En Zona

martes, 13 de agosto de 2013

La tonta sonrisa de Robin Williams


Apareció ayer en Página12.com.ar y me quedé pensando en esto, masticando las palabras, A veces razonar ayudado por lo otro, por lo que se intuye, en esa especie de zozobra a reglamento que atravesamos, ignorados y raudos. Solos y casi siempre anestesiados.
Asombrados y todavía en contra, muchos se preguntan en la idiotez de siempre, si la realidad no es solamente esa sonrisa estúpida que nos circula por el rostro.
De las sombras se sale con políticas, no con adivinanzas ni juegos solitarios. Se construye con políticas y se discuten políticas. El resto son chicanas que se utilizan como demostración de fuerza, de ese titeo trabajado por los de siempre.
Me quedo con este texto de Horacio González, leerlo es una de las formas de no hablar solo, de no saberse solo en medio de esta estampida y polvareda que comienza a percibirse en medio de la llanura. Algunos hasta tienen preparadas las maletas, se despiden de la amante y congelan sus muecas de manera grotesca y estudiada.
Pero nadie renuncia ni nadie se suicida en este paisito de vértigo horizontal.
Vuelvo.
Este texto, para mí es casi certero. Por eso quiero compartirlo y releerlo con calma. En esta hora en donde muchos se están asustando o en todo caso, mostrando el pelaje.
Porque en definitiva son como el bueno de Robin, una mueca a destiempo, una palabra casi sin sonido, una nada de acertados genuflexos.
Que no sea nada.

Frente a la dificultad




 Por Horacio González
Hasta el momento, un sutil e implícito descentramiento vino jugando a favor del Gobierno. Ha tenido trato con el vacío y la plenitud, ha surgido de un vértigo y creó una institucionalidad movediza que puso sobre la arena política debates cruciales sobre la historia colectiva. Sale machucado de esta jornada, pero su compleja respiración sigue viva. No es anticapitalista, pero no todos los procapitalistas caben en él. Verdaderamente, el verdadero capitalismo globalizado no desea que prosiga. No es antirrepublicano, pues sus actos, que proyectan reformas institucionales o leyes avanzadas, se someten al debate parlamentario y al juego democrático general. No obstante, sus impulsos reformistas son pretextos variados para la crítica de un neorrepublicanismo que a veces siente estar frente a una dictadura. Tampoco el Gobierno es enteramente peronista: si buena parte del peronismo cabe en él, no todo el kirchnerismo cabe en el peronismo. ¿Y el peronismo? Visto desde su propia complacencia, está escindido para siempre, aunque conserva el mismo nombre. Hay en su interior el dilema de origen: o su memoria da paso a otros rumbos o se instala en su ocaso litúrgico.
El Gobierno no es contrario a las inversiones extranjeras, pero buena parte de su adversarios lo acusan de ahuyentarlas, lo que hace sospechar la paradoja de que cuando lo critican por verlo contrario a tales inversiones es por su tendencia nacionalizadora, que sin dejar de ser genuina, no se realiza en la época de Scalabrini Ortiz sino en la de los fondos buitre. El Gobierno gobierna en la dificultad, no en el auge. ¿No lo sabíamos?
No menosprecia cierto privilegio hacia el revisionismo histórico, pero reivindica a los principales héroes de la Ilustración argentina, no desdeña a Sarmiento ni a Lisandro de la Torre, e incluye un saludo explícito a la reforma universitaria de 1918. Mientras al peronismo más estricto le gusta recordar que la gratuidad de la enseñanza universitaria explícita viene de Perón, la Presidenta puede saludar este hecho de naturaleza democratizadora en lo económico, aunque acentúa la historia democratizadora esencial. ¿Cuál es? Que ese reformismo universitario progresista es el que ocurre en la conciencia institucional universitaria, en el corazón de los saberes humanísticos. Precisamente en aquel año en que Deodoro Roca, el último gran hombre de la gran Ilustración argentina, escribe el Manifiesto Liminar. Hay que saberlo.
Como nunca, dado el carácter repentino o su gusto por lo flagrante, los actos más diversos del kirchnerismo hicieron surgir a la luz las afecciones más profundas, las motivaciones primarias, las oscuras incitaciones del país, a veces encerradas en memorias lejanas de las encrucijadas nacionales. En el marco de una campaña adversa que, recurriendo a poderosos thrillers, género truculento que procura altos resultados emocionales, asoció al Gobierno a espantables corrupciones que taponaban toda discusión posible. Inclusive impedía la propia discusión más precisa sobre la corrupción. Puede comprobarse que a pesar de tales campañas, que hacen de la política un mundo espeluznante y patibulario, la elección realizada por el Gobierno fue su momento de mengua, pero de digna resistencia ante tales ataques.
Más que multipartidarias, esas arremetidas lanzaban sus flechas desde una condensación mediática inusitada. Se atacó al Gobierno bajo la hegemonía de la injuria fácil, arma conservadora por excelencia. Los resultados electorales dicen que el Gobierno resistió como pudo la tensión en sus ciudadelas. Si los resultados que obtuvo no son ni espectaculares ni lo desobligan de mayores compromisos explicativos, le trazan ahora un horizonte donde deben convivir con reorientaciones y reflexiones más exigentes. Exámenes internos, rigores analíticos mayores, son sin duda lo que el momento aconseja. ¿No lo sabíamos? Hay que saberlo.
Descartemos dos visiones extremas. Se equivocan quienes suponen que hay un “aparato estatal” que tiene efectos coercitivos sobre el voto –el viejo espectro del clientelismo–, como quienes también digan que los “aparatos comunicacionales” hayan llenado de comidilla servil a la oposición. Es obvio que eso existe, son elementos de cuya abstención no puede jactarse ninguna elección. Pero para comenzar a hablar, no vale ya decir lo obvio. El voto como entidad colectiva es lo que se sabe a sí mismo como señal de validez, es lo ya dado, no como operación espuria. Existió la voz gubernamental, y la otra voz. La frase “la patria es el Otro” adquiere ahora su verdadera dramaticidad. Lo sabíamos.
Pero es necesario decir también que hubo varias campañas. La de los partidos, coaliciones, ligámenes personales. Y la “otra campaña”, hecha por los karatekas de las sombras, alegres comediantes de individualismo posesivo, que sin duda tuvo grandes efectos. Se basaron y a la vez crearon un tipo de elector desideologizado, que convive con la inmediatez de tiempos quebradizos y en donde la mundialización de los gustos y formas de vida ejerce un mandato de condena, en términos de sumisión y pobreza, sobre millones de personas en todo el mundo. Vivimos bajo nuevas formas de vigilancia, consumo, simbolizaciones sumarias pero efectivas en la creación de estilos políticos bajo dominios tecnológicos que implícitamente definen la cantidad de hombres y mujeres que serán marginados o víctimas del hambre y la inanición. De nada de esto saben Massa o Macri, pero desde ya deben demostrar querer saber más de esto los que hayan dicho que escucharon flamear antiguas y nuevas banderas populares.
Es un lugar común admitir los errores sin decir cuáles son, pero en la raíz de la situación vemos un gobierno que cosecha un caudal mediano de votos –aun siendo la primera fuerza nacional y manteniendo quórum propio en las cámaras–, y que no merma ante los electores por sus deficiencias, sino por lo que largamente ha insinuado, su reformismo atrevido y no sus dimisiones. Porque hay un supremo error en todas las fuerzas políticas de nuestros países. La poca atención que se presta a las nuevas configuraciones de dominio, el mando mundial, que tiene las más oscuras zonas de disputa, que afectan los viejos legados democráticos, que adoptan la imposibilidad de detener guerras latentes, provocándolas. Larvadas o intermitentes, lanzando operaciones bélicas de todo tipo. Mantener las instituciones democráticas es vital; tan vital que solo se lo hace yendo a la cepa última de esta situación, esta estructura de escasez que propone el mundo capitalista real para las clases populares, y no tanto una fenomenología social válida –seguridad, inflación, corrupción–, temas que cuando las izquierdas populares no toman adecuadamente, están más fácilmente disponibles para que los nuevos conservadores se apropien de ellos, porque ellos no son ni quieren ser sino eso.
Todas las nociones colectivas, lo social como signo emancipador, están en riesgo. Países donde se ha avanzado en esos conceptos –finalmente culturales– sin abandonar desarrollos productivos que no afecten el destino de la humanidad, lo humano mismo, son precisamente los países cercados por nuevas alianzas estratégicas –como la del Pacífico– y decisiones de agencias secretas que repentinamente ven un objetivo militar en el avión de Evo Morales. Son coacciones que fuerzan a la clase política mundial, inclusive a la que en el pasado mostró aspectos que podrían llamarse progresistas, o tercermundistas, o de liberación social, a convertirse en el programa del liberalismo obligatorio, que ya nada tiene que ver con herencias venerables del siglo XVIII. Ahora es un liberalismo que puede no aludir a invasiones, bombardeos, confiscación de embarcaciones, administraciones de la usura mundial que tiene a su servicio cortes supremas, aviones militares no tripulados, pero aparece como su complemento. Apéndice que en su mejor nivel es medroso y en su peor nivel es oportunista y pusilánime. Ese neoliberalismo se apresta a volver, alimentado por afluentes sombríos, que algunos conocen bien, otros no aciertan a detectar, aunque pronuncien muchas veces palabras superficialmente adecuadas. Lo sabíamos. Es tiempo de auscultar lo que somos, interpretar con agudeza los nuevos horizontes de justicia y rehacernos en el acoso.





Ostranenie

Ya pasó.
Muchos viven su derrota, preguntando. Los vencedores también se preguntan, aunque por ahora bajan la voz. Se desgarran las vestiduras, se miran de reojo los que perciben el sabor agrio de un bolero que parecía eterno.
Los más, siguen como pueden con sus vidas. Ciegos al murmullo de aquellos que disimulan el presente, vendiendo el pasado reciente como gloria eterna. Muchas boquitas pintadas en el bunker, algunos escotes y mucha muchacha en flor cantando para la cámara.
En fin.
Han querido moralizar el pasado, lo han intentado. Propios y ajenos. La historia que algunos contamos. Esa línea sinuosa que se desprende de la culpa colectiva, que nos quieren vender. Pero la duda es siempre la misma canción.
El pasado está ahí, al costado y queriendo ser contada.
¿La violencia se cuenta?
Mucho amor, muchas margaritas y sonrisas. Pero el pasado es mejor enterrarlo, dejarlo escrito en el descifrar confuso de los otros.
Perdieron, si es que perdieron no contra otros, sino contra ellos mismos. Agitando las algas de ningún entrevero demasiado serio y fiero. En todo no tocarle la sombra a los poderosos siempre tiene su costo. Sirven mientras les sirvan a ellos.
Digo.
"Vivo en un pueblo que tiene una calle larga. A veces pasan hombres montados a caballo.
Los automovilistas, a veces, aminoran su velocidad".
Se retuerce el invierno, se agota la espera. Cambian los tiempos que a veces se perciben grandes. El de a pie, sigue de a pie. El silencioso percibe sus silencios, cuando espera que venga el calor. Viaja y suda como siempre. Desconfía y se alegra de hacerlo. Se alegra por la sonrisa salvaje de esos fantasmas chiquitos que lo rodean de a ratos. Se deja estar, esperando por la longitud de esa vida que lo recorre.
Cumple y en silencio, trenza sus sueños.
Las tristezas se columpian desde siempre. Se arremolinan las cuentas pendientes, mientras los otros hacen lo suyo. Vota y después se vuelve atando verdades despacito, gambeteando las sombras de los nuevos profesionales de la libertad.
Espera el tren y el sabor de castigo, lo cerca.
Digo.
Es que estamos rodeados y son siempre para peor.
Me detengo en un poema que se dibuja en elpoetaocasional.blogspot.com de Pedro Donangelo. Reaparece Blas de Otero, construyendo con sus palabras estos sueños que a veces, no, creo que siempre, me deslumbra y me conmueve.



Lo Fatal
Entre enfermedades y catástrofes
entre torres turbias y sangre entre los labios
así te veo así te encuentro
mi pequeña paloma desguarnecida
entre embarcaciones con los párpados entornados
entre nieve y relámpago
con tus brazos de muñeca y tus muslos de maleza
entre diputaciones y farmacias
irradiando besos de la frente
con tu pequeña voz envuelta en un pañuelo
con tu vientre de hostia transparente
entre esquinas y anuncios depresivos
entre obispos
con tus rodillas de amapola pálida
así te encuentro y te reconozco
entre todas las catástrofes y escuelas
asiéndome el borde del alma con tus dedos de humo
acompañando mis desastres incorruptibles
paloma desguarnecida
juventud cabalgando entre las ramas
entre embarcaciones y muelles desolados
última juventud del mundo
telegrama planchado por la aurora
por los siglos de los siglos
así te veo así te encuentro
y pierdo cada noche caída entre alambradas
irradiando aviones en el radar de tu corazón
campana azul del cielo
desolación del atardecer
así cedes el paso a las muchedumbres
única como una estrella entre cristales
entre enfermedades y catástrofes
así te encuentro en mitad de la muerte
vestida de violeta y pájaro entrevisto
con tu distraído pie
descendiendo las gradas de mis versos.

Blas de Otero (1916, Bilbao / 1979, Madrid, España).

Sigo.
Es extrañamiento, es esa palabra que no tiene traducción, es un síntoma que ni los años de alegría legislada, de amor a reglamento y por cadena nacional, pudieron desterrar. Ostranenie querrá decir algo, pero por el momento uno, yo, sigo caminando despacito y por las piedras.
Dicen que este es un final de ciclo. No, los ciclos extorsivos son casi eternos hasta, que se revierte o se da vuelta la milonga.
Pero, los otros, esos enemigos de siempre, ya tienen el miedo en el cuerpo. Se asustaron y por eso, sigo compartiendo mi voto a este gobierno. No mucho más
Me quedo con Blas de Otero, con algunas músicas y diferentes esperanzas, que se calientan al sol a pesar de curas y sargentos.
Y me voy, disimulando un poco.











viernes, 2 de agosto de 2013

El mal de ausencias

El aburrimiento. Esa languidez ridícula que asoma por entre los pliegues de la realidad. Masca el cuero, gotea el techo, se repite y repica esa letanía.
Temporada de elecciones. Palabras entrecruzadas y secretos. Los políticos y sus secretos. Los políticos y sus no dichos. Aburren plenamente.
Miradas de reojo, suspicacias y de nuevo y siempre lo que no se puede decir.
No, no aburren, me equivoco, me ponen en alerta. Me sitian al borde de la mentira y su familia. 
Uno siempre abrevia al otro. 
Primero intuimos el fenómeno y después, solo después las reglas que rigen este fenómeno que nos desviste se hacen presentes para entender o por lo menos para intentarlo. Así las cosas, presiento estar rodeado y se que siempre son para peor. El gobierno y los opositores, danzan entonces sin fijarse en el resto, en los silenciosos, de a pie, los que siempre saben, sabemos, que se puede estar peor.
Mientras tanto, siguen su ronda, los de siempre.
Digo.
Mejor espero que pase el invierno. Que se disuelva en promesas, que se torne otra cosa.
Vuelvo a la política. ¿Qué explican los que siempre deben explicar? Se pelean entre ellos, se vuelven recuerdo en el transcurso y vienen otros. 
La falta de sangre en profundo de las noches, hace de los candidatos meros predicadores de desiertos y de sus alrededores. Se nombran y se olvidan. Construyen y abandonan.
Nadie puede ceder al encanto del ocultar. Se deshacen entonces, en la nada.  Quinta columna de lo intocado, de lo sagrado, de lo recóndito. Juran y vuelven a jurar, en la profana puntería de los que nada se juegan.
Pero nadie rompe.
Ninguno patea ningún tablero. Todos esperan. Desacostumbrados los otros, hacen noche, fumando alrededor del fuego. Pareciera que la política es esto. Ese mal de ausencias que obliga a ser, traidoramente, parte de esa majestuosa e infrecuente clientela que concurre a votar. Se juega y se pierde por una moneda. Nadie muere, todos sobreviven a tiempo para pagar el alquiler o la siguiente mensualidad a las amantes sonrientes.
La muerte es cosa seria, demasiado, por eso juegan y reviven a cada paso. Cambian, pero se someten. Mientras tanto, dejan pasar el tiempo. Mienten entonces con ese frenesí sin nombre, pero viejo y siempre nuevo.
Entonces.
Presiento tan grande la tarea, que es mejor hacer desde abajo. Descreer, comenzar a descreer de la superficie, volver a lo negro y desde ahí, apilando ladrillo a ladrillo,  buscar otras preguntas.
Todavía sigue persistiendo en el cuerpo social, un alto consenso hacia la disciplina y por su continuación que siempre es la obediencia.
Esto, este patrón sigue sin erosionarse. Entonces discuten por un general, por la foto de un cura o por lo silenciado en el discurso.
Ejercen a toda hora, la lenta consumación de la pérdida de memoria. Así dejamos el sentido del pasado y como quien no quiere la cosa, también del presente, ya que esto también habrá de traer otras pérdidas más profundas.
Demuelen y nos obligan a traicionar ese sentido de todo lo hecho. Abrevio al otro.
Disimulo y espero. 
Hacen encuestas y condenan con algarabía y mucha hipocresía todo lo ajeno a sus negocios. La violencia siempre es la violencia del otro, de ese que vive en el limite.
Vuelvo.
Me dejo estar. Camino por las mismas calles de siempre. Creo que a los árboles los hacen los pájaros y el viento. Me distraigo con una sonrisa y a veces, releo un libro antiguo.
Las ciudades son siempre extrañas. Vísperas del ruido, antesala de la tristeza. Voy desafiando oportunidades, mientras esperan los otros.
Los huesos duelen, los cartílagos, los míos, ya no reconocen ni mi nombre. Dejo una mirada en el perfil de una morocha que me camina por esta vida, parecida a una casa de citas y no a otra cosa.
Río con furia y cuento las arrugas que me sobreviven. Encuentro persianas francotiradoras y me cruzo con reyes destronados que dicen siempre que la vida eterna dura una nada y así vamos. Ladrándole a la luna cuando no hay luna y sobra el vino ajado por los cuatro costados.
No escribo para nadie. Es una mueca.
Celebro esta misantropía que me da asilo. Viajo por ciudades, que siempre quiero que sean mías desde el reverso de la historia. 
La rubia o pelirroja sensación de amores imposibles. Bares y codos hechos en mostradores. Luces tenues para las mentiras y un balcón para escuchar respiraciones ajenas.
Mateo con lo imposible. Mientras un cielo de banderas festeja. Demasiado himno a medianoche me digo, mientras comienza el suicidio de la noche.
Entonces.
Ya no sueño con serpientes. Los días se me iluminan a fuerza de cielos altos y desparramados de este sur sin límite. El espanto hace el resto sin esperar la jubilación. Desolados como el paisaje, voy o acaso vamos sin reconocernos en el intento.
He vuelto a fumar y he dejado de ser enredadera de mis recuerdos. 
Mientras tanto, alargo las despedidas y me vuelvo sueño equivocado, peatón de lluvias y futuro brindis de tequila.
Digo.
Me asombro con un poema que tomo del blog de Irene Gruss Elmundoincompleto.blogspot.com, en donde hay muchos buenos poemas, varios como para que se te seque la garganta y se te ablande el alma. Sharon Olds es una poeta espectacular, con solo dos libros editados en este país, pero no importa es una gran poeta que une parte de este mundo a bordo de sus palabras. Y siempre es como un rayo, encontrarse con una poeta en medio de la nada.


SHARON OLDS

(San Francisco, EE.UU., 1942)

Las formas

Siempre tuve la sensación de que mi madre
moriría por nosotros, se lanzaría a un fuego
para sacarnos, el pelo incandescente como
un halo, se zambulliría en el agua, su cuerpo
blanco sucumbiendo y girando lentamente,
ese astronauta cuyo cable se corta
para
perderse
en la nada. Nos habría
protegido con su cuerpo, habría interpuesto
sus senos entre nuestro cuerpo y el cuchillo,
nos habría metido en el bolsillo del abrigo
lejos de las tormentas. En la tragedia, el animal
hembra habría muerto por nosotros,
pero en la vida tal y como era
tuvo que mirar
por ella.
Tuvo que hacer a los niños
lo que él dijera, tenía que
protegerse. En la guerra, habría
dado la vida por nosotros, te aseguro que sí,
y lo sé: soy una estudiosa de la guerra,
de hornos de gas, de asfixia, cuchillos,
de ahogamientos, quemaduras, todas las formas
en las que sufrí su amor.

Versión de Juan José Almagro Iglesias y Carlos Jiménez Arribas

Sigo.
Me desnudo con la lentitud del que sabe y todavía desconozco como hacer para llegar a fin de mes. Extranjero siempre entre extranjeros, mis botas eternas y la certeza inobjetable de empeñar todo por un segundo y salir del coma cada vez que me lo propongan una o dos personas.
A veces me pierdo y espero entre llamaradas, oculto entre mis nombres dibujo las distancias que se me prenden como abrojitos en medio de la tarde.
Entonces sin testamento voy por ahí. En medio de un mar, de muchas dudas y futuras demasiadas viudas. Demasiado siempre es poco y ahí vamos, saludando al personal, mientras suena mi canción preferida y los muñecos, se siguen aferrando a cuanto escritorio o señorita se les presenta enfrente para ser inmortales hasta la jubilación.
La ciudad se estrangula y alguien, como siempre ocurre, estará esperando su libertad condicional, el próximo tren o la próxima boca.
En fin, que no sea nada

miércoles, 17 de abril de 2013

El baile de los tiempos

Es raro, terrible y llama la atención. Las respuestas y las preguntas, aguardan y sin embargo mueren personas en el intento.
Lo extraño o no, es que siempre los muertos los ponemos nosotros. Los fascistas jamás.
Duele Venezuela, pero por cuestiones previsibles.
Una venezola al lado mío, que me espía por sobre el hombro, me detiene. Es que a Capriles le han robado, dice indignada en este Madrid al borde del estallido.
La miro.
Le digo que el año pasado, Capriles el canditado de la derecha, ganó con el mismo sistema de votación y por muy poco al chavismo en Miranda y nadie dijo nada.
Me mira, se enoja, se va murmurando algo sobre los ches y los comunistas.
Sigo.
Capriles perdió, el chavismo también pero menos.
Lo cierto es que los muertos vienen de este lado.
Salieron a perseguir a los médicos cubanos que trabajan en los asentamientos. quemaron sedes del partido del comandante. Salieron con armas de fuego a marcar el terreno. Piden el recuento de votos, pero Capriles sabe, que perdió, por eso ya no pide tanto. Se calla, porque sabe, que perdió.
Digo.
algunos estúpidos han comenzado a pedir el juicio político de la presidenta Cristina Fernández. Mejor dicho estos asesinos en potencia quieren el golpe de estado. Quieren desalojar gobiernos democráticos a punta de pistola, con marchas militares y jueves amigos.
Insisten. Se demudan, convocan marchitas muertas de muerte prematura. Tienen odio.
Entre ellos y nosotros, hay dos cuestiones diferentes. La estética, que ellos viven en contra de nosotros. Los negritos, los enojados, los que metemos las patas en la fuente y la ética, que es nuestra y que desde ahí conformamos una opción política superadora. Ellos, allá con su estética y nosotros acá con nuestra ética. Esa es una de las patas de la lucha.
Vuelvo.
Los que asesinaron en Venezuela, son los mismos que quieren ser asesinos a sueldo del futuro gobierno apoyado por los yanquis y por el gobierno de su majestad borbónica.
A quienes les cuesta decirlo, pero quieren un gobierno como el de ellos, que respetan las vidas humanas, los bienes, la libertad y la paz, cuando todo eso es de ellos y no de nosotros. Lo dicho siempre los meurtos los ponemos nosotros y esto, es todo un tema.
Ganó Maduro, por poco, pero ganó. El proyecto, ya se oye, por ahí, debe rectificar y modificarse. Son las voces de esos supuestos apoyos críticos que reciben siempre los gobiernos populares, pero que al calor de las noches, suelen cambiar de vereda y transmutarse en opositores de acuerdo al paso del sol y sus calorcitos.
Pienso.
La justicia civil es para los ricos, la justicia penal es siempre para los pobres. Ahí radica la cuestión a discutir, a pensar. La justicia nunca es independiente, siempre está subordinada a los intereses del gran capital. Por eso el pobrerío llena prisiones, porque son peligrosos. Los pobres no ponen cautelares ni utilizan chicanas para no ir a prisión. simplemente van.
Algunos amigos españoles, desconocedores, hablan de dictaduras en Latinoamérica. No saben del peso sangriento de las dictaduras y sus acólitos mercenarios.
Se llenan la boca con la palabra democracia, palabra muerta hace tiempo.
Mienten amamantados por los medios de comunicación. Se quejan y siguen con su rutina. Venezuela como el resto de los países, están muy alejados de los gobiernos de facto. Solo son otras experiencia políticas, que han permitido un cambio de políticas.
Radicalizan los perdedores. Salen armados a vengar lo que sea necesario, para salvaguardar a su líder. Ellos, que cuando las cosas les sonríen prometen y no cumplen. Eso es tan antigüo como la muerte, como la injusticia.
Duelen los caídos en Caracas. Duele el silencio de iglesias y foros internacionales. Callan, porque saben que se viene el tiempo de la venganza.
Marchan en silencio los futuros hacedores de viudas y huérfanos. Esperan.
De este lado, habrá que comenzar con la tarea. Escribimos en las paredes LOMJE, y ellos saben como nosotros, que todo se dirime de una forma.
Si la paz no es posible, habrá que luchar para conseguir la paz.
Hasta siempre...
LOMJE: Libres o Muertos, Jamás Esclavos.

viernes, 12 de abril de 2013

Postales de Madrid

Ya he perdido la cuenta de cuantas postales de esta ciudad, elegida como telón de fondo, he escrito desde que estoy en esto de recopilar palabras y sensaciones. Perdí la cuenta, porque en realidad no soy demasiado exigente conmigo mismo. Iba siendo hora.
Pero Madrid está ahi, detrás, dentro mío como esa parte de uno, que en mi caso conforman dos países diferentes pero iguales, unido por mí, en una búsqueda permanente no ya de revoluciones, sino de uno mismo.
Y asó, llegó esta primavera tímida. Salió el sol después de semanas y cambia. Como cambiamos todos cuando la luz, a la extrañábamos, hace su aparición.
Entonces florecen los primeros árboles, se agita un poco la mirada y la palabra descansa sobre la palabra por fin. Se juega otra instancia de ese encuentro de la vida y uno mejora un poco su aspecto, se afeita. Mira por la ventana y como es Madrid, las alergías comienzan su derrotero hasta el próximo otoño.
Pero falta.
El frío comienza a retroceder y los escotes de las madrileñas comienzan a florecer también, algo que no sucede en mi otra ciudad, pero que también tiene lo suyo. Los días se hacen más largos, y eso también comienza a notarse en el ánimo social de los habitantes de esta ciudad amable.
Siguen los problemas, se acumulan broncas y a pesar de ello, uno presiente, yo presiento, en medio de este decorado magnífico que me sigue las huellas, que uno mantiene la decisión de seguir en contra de aquellos, que insisten en afearle la vida al otro.
Digo.
Los políticos de este país, esa runfla de estúpidos elegidos democráticamente, tienen miedo a los escraches. Invento argentino si los hay. Con los escraches íbamos a buscar a los asesinos a sus casas, a los ladrones y a los vendepatrias. No nos importaba ni la polícia ni la democracia.
Por aquí los fascistas del poder, llaman fascistas a los escrachadores. Invierten la carga. Son hábiles los políticos españoles en facturar esloganes (no se si existe esta palabra), así gobiernan este país desde la época de la culona (así lo llamó el fascista Queipo del Llano a Francisquito ¿el motivo? desconocido). Entonces se alían socialistas y fascistas en la defensa a ultranza de sus privilegios. No quieren al pueblo en las calles, haciendo democracia, señalando sus posesiones ni sitiando sus costosos desplazamientos.
Entonces.
Entonces los que pierden todo, se movilizan y educadamente protestan frente a la vivienda del elegido. La justicia quiere meterlos a todos presos y la policía, como siempre se muere por utilizar sus democráticas porras en contra de todo lo que se mueva alrededor.
Así van las cuestiones en este territorio.
En el otro las cosas, por lo que se, van también con las suyas.
Pienso.
 La situación siempre parece en constante movimiento. Tenue, sesgados, subterráneo. Parece todo quieto, larvado y sin embargo se mueve. La conciencia es un elemento a tener en cuenta para la construcción de un futuro mejor, los elementos son los que nos entregan los dominadores y depredadores que hoy gobiernan esta parte del mundo. Es cuestión de esperar, nada más.
Llegó la primavera y sigo leyendo como si el mundo estuviese en vías de extinción.
Benoit Peeters edita en español la biografía de uno de los más grandes filósofos del siglo pasado. "Derrida". EL único de toda esa camada de pensadores, casi ignorado por la academia acartonada de Francia. el joven que desde sus orígenes argelinos, llegó a desplazar todo a su paso a fuerza de talento. Jacques Derrida, el deconstructor revisa la filosofía desde la misma palabra. Tuvo una vida de pelea con los académicos y resultó ser el filósofo más leído de la historia del siglo pasado. Amigo de unos y enemistado con otros, proyecta hasta nuestros días una sombra de pensamiento, difícil e inexplicable, que logró ser explicado y avanzar en ese trayecto de pensamiento, que sige siendo imbatible todavía hoy a nueve años de su muerte.
Peeters, recorre sus obras, sus diversas correspondencias, las historias narradas por amigos y cuasi amigos. Sus artículos y su inquietudes.
Obra esencial para entender el costado humano de Jacques Derrida, inmerso en un mundo que le era si no del todo hóstil, indiferente a su trabajo.
A través de este libro, volví a pensar en él. A buscar algunos de sus trabajos y a pensar como decía él, sobre la palabra y la relación íntima y mortal que tiene con nuestro actos. En determinado momento, Derrida navegó entre el marxismo, el psioanálisis y la filosofía y desde allí construyo, valga la paradója, una obra esencial para tratar de entender la singularidad de este mundo que habitamos.
Cambio.
Viernes por la tarde. el locutorio está vacío. Los visitantes, somos todos de otros continentes.Pero hoy, parece que han decidido darle descanso a las familias que viven del otro lado del mar. Estoy solo, la chica detrás del mostrador escucha a Stevie Wonder y su "Solo llamé para decirte que te amo". Tararea y que me importa que el mundo siga girando.
Viernes de primavera, el primero con colores. Una gracia más.
Entre la música que me rodea también siempre y afortunadamente, figura una de esas joyitas que acaba de aparecer.
El último disco del duque blanco. David Bowie, después de diez años vuelve a decirnos que está vivo, "The Next Day" es un trabajo que lo acerca a etapas intermedias de su carrera, pero que no lo retrotrae, sino que recuerda cosas del pasado para cantarle al presente. Ya desde la tapa del disco hay una clara señal. Una tapa del disco "Heroes" de los setenta con un parche blanco sobre ella y el nombre de este trabajo. Trabajo número veinticuatro de su carrera. Producido por Visconti y él, casi en secreto, acompañado por el grupo canadiense Metric. De alguna manera es una especie de desconcertante cerrojo en torno de su propio mito. No en vano Bowie eligió la fecha de su cumpleaños número 66 para editarlo y desmostrarle al mundo, de lo que todavía es capaz este músico extraordinario y vital.
Un disco pleno de desafíos, que encuentra a David Bowie, diez años después de "Reality" su último trabajo en un momento notable. Buen disco para desentrañar un poco más el curso que sigue llevando la música en esa búsqueda permanente, en ese camino que sobrepasa casi siempre la mediocridad ambiente que nos rodea.
Vuelvo.
Madrid ya tiene color, comienzan a apagarse estufas y calefacciones varias. Comienzan los cuerpos de a poco a desnudarse por las noches para dormir mejor. De a poco, el frío será memoria y pasado. Mientras tanto yo paseo mi mirada por este paisaje que me sigue, este escenario que me conmueve por sus colores y sus olores.
Sigo viéndome mirar y a veces me disfruto.
Que no sea nada...