se han sucedido incontables cambios.
Desalojos por la policía y palos y amenazas. Dos jueces supremos nombrados a dedo, una disminución del salario de los trabajadores de casi el cincuenta por ciento. El cierre de programas y policías sin placas y de nuevo también, autos sin patente.
La transferencias de dineros a los sectores que más tienen es casi escandalosa y recién han pasado unos pocos días de todo esto. Recién van sólo seis días.
Y así vamos. También es de esperar que siguiendo las enseñanzas de este dios bipolar, descanse al séptimo día y nos de un respiro.
En fin.
Acabo de terminar este bello libro de un periodista y escritor argentino, que deslumbra. Es la recopilación de sus artículos, aparecidos los días viernes en Página 12. Artículos que hablan de escritores, de pintores, de poetas que en algún momento de toda su vida, hicieron o dejaron de hacer, diferentes cosas. Hombres y mujeres, que por segundos en la historia del mundo, imprimieron una pequeña huella. El trabajo de Juan Forn es notable. Una especie de aguafuertes, diferentes, distintas a las pensadas en su momento por el gran Roberto Arlt.
Pero lo interesante de es, que detrás de las pistas seguidas por Forn, se esconde un tremendo amor por el conocimiento, por las razones y por los motivos que condujeron a estos retratados a manifestar algo, que en su momento, creo, nadie logró entender a ciencia cierta. Así Los viernes, tal su nombre, conmueve como lo hicieron sus apariciones en el diario justamente ese día, que se convirtió en una especie de cita a ciegas. Pero además, también está la promesa de otros dos tomos más de esta pequeña enciclopedia arbitraria que hace este hombre que vive al lado del mar, en una playa por la que suele caminar y pensar su próximo paso.
Libro notable y querible para aquellos que aman la sutileza, el descubrimiento y la sensación de una cierta música literaria.
Cambio.
Comienza el verano, otros infiernos anuales nos esperan. Llega un fin de año para algunos con cierto fervor y para otros cargado de ciertas inquietudes y presentimientos tenaces. De todas maneras, la temperatura no ayuda a pesar de estar viviendo el año de la Corriente del Niño y todas esa fraudulenta información que manejamos con cierta alevosía.
El calor, el sol rabioso, las lentas tardes de siestas abrazadoras. No, no es nuestro mejor momento. Pero ahí estaremos todos entonando la salmodia de buenos augurios, de lo buenos que somos y de cuanto queremos a nuestros prójimos.
Después vendrá el largo verano argentino que dura demasiado, que suele durar como dos veranos de los españoles, por ejemplo. Y así entre moscas pegajosas y mosquitos traidores seguiremos esta ruta que no es otra cosa, que nuestra pésima relación con el mundo, con las ideas y con ese sabor desagradable que suelen producir aquellos triunfadores de la nada, aquellos pensadores de la soberbia y esa rancia aristocracia del mal gusto, que desde la globalización dirige los sueños de todo el mundo.
A lo mejor.
Escuchando un disco del canadiense Neil Young se me pasa este buen humor que insisto en vivir. Disco grabado entre 1987 y 1988, en BlueNote Cafe. Con un formidable y joven Young, permitiéndose por ejemplo, el sonido de saxos y trompetas entre sus músicas. Disco doble que aparece en un momento justo pareciera, ya que las últimas producciones del guitarrista no han sido del todo acertadas o por lo menos, han sido solo aclamadas por aquellos incondicionales, que consumen todo lo que derrocha a su paso este tremendo músico que sigue generando de tanto en tanto, pequeñas grandes joyas de la música popular. Tal vez por todo esto este trabajos es notable. Entre julio del '87 hasta agosto del '88, en diferentes presentaciones, Young fue grabando canción a canción. Convirtiendo este trabajo en algo espectacular. Sonido e ideas, blues, rock y hasta secuencias de jazz, apoyan a esa voz difícil que siempre fue la de este héroe de la música, que desde los años sesenta del siglo pasado viene batallando a favor de la memoria, en contra de las guerras y diversas causas comunes a todos aquellos de buena voluntad que viven este mundo.
Disco imprescindible para que suene todo el tiempo. Para que nos acompañe mientras todo a nuestro alrededor se pone verde vida y nos distancia un poco de tanta pregunta y tanto dolor que nos están prometiendo.
Otro cambio.
Mis dos gatas. Pampa y Medio Pollo, duermen el calor. Todos jugamos a cierta locura, cuando se nos acaban las respuestas, sabiendo que las preguntas son eternas. Se retuerce la vida en esta inhóspita espera, que nos proponemos. Sin embargo, las gatas y yo, sabemos que el único que sabe que está solo, soy yo. Ellas ni se enteran y tampoco logran preocuparse por este andamiaje del pensamiento.
Esperan pájaros o ratones para la caza, para la revalorización de su historia ancestral. Persiguen culebras y sapos, duermen y comen y vuelven a dormir.
Fumo, mirando las plantas y ellas, se estacionan a mi lado. Así, a lo mejor es el amor animal, del que tanto suelen horrorizarse los ajenos a esta clase de mirada.
No importa. No tiene ninguna importancia. En el fondo, los días discurren y apenas, algunos de nosotros logramos percatarnos.
Entre los hallazgo de este año que termina, es mi reencuentro con una de las pocas obras maestras que produjeron las letras de mi país.
Leopoldo Marechal, fue uno de nuestros mejores escritores, Castigado por su peronismo, censurado y hasta lapidado públicamente por aquellos escritores de la "gente bien", quienes durante muchos años, aprobaron la prohibición y el olvido de este hombre. Sin embargo, años antes de aquel formidable momento político que vivió nuestra patria en la mitad del siglo pasado, antes de ello, Marechal escribió un libro que junto con Los Siete Locos y Los Lanzallamas, se convirtieron en las mejores novelas del siglo XX, por lo menos hasta casi los finales del mismo siglo. Es que el "Adán Buenosayres" es una obra total. Una novela en la que, leyendo atentamente se descubren otros escritores, otros poetas todos argentinos y contemporáneos de Marechal, ocultos bajo otros nombres u otros seudónimos. Obra magnífica y ejemplar. Solo el tiempo y la memoria, convirtieron a este Adán en una de las obras obligatorias para los amantes de la buena literatura. A pesar de las prohibiciones y el olvido en donde quisieron ubicarla, la novela respira por sus propios medios. Una novela emblemática de este poeta, dramaturgo y escritor que fue Leopoldo Marechal. "Adán Buenosayres" es el ejemplo de un talento inaudito e imprescindible.
Pero además este escritor genial tiene en su haber dos novelas, una publicado en los años sesenta "El banquete de Severo Arcángelo" y la otra que apareció en 1970 y que se llama "Megafón o la guerra". Las tres novelas, configuran uno de los momentos más notables de nuestra literatura y que merecen siempre una relectura sabiendo que se trató de uno de los escritores más genuinos que pisaron estas planicies.
Sigo.
En medio de la censura generalizada no decretada pero si oficializada por los medios hegemónicos que apoyan a este gobierno, comienzan a surgir pequeñas agencias de noticias, que vuelcan todo en las llamadas redes sociales. Noticias que aparecidas así, en muchos casos no suelen ser comprobables. Lo cierto es que en pocas horas, los trabajadores perderán casi el cincuenta por ciento de sus salarios. La luz y el gas sufrirán aumentos demenciales, que afectarán el normal desenvolvimiento de millones de familias de menores recursos y la pobreza comienza a vestirse con sus mejores ropajes de alegría.
El paraíso neoliberal, es solo para unos pocos, que tendrán más y más. Y la democracia es la mejor mentira que han reinventado estos delincuentes asociados a jueces y fiscales, quienes juntos gobiernan en este especie de golpe de estado permitido por la burguesía parasitaria y el capital asesino.
Habrá que buscar nuevos métodos. Darnos nuevas armas para resistir el tamaño robo, que vendrá. Lo cierto es que este deberá ser lo más rápido posible, porque no tienen ya el tiempo de las bayonetas que antes poseían.
Tiempo de dolor. Tiempo de angustias.
Mientras tanto, en mi casita suburbana escucho música.
El viejo y querido Ahmad Jamal, más viejo que la injusticia, sigue haciendo música para aquellos que buscamos siempre algunos motivos para seguir insistiendo a reglamento. Jamal entrega este disco grabado en vivo en agosto del año pasado. Con "Live in Marciac" este pianista sabio, vuelve a hacer relucir toda su historia, plagada de grandes momentos y llena de talento, que enriqueció la música popular de buena parte de este planeta.
Disco para escuchar y volver a escuchar casi hasta que se vayan ellos, estos que nos gobiernan por ahora.
Vuelvo a Jamal. el jazz en esta segunda década del siglo XXI, suena en sus manos, como si el tiempo solo fuese un compás más. No hay antigüedad ni gestos teatrales. Solo hay música e imaginación al servicio del buen gusto, que aflora suave y de manera concreta. Talento y estado de gracia al mismo tiempo en las ideas de este pianista interminable y entrañable.
Diez canciones que no desentonan, diez momentos de una profunda devoción por la música que derrochan Jamal y los suyos en esta pieza de colección inobjetable.
Así.
Entra tanto saqueo y tanta violencia que se nos viene encima como una manta vieja y descolorida, la cultura sigue siendo nuestra trinchera. Desde ahí, desde este lugar somos mejores que ellos, que carecen de gusto y cultura para sujetar tanto fascismo depredador entre los pliegues de la historia. Allí, ahí, estos abandonados de la idea, fracasan. Siempre lo han hecho y siempre lo seguirán haciendo, ya que suelen echar la mano a la pistola cada vez que se les nombre la palabra cultura.
Son unos fracasados a pesar del dolor que nosotros pondremos en las calles y en esta resistencia. Son unos fracasados insomnes que no tienen en cuenta, que la historia jamás se repite dos veces iguales. Una vez como drama y la otra como comedia. Y no lo entienden.
Un abrazo para aquellos que tienen memoria y no olvidan.
sábado, 20 de diciembre de 2014
Ese apacible malestar
Hoy se cumplen trece años, apenas trece años de la sublevación popular que arrojó de sus puestos a muchos, no demasiados, rufianes políticos. Ese día, 20 de diciembre, el pueblo, no la gente ni las personas, sino simplemente el pueblo derribó un gobierno que de alguna manera, había traicionado y arrebatado a millones la posibilidad de sobrevivir.
Se sabe, que cuando un pueblo se subleva no hay forma ni método eficaz para enfrentarlo. Ese día ni las balas ni los asesinatos a mansalva pudieron.
Trece años después, no obstante, los ideólogos, los matarifes y toda la canalla "democrática" que apoyó esa represión siguen gozando de su libertad. Libres, opinando y en algunos casos brindando clases magistrales en universidades católicas y privadas.
Digo.
Pero ese día pasó otra cosa. Dentro del contexto general del neoliberalismo imperante por estas llanuras y todavía por el mundo, se debatía si la solución fuese, primero de forma disimulada y después a los gritos, que se fuesen todos. Que los políticos dejasen la política y que de ahí en más, la solución pasaba por otro carril.
La clase media desorientada porque la cosa no pasaba ya por la mera satisfacción de las demandas, sino por el deseo se encontró de golpe que ya no basta con ser un explotado más, ser un esclavo de saco y corbata para garantizar sus ansias emancipatorias. Eso, ese momento había pasado mucho tiempo atrás. En aquel 2001 todavía no se reconocía el rostro de un mundo globalizado dominado por el poder financiero.
No se lo conocía, como hoy lo conocemos. A pesar de ese cinismo o pesimismo que nos tiene rodeados mientras el mundo se descose por momentos, a pasos agigantados, comprendimos que el discurso capitalista siempre y tajantemente condenó al ser hablante a ser esencialmente un individuo. Así vivimos un tiempo, hoy, en donde dicen que las transformaciones políticas no tendrán ningún sitio operativo.
En definitiva estamos en ese malestar pegajoso y con amplia difusión por los medios de comunicación que no informan y engañan sabiendo que lo hacen.
Vuelvo.
Ese 20 de diciembre, dimos pelea. Tuvimos bajas, más de treinta muertos. Acorralamos a la política entregadora y a sus perros en veinte manzanas a la redonda. Fue el combate más duro, rabioso y feroz que Buenos Aires haya vivido en sus años de historia. Desarmados, con piedras y palos contra fusiles y balas. Nadie se salvó. La policía como siempre, hizo su trabajo, en ese estadio, madres de plaza de mayo, mujeres con niños, adolescentes, trabajadores desocupados, militantes políticos, obreros del cordón industrial. Todos bailamos un baile de furias.
La cosa había comenzado a principios de noviembre, cuando los bancos le robaron sus ahorros a aquellos que todavía tenían algo. Cuando a los jubilados les quitaron el 13% de su jubilación para pagar la deuda externa. Cuando nos anunciaron por televisión que nos iban a rebajar los sueldos, mientras el índice de desocupación escalaba desnudo por las pantallas del televisor noche a noche.
El 19 de diciembre, amaneció caliente. A la tarde, el gobierno anunció el estado de sitio para evitar los saqueos que se venían produciendo en casi todo el país. Hambrientos, los desheredados salían a buscar alimentos a como diera lugar.
Ese día de diciembre, nos amenazan con el estado de excepción por cadena nacional. Antes de finalizar, salimos a la calle.
La dignidad no se negocia dicen. Salimos, solos, individualmente, caminamos por la ciudad y llegamos al Congreso.
No estaban esperando.
La represión fue dura y sin organización llegamos a la casa de gobierno. Y la cosa se puso peor.
Esa noche, recuerdo, volví de madrugada a mi casa. Sabía que había que volver a la plaza a pelear.
Pienso.
La pérdida de memoria es el despojamiento del sentido del pasado y de parte del presente también, que suele acompañarse de otras pérdidas.
Por eso uno debería como menos, volver a rehistorizar el pasado. Ponerlo en ese contexto y tratar de discernir para instalar la discusión definitiva si vale el caso, de tratar de reconocer las bondades de las democracias neoliberales que vive el mundo. Esa sería una de las tantas hipótesis que debemos evaluar a trece años de aquellos días, sabiendo hoy que el neoliberalismo es el nuevo totalitarismo imperante y bien visto por los dueños de todo y sus descendientes sangrientos.
En esta retirada al conformismo le perdimos la huella y el olor a los entresijos de la constitución del orden planetario, que en su base hace norma de la exclusión, acorralando a millones de seres en ese escalón de indeseables o prescindibles, futuros desaparecidos.
Esto por aquellos años no era nuevo. Uno sabía que debía quedarse enganchado en lo que fuese para seguir teniendo trabajo. Seguir siendo fuerza productiva y mirar hacia otro lado y cruzar los dedos.
Así pasamos por el menemismo, hoy indultado y llegamos al inicio de siglo pauperizados, con muertos y derrotados.
Ese 20 de diciembre sin estructuras, salimos a la calle a conquistar el poder real. Nos enfrentamos a ellos, a los que nos gobernaban alegremente, salimos a demostrarles que las bayonetas sirven para cualquier cosa menos para sentarse sobre ellas.
Hacía un calor abrumador. Entre los gases lacrimógenos me encontré con mi hijo mayor y su primo. Ya éramos tres y supe que podíamos seguir disputándole el terreno a los perros de siempre.
Al final de la tarde, a bordo de un helicóptero se fue el presidente y bailamos entre el fuego, miles de seres que habíamos hecho de la angustia un arma revolucionaria.
No fue la revolución ni creo que haya sido esa la propuesta. Fue el impulso libertario de definir de una vez y por todas, la capacidad popular de un pueblo que decidió enfrentar a los traidores.
Fue un día terrible, fueron días terribles, que marcaron a fuego y sangre a toda una generación que ese día decidió salir a la calle para enfrentar la historia y nacer.
El saldo fue duro. La pelea fue dura.
El después, ese día no interesaba demasiado, acaso existía una tenue percepción de lo que habría de llegar.
Los trece años posteriores descubrieron nuevos caminos, nuevos compromisos, ese momento de verdad ejercido en un momento igualitario se debieron más que nada a la experiencia, a la intervención de la experiencia de todo aquello que el capital no puede reducir a mercancía.
Durante estos trece años, recuperamos cuestiones. Volvimos a sentir la alegría del estar juntos. Muchas cosas de las que perdimos nunca volvimos a recuperarlas. Pero fueron años de sentirnos un poco más cobijados. La manta de la historia por fin nos tapó algo durante las noches.
Así durante esas jornadas de lucha hicimos el intento de la construcción de otro ser con los otros y así hermanados, les advertimos a los enemigos de ese nosotros, que no hay eternidad posible para los profesionales de la traición. Que más temprano que tarde, el pueblo ajusta cuentas. Desde esos días, los políticos y los poderosos tienen miedo.
Por eso hablan de tiranías, de inseguridades, de más policía, de más represión, de más cosas que los protejan.
Desde ese 20 de diciembre ningún político duerme tranquilo, porque la democracia es otra cosa y no la que, como el amo, nos quieren hacer colmar el agujero, porque el amo sabe que también tiene sangre y que también en algún momento se irá de este barrio.
Entonces compañeros, después de esa victoria, de la cual no hay culpables, porque se perdonan entre ellos, mientras miran de reojo. Porque se confiesan a media voz entre ellos mientras sienten el temor de que les quiten el negocio. Porque hablan con la boca torcida, ejerciendo la trampa como único ardid eficaz para seguir tejiendo a espaldas nuestras. Saben que están vencidos.
Por eso, porque siempre estamos rodeados y son para peor, les avisamos a esta canalla que se dice demócrata que con nosotros no se juega y si se olvidan, recuerden esos días del 2001.
Mientras tanto compañeros cuando quieran volver, los vamos a estar esperando como siempre.
Un abrazo y que no sea nada
sábado, 6 de septiembre de 2014
La palabra como forma del silencio
Cumplir cien años. Dejarse llevar por las palabras durante un siglo y seguir hurgando por el costado de las palabras hasta el final, como en un baile de locos y de anti poesía. Dejarse deslumbrar por la vida y detenerse al borde de esa vida para verla pasar desnuda. Nicanor Parra, chileno pero ante todo poeta acaba de cumplir sus primeros cien años de vida.
Años de peleas, de amores desenfrenados, de vinos calientes bebidos en mesas de maderas oscuras como los rostros de los obreros. Años de enseñarnos poesía al resto, de enseñarnos a sumar y a restar siempre, de enojos y enaguas, de muertos y vivos en la gran rueda de esta vida.
Manifiesto
Señoras y señores
no podemos vivir sin poesía.
A diferencia de nuestros mayores
-Y esto lo digo con todo respeto-
Nosotros sostenemos
Que el poeta no es un alquimista
El poeta es un hombre como todos
Un albañil que construye su muro:
Un constructor de puertas y ventanas.
Nosotros conversamos
En el lenguaje de todos los días
No creemos en signos cabalísticos.
Además una cosa:
El poeta está ahí
Para que el árbol no crezca torcido.
Este es nuestro mensaje.
Nosotros denunciamos al poeta demiurgo
Al poeta Barata
Al poeta Ratón de Biblioteca.
Todos estos señores
-Y esto lo digo con mucho respeto-
Deben ser procesados y juzgados
Por construir castillos en el aire
Por malgastar el espacio y el tiempo
Redactando sonetos a la luna
Por agrupar palabras al azar
A la última moda de París.
Para nosotros no:
El pensamiento no nace en la boca
Nace en el corazón del corazón.
Nosotros repudiamos
La poesía de gafas oscuras
La poesía de capa y espada
La poesía de sombrero alón.
Propiciamos en cambio
La poesía a ojo desnudo
La poesía a pecho descubierto
La poesía a cabeza desnuda.
No creemos en ninfas ni tritones.
La poesía tiene que ser esto:
Una muchacha rodeada de espigas
O no ser absolutamente nada.
Ahora bien, en el plano político
Ellos, nuestros abuelos inmediatos,
¡Nuestros buenos abuelos inmediatos!
Se refractaron y se dispersaron
Al pasar por el prisma de cristal.
Unos pocos se hicieron comunistas.
Yo no sé si lo fueron realmente.
Supongamos que fueron comunistas,
Lo que sé es otra cosa:
Que no fueron poetas populares,
Fueron unos reverendos poetas burgueses.
Hay que decir las cosas como son:
Sólo uno que otro
Supo llegar al corazón del pueblo.
Cada vez que pudieron
Se declararon de palabra y de hecho
Contra la poesía dirigida
Contra la poesía del presente
Contra la poesía proletaria.
Aceptemos que fueron comunistas
Pero la poesía fue un desastre
Surrealismo de segunda mano
Decadentismo de tercera mano
Tablas viejas devueltas por el mar.
Poesía adjetiva
Poesía nasal y gutural
Poesía arbitraria
Poesía copiada de los libros
Poesía basada
En la revolución de la palabra
En circunstancias de que debe fundarse
En la revolución de las ideas.
Poesía de círculo vicioso
Para media docena de elegidos:
«Libertad absoluta de expresión».
Hoy nos hacemos cruces preguntando
Para qué escribían esas cosas
¿Para asustar al pequeño burgués?
¡Tiempo perdido miserablemente!
El pequeño burgués no reacciona
Sino cuando se trata del estómago.
¡Qué lo van a asustar con poesías!
La situación es ésta:
Mientras ellos estaban
Por una poesía del crepúsculo
Por una poesía de la noche
Nosotros propugnamos
La poesía del amanecer.
Este es nuestro mensaje,
Los resplandores de la poesía
Deben llegar a todos por igual
La poesía alcanza para todos.
Nada más, compañeros
Nosotros condenamos
-Y esto sí que lo digo con respeto-
La poesía de pequeño dios
La poesía de vaca sagrada
La poesía de toro furioso.
Contra la poesía de las nubes
Nosotros oponemos
La poesía de la tierra firme
-Cabeza fría, corazón caliente
Somos tierrafirmistas decididos-
Contra la poesía de café
La poesía de la naturaleza
Contra la poesía de salón
La poesía de la plaza pública
La poesía de protesta social.
Los poetas bajaron del Olimpo.
Años de peleas, de amores desenfrenados, de vinos calientes bebidos en mesas de maderas oscuras como los rostros de los obreros. Años de enseñarnos poesía al resto, de enseñarnos a sumar y a restar siempre, de enojos y enaguas, de muertos y vivos en la gran rueda de esta vida.
Manifiesto
Señoras y señores
Esta es nuestra última palabra.
-Nuestra primera y última palabra-
Los poetas bajaron del Olimpo.
-Nuestra primera y última palabra-
Los poetas bajaron del Olimpo.
Para nuestros mayores
La poesía fue un objeto de lujo
Pero para nosotros
Es un artículo de primera necesidad La poesía fue un objeto de lujo
Pero para nosotros
no podemos vivir sin poesía.
A diferencia de nuestros mayores
-Y esto lo digo con todo respeto-
Nosotros sostenemos
Que el poeta no es un alquimista
El poeta es un hombre como todos
Un albañil que construye su muro:
Un constructor de puertas y ventanas.
Nosotros conversamos
En el lenguaje de todos los días
No creemos en signos cabalísticos.
Además una cosa:
El poeta está ahí
Para que el árbol no crezca torcido.
Este es nuestro mensaje.
Nosotros denunciamos al poeta demiurgo
Al poeta Barata
Al poeta Ratón de Biblioteca.
Todos estos señores
-Y esto lo digo con mucho respeto-
Deben ser procesados y juzgados
Por construir castillos en el aire
Por malgastar el espacio y el tiempo
Redactando sonetos a la luna
Por agrupar palabras al azar
A la última moda de París.
Para nosotros no:
El pensamiento no nace en la boca
Nace en el corazón del corazón.
Nosotros repudiamos
La poesía de gafas oscuras
La poesía de capa y espada
La poesía de sombrero alón.
Propiciamos en cambio
La poesía a ojo desnudo
La poesía a pecho descubierto
La poesía a cabeza desnuda.
No creemos en ninfas ni tritones.
La poesía tiene que ser esto:
Una muchacha rodeada de espigas
O no ser absolutamente nada.
Ahora bien, en el plano político
Ellos, nuestros abuelos inmediatos,
¡Nuestros buenos abuelos inmediatos!
Se refractaron y se dispersaron
Al pasar por el prisma de cristal.
Unos pocos se hicieron comunistas.
Yo no sé si lo fueron realmente.
Supongamos que fueron comunistas,
Lo que sé es otra cosa:
Que no fueron poetas populares,
Fueron unos reverendos poetas burgueses.
Hay que decir las cosas como son:
Sólo uno que otro
Supo llegar al corazón del pueblo.
Cada vez que pudieron
Se declararon de palabra y de hecho
Contra la poesía dirigida
Contra la poesía del presente
Contra la poesía proletaria.
Aceptemos que fueron comunistas
Pero la poesía fue un desastre
Surrealismo de segunda mano
Decadentismo de tercera mano
Tablas viejas devueltas por el mar.
Poesía adjetiva
Poesía nasal y gutural
Poesía arbitraria
Poesía copiada de los libros
Poesía basada
En la revolución de la palabra
En circunstancias de que debe fundarse
En la revolución de las ideas.
Poesía de círculo vicioso
Para media docena de elegidos:
«Libertad absoluta de expresión».
Hoy nos hacemos cruces preguntando
Para qué escribían esas cosas
¿Para asustar al pequeño burgués?
¡Tiempo perdido miserablemente!
El pequeño burgués no reacciona
Sino cuando se trata del estómago.
¡Qué lo van a asustar con poesías!
La situación es ésta:
Mientras ellos estaban
Por una poesía del crepúsculo
Por una poesía de la noche
Nosotros propugnamos
La poesía del amanecer.
Este es nuestro mensaje,
Los resplandores de la poesía
Deben llegar a todos por igual
La poesía alcanza para todos.
Nada más, compañeros
Nosotros condenamos
-Y esto sí que lo digo con respeto-
La poesía de pequeño dios
La poesía de vaca sagrada
La poesía de toro furioso.
Contra la poesía de las nubes
Nosotros oponemos
La poesía de la tierra firme
-Cabeza fría, corazón caliente
Somos tierrafirmistas decididos-
Contra la poesía de café
La poesía de la naturaleza
Contra la poesía de salón
La poesía de la plaza pública
La poesía de protesta social.
Los poetas bajaron del Olimpo.
Así entonces con Nicanor Parra de la mano, me aventuro a esta especie de ronda que dibujan aquellos que dicen entender o atender las necesidades del público. Me dejo estar en esta monocorde sensación de hastío que me produce este hedonismo atrasado que nos tiene, que me tiene, rodeado.
Vuelvo a leer a Parra, vuelvo a descubrir esas migas de pan que los poetas, sólo los poetas saben dejar a su paso para perderse a conciencia, para volver sin conciencia.
Entonces de golpe la realidad se tiñe de desacuerdo. Uno presume de patriota a la hora de la siesta, de interlocutor válido de tanto silencio contumaz, de caminante estático.
No, no se puede vivir sin poesía. Se debe construirla a cada paso.
Digo.
Se murió Gustavo Cerati, pero sigue vivo a pesar de los esfuerzos del periodismo en encerrarlo en el mausoleo a toda costa.
Lo conocí en un pasillo de una redacción llena de humo y otros olores. Hablamos un rato, cuando él era todavía ese nadie que solemos ser todos.
Quedamos para una nota. Nos despedimos y unas semanas más tarde, hicimos la nota. No había editado su primer disco como Soda Stereo, pero Cerati ya sabía de que se trataba todo esto. Veía, vio, la historia dibujada de antemano. Su propia historia y trabajó en consecuencia para ello.
Meses después fue la presentación de ese primer disco, en un McDonalds o algo por el estilo. El hastío, la brevedad de los años ochenta estaba en su apogeo. allá por el '84 creo. Todo era plástico, alegría, diversión y el inicio de la frivolidad a reglamento.Volvimos a encontrarnos con Cerati, en distintas ocasiones. El era dueño de un planificado sistema de humor, que lo defendía de algo. Era como un scanner que recorría los cuerpos de los otros cada vez que se acercaban a él.
Fue un músico importante, uno de los mejores cantantes que haya habido en este país. Además se convirtió a fuerza de talento en uno de los más notables músicos de esta eternidad que seguimos llamando rock nacional.
Cuando fue el final de esa fantasía llamada Soda, fue en un estadio de fútbol como correspondía. Ahí, Cerati se despidió de la gente al finalizar la presentación con un: ¡Gracias…totales! No se porque me acuerdo de ello, porque me detengo en estas dos palabras que un músico utilizó como despedida para cerrar un ciclo. Pero aún hoy lo recuerdo.
Se cierra así una historia, se unen dos puntos del camino. Pero el misterio sigue siendo la vida, la pura vida que tenemos por delante, la que nos atraviesa a cada paso y nos lleva hacia algún sitio, sin saber cómo vamos o lo que peor aún, por qué vamos hacia allá.
Con Nicanor y con Cerati, quise cerrar una semana extraña.
Porque los poetas siguen bajando desde sus palabras el camino exacto a seguir. Porque están ahí a nuestro lado, cantándonos o solamente susurrando en nuestro cuello, las palabras justas, el silencio recordado.
Porque la palabra de alguna manera, reforma el silencio, forma parte de el y se desdibuja en el. Ahí está la poesía del chileno rebotando contra techos y camas. Ahí está también la poesía de este guitarrista, bailando en las cornisas entre los amarillos y ciudades de furias.
En fin, muchachos, esto está todo pago
Suscribirse a:
Entradas (Atom)












